Rubén López no está seguro si su destino cambió el día que estuvo a punto de morir. Tendría cerca de diez años cuando, jugando al escondite, se metió a unas obras y quedó sumergido por una montaña de piedras.

“¡Socorro! ¡Socorro!”, gritó. Nadie contestaba, hasta que notó una voz inspiradora que le dijo: “Tranquilo, no grites. Te sacarán”, para luego sentir una desconocida sensación de calor que le abrasó el cuerpo.

“Según me contaron, sacaron primero a los otros dos niños y luego a mí. Todo el mundo creía que habíamos muerto allí… Desde entonces, no quiero decir nada que suene medio raro, pero como que estoy muy en paz. Tengo la impresión de que no me pasará nada, porque en aquella ocasión sentí mucho miedo y de pronto tuve mucha paz. No sé si tiene que ver con las locuras que hago ahora”, cuenta, sentado en un sofá del Hotel Nacional, al que no termina de recostarse.

Rubén, nacido en Barcelona, tiene 44 años y es un deportista y empresario que se dedica a implantar récords extremos alrededor del mundo con el objetivo de recaudar comida y otros artículos para aquellos que más lo necesitan. Cree que la vida es impredecible, por lo que debemos aprender a ser más solidarios. Desde principios de mes se encuentra en La Habana, donde también espera dejar su huella.

En su hoja de “locuras” aparecen tres ascensiones al Kilimanjaro en cinco días, 355 kilómetros recorridos a remo en el Amazonas, 280 kilómetros de carrera en el desierto de Atacama o 20 kilómetros de nado en el mítico Triángulo de las Bermudas.

Todo es imposible… hasta que alguien lo hace

Rubén conversa en el sofá, gesticula y luego apoya el mentón sobre su puño, mostrando los tatuajes que nacen allí y se extienden por los antebrazos. Cada hazaña tiene un espacio en su cuerpo, aunque todavía no lleva en tinta ninguna referencia a aquel accidente de la infancia que casi le cuesta la vida.

En sus palabras hay creencias apasionadas. Tiene que ser así para intentar las cosas que ha intentado. Ahora se encuentra inmerso en materializar el proyecto 8XTheWorld, que consiste en cumplir ocho desafíos alrededor del mundo para recaudar 200 toneladas de alimentos.

“Después de España estuvimos en Costa Rica, Honduras, México y nos quedan unos pocos retos que nos llevarán en septiembre a Argentina y luego estaremos en Cuba a finales de año”, comenta, mientras se acaricia la barba ya plagada de canas.

Rubén López
Play-Off Magazine “Estuvimos en el Amazonas y la verdad que fue tan bonito como peligroso, porque pasaba infinidad de horas encima de una canoa”. Foto: Play-Off Magazine.

En la base del cuello, el pulóver desajustado deja ver otro de sus tatuajes que lanza un mensaje contundente: “Be invincible”, mantra que de seguro se repitió en pruebas tan duras como las del Amazonas y el Triángulo de las Bermudas.

“Estuvimos en el Amazonas y la verdad que fue tan bonito como peligroso, porque pasaba infinidad de horas encima de una canoa autóctona de hace 50 años. Hice mi propio remo de madera y me destrocé las manos y las rodillas, pues había que ir en una posición muy poco natural. Fue una gran experiencia ver como a las 4 y 30 de la mañana los delfines rosados saltaban delante de ti y ser testigo de toda esa inmensidad del Amazonas.

¿Dormía en el bote?

“Iba a la selva cuando cumplía tramos y no dormía, porque encendía el fuego y descansaba en una hamaca para que no vinieran los bichos y me engulleran. Tenía una linterna que era mejor no prenderla porque, si lo hacía, veía todo tipo de ojos por ahí mirándome… De madrugada ya estaba de vuelta a la canoa”.

Ha declarado que el Triángulo resultó un momento muy difícil ¿Por qué?

“Fue enigmático, muy sorprendente. Venía de estar corriendo en Chile en el desierto de Atacama y tres días después estaba ahí nadando. Había mucha corriente y algo que tenía que realizar en seis horas se extendió a casi diez.  Sé que no volveré a hacerlo, seguro. Hubo momentos en los que nadaba y no avanzaba. No lo disfruté en lo absoluto. Se volvió una cuestión de amor propio, de lograrlo sí o sí. El mar estaba muy oscuro, pero notaba animales grandes… Al final no es tanto el peligro que ves, sino como trabaja tu cabeza con base a eso. Hay que preparar bien la mente”.

