De tener el equipo más exitoso que se recuerde en la historia del voleibol femenino, Cuba cayó en un profundo bache que hizo descender drásticamente al deporte de la malla alta, en parte por una amplia diáspora de jóvenes atletas que, como años atrás hizo Dayamí Sánchez Savón, dejaron la Isla para buscarse un futuro mejor.

Se cansaron de esperar, muchas se decepcionaron y ahora salen adelante en países completamente ajenos, con lenguas y culturas muy diferentes, como emigrantes que sufren la distancia de la familia por quienes luchan para brindarles bienestar con lo que mejor saben hacer: jugar voleibol.

Para un país que se preció de tener a las Espectaculares Morenas del Caribe, las actuales ubicaciones en torneos internacionales son duros remates a la cara de una nación que ganó tres títulos olímpicos entre las mujeres, con algunas de las mejores jugadoras de todos los tiempos.

Dayamí fue una de esas talentosas chicas que se aventuraron a parajes desconocidos tras pasar por las selecciones nacionales, en gran parte jóvenes, y que hoy compiten por su cuenta, desperdigadas en varias ligas alrededor del mundo, lejos del país, los amigos y la familia, persiguiendo un sueño.

Ahora, juega con el Prometey SC y es la primera antillana que disputa una temporada en el voleibol de Ucrania. Sobre su paso en la Isla, sus recuerdos en el equipo grande, los problemas del voli femenino cubano, su andar por varios campeonatos del mundo y sus aspiraciones conversó con Play Off Magazine.  

Dayamí Sánchez con su club actual
Dayamí Sánchez con su club actual.

¿Cómo comenzaste a practicar este deporte?

Los inicios de mi carrera no fueron nada fáciles, puesto que comencé un poco tarde con 12 años. Recién empezaba la secundaria básica y entraba a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) con un grupo de muchachas, de las cuales la mayoría llevaban años jugando voleibol y en comparación con ellas, yo estaba bien atrasada. Pero fue un año muy bonito y fue el único que estuve en la Eide también.

¿Por qué escogiste este deporte?

Me encantaba mirar deporte, sobre todo el voleibol y un día el entrenador Eberto Sarmiento coincidió con mi papá en casa de un amigo en común y le comentó que me llevara al Pepe Barrientos, en donde serían los exámenes de captación para ingresar a la Eide. Fui y con mucha naturalidad realicé todos los fundamentos de la mejor manera, incluso sin nunca haber jugador voleibol.

¿Cómo eran las condiciones de vida y entrenamiento en Cuba?

La verdad para nadie es un secreto que las condiciones de vida para un deportista en Cuba no son las mejores, sobre todo en la alimentación, y en las comodidades para descansar y demás, cuando los entrenamientos son duros, y duran alrededor de 3 horas en la mañana y en la tarde.

Recuerdos de tu paso por las selecciones nacionales

Lo recuerdo con muchas alegrías y a la vez con muchas decepciones, pero todo lo que ocurrió me ha servido muchísimo. Con el paso del tiempo aprendí, crecí y cada dificultad me hizo más fuerte.

¿Cuáles consideras tus mejores resultados en la Isla?

Mi mejor resultado en Cuba fue en los juegos Panamericanos de 2014 en Veracruz, México. Fue una medalla de bronce que disfrutamos mucho, pues éramos un grupo joven, y veníamos juntas desde categorías juveniles.

¿Por qué decidiste emigrar?

La decisión la tomé por una decepción que sufrí en el año 2017. Entonces, lo hablé con mi familia y decidí dejar la selección. En un inicio pensé en modelar y me presenté en varias agencias que me aprobaron, pero luego no me sentía en mi ámbito, eso no era lo mío. La verdad fue bien difícil dejar todo atrás para seguir haciendo lo que amo, que es jugar al voleibol, pues nunca es fácil dejar tu país, tus amigos, familia y demás, por un sueño.

¿Qué pensó la familia esa decisión?

Mi familia siempre me ha apoyado en mis decisiones, aunque para ellos fue bien duro pues siempre fui la niña de la casa y lo sigo siendo. Entonces, sus preocupaciones eran muchas pues me iba a un nuevo país, con nuevo idioma, nueva cultura, y peor aun, sola. Eso los aterraba mucho, pero a la vez sabían que me sobrepondría a todo eso y confiaban en que todo iba a ir bien.

¿Cómo ha sido adaptarte a un país extranjero, otras ligas?

