Él es potencia, pura fuerza y espectáculo. En Brasil lo llaman “El cubano volador” y se ha convertido, a sus 25 años, en el líder del Sada Cruzeiro. Parece tímido, algo nervioso. Ahora conversa y está sereno, pero cuando entra en cancha le brota fuego por los ojos.

Muchas veces me han dicho: “imagina a López si tuviese unos centímetros más de estatura”. No me gusta, no sería López. Su estatura, la que lo llevó a superarse más que el resto, a trabajar en el salto y en pegarle a la bola como si no hubiese un mañana; que le llenó su camino de trabas e instantes de muchas dudas; esa misma estatura, es perfecta para él.

Miguel Ángel López debutó con la selección nacional de mayores a los 19 años en unos Juegos Olímpicos, a donde mandaron a un grupo de jóvenes muy inexpertos a recibir pelotazos de los mejores jugadores del mundo.

La frustración la sintió, no tenía nada que hacer para cambiar la realidad. Hoy, 6 años después de muchas derrotas igual de duras, de estar alejado de su familia la mayor parte del tiempo y, finalmente, de victorias y consolidaciones, vuelve a mirar aquellos Juegos de Río de Janeiro de forma diferente.

Ahora, Miguel Ángel López es Campeón de Superliga brasileña de Voleibol y del Mundial de Clubes, y fue el Jugador Más Valioso en ambas competiciones. Se ha convertido en un ídolo para la afición del Cruzeiro y ostenta, desde hace un tiempo, el bronce y la plata de los Campeonatos Mundiales sub-21 y sub-23, respectivamente. También quedó subcampeón en los Juegos Panamericanos de Lima, y el mismo grupo de jugadores con los que viene desde un inicio, han crecido igual que él.

Roberlandy Simón y Michael Sánchez se han unido, por lo que “El cubano volador” se siente cerca. Confía en que este año será de muchas alegrías para el voleibol antillano, y sobre sus pasos para llegar hasta aquí y lo que está por venir, conversó con Play Off Magazine.

¿Te gusta el apodo de “el cubano volador”? ¿Sientes que te representa?

Sí, un poco. Es algo novedoso para mí. En mi paso por Argentina me llamaban el “corcho López”, y ahora en Brasil me cambian el sobrenombre. Pero nada, siempre lo he asimilado de la mejor manera.

Antes de adentrarnos más en tu carrera y sus inicios, hablemos de algunos asuntos de actualidad. Coméntame sobre las sensaciones que tuvieron en Pinar del Río como equipo durante el último torneo.

Fue un evento bastante cómodo. Los rivales que se presentaron nos dieron la posibilidad de jugar con un poco más de tranquilidad, a pesar de que fue muy mala la preparación que tuvimos. Al menos, en mi caso, me incorporé 3 o 4 días antes de viajar a Pinar, y eso conllevó un poco de contratiempos a la hora de acoplarnos como equipo, pero se dio el resultado: cumplimos con las expectativas que tenía el cuerpo técnico y la afición, y ahora ya clasificados al Challenger Mundial (2023), que es un reto bastante mayor.

Al de este año llegaremos con un poco más de preparación y lucidez. Antes de ese torneo que será en Corea, tendremos uno en México que también nos dará un poco de movimiento.

Ganaste el Mundial de clubes y la Liga brasileña, y fuiste MVP en ambos torneos. Has tenido una evolución esta temporada tremenda. ¿Hay algo distinto que hayas hecho?

Creo que lo más importante fue la tranquilidad que tuve durante toda la temporada. No tuve contratiempos ni preocupaciones que, aunque no se crea, eso afecta mucho al atleta. Además de eso, el equipo humano que formó este año el Sada Cruzeiro, estoy hablando la parte más familiar, fue estupendo. Ayudó mucho a que en los momentos importantes y difíciles nos apoyáramos. Eso me dio más confianza para jugar el voleibol que he aprendido con el tiempo, y agregarle el trabajo que se hizo, día tras día, casi sin descanso. Esos aspectos fueron fundamentales para tener los resultados que tuve, enfocado solamente en los partidos y en lo que tenía que mejorar.

