Exbeisbolista cubano Silvio Montejo

Silvio Montejo, béisbol y desmemoria: “el pueblo no olvida, los que dirigen sí”

Hay un cierto tipo de olvido que golpea a Silvio Montejo, un campeón mundial del béisbol cubano.

“A veces, no quiero ni ir a Caibarién porque no me han reconocido nunca”, dice sobre su tierra natal, en la antigua provincia Las Villas.

Pero no se refiere al olvido que proviene del pueblo que lo vio jugar, sino de otras “esferas”, que suelen olvidar más rápido los triunfos de antaño cuando el deportista ya no está activo.

En su tiempo de oro, Silvio Montejo integró las potentes selecciones cubanas del béisbol, incluso, en uno de los campeonatos mundiales que más quedaron marcados en la memoria, el de 1969 en República Dominicana.

Por entonces, era una inspiración cuando volaba sobre los bases, bateaba o cubría los jardines. Era “la bala de Caibarién”.

“Siempre me decía que la figura inspiradora en el béisbol fui yo…. ¡mira la foto allá en la pared con él!”, cuenta sobre el hombre espectáculo de la pelota cubana, Víctor Mesa, quien le mostró su admiración.  

A sus más de 70 años, con el terreno vívido en su memoria, Silvio Montejo recuerda las glorias pasadas.

¿Cómo fueron los inicios de Silvio Montejo en el béisbol?

Cuando muchacho, existía una liga que se llamaba “Los cubanitos”, en la que participaban cuatro equipos. Nosotros jugábamos en los playones y pelota a la bamba en mi natal Caibarién. Yo jugaba tercera base y los jardines. Por aquel entonces, viví en un barrio de la loma en la Villa Blanca, allá por los años 1956 o 1957.

En aquella época se jugaba en las cuadras, tres equinas, con home, primera y segunda. De ahí, al que tenía calidad lo cogía un mánager y se iba para el grupo de los talleres. Yo tendría diez añitos más o menos, porque nací en 1945.   

Para podernos desarrollar, nosotros mismos dejábamos que nos batearan bastante para los jardines. Esa categoría era desde 13 a 15 años. Éramos el único equipo en Cuba, desde la base, que llevaban a la nacional desde Caibarién. Lo conformaban diez peloteros.

Después, fui para la Habana con otros cinco jugadores. Yo tenía 15 años y el único seleccionado para la escuadra nacional fui yo. Comencé picheando y cuando no lanzaba, era cácher. Seguí avanzando. Incluso, fui a la serie mundial juvenil en el 1961, en la cual logramos la medalla de plata.  

Expelotero Silvio Montejo, en sus tiempos de jugador
Expelotero Silvio Montejo, en sus tiempos de jugador

¿Por qué cambia de posición si debutó en series nacionales como lanzador? ¿Cómo llega al equipo Cuba?

En 1962 me llamaron para el servicio militar y tuve que ir para mi casa. Por aquellos tiempos, comencé a tener problemas en el brazo de lanzar. Estaba convocado para ir a México y Natilla Jiménez se me acercó y me dijo que, con mi explosividad, tenía que desarrollarme en otras posiciones. Fue por eso que empecé a jugar primera base y a batear con 19 años.

Fuimos campeones en la provincia con Pedrito Pérez como director del equipo. Después, íbamos a jugar en una serie regional central (1966) con Las Villas y el center field era Inocente Miranda, quien bateaba mucho, pero no tenía buen brazo. Pedrito me propone jugar el jardín central. Lo hice bien y empecé a entrenarme en esa posición, además yo era muy rápido corriendo, incluso me querían llevar en el relevo del atletismo nacional a Jamaica.    

Había varios jóvenes con capacidades en aquella época: estaban Rigoberto Rosique, Ñico Jiménez, Fermín Laffita. Fuimos a México y al regreso nos invitaron a los panamericanos. Le confieso que era un poco regado y me sacaron de la preselección en el 66 -67.

Después me puse para la cosa y fui el primer bateador derecho cubano en batear 100 hits en una serie, pues en sentido general, el primero fue Osorio, que era zurdo.

Así fue que comencé a estabilizar mis resultados y fui tres veces a México, y a un preolímpico en el 68. A partir del 69, participé en los panamericanos, centroamericanos y hasta en los mundiales. En el equipo Cuba, yo jugaba left field y Laffita lo hacía en el center.

Se habla mucho de las condiciones para jugar el béisbol en la actualidad. ¿Cómo eran en su época dorada, en las primeras series nacionales?

Todo estaba porque los traían de otro lugar. Entonces, daban seis o siete guantes nada más y nos los prestábamos, unos a otros. A veces pienso que hubiésemos sido mucho mejores si hubiéramos tenido más condiciones.

Cuando jugábamos en Santiago de Cuba nos llevaban en avión, pero desde Camagüey, el transporte era en guaguas “pepinos”, como les decían. Teníamos unos uniformes de una franela calurosa, pero no había más nada.

