Para quienes reparan en el béisbol cubano, es evidente que el picheo en la Serie Nacional de Béisbol es un desastre total, y los parámetros de la media de la liga distan mucho de los que puedan ostentar cualquier competición seria del mundo. Aunque los motivos de esta preocupante situación son disímiles y muy variados, nos enfocaremos específicamente en uno: la gestión del cuerpo de lanzadores.

Esta cuestión fundamental presenta deficiencias dentro del país, realidad que se extrapola a la selección nacional, con claros ejemplos en los últimos torneos internacionales enfrentados. Recordemos, entonces, que se avecina un evento importantísmo, el Premier 12, con una clasificación olímpica en disputa que luce cada vez más distante.

El análisis moderno del béisbol nos ha aportado recientemente una idea que pudiera, a priori, solventar este problema de una manera eficiente: el llamado bullpening, aplicado ya por varias franquicias de la MLB y que, aunque suene increíble, tiene que ver más con Cuba de lo que imaginamos.

El concepto principal que maneja esta teoría es sencillo de comprender, pero muy difícil de interiorizar, ya que plantea el fin de la especialización del picheo.

¿Desterrar viejos conceptos beisboleros?

La especialización es una idea sembrada en nuestro imaginario desde que empezamos a tener una noción de este deporte. En primer lugar, se afirma, tenemos a los abridores, quienes hipotéticamente deben ser los mejores del staff.

En las primeras épocas del béisbol, estos solían actuar las nueve entradas y, posteriormente, de cinco a seis. Se considera que su principal función es la de caminar en el partido la mayor cantidad de innings posibles, permitiendo el menor monto de carreras.

Después, llega toda la colección de relevistas especializados que se han desarrollado con el tiempo, como los intermedios, los situacionales, los set up y los cerradores. Tanto en MLB, como en la mayoría de ligas profesionales del mundo, esta estructura ha permanecido inamovible en las últimas décadas.

En el béisbol moderno se mantienen los roles porque esa idea de que el lanzador es un especialista infalible en su papel, resulta muy atractiva y vende. No obstante, en ocasiones lo inamovible puede resultar poco práctico.

Al final, lo principal es ganar partidos y una buena forma de lograrlo es limitar al máximo la producción de carreras del contrario. Por tanto, manejar de manera correcta el cuerpo de lanzadores se convierte en un asunto vital y en el cual no siempre se es efectivo. Piensen cuántos desafíos se han perdido -algunos que después han costado, incluso, campeonatos – por el simple hecho de no usar correctamente el picheo.

Por ello, la principal idea que plantea el bullpening es la de administrar las anotaciones durante las nueve entradas, en especial al evitar los rallys, y esto se logra a pura utilización de bullpen. Debido a esto, la construcción del mismo se hace sumamente importante porque el transcurso del partido se trabajará, en su totalidad, cambiando a los lanzadores.

¿Qué cambia el bullpening?

Con esta idea, se elimina la concepción tradicional del abridor porque en los conjuntos que lo implementan, estos lanzan solamente tres o cuatro entradas.

El resto del duelo se desarrolla con relevistas que, en especial, suelen venir en los principios de entradas para evitar que entren en situaciones de presión. Con este proceder también se reduce el tiempo de adaptación de los bateadores a un mismo serpentinero y también se maximiza el rendimiento de los lanzadores en los innings de actuación.

Sigamos con otro concepto muy interesante: tu mejor brazo no tiene que estar necesariamente encasillado de manera permanente en un rol determinado dentro de la rotación. Pensemos en cuántas ocasiones el mejor picher del equipo se ha quedado sin trabajar en un partido importante, solo por el simple hecho de ser el cerrador.

El bullpening puede ser un recurso muy efectivo para conjuntos que no posean una rotación de abridores capaz de solventar una cantidad de entradas razonables, o cuyo staff, en general, carezca de la profundidad necesaria.

Siendo prácticos, si tienes abridores como los de Astros de Houston, quizás no tengas que pensar demasiado en esta teoría para encarar una temporada regular. Sin embargo, dentro de MLB tenemos tres ejemplos claros de novenas que la han adoptado en su desempeño diario: los Tampa Bay Rays, Oakland Athletics y Milwaukee Brewers, todos con excelentes resultados que se han traducido en clasificaciones a la postemporada.

Llama la atención, sobre todo en Series Mundiales, el que no se haya hecho mucho caso a la especialización. Hay claros ejemplos en Randy Johnson y Curt Schilling, quienes se relevaron uno al otro en 2001, así como el relevo de Madison Bumgarner en el séptimo juego de esa misma instancia, pero en 2014.

¿Bullpening en Cuba?

Un dato: una de las argumentaciones constantes para la idea de usar el mejor lanzador cuando sea necesario, en cuanto artículo se escribe acerca del tema, tiene que ver con la labor de Pedro Luis Lazo en el Clásico Mundial de 2006. Es por eso que esta idea también tiene que ver con nuestro país.

No obstante, en Cuba ha sucedido algo curioso, porque la especialización tradicional nunca ha llegado a asentarse en el proceder beisbolero cubano, y cuenta con una oposición visceral de parte de un grupo considerable de técnicos y analistas. Esto se ve, sobre todo, en las selecciones nacionales, donde casi siempre se lleva a abridores que cumplen cualquier función.

Precisamente, la poca ortodoxia al manejar nuestro picheo, sumada a la escasa profundidad que presentan los staffs a nivel nacional, podría llevarnos a pensar en que  nuestro campeonato sería un terreno fértil para la proliferación de dicha teoría. Sin embargo, la concepción extremadamente conservadora de la pelota cubana impide la práctica de la misma.

Solo imagínense el impacto que tendría sacar a un abridor en el segundo inning sin que a este le hagan anotaciones. Recuerden las arremetidas contra Víctor Mesa en su época al frente de Matanzas, cuando este gestionaba su staff de una manera bastante impulsiva -pero que a su vez era muy similar al bullpening, sin llegar a serlo del todo-, lo cual le dio resultados innegables a pesar de no alzar nunca la corona.

Por estas razones, el bullpening es un concepto interesante para aplicar en el picheo cubano, y más porque nos encontramos a las puertas del torneo Premier 12, donde la selección nacional va en clara desventaja con el resto.

Sin llegar a ser extremistas con la idea, dosificando el trabajo de nuestro staff se pueden obtener mejores dividendos. Todo depende, lógicamente, de que los responsables de nuestro béisbol conozcan y vean con buenos ojos esta teoría.