¿Cómo llega al voleibol Miguel Ángel López?

Empecé con 9 años. Fue bastante difícil, porque por mi edad y para el voleibol, no tenía la estatura requerida. Siempre fui muy pequeño. Tengo una tía que jugó voleibol en Cienfuegos y conocía a unos entrenadores, y les dijo que su sobrino quería entrenar, y que lo habían visto otros entrenadores y le decían que no cumplía con el tamaño adecuado y las características físicas que ellos pedían.

Gracias a algunas gestiones, pude entrar a la Pre EIDE, que en aquel momento todavía existía, y que era una escuela primaria que te preparaba para entrar a la EIDE. Ese fue un paso muy importante para mí, pues ahí fue donde aprendí, creo que muy rápido, la noción del voleibol, porque siempre me gustó. Lo veía en la casa con mis padres. En aquel tiempo se ponía mucho más voleibol que ahora, como Liga Mundial y los torneos en que participaba Cuba. Siempre tuve noción. A los tres meses, ya dominaba casi todo para ese tiempo que llevaba. Fue un crecimiento paulatino. Hasta que logro entrar a la EIDE, que también fue bastante difícil, una vez más por las condiciones físicas.

El voleibol para mí siempre ha sido una superación. Practiqué béisbol, taekwondo, pero no me atraparon tanto como el voleibol. Fue un reto para mí sobreponerme a las impedimentos que yo tenía, que siempre fue el tamaño.

¿Cuánto te ayudó tu familia y en específico tu papá?

Mi papá hizo un trabajo increíble, a pesar de que no estaba. Es retirado de la FAR. En aquella época trabajaba en la base aérea de Santa Clara toda la semana. Solamente los fines de semana es que estaba conmigo en Cienfuegos. A pesar de esa distancia, junto con mi mamá, siempre me apoyaron, me empujaron. Competencias nacionales en Santiago, Camagüey, donde fuera, él estaba, o uno de los dos. Fue muy estimulante sentir el apoyo de todas las personas que estaban vinculadas conmigo.

Hubo un momento en el pre en que me doy por vencido, pero estaba el empujón aquel de mi papá, que me decía que siguiera y confiara, que, a alguien, algún día, le iba a gustar. A todos los entrenadores de las provincias de Cuba les gustaba cómo jugaba y no les importaba mi tamaño, pero ya los entrenadores de la escuela nacional eran distintos.

Lo conseguimos, recuerdo que entrenaba por las mañanas y en las tardes tenía clases de una a cinco. Luego me ponía a hacer barras con unas bolsas de plomo que me hizo mi papá. Quería ver si crecía un poco. Cada vez que empezaba el curso, los primeros días de septiembre, tenía una marquita en la casa, me medía, y cuando terminaba el curso, me volvía a medir, y siempre estaba la marca en la misma raya, era una cosa increíble. No crecía.

En el 2015, un entrenador, Jesús Cruz, que actualmente es el entrenador de los equipos de base, me llama a la casa para invitarme a la escuela nacional. Tuve una Campeonato Nacional muy bueno. Las estadísticas mías eran mucho mejores que las de los atletas que estaban en la escuela nacional, que ese año habían participado en el torneo, porque cuando aquello no había torneos internacionales. Mis estadísticas hablaban por sí solas, y a la semana de acabarse el torneo, me llaman.

Ya era mi último año de la EIDE: sino era en ese momento, no iba a tener forma de entrar. A no ser que jugara en el Campeonato Nacional de primera categoría, pero ahí sería más complicado.

Jugador cubano de voleibol Miguel Ángel López
Hansel Leyva Voleibolista cubano Miguel Ángel López

¿Para qué estabas estudiando?

Cultura física. En un momento pensé ser militar, y mi papá, que es el especialista, me dijo que no. Entonces, en el 2015, llego de invitado, y también fue difícil, porque la comida para nosotros era de trabajadores, no cumplía con la comida que tenían los atletas que estaba un poco más reforzada, y me quedaba con hambre. En esa etapa de la adolescencia, casi juventud, donde uno desarrolla muy rápido, siempre tienes hambre.