Se hizo entonces una serie de los diez millones, para apoyar a la zafra (la llamada Zafra de los 10 millones, en 1970). Jugábamos en los terrenos de los centrales azucareros. Las comidas en las series eran como las que llamamos ahora “completas”. No pasábamos hambre porque comíamos unos buenos bistecs y pescado. Las condiciones en los albergues sí eran malas, un desastre, pero los estadios tenían condiciones normales.

Lo que sí éramos una familia en la convivencia. Por ejemplo, Laffita y yo fuimos contrarios en el terreno, pero fuera, amigos. Igual sucedía con Rosique y con Armando Capiró. También existía la “tentación con las mujeres”, pero cuidábamos el negocio. Tomábamos bebidas, pero solo cuando no había juego al siguiente día.

Eso de tener borracheras, sí que no. Lo otro que eso que se ve ahora, con el público hablando con los peloteros y mujeres sonsacando, no existía con nosotros. Teníamos un salario muy pobre, era solo lo que ganabas por tu oficio, según la licencia deportiva. José Antonio Huelga era el mejor pícher de Cuba y ganaba como 118 pesos. Sin embargo, el padre de César Valdés, el árbitro, trabajaba en una fábrica y ganaba cuatrocientos pesos y pico.   

¿Qué momentos no olvida Silvio Montejo?

Siempre voy a recordar el Campeonato Mundial de República Dominicana (en 1969). Fuimos contra todas. El pueblo nos quería, pero había muchos problemas políticos, incluso, cubanos que vivían allá estaban atacándonos y no fue fácil.

Ese día bateé bien e hice buenas jugadas porque siempre jugué en la alineación regular. Antes había mucho amor. Perdíamos un juego y era un dolor grande: conversábamos y analizábamos después. Ahora veo que no es así.    

También recuerdo que discutimos un campeonato, una serie nacional en la que estaban cuatro peloteros de Caibarién: Lázaro Pérez, Emilio Madrazo, Enrique Oduardo y yo. Ganamos cuando Huelga le metió nueve ceros a los Mineros. A ese equipo lo recuerdo todos los días. Los demás eran Antonio Muñoz, Pedro Jova, Owen Blandino y Pedro Oliva.

Dentro de las anécdotas, no olvido tampoco una de la Serie de los 10 Millones, cuando estábamos jugando contra Camagüey en el estadio Latinoamericano, que era la sede principal. Gaspar Legón era el pícher de nosotros y le dio jonrón a Elpidio Jiménez y después, este hizo lo mismo cuando vino a batear.

Ese día estaba el juego empatado a una carrera y, con hombre en primera, di un roletazo por el montículo, y él lanzador se demora en tirar. En ese instante, se fue la corriente eléctrica. Viraron la jugada y al primer lanzamiento di jonrón.

Yo me llevaba bien con la gente. Aunque haya sido famoso en mi época, siempre alguien te chiflaba hasta en La Habana, en donde me gustaba jugar. Si hacías un fildeo, te aplaudía todo el mundo. Me ponchaban y me iba callado. No ofendía a nadie ni me fajaba con nadie.

¿Cómo llegó el retiro de Silvio Montejo? 

Cuando uno está listo para irse, hay que irse. Ya a los 33 años sentía que no era el mismo. También, yo cogía mucho golpe. Me habían dado un pelotazo en la cara y hubo que operarme, también en la rodilla. Fui perdiendo los reflejos.

Jugué en 14 series nacionales y ya llegaban Valentín León y Víctor Mesa, que eran jóvenes promesas de Villa Clara. Fui a una serie junto a ellos, cuando estaban dentro del conjunto, y jugué primera. Me dije entonces: este es el momento de acabar.    

¿Qué sucedió después?

Yo era profesor de Educación Física y empecé a trabajar en la escuela Ernesto Guevara. Después, fui a una misión internacionalista a Nicaragua, en el año 1983. Más tarde, me tocó en Venezuela. Nunca dirigí porque mi carácter no me lo permitía. Yo se lo decía a Víctor Mesa, porque él quería dirigir como cuando era pelotero. No es lo mismo dirigir que jugar. La gente no podía ser como era él. Siempre me decía que la figura inspiradora en el béisbol fui yo…. ¡mira la foto allá en la pared con él!

Silvio Montejo y Víctor Mesa
Exbeisbolista cubano Silvio Montejo, junto a Víctor Mesa

¿Cómo valora el relevo de aquellos Azucareros?

Todavía se discute si son Azucareros o Leopardos. Aquel fue el equipo más grande de la historia. Eso era una guerrilla que guapeaba con todo el mundo. A los Industriales les caíamos arriba y no había perdón con ellos.  

La calidad comenzó a aumentar incluso más. Pedrito Pérez, Natilla Jiménez y Pablo García eran profesionales que enseñaron a ese relevo, a pulir la técnica que después siguió con los deseos de ganar campeonatos. También, otros entrenadores se unieron.

¿Cómo ve el béisbol actual Silvio Montejo?

Ha cambiado mucho el béisbol, con todo el respeto de los entrenadores. La mayor calidad está para afuera. Si no hay entrenadores buenos, no se puede lograr nada. Eso es aparte de las condiciones y la falta de implementos que hay.