En verdad la adaptación es difícil pues los cambios nunca son fáciles, pero cuando tienes tus objetivos claro todo se te hace menos complicado. Lo más difícil siempre es el idioma, puesto que en Cuba muy pocas personas practican el inglés, idioma universal. Lo más complicado es adaptarte a un nuevo sistema de voleibol donde al inicio sientes que no encajas; adaptarte a nuevos sistemas de entrenamiento, a los constaste viajes, a jugar cada fin de semana: todo eso te hace complicado hasta que te adaptas.

Háblame de tu paso por Francia y Hungría

Francia fue mi primera experiencia y fue bien duro para adaptarme a todos los cambios, aunque tuve la suerte de estar rodeada de personas que me ayudaron muchísimo, y aun más tener al a dos cubanas más a mi lado. Tuve buen inicio de temporada, pero como a mitad en un entrenamiento tuve una lesión de hombro por una caída y eso fue bien frustrante para mí, pero nada de lo que no me pudiera sobreponer.

Terminé la temporada y fui a casa, a Cuba, a llenarme de energías positivas con la familia. Estuve poco allá y regresé a Serbia para mi recuperación que fue muy buena. Luego volví a mi país, pero todavía tenía molestias. Entonces, decidí no jugar la temporada 2018/2019. Incluso teniendo muy buenas ofertas, decidí hacer una buena recuperación y fortalecimiento. Esta temporada la empecé en Hungría donde trabajé muy duro y vi el fruto de mi trabajo, al terminar la primera mitad en el equipo ideal de la Liga.

¿Cómo ha sido esta experiencia? ¿Cuáles ha sido las diferencias de jugar en otro país con respecto a cómo se juega el voleibol en Cuba?

La verdad es una experiencia superlinda. Conoces a tantos jugadores de los cuales puedes aprender muchísimo y crecer. Es un sistema totalmente diferente al cubano, ya que nuestro voleibol es único porque aún mantenemos la escuela de hace años atrás, de cuando las Morenas del Caribe.

¿Qué tan complicado fue el paso por Corea?

La experiencia, la verdad, bien dura y el cambio mucho más duro. Es un voleibol totalmente diferente al europeo y al cubano, un juego de mucho rally y mucha defensa, así como pases sumamente rápidos. Es bastante exigente

El proceso de adaptación fue largo y duro, pero nada que una cubana no pueda soportar. Pero sobre todo el pasar por aquí es algo que muchas jugadoras deberían experimentar porque aprendes mucho sobre voleibol, pero mucho más sobre disciplina dentro y fuera del terreno.

¿Tú momento más feliz y tu peor momento?

Mi momento más feliz fue cumplir mi sueño de jugar profesional. Mi peor momento perder a mi mejor amiga y hermana Yudit Pumariega de León, exjugadora de voleibol de la selección cubana en el 2013.

¿Quiénes han sido importantes en tu vida y carrera deportiva?

Mi vida se resume en mi familia. Ellos son mi todo, por ellos lucho cada día, quienes han estado conmigo desde el comienzo y los que estarán hasta el final. Por otro lado, están esos entrenadores que fueron más que entrenadores, fueron padres con quienes hoy en día aún tengo comunicación, a quienes todavía pido consejos y visito cuando estoy en Cuba. Y no menos importantes, mis amistades que han sido parte de este proceso, quienes me han aconsejado, guiado, y ayudado mucho.

¿Te gustaría representar a Cuba nuevamente en el voleibol?

No es una cuestión de gusto, porque de gustarme pues claro que me gustaría siempre vestir ese uniforme, para mí el más lindo del mundo. Es una cuestión de que nuestro sistema deportivamente está muy mal organizado lo que lleva a los jugadores a tomar la decisión de irse a buscar un futuro mejor.

¿Cómo ves al voleibol femenino cubano?

Al voleibol femenino cubano lo veo aún en crecimiento con muchas atletas jóvenes que tienen unas condiciones extraordinarias para ser grandes jugadoras en unos años. En cuanto a los problemas, pues siguen pasando los años y las condiciones de la escuela nacional siguen siendo los mismos: tabloncillo deteriorado y la alimentación no es la mejor. También creo que está bien enviar a las jugadoras a Perú un año para que crezcan, pero solo un año, no dos o tres, ya que hay otras ligas mejores donde las jugadoras pueden crecer mucho más.

¿Qué esperas en tu futuro personal y deportivo?

En mi futuro personal seguir creciendo y aprendiendo. Deportivamente, seguir creciendo, aprendiendo y madurando hasta llegar a donde quiero.

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