Poco a poco, pude ir sorteando los obstáculos en esa primera etapa, que fueron varios.

Yaiquimi Blanco fue un entrenador que hizo mucho por mí en aquella época en la que casi me rindo, y Ventura fue uno de los pocos entrenadores que siempre confió desde que estaba en su equipo. Lamentablemente, el año pasado falleció por la Covid. Fue un entrenador que me marcó, me llevó de la mano. Esos dos fueron un pilar en mi formación.

Hubo entrenadores que no confiaron, y después que demostré, fue cuando decían que siempre confiaban en mí. No como otros, que siempre me apoyaron y estuvieron a mi lado.

Llegas al equipo nacional muy joven, sin ningún jugador veterano en el equipo. ¿Cuánto te ayudó, hasta cierto punto, ese sufrimiento previo a convertirte en voleibolista, y cómo fue convertirte en jugador del equipo nacional siendo un adolescente?

Me ayudó mucho, a pesar de no lograr los resultados, porque era un equipo muy joven. Fue una etapa muy difícil, porque a cualquier torneo que íbamos éramos casi el equipo más débil. Esa frustración de ir a los torneos a perder, fue difícil asimilarla. Pero tuvimos el 2017 un año muy importante para nosotros en las categorías de base, los mundiales sub-21 y sub-23, en los que obtuvimos plata y bronce, respectivamente. Perdimos con los campeones.

Ese año fue fundamental para levantarnos la autoestima. Veníamos de unos juegos de Río donde no había ninguna oportunidad. Solamente, ir a jugar y aprender qué hacían los grandes jugadores en vivo, que no es lo mismo que verlo por el televisor. En aquel momento sólo eran sueños, porque había que esforzarse, había que trabajar, creer en cada uno de nosotros para que saliera el resultado. Después vienen los centroamericanos. Llegamos destrozados a Cuba física y mentalmente, muy mal, en estado depresivo. Otro momento que tuvimos que volver a confiar, a trabajar. Ya había jugadores que estaban contratados por aquel entonces, en mi caso, me encontraba en Argentina.

En parte fue duro, de apresurar mi paso por el equipo nacional de adultos, y a su vez, fue bueno chocar con jugadores importantes. En el 2019, tuvimos una temporada bastante buena. Fuimos plata panamericana, ganamos casi todos los eventos que jugamos o en los que llegamos a la final. Ese año dijimos que estábamos cerca, y llega la pandemia, que nos aleja de toda esa cohesión que teníamos. Antes de la pandemia llega el preolímpico, que también fue un momento muy frustrante. Creo que los centroamericanos y ese preolímpico han sido las dos competencias más frustrantes para el equipo en general.

Ahora, después de dos años sin jugar, volver a encontrarnos, a acoplarnos, entendernos. La mayoría de los jugadores tenemos habilidades nuevas, movimientos nuevos, conocimientos nuevos, y es difícil procesarlo. Por ejemplo, yo tenía un recuerdo de un pasador que ya no hace lo que hacía antes, y es difícil. Una cosa del día a día y de que cada uno ponga empeño para que salga el resultado.

¿Cómo viviste los juegos, el vivir en una Villa olímpica, en Río de Janeiro?

Fue un momento de sueño. Todo deportista quiere llegar a jugar unos Juegos Olímpicos. Tuve la oportunidad, a pesar de que no fueron nuestros Juegos Olímpicos en cuanto a resultados, pero lo disfruté al máximo, viví cada momento. Desde que llegamos, estuvimos 15 días antes de empezar a competir, vimos a grandes del deporte mundial pasándote por el lado: Usain Bolt, Michael Phelps, Shelly-Ann Fraser; muchos atletas que han marcado una pauta en la historia del deporte. La ceremonia de premiación fue espectacular, tengo muchos videos por ahí. Vimos cómo los atletas se entrenan dentro de la Villa Olímpica, incluso fuera de sus horarios de entrenamiento, y no dejaban de hacerlo. Una serie de cosas que nosotros no hicimos. Lo de nosotros era disfrutar y entrenar cuando había que hacerlo. Sabíamos que no iba a ser nuestra competencia, pero uno es atleta y se frustra cuando pierde.