Si no tienes base, no tiene nada. Nosotros jugábamos con pelotas de esparadrapo. Ahora hay talento, pero están muy flaquitos. Recuerdo que en mi época éramos jovencitos con 19 o 20 años en el equipo Cuba. Rodolfo Puente, Laffita, Rosique, Isasi: todos teníamos menos de 23 y fuimos campeones mundiales. Los de ahora no batean, mucho menos jonrones.

La mente se les va para otra cosa. Están pensando en vivir mejor y mejorar, eso es lógico. Yo vivo en esta casita y si fueran otros tiempos, quisiera vivir en un chalet mejor y con aire acondicionado en todos lados. Eso es mejoría en la vida.

¿Si le hubieran tocado estos tiempos, qué pensaría hacer con su carrera beisbolera?       

Jugar profesional. Antes, había otra mentalidad, nos querían firmar y nosotros no aceptábamos. Ahora es diferente porque no da la cuenta. Todo el mundo quiere ser alguien. El músico quiere ser el mejor cantante. La vida cambia. Cada uno hace lo que quiere.

He ido a ver a los Marlins de Miami como ocho veces, como invitado por un amigo mío cubano que lleva años en EE.UU. He estado con glorias cubanas como Riquimbili Betancourt, con Jorge Luis Toca, con Eduardo Paret y otros cuantos. He hablado mucho también por teléfono con Lourdes Gurriel, el padre. Es un béisbol distinto. Yo, que lo he visto, digo que es un espectáculo.

¿Cómo siente tras su retiro?

Después de que vine para Santa Clara, en el 64, nunca se me ha reconocido en Caibarién. De las cosas que más he repudiado y lo he dicho libremente, es que el mismo gobierno no me ha tenido en cuenta como gloria deportiva de allá, en un municipio que fue la “mata” de los peloteros de equipos Cuba.

No soy ni hijo ilustre de mi pueblo y me siento hijo de allá. A veces, no quiero ir ni a Caibarién porque no me han reconocido nunca. Los que me conocieron como muchacho sí lo hacen, y los viejos también. Hace poco fui y no conocía a casi nadie.

Ese puñal siempre lo tengo clavado con respecto a mi pueblo: el pueblo no olvida, pero los que dirigen sí. El INDER, que puede ayudar, nunca me hecho una invitación ni nada, pero estamos vivos.

Fidel me dio un carro, cuando fui a Baltimore entre los invitados, con algunas glorias deportivas. Gracias a Emilio Madrazo me dieron este apartamento en 2007 porque discutió en la Asamblea del Poder Popular diciendo que era posible que yo, después de 30 años de haber sido campeón mundial y tener otros títulos nacionales e internacionales, no tenía casa propia. Este apartamento era de Leonis Martín.

A veces, me invitan a eventos aquí en la provincia. Yo siempre estuve preparado para todo esto, porque “cuando Tin tiene, Tin vale y cuando no tiene, no vale”. Tengo mis problemas de la cadera y la rodilla, pero me siento bien.    

Un mensaje a quienes sí recuerdan a Silvio Montejo.

Que me recuerden con mi forma de ser y mi carácter explosivo. Risueño, sin braveza. Para mí son más lo que me quieren que los que no me quieren. Que me recuerden como la “bala de Caibarién”, como me puso Rubén Rodríguez. Gracias por siempre recordarme.

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Beisbolista cubano Luis Giraldo Casanova

Luis Giraldo Casanova: “al único que ofrecieron un cheque en blanco fue a mí”

De aquella noche del 5 de noviembre de 1992, la del adiós de Luis Giraldo Casanova en el Capitán San Luis como jugador activo, el recuerdo que más ha perdurado ha sido el de su inmenso cuadrangular por el jardín izquierdo.

Los años han mantenido imborrable esa imagen idílica de la despedida de El señor pelotero, en una jornada en las que como muchas otras veces, las promesas se quedaron en deudas, una deuda que muchos olvidan.

En aquella despedida, en medio de la emoción y el bullicio de todo un estadio, se anunciaba a todo pulmón desde el terreno que su histórico número 14, por acuerdo del INDER, no sería usado por ningún otro atleta en series nacionales. Pero el tiempo demostró que no fue así: los 14 han continuado desfilando por las espaldas de muchos jugadores hasta el día de hoy, y aquel se convirtió en otro de los engaños coleccionables con los que tendría que lidiar en su vida como atleta, de 17 temporadas nacionales.

Luis Giraldo Casanova no guarda rencor y la sonrisa sigue siendo imborrable en su rostro. Hasta habla de esas heridas del pasado sin resentimiento ni odio hacia los culpables, algo que me demostró durante una conversación en el patio de su hogar, ese espacio en el que seguramente muchas otras veces ha compartido sus recuerdos.

Los comienzos de El señor pelotero

“En Orozco comencé en baloncesto porque iba a la escuela por el día y allí se practicaba el baloncesto de noche, ya que la cancha tenía luces, pero ya después me empezaron a motivar para ir a la pelota. Era por el día y mi papá no quería que la jugara porque tenía que ir a las clases en la mañana y después trabajar en la finca: prefería el baloncesto porque era de noche y no afectaba. Trataron de convencerlo y yo me fui para la pelota, pero a él no le gustaba hasta que vine a estudiar para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) aquí en Pinar del Río”, recuerda sobre su infancia.

