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Yadel Martí fue uno de los héroes de Cuba en el inolvidable Primer Clásico Mundial. En uno de los torneos que la afición beisbolera de la isla no olvidará nunca, el lanzador de Industriales dio todo su brazo para que un equipo subestimado, como fue aquel elenco, llegara a la gran final.

En una reciente entrevista con las Avispas Rojinegras de Cuba. SNB, Yadel recordó muchos de los buenos momentos en la pelota en Cuba, sobre sus inicios, que muchos no conocen fueron como torpedero, en vez de como lanzador, como se le conoció en sus años de gloria.

El wind up único que tenía nació por accidente en un juego contra Villa Clara y marcó su carrera. El derecho de San Miguel del Padrón vistió su número 90 porque llegó de último, pero al final decidió quedarse con aquel mismo. “¡Es un número! No marca la diferencia. No me molestaba tener el 90. Muy agradecido de mi número. Creo que el sacrificio no da el número, pero por este mucha gente me reconoce”, dijo.

Yadel dejó su marca imborrable en el Clásico Mundial, con actuaciones de otra galaxia. A Jesús Daniel Agras, de las Avispas Rojinegras les contó sobre su carrera beisbolera, sobre su principal orgullo y sobre muchos aspectos de su vida personal y en la pelota. Además, contó las interioridades del equipo Cuba en el Clásico, de su relación con Lazo, Pestano e Higinio Vélez. Traemos un resumen de este amplio diálogo.

Comienzos en el béisbol

Cubano al fin todo el mundo tira una pelota, un bate, quizás va a un terreno, pero familiar así que haya jugado béisbol con éxito, ninguno. Mi papá medio que lo intentó, supongo que no era muy bueno. Pero mi papa es fanático y a mi mama le gusta mucho, mi familia es beisbolera. Pero de practicarlo así, yo nada más.

En la EIDE estuve un año, por cuestiones familiares me mudé a Pinar, y estuve en la EIDE en Pinar del Río. Regresé pendiente al Servicio Militar, y no iba a jugar más pelota, había perdido mucho tiempo. Llegué y me uní a mi abuelo y me hice chapista, no tenía intenciones de volver a jugar. Pero muchos de mi categoría estaban preparándose para la serie provincial de los juveniles y ellos le comentaron al director, y él me dio escoger el servicio o la pelota, y como cosa mía quise volver a intentar para evadir el servicio. Entré a los juveniles como shortstop.

Fue lo que jugué, vine a lanzar en los juveniles, debido a que había tenido buena actuación, pero el área estaba muy dura (Rudy Reyes, Abdel Quintana), y pienso que me ayudó mucho que tenía buen control y me dijeron que tenía potencial. En una Copa en Artemisa salieron bien las cosas, y ahí me quedé.

Paso por Metropolitanos

De todas maneras, quería cualquier equipo de la capital. Tuve buena actuación en la Serio Nacional Juvenil y me pasan a la liga de desarrollo. Al año siguiente, entro a la preselección de Metropolitanos como invitado y bajé a la Liga de Desarrollo, con Capitalinos, allí me pusieron como abridor.  

Tuve buen año, no esperé que me fueran a subir, porque yo había sido relevo, pero estaba como abridor en la Liga de Desarrollo. Faltando unos 30 y tantos juegos de los 90, me suben como relevo. Me di a conocer, muy poco tiempo, tuve nueve salidas, pero al año siguiente fue más directo. Llegué en el año en que fuimos al play off contra Industriales. Estuve dos años con los Metropolitanos.

Con Industriales en el año del 2004

Un elenco tan bueno de lanzadores. En Industriales no había ni uno, ni dos ni tres. Todos teníamos la misma calidad. A raíz de los dos o tres años anteriores, alguien tenía que ser el número uno. Cualquiera podía ser el primero. No me consideré nunca ser el mejor, ni el de las mejores condiciones, posiblemente yo era el de las peores condiciones. Yo tenía una cosa muy buena, no tengo miedo a perder, pero decía que me había preparado y merecía que las cosas salieran mejor. Las cosas no salieron, perdí cinco juegos por una carrera. Llegué a pensar en cambiar de guante, de spikes.

El bateador más complicado en Cuba

Frederich Cepeda es uno y Michel Enríquez el otro. No he sido un lanzador de perder el reto, pero no es una sorpresa si hay un bateador de mi tiempo, que se hace difícil, zurdo, Cepeda y el derecho Michel Enríquez. No podía estar por encima de esos dos bateadores. Garantizaba con el bateador bueno tratar de dividir y aplastar al malo. Pero me cuidaba de todos, porque no tenía esas condiciones.

Primer Clásico Mundial de Béisbol

No fui el mejor pícher de Cuba, fui al que mejor le salieron las cosas. Después de tantas estrellas como Lazo, Romero, Palma, creo que a mí fue al que mejor me salieron las cosas. Creo que yo iba con la bolsita de no fallar. Yo no tengo ningún problema político, a mí la política no me interesa. Pero le agradezco mucho a todas las cosas malas que me hizo Higinio Vélez que me obligó a tatar de que, cada vez que él estuviera, yo no fallar.

Para no me considero que hubiera sido el mejor, si no hubiera tenido a Lazo mi trabajo no se hubiera hecho; si no hubiera tenido a Pestano, mi trabajo no se hubiera hecho. Esa seguridad que tenía me la dieron mis compañeros. Le agradezco mucho a mi equipo. Yo hice mi parte, la tiré para ahí, pero las cosas salieron. Nosotros sabíamos que no teníamos nada que perder, no tenía nada que perder, porque fui el último en incluirse en la lista de los lanzadores, siendo el mejor pícher del campeonato. Pero yo no era santo de la devoción de Higinio, por eso tenía que hacer lo imposible. Lo que sí sabía que, cuando me dieran la oportunidad, no podía fallar. Para mí, el Clásico no fue mi fuerte, mi fuerte fue poder llegar a Industriales, donde uno juega contra lo que sí uno no quiere jugar, que es contra su mismo público.

Disfrute más de esta interesante entrevista en las Avispas Rojinegras.

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