Tuvimos un primer partido en el que le ganamos un set a Rusia. Después, la competencia nos puso en el lugar en que estábamos. Algunos jugadores se deprimieron totalmente y no quisieron salir de la habitación, pero, en general, lo disfrutamos.

¿Cómo fue tu primer contrato y cómo te cambia la vida a partir de ahí?

Salí en la temporada 17-18. Justo cuando me voy a jugar en Argentina con Gigantes del Sur, el entrenador de ese equipo era el entrenador del equipo de Argentina que nos gana a nosotros el pase a la final en el Mundial sub-23. Ahí tuve la oportunidad de conocerlo.

Fue un paso muy importante para el voleibol cubano dejar que los atletas fueran contratados, porque si no fuera así, en este momento no tuviésemos la oportunidad de decir que tenemos un equipo con posibilidades de estar en la élite. Sin ese paso de avance que hizo la Federación, iba a ser imposible.

Recuerdo que cuando llegué con Adrián Goide, tuvimos una reunión con el equipo conformado, y yo expresé que había llegado a ser campeón de la liga. Fue difícil, porque yo esperé otra cosa, y realmente me encontré con un voleibol muy diferente al que estábamos acostumbrados y visto hasta ese momento. Fue difícil estar lejos de la familia por 7 meses, de la noche a la mañana, y más yo, que soy muy familiar.

Aprendí mucho, a no desesperarme, a comprender los momentos malos. Después estuve en UPCN, más consolidado, conocía mejor lo liga, y estábamos listos para ser campeones, pero, lamentablemente, ese año llega la pandemia al empezar las semifinales de la liga y nos quedamos con ese sabor amargo.

De ahí voy a Brasil. La temporada pasada fue difícil, de adaptación, de aprender el idioma. Ya hablo portugués, he dado entrevistas en ese idioma. Llegué también a un equipo desgastado en las relaciones de entrenador con directivo y atleta. Fue mucha presión, y eso llevó a no obtener el resultado esperado.

Ya esta temporada fue realmente increíble la evolución que tuvimos. De 6 torneos que jugamos, ganamos 5. En ese momento, cuando terminé la liga, por dentro de mí, ya me sentía preparado para afrontar un mundial o unos juegos olímpicos, un torneo de mayor envergadura. Todavía tengo mucho que aprender y mejorar, pero estoy –estamos- por el camino correcto, y solo queda tratar de que -es la parte más difícil, según mi criterio-, llevar todo lo aprendido a un solo conjunto, la selección nacional, para que fluya el resultado.

Jugador cubano de voleibol Miguel Ángel López
Hansel Leyva Voleibolista cubano Miguel Ángel López

¿Cómo afrontas la presión del Sada y el hecho de convertirte en ídolo?

Fue una cosa también bastante novedosa para mí. Llegué al Sada con 2000 seguidores en Instagram, y hoy estoy con casi con 20000 seguidores. Me conocen por la calle, me paran para tirarme fotos, hasta con mascarilla me conocen. Saben quién soy, sin yo saberlo, sin darme cuenta de que la sociedad sabía quién era.

Tuve que asimilarlo de la mejor manera, porque pasé de ser una persona común y corriente, a una persona ya reconocida en la sociedad. Va a serlo más en la medida en que los resultados vayan saliendo.

¿Te cambia la vida a nivel económico?

Sin dudas, lo que más tranquilidad me da es que mi familia está bien aquí en Cuba, y junto con mi esposa, que me ayuda anímicamente. Me puedo enfocar, sin pensar en que no hay nada exterior que me pueda perturbar en algún momento o sacarme de mi zona de concentración, a pesar de la situación que está viviendo el país en este momento que cada día es un poco más complicada, lamentablemente, para nosotros los cubanos. Muchas personas quieren venir, pero dicen que no, porque no quieren vivir ese sufrimiento. Desgraciadamente, es parte del momento que se vive ahora, pero dentro de todo lo que cabe, hemos conseguido que mi familia esté lo mejor posible.