Llegaba con 12 años a la EIDE pinareña como receptor, posición que asumió por necesidad del equipo en Orozco.

“Éramos un grupo de Bahía Honda, vinimos junto para la escuela y a la hora que daban los pasos viajábamos juntos todos. Estuve en varios juegos escolares y en los 15-16. En Bahía Honda estaban como entrenadores Lázaro Pablo Abreu, Escudero y hablaron con mi papá muchas veces, pero él no estaba convencido de eso hasta que le dijeron que me iría para la EIDE y ahí fue como se ablandó un poquito”, cuenta.

Pelotero cubano Luis Giraldo Casanova
Pelotero cubano Luis Giraldo Casanova

En 1974, Luis Giraldo Casanova vistió por primera vez el uniforme del equipo nacional, en esa ocasión, para el mundial juvenil que se desarrolló en Caracas.

“En el campeonato nacional juvenil fuimos a jugar en Villa Clara, pero los documentos de nosotros se los llevaron los escolares que estaban en Oriente y los de ellos los teníamos nosotros; entonces, jugábamos por jugar, pero no para buscar una posición en el torneo porque no teníamos los papeles. El equipo escolar ganó todos los juegos y nosotros, más o menos lo mismo. Pero me vieron jugando y ahí me mandan a buscar para la preselección nacional”, cuenta.

Casanova llegaría a la Serie Nacional vistiendo el uniforme de Vegueros en una primera temporada en la que solamente contó con 8 veces al bate.

“Yo jugaba los juegos militares en La Habana antes de venir a la Serie Nacional, y después me quedé jugando la provincial con el equipo de Marianao, pero al llegar José Miguel Pineda a Pinar del Río, es que vengo yo”, afirma.

“El narrador deportivo Rubén Rodríguez, quien vivía detrás del Latinoamericano, va a donde está Pineda y le dice: ‘Tengo entendido que vas a ir a dirigir un equipo para Pinar del Río, ven cuando juegue el ejército de Occidente, que hay un muchacho de Pinar que te va a hacer mucha falta”, recuerda.

La poca participación en su primera temporada le permitió ser candidato a novato del año para la campaña siguiente, título que discutiría con Lourdes Gourriel, que finalmente fue el ganador. ¿Fue una injusticia?

“Eso es lo que dice la gente. Lourdes bateó 300 y yo no, eso es lo que pienso. No sé, a mí me hicieron tantas cosas después… Al otro año, yo estaba en el equipo nacional y él no, tuvo que esperar dos años para llegar al equipo Cuba”, dice.

El señor pelotero ganó 6 títulos de series nacionales y formó parte de una generación sobrada de talento, algo que fue determinante, junto a otro elemento que considera importante.

“Había gran familiaridad entre nosotros, éramos una familia. Los mejores años fueron primero con Pineda y después con Jorge Fuentes. A veces, nosotros decíamos en los juegos: vamos a dar una vuelta de bateo y en ocasiones no llegaba todo el mundo a batear, pero lo hacían 6 o 7 en el inning. Los mítines no los daba Pineda, pues se reunían los regulares y el que hablaba era Alfonso Urquiola, el capitán, y después Pineda llegaba y preguntaba: ‘¿ya se pusieron de acuerdo? Como digan es como se juega, porque los protagonistas son ustedes’ Por eso el equipo jugaba suelto”.

De leyendas urbanas, pelotazos y otras historias

Su talento dio motivo al nacimiento de muchas leyendas urbanas, unas más conocidas que otras, pero lo que sí es cierto es que su calidad le permitió salir muy bien parado en muchas ocasiones.

“Yo bromeaba mucho con Rafael Rodríguez de Matanzas, al que le decíamos Palomo Linares, porque siempre le gustaba cantar y le decía: ‘Rafa, el día que lances te voy a dar tres hits’ y me respondía: ‘el que te va a dar tres ponches soy yo, tu verás, deja que empiece el juego’.

“La primera vez al bate le doy hit y le dije: ‘tengo uno’. En la segunda vez, le bateo otro y Goide le dijo: ‘si te batea otro, me voy a fajar contigo en el medio del terreno porque como es posible que te lo diga y te lo está dando’, pero la tercera vez no llegó porque lo quitaron”, recuerda.

https://youtu.be/6WEzpSu67jc

Fueron 147 pelotazos los que recibió Luis Giraldo Casanova y solo uno de estos le hizo perder la paciencia, al punto de que casi protagonizó un hecho que pudo haber empañado su carrera como atleta.

“Ocurrió con Octavio Gálvez y fue aquí en Pinar del Río. Estábamos en el salón de protocolo y estaba sentado con la gente del equipo Las Villas haciendo cuentos y me dijo a Pedro Jova: ‘Tú siempre me echas a perder los juegos. Al pícher que vaya a lanzar por nosotros le voy a decir que te dé un pelotazo en el pie para sacarte de juego. Entonces, salió Octavio Gálvez, que estaba oyendo, y me dice: ‘si yo picheo, te voy a dar dos’.  

