El actual campeón panamericano de velas en la clase Snipe es cubano, pero compite por Estados Unidos. Hace casi un cuarto de siglo, Ernesto Rodríguez decidió que era el momento de no volver más a la Isla y se quedó en un evento en el país norteño. Ahora, reside en Miami.

Atrás quedó Cuba y la familia; el padre revolucionario y combatiente que, pese a la distancia y las diferencias ideológicas, entendió su decisión de luchar por otro futuro y ambos tuvieron la mejor relación que pueden tener hijo y padre, porque “era demasiado el amor por cada uno”.

Después, llegó la adaptación a una nación ajena, al idioma y los primeros años sin documentación y trabajo, pero superó todos los obstáculos y el 18 de abril pasado cumplió 49 años en los EE. UU.

El adolescente que comenzó como velero de la clase Laser en Matanzas hoy es un hombre maduro y campeón. Junto a un grupo de amigos, planea ayudar con recursos al desarrollo de las velas en el país que lo vio nacer.

Eras un adolescente cuando comenzaste a practicar las velas

Sí, comencé en el 1985, tenía 14 años. Quería practicar kayak o canoa y accidentalmente terminé navegando velas en la base náutica de Matanzas y hasta el día de hoy. A los dos años de iniciarme en el deporte gané los juegos escolares en 1987 y posteriormente, dos campeonatos nacionales juveniles, en 1989 y 1990. Fui campeón nacional dos años después y, además, subcampeón.

Representé a Cuba en el Mundial del 94 en clase Laser. Después en los panamericanos de Mar del Plata 1995 obtuve quinto puesto y estuve en los preolímpicos en Georgia y la semana olímpica en el 96 en los EE. UU.

Ernesto Rodríguez cubano velas
Ernesto Rodríguez, cubano campeón panamericano de velas en la clase Snipe compitiendo por EEUU. Foto: cortesía del entrevistado

¿Cómo eran las condiciones para la práctica de las velas?

Las condiciones son las mejores desde el punto de vista de navegación. Cuba es una zona del Caribe, envidiable para las velas, vientos alisios casi el año entero, aguas calientes y temperatura agradable. En aquel entonces, en la década de los 80, cuando comencé, había buen apoyo en cuanto a botes, velas y demás medios.

Fluía casi todo bien y se hacía fácil para la práctica en los municipios y las provincias. Ya después del año 90 comenzaron las limitaciones de las embarcaciones y para que las bases náuticas mantuvieran el equipamiento completo, además de las pocas capacidades del equipo nacional.

En las velas varía mucho cómo enfrentas la regata en lo táctico cuando es una flota pequeña mediana o grande. En Cuba nos limitaba que no teníamos flotas grandes, para que se entienda, 50 o 60 barcos en una arrancada. Lo que más veíamos eran 7 u 8 botes en campeonatos nacionales y por supuesto, eso tiene un impacto cuando sales al exterior a competir porque tienes que cambiar la táctica y nada es después como lo entrenaste.

En la semana olímpica del año 1996 en los EE. UU. decides quedarte y cambiar tu vida, ¿por qué? 

Antes de la Olimpiada del 96, en el mes de enero, vinimos a una regata clasificatoria o de entrenamiento a Miami y ahí pensé determinar si iba para Cuba o competía en las Olimpiadas, y lo cierto es que yo me iba a quedar en algún momento. Ya lo tenía decidido y lo hice, ya a la vuelta.

La razón principal fue algo en términos personales. Quería determinar el tipo de persona que quería ser yo y el tipo de vida que quería tener. El estado de vida en Cuba es muy limitado. Yo quería quitarme esa limitación de arriba y tener más oportunidades. El deporte no me influenció mucho sino mi vida personal.

Llegar acá es difícil de explicar, fue un cambió grande de nivel de vida, de aprender un nuevo idioma, una nueva estructura, es como volver a nacer. Tuve el apoyo de muchas amistades. Fueron dos o tres años muy duros porque no tenía documentación y no tenía trabajo, pero fue mejorando la situación económica.

Al año y medio comencé a contactar con la flota de Snipe porque la de Laser que era la que dominaba no estaba muy organizada. Me prestaron botes para comenzar, después compré el mío. Quiero decir que no me siento profesional porque no me pagan como atleta de velas. Lo más difícil es conseguir un tripulante como pareja con el compromiso de hacer todo juntos.

Ninguna clase de velas paga a no ser que te entregues a un equipo cien por ciento y eso no me interesa. Esto para mí en los últimos 25 años es recreación, aunque me lo tomo en serio, pero no recibo compensación económica alguna. Todos los gastos corren por mí, los viajes internacionales, embarcaciones, la membrecía del club de yates y competencias. Lo prefiero así, no tengo que reportarme a nadie.

Voy a los campeonatos mundiales y los hemisféricos y no me representa dinero. La ayuda es poca en términos de logística. En los panamericanos sí corrieron todos los gastos por el comité olímpico. Fui campeón en esa cita y nada de recompensa monetaria. Al final, siendo campeón solo recibí un trofeo. Si yo no compitiera en esos eventos hago más dinero porque me contratan de entrenador en otros países, pero practico el deporte por el amor que le tengo.