¿Qué tiene de bueno entrenar juntos y qué de malo estar separados tanto tiempo?

Estar siempre junto ayuda a conocernos más. Somos un equipo grande de 14, 16 jugadores, y cada uno de ellos, incluyendo los entrenadores, tiene su carácter y forma de pensar diferentes. Ese día a día, conviviendo te da la facilidad de aprender a conocer a tus compañeros. En una situación x en un partido, saber cómo te va a reaccionar, porque ya conoces cómo reacciona ese jugador. Eso es lo más importante.

Salimos juntos, comemos juntos, luego del entrenamiento. Es importante para que el jugador se sienta en confianza, porque muchas veces, cuando se está afuera, no te sientes así, porque son personalidades muy diferentes a la del cubano; el idioma, formas diferentes de vivir el día a día. Tienes que adaptarte.

Estar fuera tanto tiempo separado rompe esa unidad. Acostumbrados desde siempre ha estar juntos, y dos años separados luego de eso. Creo que ahora es como empezar de cero, porque han pasado muchas cosas. Algunos no tenían hijos y ahora sí, otros se casaron. Terminando la etapa de selección cada uno va a ir con su club, pero tenemos un grupo de whatsapp donde hacemos chistes, nos damos chucho, y nos mantenemos informados. A mí me gusta ver los juegos de los otros jugadores, ver qué están haciendo, y creo que no estoy tan lejos, pero a la vez sí. Lo más importante es no cambiar como ser humano, y seguir siendo la misma persona cuando regresas con tus compañeros que te vieron crecer.

Individualmente, cada uno ha crecido como voleibolista. Cada uno tuvo entrenadores diferentes, métodos diferentes de entrenar, de hacer las pesas, de alimentación. Es difícil llevarlo aquí y ponerlo en una sola línea. Lo lógico es coger lo positivo de cada uno de esos clubes y tratar de llevarlo de la mejor forma. Ojalá los resultados deportivos sean los que se quieren, para que nos ayude. Si empezamos a perder, la unidad no será la misma, y ya se estará pensando en septiembre con ganas de irse a los clubes, y eso no es lo que se quiere, sino que estemos aquí enfocados para que salga el resultado.

En tu caso, ¿cuánto ha impactado la tecnología en ti?

El voleibol se juega de una forma muy diferente a cómo se jugaba antes. Es muy fácil entrar a una cancha de voleibol cuando tienes un sistema estadístico consolidado, que te da muchas herramientas, mucha información, que tal vez si no las tienes, que es lo que nos pasa hoy en día en la selección, que no tenemos el datavolley, nos lleva a jugar sin saber contra quién estamos jugando y qué hacen cada uno de ellos.

Yo, que lo he vivido y tenido la oportunidad, sé que es muy fácil saber qué hacen los jugadores, incluso los de cambio en algún momento si van a entrar. No es un secreto para nadie que hoy, en el voleibol que se está jugando, es casi imprescindible tener un estadista, un datavolley, todas esas herramientas para tener una mejor noción con el rival que te vas a enfrentar.

¿Cuántas personas hay en un equipo técnico como el Sada Cruzeiro?

Son varios, 12 jugadores, tres entrenadores, uno principal y dos asistentes, dos fisioterapeutas, dos médicos, un supervisor, un director deportivo, dos preparadores físicos. Un colectivo bastante numeroso y es increíble el profesionalismo que tienen esas personas, lo dedicadas que son si tienes un dolor o en lo que sea que necesites. Es su trabajo, no se dedican a más nada que no sea eso. Es muy cómodo tener un equipo con esas herramientas. Ojalá algún día la selección de Cuba pueda tenerlo.