“Le dije: si me das un pelotazo, no voy a entender que se te fue la bola, porque ya me lo dijiste. Cuando empieza el juego, comenzamos nosotros a hacer carreras. Él no estaba picheando, pero lo trajeron de relevo cuando iba a batear yo, con dos hombres en base.

“Cada vez que me tiraba, yo me quitaba, y me puso en tres bolas. El cácher, Albertico, le dijo: ‘tírala por el medio o a las costillas porque estoy cansado de estar agachado aquí atrás’. Le dije que no le diera ‘cuerda’, que me iba a golpear de verdad. Él me dijo: ‘no te va a hacer nada’. Y sí, me la tiró por el medio de la espalda.

“Con el bate en la mano salí caminando para arriba de él, fue la primera y la única vez que hice algo así. Cuando iba llegando a donde estaba él y levanté el bate, el árbitro que venía detrás me lo quitó y botó al pícher. A mí, me dijo: ‘Casanova, por el gesto que hiciste, tienes que salir del juego’. Le dije: ‘tranquilo, voy directo al dogout, me cambio de ropa y para mi casa”, recuerda.

Cuatro años después, el tiempo volvería a unir a estos dos protagonistas fuera del terreno de juego, cuando Gálvez ya no era parte del equipo de Las Villas, en Cienfuegos. “Él quería hacer las paces conmigo porque en realidad la bola se le fue, pero como me lo había dicho antes, entendí que no fue así”, cuenta.

Casanova en el equipo nacional: un camino repleto de glorias

Su camino en el equipo nacional lo llevó a 6 Campeonatos Mundiales, la misma cantidad de Copas Intercontinentales, así como 2 juegos Panamericanos y dos Centroamericanos y del Caribe, en los que promedió para 426, con 20 cuadrangulares, 65 empujadas, igual número de carreras anotadas, además de 76 indiscutibles, todo ello en 148 desafíos y 187 veces al bate.

Luis Giraldo Casanova fue parte de aquel trascendental juego final en el Mundial de 1988, que tuvo como sede la ciudad de Parma, en el que Lourdes Gourriel igualó el marcador con un cuadrangular histórico que lo haría transcender en la historia de la pelota cubana. Pero antes, una polémica jugada en primera base dejó con vida a Luis Giraldo, una jugada importante en aquella historia.

“Eso lo habíamos hablado él y yo. El lanzador americano no quería lanzarle porque aquí en La Habana le había dado cuadrangular y allí dos bases por bolas. Le dije: ‘Lourdes, como ahora es el último inning, no sé de qué forma voy a llegar a primera, pero tú tienes que ganar el juego, porque ahora el pícher si te va a lanzar, pues él no va a querer que se le embase nadie. Así que, prepárate’.

“Después de que llegué a primera, le dije: ‘ya estoy aquí’ y me respondió: ‘Tranquilo’. Después de dar el jonrón, cuando se abraza conmigo en el dogout, ya no podía más, estaba muy nervioso. Lázaro Vargas decidió, pero la clave fue el cuadrangular de Lourdes.

Casanova responde sin titubeos sobre una cuestión que sale a relucir cuando se habla del predominio cubano de aquellos años en la arena internacional y el supuesto bajo nivel de los oponentes que enfrentaban los equipos nacionales.

“¿Cómo van a ser universitarios si fueron para Grandes Ligas? La única vez que el equipo norteamericano estuvo junto dos años fue cuando los Panamericanos en Indianápolis, para tratar de ganarnos, porque también fueron al mundial. Al terminar esos dos años, menos el segunda base, todos fueron para Grandes Ligas: no eran tan universitarios como dicen”.

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Casanova, las Grandes Ligas, un cheque en blanco y el éxodo del béisbol cubano

La oportunidad de llegar al béisbol estadounidense nunca fue un plan para El señor pelotero, aunque las oportunidades no le faltaron, por su calidad extraordinaria.

“Al único que le ofrecieron un cheque en blanco fue a mí, en 1981, cuando gané la triple corona. Ahí, fue el primero y también en 1985, en la Copa en Canadá. Le dije al hombre: ‘yo no sirvo para eso, porque tengo los padres míos allá, y a mí me gusta estar allí y compartir con la familia. Además, si me quiero tomar una cerveza me la tomo y valen 60 centavos, así que conmigo es por gusto’. Le viré la espalda y me fui.

“En 1985, que es cuando comienza Omar Linares, a quien cambiaron de los juveniles al equipo grande, me dijeron: ‘tú respondes por él’. Ya en Canadá, vino el mismo tipo, estábamos sentados en las gradas esperando que terminara el juego, y me pregunta: ‘¿por fin, Casanova? ¿Te decides?’. Le respondí: ‘te dije hace cuatro años que no servía para eso, así que conmigo terminaste, no tienes que hablar más nada’. Me dijo que iba a conversar entonces con Linares, a quien conocían por haber ido a tres mundiales juveniles. Cuando va caminando para donde está Linares, este le dice: ‘a mí no me preguntes ni me digas nada; lo que te dijo ese, es lo que te voy a decir yo, así que conmigo no tienes que hablar tampoco”.

