Aquel enero de 1996, en un bar cercano al estadio Vicente Calderón, Margarita Luengo pidió cuatro claveles al jefe de la peña rojiblanca allí reunida, y aseguró ante todos, que esa tarde el Atlético de Madrid anotaría cuatro goles ante el Athletic de Bilbao. 

Como un regalo del destino, el deseo de Margarita se hizo realidad. Dos de los cuatro goles de aquel mágico partido empezaron con saques de esquina del astro serbio Milinko Pantic, su jugador preferido. En cada gol, la feliz aficionada tiraba un clavel al campo como recompensa.

El “milagro” la motivó a asistir sin falta al Calderón todos los domingos durante 21 años, para depositar en el córner un ramo de flores. Solo en una ocasión, Margarita, quien ya tiene más de 70 años y nueve operaciones de rodilla, faltó a su cita con los rojiblancos.

La afición de los colchoneros es reconocida como una de las más fieles del mundo. En el constante subir y bajar de las nubes que representa cada partido, los seguidores del Atleti entonan sus himnos con el corazón y hasta en la derrota apoyan al equipo.

En Cuba, también la combinación rojiblanca ha encontrado una casa, pues la Peña Atlética La Habana se ha convertido en una familia que comparte la pasión por el fútbol.

Como Margarita Luengo, Raydel Núñez Pacheco, presidente de la Peña, es fiel a su equipo y no se pierde ni un solo partido. “Aúpa Atleti” es su mantra y desde su hombro izquierdo, el tatuaje del Niño Torres le acompaña a todas partes. Pero esa es una historia que merece ser contada desde los inicios.

Peña Atlética La Habana
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Peña Atlética La Habana: sus raíces

A mediados de octubre de 2013, en La Habana los partidos de fútbol se veían en el bar El Conejito, del Vedado capitalino. “Allí nos fuimos reuniendo con frecuencia la minoría que éramos en aquel entonces. Soñábamos con ser un grupo tan grande como los aficionados que más masa social arrastraban. Pero era un sueño muy lejano por los resultados del equipo sobre aquellos años”, confiesa Ray, como se le conoce entre los amigos.

El duopolio del Real Madrid y el Barcelona era muy fuerte. Las estadísticas tampoco ayudaban y los jóvenes seguían a los clubes más reconocidos y que tenían incluso mayor visibilidad en la televisión nacional.

En enero de 2014, apenas reunían a un grupo pequeño de ocho jóvenes, pero acordaron comenzar la lucha por hacer una peña oficial en la medida en que se sumaran nuevos integrantes a la famillia rojiblanca en La Habana.

“Queríamos ser reconocidos oficialmente, pero cada día era más difícil. Mientras pasaron los años crecíamos en número. Las derrotas nos hacían más fuertes, ser del Atleti y de esta peña es un honor, da igual el resultado. Los valores del club nos arropaban. Ya no era un pasatiempo, era una necesidad vernos cada día. Solo faltaba el toque inicial, la oficialización”, comenta.

Gil Marín en La Habana: un sueño hecho realidad

En octubre de 2018, el consejero delegado y máximo accionista del club, Miguel Ángel Gil Marín, visitó Cuba. “Vamos a lograr que en la Isla haya más camisetas rojiblancas, enfundadas en valores como el esfuerzo, el sacrificio y la perseverancia”, fueron algunas de sus principales promesas cuando conoció a la Peña.

Para Ray, aquel día fue uno de los más lindos de su vida. “Un sueño que parecía imposible se hizo realidad. Tuvimos la oportunidad de hablar del Atleti con toda la directiva del Club. Nos sentíamos en el Vicente Calderón por la pasión que encerraba aquel local. Era algo diferente, se respiraba sentimiento y dedicación de años”.

Luego de la especial visita, Raydel le envía un comunicado a Miguel Ángel explicándole el deseo de convertirse en una Peña oficial. La limitante era que muchos no podían pagar el carnet de socios no abonados por el tema de la situación ecnómica en el país.

“Yo los ayudaré a ser una peña oficial y estoy pensando en darle a cada miembro un carnet como regalo”, fue la respuesta del directivo. En aquel contexto, el Atlético celebró el Día de las Peñas y por primera vez se mencionó a la Peña Atlética La Habana. Este representó el punto de partida de una nueva era para los aficionados en la Isla.

Allí, en las gradas del Wanda Metropolitano, estaba colgada la bandera cubana con el escudo del Atleti y el nombre de la Peña. Luego se entregó la placa de legalización y de ese modo quedó oficializada.

“Somos la peña 825 del Atleti, y miembros de la Unión de Peñas del Atlético de Madrid. Tenemos, además, un toque único a nivel mundial, por nuestros logros en donaciones, actos, recibimiento del presidente de España y un trabajo continuo para insertarnos con más fuerza en la comunidad”, resalta Ray.

Peña Atlética La Habana
Peña Atlética La Habana Peña Atlética La Habana

Peña Atlética La Habana: crecer como familia

“Ser parte de esta Peña Atlética La Habana no es solo ver los partidos de fútbol. Es desesperarse porque los días pasan lentos y tu semana se resume en esos 90 minutos. Son las ganas de compartir risas, opiniones, historias, porque en realidad, estamos hechos de recuerdos. Es hacer planes juntos, apoyarse, ayudarse, comprenderse, enamorarse más del Atleti”, expresa Raydel.

Actualmente, esta cuenta con 25 socios no abonados y alrededor de 80 integrantes que se han ido sumando a la afición colchonera en La Habana.

Con sede en el Hotel Plaza, es la única que tiene un local propio y oficial para reunir a sus miembros, aunque nunca olvida sus raíces y los primeros tiempos en El Conejito que consolidaron todo lo que vendría después.

Durante su visita en 2018, Gil Marín aseguró que en un futuro se pretende establecer un proyecto de cooperación entre ambos países y crear una Academia del club colchonero en la Isla. De este modo, se ofrecerían condiciones a los atletas más jóvenes desde la práctica, la motivación y el crecimiento individual, que a su vez permite la evolución del equipo.

El fútbol es, sin lugar a duda, un puente de intercambio entre personas que sienten y piensan de la misma manera, un modo de relacionarse que permite establecer sociedades nuevas.

En este sentido, se augura un futuro provechoso para el Atlético de Madrid y sus aficionados que lo asumen como un estilo de vida.

“Pertenecer a este grupo de amantes del Atleti es suplicar por ese gol para poder cantar abrazados y con más fuerzas un ‘te quiero Atleti lolololo’. No cambias mil partidos en el Metropolitano por un día sin los tuyos. Prefieres cantar, reír, llorar junto a ellos, porque esto no solo es una peña, ya somos una gran familia”.

En Madrid, Margarita Luengo asistía cada domingo al Calderón. En La Habana, Raydel Núñez y su familia rojiblanca también asisten cada semana a la cita con su club. En estos momentos, esperan ansiosos que la pandemia permita retomar la vida de antes, para reunirse con esa pasión que impresiona y convida, desde el amor más auténtico, “a subir y bajar de las nubes”.

Mientras, Neptuno vigila atento los pasos del Atlético de Madrid, y con su tridente, remueve los mares para acortar distancias y permitir que la sangre rojiblanca corra por las venas de españoles y cubanos.

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