No es que le falte el personal, porque está, pero faltan los recursos, las condiciones, herramientas. Por ejemplo, tengo un dolor de cabeza, y tengo a la mano el medicamento, y si no lo tienen, hay que esperar 5 minutos a que lo vayan a buscar a la farmacia. Lamentablemente, esas cosas aquí no se ven. El país en general, no es solo con el voleibol. El deporte y el país están viviendo un momento económico muy difícil, y eso lleva a que los recursos sean muy escasos. Tenemos un fisioterapeuta, un médico, no tenemos preparador físico, que sería muy importante, pero esas son cosas que no se resolverán de un día para otro, y que conllevan una serie más de recursos económicos, por ejemplo, a la hora de viajar y el presupuesto que esté destinado, muchas cosas.

No nos ayuda tampoco el problema social y político que se vive, pues eso hace que los países pongan más dificultades a la hora de viajar. Entonces, necesitamos visas y casi todas las embajadas están cerradas, y tenemos que ir a un tercer país. Se trata de una serie de cosas que dificultan e influyen en el terreno.

¿Cuánto ha ayudado la figura de Robertlandy Simón en el crecimiento del equipo?

El regreso de Roberlandy Simón realmente ha sido muy importante, porque es un jugador que ha visto mucho voleibol y ha jugado con atletas de mucho nivel. A pesar de ser central, sabe de todas las demás posiciones y ha jugado con estelares de esas posiciones, y te pude dar consejos. Es una figura clave en un grupo de muchachos que siempre hemos sido los mismos desde que empezamos a la actualidad. Llegamos a una competencia y los jugadores de otros países dicen: ese es Simón. Eso no pasaba con nosotros. Siempre estamos pidiéndole consejos. Si no es una experiencia suya, toma el ejemplo de otro y su juego.

Ahora no pudo estar con nosotros en Pinar. Se está haciendo un tratamiento en la rodilla. Se va incorporar un poco más lento, pero ya está entrenando con nosotros, todos los días. También tenemos a Michael Sánchez, recién incorporado, con mucha trayectoria a nivel internacional. Dos figuras importantes en nuestro equipo. Al igual que los jugadores jóvenes que hemos crecido en cada uno de nuestros equipos y jugado con jugadores importantes. Todo ha sido a favor de la selección nacional.

¿Cuánto ayuda en momentos difíciles este tipo de figuras?

Siempre hay que tener claro que estas figuras son seres humanos, son atletas, y tuve la experiencia de ver a un Simón que no conocía en el preolímpico. Totalmente frustrado, que no sabía qué hacer, cómo ayudarnos a todos y a su vez, ayudarse él mismo. Por mucha experiencia que tengas, en algún momento u otro, la frustración que tengas en ese momento pude ser tan grande que te saque de tu zona de confort. Eso solo lo vi una vez, pero ellos son las personas que nos pueden sacar de un momento de presión, y son las que mejor preparadas están porque lo han vivido muchas más veces que nosotros. Pero también puede darse el caso de que nosotros los ayudemos a ellos.

¿Ha aumentado tu confianza, con tus posibilidades?

Estoy en un momento de mi carrera en que siento que estoy más cerca de esos jugadores. En aquel momento estaba muy lejos, lo veía como algo casi imposible, al igual que los compañeros. Me siento más preparado para asumir cualquier tipo de derrota, las ligas te enseñan a llevar esos momentos que pueden surgir en una competencia. Por mal que esté jugando un día, no llegaría a un punto de frustración como llegaba antes. Si tengo que salir del partido, porque el entrenador lo entendió así, apoyaría a ese jugador que entró y al resto para mejorar lo que se venía haciendo mal.

Has aprendido a ganar, al igual que el colectivo.

Si, hemos aprendido. La última gran derrota que tuvimos fue ese preolímpico, que fue inesperada. Ya habíamos ganado dos sets, lo otro supuestamente era lo más fácil, pero ahí entró la desesperación, la inexperiencia. Canadá tenía un equipo, de momento nos puso otro, entonces pensamos que no, pero sí, y terminó siendo el sexteto que nos complicó, que nos sacó de nuestro enfoque. Hasta que llegó un momento en que estábamos jugando por instinto, con las alas de la derrota. Pero creo que ya nos hemos acostumbrado a ganar. Podemos perder, pero al día siguiente va a ser un día completamente diferente, feliz, de mucha concentración para el próximo partido. Tenemos ese punto de madurez, de saber que cuando perdemos, porqué lo hacemos, y qué tenemos que mejorar.