Escuchar una historia como esta, de Luis Giraldo Casanova, en medio de la ola migratoria que vive Cuba, puede sonar incluso más sorprendente. Miles de personas, entre las cuales se cuentan decenas de deportistas, han cruzado la frontera con Estados Unidos en el último año.

“Más bien, es cuestión de la enseñanza. También hay otra cosa: esto ha cambiado mucho y ahora los muchachos piensan diferente”, dice.

Conformar un equipo Cuba unificado, con los peloteros que un día formaron parte de la Federación Cubana de Béisbol, sigue siendo un tema que levanta polémicas, pero Luis Giraldo lo tiene claro:

“Se pudiera hacer para buscar un puesto más alto a nivel mundial para Cuba, pero, ahora mi pregunta es: ‘¿Los que están jugando Serie Nacional y esta Serie Élite? ¿El objetivo de ellos cuál es? ¿No es llegar al Clásico? Si traes a todos los que están afuera, los de aquí no van a ir al Clásico. Después, ¿quién juega Serie Nacional aquí? ¿Con qué objetivo van a jugar? Si a la hora de hacer un equipo Cuba, que es el objetivo que uno quiere, ponen a los otros, va el béisbol para el piso de nuevo”.

El señor pelotero no duda en señalar la que considera la mayor deficiencia de la pelota cubana.

“Lo que falta es que los muchachos tengan concentración en el juego. ¿Cuántos hay que tiran por encima de 90 millas? De todos los abridores que he visto en esta Serie Élite, el que más velocidad tiene es 87mph, sin embargo, los relevistas todos lanzan por encima de 90, en todos los equipos. ¿Por qué pierden los juegos después del séptimo inning los que más duro tiran?  Porque no hay concentración en el juego”, afirma.

https://youtu.be/ndPmSyZiNzg

La espina del retiro

Hace 30 años de aquel día en el que Luis Giraldo Casanova se retiró del béisbol activo, una decisión que causó muchísima polémica y que fue anunciada, como se reseña en el libro El Señor Pelotero de José Antonio Martínez de Osaba, mediante una escueta nota en el periódico Granma.

“Ya venía incómodo desde el año anterior, porque en 1991 fue la Copa Intercontinental en España y los Panamericanos en La Habana. El equipo B es el que mandan para prepararse en México para que vaya a la Copa, pero del otro grupo sacan 5 para reforzar el B y yo fue uno de esos. Fuimos a México, luego de la Copa en España que ganamos.

“En esa etapa el comisionado era Zabala y andaba con nosotros en España. Terminaba la copa y el equipo iba para Italia a seguir topando y lo llaman a España y le preguntaron quiénes estaban bien. Respondió que los cinco refuerzos, entre ellos yo, y le dijeron que nos mandara de vuelta. Regresamos para el entrenamiento de los Panamericanos y fueron todos ellos, pero a mí me mandaron para Pinar del Río.

“No contaron tampoco con Zabala, que estaba en el extranjero. Esa decisión llega de los que estaban en la comisión, entre ellos Servio Borges, Miguelito Valdés, Jorge Fuentes. Ese año, dije que no jugaba más pelota, porque a mí basura me hacen una vez, dos no. Fidel Ramos, el secretario del partido, me manda a buscar y me dice: ‘nosotros entendemos todo lo que pasó, no nos gusta eso, pero hace falta que juegues pelota aquí en Pinar del Río’. Le dije que lo iba a hacer porque me lo pedía.

“Jugué la Serie Nacional y sacaron a 100 jugadores para la preselección y yo no estaba ahí. Llamé a María del Carmen Concepción, con el periódico en la mano, y le pregunté: ‘¿usted cree que en estos momentos haya 10 peloteros mejores que yo?’. Me respondió que no, que ni 5 y me dijo: ‘vete para tu casa, con Fidel Ramos habló yo. Te vamos a organizar el retiro”, recuerda Luis Giraldo Casanova.

Ante un público incrédulo por estar viviendo aquel momento, Casanova le decía adiós al deporte activo. Tras de sí, dejaba una enorme historia, no del todo valorada, y salpicada de injusticias.

“Imagínate como se puso eso en el estadio, que cuando yo llego, me dijeron que tenía que batear. ¿Cómo que batear, sí lo que yo estaba haciendo era tomando ron en mi casa, esperando a que llegara este momento para decirle adiós a la gente? Le pedí al hermano mío, quien estaba en ese equipo, los zapatos. Linares me dio el bate de él y sus guantillas. Salgo caminando para home y Yobal Dueñas viene corriendo y me dice: ‘Eres una mierda si no bateas jonrón’. ‘Yo voy a tratar de darle a la pelota y más nada’.

“El pícher de Sancti Spíritus, que estaba picheando, me tiraba duro. Lourdes le gritaba del banco: ‘Esto es simbólico, si tú no eres ni el que vas a lanzar en el juego, tírale suave para que le dé a la pelota y ya’. Era por gusto, me tiraba duro y duro. Yo me había pasado el día entero tomando ron y le tiré a una bola y di jonrón. Me quedé parado y la gente pedía que le diese la vuelta al cuadro y se la di por ellos. Cuando llegué a home, se abrazaron los jugadores y vinieron la gente de Sancti Spíritus, la grada entera lloraba y decían: ‘lo retiran obligado y todavía da jonrón”, cuenta.