Ernesto Rodríguez cubano velas
Ernesto Rodríguez, cubano campeón panamericano de velas en la clase Snipe compitiendo por EEUU. Foto: cortesía del entrevistado

 ¿Cómo fue vista la decisión de dejar a tu familia?

Fueron sentimientos encontrados. Sobre todo, porque mi papá fue combatiente de la Revolución. Fue muy duro para él, pero entendió que era lo mejor para mí y de alguna forma se dio cuenta de que no había futuro de la manera en que yo pensaba como profesional. Tuvimos una conversación muy precisa.

Teníamos una relación buena, la mejor que puede tener un hijo y un padre. Mi padre era un revolucionario de los de verdad, honesto, humilde, trabajador, nunca se dejó sobornar teniendo buena posición en el gobierno. Fue director de la Empresa Forestal de Villa Clara, económico de Sagua La Grande, se retiró y siguió integrado como militante del Partido. Así fue, se murió sin nada prácticamente.

Teníamos conversaciones, no discusiones. Él me preguntaba, “¿si estas tan inconforme por la situación en Cuba por qué no te vas?”. Le dije, “no me he ido de Cuba porque no quisiera defraudarte”. Me miró y me dijo: “cuando yo tenía tu edad hice lo más conveniente para mí”.

Me dije, ¿ok? Prácticamente me dio la luz verde para irme. Pasó algo interesante pues se interesaba por la situación mía estando allá, incluso oía emisoras de los EE. UU. Al regresar de visita teníamos largas conversaciones, pero él manteniendo sus principios. Yo era su hijo, la relación nunca cambió entre nosotros. Se fortaleció, eran ideologías diferentes pero la sangre nos unía, era demasiado el amor por cada uno.

¿Cómo es ese sentimiento de ser cubano y ser campeón representando a los EE. UU.?

Me siento cubano que vive en otro país. Compito contra otros cubanos como si viviera en Cuba. Les tengo tremendo respeto y admiración a todos. Es como si estuviera compitiendo en el equipo nacional cubano. Quiero ganarles, lógicamente de la misma forma en que me quieren ganar a mí, pero sentimentalmente, no ha cambiado nada, competencia es competencia.

Vivir en este país me ha dado la posibilidad de seguir practicando este deporte. Yo practico la vela junto a otras tres modalidades, monto mucha bicicleta, juego golf, y el deporte de la pesca submarina que es mi preferido, más que la vela. El tiempo no me alcanza para tanto y para llevar estos hobbies, más mi negocio.

¿Qué piensas sobre el futuro de las velas en Cuba?

Unos cuantos amigos cubanos que vivimos acá en Miami, que practicamos velas, estamos viendo la posibilidad de ayudar a todas las bases náuticas de Cuba con botes. Allá están todas las condiciones naturales, los entrenadores, pero necesitan ese apoyo. Queremos llevar botes y eso va pronto. Estamos organizándolo, empezaremos por Matanzas, después Villa Clara.

Hay buenos proyectos para que se restablezca ese deporte. Ojalá que el gobierno esté interesado en que eso avance para mantener las bases náuticas. Tenemos 5 o 6 clase Snipe que están disponibles para llevar, 6 o 7 Laser y como 10 Optimist, listos para donarlos. Es un deporte muy caro. Estamos viendo cuáles son las mejores formas de hacerlo llegar. En esas tres clases tenemos interés en ayudar.

¿Te sientes satisfecho de tu vida a los 49 años?

Definitivamente, aquí he encontrado lo que yo quería ser. Es un proceso largo, pero cuando lo logras, es depender de mi esfuerzo y de lo que he creado para mantener mi nivel de vida. Es la satisfacción más grande que un ser humano pueda tener. He tenido la suerte de establecerme y ser la persona que quiero.

Tengo la familia que quiero y a mi hijo, en la universidad. Sería la total felicidad verlo encaminado en este país. Vivo la vida desde otro punto de vista con más realización personal. Los resultados deportivos están ahí. Para mí una medalla o un quinto lugar es lo mismo porque me enfoco en la próxima competencia, en superarme cada día. Cuando llegan las eliminatorias al Mundial compito y cada día navego más.

En 2009, tuve el mejor resultado con un tercero, gané el hemisferio anterior y el del 2010. Mi intención es disfrutar, interactuar con las amistades y los rivales. En la vida personal ya logré mi sueño, que era ser independiente. Si me quedara un sueño, es mantenerlo. Soy feliz porque aquí no dependo de nadie, no tengo límites.

Me he adaptado a este estilo de vida y no me ha pasado por la cabeza regresar a Cuba; voy solo de visita. A lo mejor mañana cambio de parecer, pero por ahora pienso así. Me encanta mi país, es la patria donde nací y me crie.

Encantado de la vida representaría a Cuba en un campeonato mundial viviendo aquí, pero no lo hago porque no me lo permiten. Yo soy cubano que vive en Miami. Defiendo mis raíces como buen cubano. Quiero decirles a los seguidores de las velas que se mantengan al tanto. Hay Ernesto aquí para rato. En mi plano personal, seguiré por un buen tiempo en las velas.  

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