El último año que jugamos juntos ganamos todas las competiciones, y solo perdimos dos, que fueron importantes, las finales de los Juegos Panamericanos y del Challenger Mundial, este último con un rival muy superior a nosotros, hombre por hombre. Y en el panamericano era una cosa más de conjunto, un ambiente totalmente diferente. En la actualidad lo comprendemos mejor, y por eso creo que va a ser un año muy bueno para nosotros.

Ahora tienen el Challenger en Corea. ¿Las expectativas son llegar finalmente a la liga de naciones?

Sin dudas, esa es la competencia más importante de la temporada, junto con el Mundial. Un Mundial es el segundo evento más importante en el voleibol luego de las Juegos Olímpicos, y creo que es más difícil, porque son 24 equipos, más partidos.

El Challenger de Corea va a ser la competencia de decir; ¿estamos o no estamos preparados? Después de ese resultado sabremos dónde estamos. Será el medidor de nosotros.

Creo que vamos a tener un buen resultado en Corea y un buen Mundial. En el Mundial estamos en un grupo bastante difícil, con Brasil, Japón y Qatar. Creo que el partido más importante de la fase de grupos será el juego contra Japón, que en los últimos años ha venido marcando la diferencia, jugando muy bien, con varios jugadores jugando en Italia consolidados. Como equipo funcionan muy bien y son una maquinaria. Hacen todo, cumplen el plan táctico trazado a la perfección, y eso nos exige dar más de nosotros.

Luego yo cuento con ganarle a Qatar, y después, si le ganamos a Japón, que sí creo que tenemos para eso, fajarnos con Brasil para definir el primero y el segundo. Pero bueno, yo conozco a todos los jugadores, la liga, y es un equipo difícil. Es increíble cuando se ponen la camiseta de Brasil, es un equipo totalmente diferente, la transformación que hacen. Pero como los conozco, también puedo darles mis conocimientos a los muchachos, cómo juegan y ayudarlos. Sin dudas, el equipo a derrotar es Japón para pasar de fase y ya después puede suceder cualquier cosa.

¿Estás satisfecho con tu carrera?

Sí, pero todavía faltan muchas cosas por hacer, sueños por cumplir, cosas que mejorar, y ojalá, cuando decida retirarme, pueda decir que estoy orgulloso porque logré todo lo que alguna vez me propuse. Hasta el momento, sí estoy satisfecho, sobre todo con esta última temporada, porque me demuestra que estoy creciendo, por el buen camino. Desde que empecé en mi primer año en Argentina, ha sido en crecimiento, nunca he tenido una temporada peor a la anterior. Me responde muchas preguntas de que estoy haciendo las cosas bien para cumplir mis sueños.

¿Que cuáles son?

Ser medallista olímpico, ojalá algún día antes de que me retire, y medallista mundial. Tenemos la posibilidad ahora, esperemos que se dé.

¿La familia está orgullosa de ti? ¿Valió la pena el sacrificio y no dejarte caer?

Sí. Mi padre nunca da su brazo a torcer y dice que todavía me falta, por más que yo haga. Creo que están orgullosos de lo que estoy haciendo, porque hicieron buena labor al no dejarme caer en ningún momento. Mi esposa también ha hecho un trabajo conmigo excepcional, he sido un atleta profesional totalmente diferente. He entendido muchas cosas del profesionalismo gracias a ella y su experiencia.

La familia ha sido la parte más importante en mi carrera. Creo que estoy evolucionando gracias a cada una de las personas que han estado involucrados de una forma u otra conmigo. Gane o pierda siempre están los mensajes de apoyo, que aunque sean dos palabras, tienen un significado muy grande. Los mejores atletas del mundo creo que tienen atrás un respaldo familiar que es lo que hace que ellos estén en ese momento. Los centímetros que me faltan en estatura los gano con mi familia.

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