Expelotero cubano Luis Giraldo Casanova
Expelotero Luis Giraldo Casanova, una de los mejores beisbolistas cubanos de la historia

De leyenda como jugador, a entrenador

Desde aquella misma noche, nació también el Luis Giraldo Casanova entrenador, otro capítulo de su vida que no ha estado exento de las injusticias que lo han perseguido.  

“Zabala, el comisionado, me dijo de irme a trabajar para Italia? Estuve 6 o 7 meses y luego me mandaron para Japón en una escuela junto a Pedro José Rodríguez, en la que entrabamos al terreno por la mañana y regresábamos oscuro. Estuvimos 6 meses, y después al otro año, 6 o 7 meses más en Japón”, detalla.

Fue el inicio de una larga carrera como entrenador que lo llevó a la serie nacional, como mánager en la temporada 2008-2009, cuando quedó cuarto con balance de 54-36. Logró clasificar a la semifinal occidental en la que cayó ante La Habana, resultado aquel que no fue suficiente para repetir como director en la siguiente temporada.

“Al terminar, voy para el entrenamiento de la preselección nacional y estando allí, me llega la información de que en Pinar del Río me iban a quitar como director para poner a Alfonso Urquiola otra vez. Él no había querido y por eso me habían puesto a mí, pero él quería otra vez.

“Todos los días me llegaba una información distinta y entonces, fueron tres miembros de la dirección del Inder a verme, entre ellos el comisionado provincial. Llegaron al mediodía y Donald estaba sentado en la carpeta y les dijo: ‘Miren a ver lo que ustedes van a hablar con Casanova, que él ya lo sabe todo. Incluso, nos dijo que ustedes venían hoy y están aquí.

“Cuando salí del restaurante me llamaron y nos sentamos al lado de la piscina. Les dije ya lo sabía, que iban a poner a Urquiola. Les dije que si no se dieron cuenta de que en todas las reuniones que dieron estaban mi hijo y sobrino, aunque no me dijeron nada. Les dije que me había enterado otras vías. ‘No me digan nada, que cuando termine aquí, iré directo para mi casa y ni para el estadio voy”, cuenta.

Cerraba así, para siempre dentro de la Serie Nacional su carrera como director, demasiado breve luego de un año en el que elevó muchísimo las expectativas, “Ya después de que estaba en la preselección, ahí se me quitaron los deseos de dirigir: terminé como director”, dice.

Luis Giraldo Casanova
Luis Giraldo Casanova

El señor pelotero no espera disculpas

Desde entonces, mucho ha prescindido de los conocimientos de Luis Giraldo Casanova el béisbol pinareño. Se ha impuesto un castigo totalmente incensario que le ha causado demasiado dolor a uno de los hijos ilustres del deporte en esta tierra.

“Voy cuando los muchachos me dicen que vaya allí a verlos. En la pasada serie iba a comenzar a trabajar con Alexander Urquiola y acepté ayudarlo en la etapa de entrenamiento, pero hasta ahí. El primer día que fui, el comisionado dice que no podía porque yo iba a participar dentro de la serie por la Comisión Nacional a chequear, que esa era la orientación. Vine para mi casa, pero Alexander fue a verme y me dice que él no sabía nada tampoco.

“En el sub-23, con Donal Duarte, también iba a ayudar. Llevaba un mes y me salió una linfagitis, por eso fui para la casa de reposo. Hicieron el equipo después y nunca vinieron a verme. Los peloteros pasaban por aquí y me llamaban y preguntaban cómo me sentía. Pero hicieron el equipo y conmigo no hablaron tampoco”, cuenta.

Ahora, una nueva oportunidad fuera de su provincia se aproxima para continuar extendiendo sus conocimientos. ¿Sería posible la aparición de una nueva negativa?

“Lázaro Arturo Castro ya me llamó y no me pueden poner ningún pero, porque no tienen moral para eso. En dos equipos distintos me han virado para la casa, ahora qué moral van a tener para exigirme. Voy por pasar el rato con Lázaro Arturo Castro y creo que Lazo también va para allí”, dice.

De sus años en los destacó como jugador, poco queda de la disciplina en los atletas actuales, algo que confirma con total convicción.

“Hay mucha falta de respeto, a veces está el juego andando con presión y hay muchos conversando, otros con el teléfono, no están atendiendo y eso no es correcto. En mi generación, primeramente, no había teléfono, pero todo el mundo tenía que estar pendiente porque no se sabía si en algún momento determinado te llamaban”, cuenta.

A sus espaldas, mientras cumplía como entrenador en Nicaragua, convirtieron a su hijo en lanzador, pese a que Erlys se lucía al bate en las categorías inferiores. La ‘mala pasada’ del entrenador Román Suárez lo dejó con el deseo de disfrutar de la ofensiva de su descendiente en la Serie Nacional.

“Le dijo: ‘es mejor que te metas a pícher que Casanova bateador fue tú papá nada más’. Lo probaron a pichar y ya”, dice.