Habla rápido, con fluidez y a veces hace alguna pausa y mira el horizonte. Solo así alcanzo a leer otro de los mensajes que trae consigo. En su bíceps izquierdo lleva marcada la palabra “resiliencia”, como escrita con un bolígrafo.

“Cuando uno prepara estos retos entrena las situaciones que espera hallar. Hay días en los que no como o que me levanto a correr a las tres de la mañana, porque el cuerpo tiene que convivir con lo que te puedes encontrar, que luego siempre supera a la realidad, sin embargo, debes aproximarte lo más posible a esas sensaciones de hambre y no tener comida.

“En el Amazonas pescaba pirañas, además de tener frutas y barritas energéticas, pero solamente pesqué un día. Entonces, no puedes estar confiado de que te comerás ocho pirañas y estar remando como un loco, porque no las pescas y no te puedes venir abajo. Siempre necesitas ponerte la peor circunstancia.

“El trabajo mental es el más difícil. Depende solo de ti. Si no tienes la cabeza invencible, aunque andes al cien físicamente, no va a funcionar… Tienes que repetirte constantemente que lo harás, pero sin mentirte, consciente de que pasarás frío, dolor…”.

Mañana no es hoy

El calor le juega una mala pasada y bromea: “Oye, ¡qué buen clima que tienen aquí!”. El pulóver gris se ennegrece un poco por el sudor, pero eso no es nada para un hombre que ha estado pedaleando 60 horas non-stop, en una bicicleta fija con rodillo.

Una gorra oscura acompaña su look con algunos anillos plateados y las uñas pintadas de negro, en solidaridad con la campaña Polished Man contra el abuso infantil.

No importa si lo llaman excéntrico o las opiniones que puedan tener quienes lo juzgan sin conocerlo. “Subirse a una bicicleta por esa cantidad de horas, es algo más que eso. No me interesa lo que la gente piense. Yo voy de frente siempre”, dice.

“Creo que somos poco agradecidos por el hecho de estar aquí. No somos conscientes de la suerte que tenemos, de que vamos a estar muy poco y que cada día es un regalo. La gente pierde mucho tiempo repartiendo culpas. Hay que luchar por mejorar y soñar en grande”.

Rubén López
Play-Off Magazine “Tomo las precauciones necesarias para minimizar los riesgos, pero lo que hago no es algo que le recomiende a nadie”. Foto: Play-Off Magazine.

Por eso no piensa en el futuro y prefiere vivir el momento. Tampoco siente miedo de morir en algún reto, porque si esa sensación lo domina, la batalla estaría perdida.

“No sé si mañana me pueda despertar. Voy al día. Tristemente vamos a morir todos y puede pasar cruzando la vía delante del Capitolio, porque viene un coche despistado y vas hablando por el móvil. Tomo las precauciones necesarias para minimizar los riesgos, pero lo que hago no es algo que le recomiende a nadie. Al final uno no puede vivir con miedo, forma parte de la ecuación, mas no es el resultado. Hay que seguir”.

Cuba le ha parecido un gran lugar, aunque ya se ha llevado alguna que otra reprimenda por su opinión. Pero, repite, nada es imposible. La tradición sociocultural de la Isla lo atrapa.

“Lo más destacable para mí es la gente. Tengo muy buena vibra de lo que me estoy encontrando. Lo que menos me gusta es que no me topé con un cubano que me diga: ‘vamos a ser un referente…’, y me da la sensación de que hace falta un empujón de estímulo creativo. Lo negativo creo que viene del pensamiento del cubano, pero pienso que son un pueblo muy potente y a veces desde dentro no lo ven”.

A finales de año quiere superar en Cuba las 60 horas que implantó en México en la modalidad non-stop. Rubén López volverá a la Isla, seguramente con lo imprescindible: pasaporte, zapatillas y un maillot. No necesita mucho más. “Me adapto, porque si te adaptas no sufres”, sentencia y me quedo pensando qué imagen de esta tierra caribeña elegirá para llevar siempre en su piel.

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