Luis Giraldo Casanova nunca ha esperado disculpas pese a las injusticias y mantiene el rencor alejado de su vida.

“Eso es vivir amargado por gusto”, afirma.

No haber sido campeón olímpico es el único vacío que quedó en su inmensa carrera, por la que ha merecido mucho más y ha exigido demasiado poco.

“Me faltaron unos Juegos Olímpicos y estuve cerca de la posibilidad, porque en 1992 se ganó. Vivo tranquilo y como dicen los muchachos, que me quiten lo baila’o. Le sirvo a todo el que haga falta que lo atienda, sin rencor ni represalias con nadie tampoco”, concluye Luis Giraldo Casanova.

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Exdirector fútbol cubano Julio César Álvarez

Julio César Álvarez, DT más ganador del fútbol cubano: “me marginaron, pero soy feliz”

Al director técnico más ganador del fútbol cubano, Julio César Álvarez “El Pulla”, lo marginaron en numerosas ocasiones, pero no guarda rencor. Incluso, cuando había sido campeón nacional por cuarta vez consecutiva, todavía dudaban a la hora de llamarlo a la selección nacional.

“El Pulla” vive feliz de ser oriundo de Zulueta en Villa Clara, en donde comenzó un camino que lo llevaría a convertirse en el guía, desde los banquillos, de una dinastía del balompié en la isla. Durante quince campeonatos que dirigió, alcanzó trece medallas con el Expreso del Centro, de estas, cinco coronas.

“Trabajé para el fútbol, no para que me reconozcan, pero la gente sí lo hace cuando uno ha hecho algo positivo. Lo que quiero es que no me olviden”, dice Julio Cesar Álvarez, quien no pide ayuda del Inder, ni de nadie, aunque la necesitara.

“Yo trabajaba para el fútbol: siempre que he tenido las fuerzas lo he hecho y lo hago sin interés de ningún tipo”, añade.

De su vida dentro y fuera de las canchas, de sus satisfacciones, incomprensiones, experiencias y anécdotas, conversó con Play-Off Magazine Julio Cesar Álvarez, una leyenda del fútbol cubano que vale la pena escuchar.

¿Cómo descubrió Julio César Álvarez el fútbol?

El fútbol comenzó para mí como comienza este deporte en un lugar como Zulueta: en los diferentes barrios. Primero, se hizo un torneo de categorías inferiores de 12 o 13 años con varios equipos. Luego, pasé al terreno de Zulueta con atletas que hacían de entrenadores, pero allí iniciamos un trabajo un poco más serio en lo técnico y táctico.

¿Pero cómo se convierte en entrenador, la profesión que marcaría su vida?

En el 1975 me encontraba laborando en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) regional de Sagua la Grande, llevaba allí casi tres años, por necesidad de apoyo de entrenadores a ese municipio. En aquel entonces, el director regional de Caibarién me solicitó para que regresara para dirigir la primera categoría por ciertos problemas que ocurrieron. Así empiezo en la primera categoría de Zulueta, y fui campeón provincial, cuando pertenecía a la antigua provincia Las Villas.

Continué en el periodo de 1975-1976 con los zulueteños. El equipo Azucareros, que era el mayor representante de nosotros, ocupó el cuarto puesto y Zulueta el quinto. Después, se restructuran los conjuntos para comenzar con el nombre de Villa Clara y se me propone para dirigirlo.  

Julio César Álvarez El Puya
Julio César Álvarez El Puya

¿Cómo eran las condiciones para desarrollar el fútbol cubano en aquellos años?  

Los terrenos eran de muy baja calidad en la mayoría de los municipios. Los tradicionales eran los de Zulueta y Santo Domingo. Los demás tenían sus dificultades, pero se jugaba y se desarrollaban los campeonatos. Había balones donados por países del llamado campo socialista con cierta calidad para jugar los torneos provinciales y nacionales.

Pero, sí se tenían más implementos que en la actualidad. La industria deportiva nos surtía con balones de gomas para los escolares y los demás, por ejemplo 20 o 30, para un entrenamiento de primera categoría, cosa que hoy es difícil. Existía la posibilidad de un buen desarrollo. Escaseaban los implementos para trabajar las habilidades físicas.

Los trajes eran confeccionados por la industria deportiva con buena calidad. No existía tantos problemas con el calzado ni con los uniformes ni las medias. Fue un mejor momento de los materiales y necesidades para los entrenamientos y competencias. Todos los equipos de provinciales y nacionales estaban uniformados con sus respectivos colores.

La alimentación era muy buena tanto en la base como en los campeonatos nacionales. Los albergues sí eran otra cosa. Nos alojaban, por ejemplo, en el estadio Sandino de Santa Clara, con condiciones que no eran buenas, con mucho calor, los albergues no eran los mejores y eso nos golpeaba. No había ventiladores ni posibilidades para que el atleta descansara lo suficiente. Muchas veces dormíamos en las gradas para coger fresco y descansar.

Usted es el director técnico más ganador en nuestros torneos nacionales de fútbol, con cinco coronas.

Sí, de quince campeonatos que dirigí en Cuba, en trece alcanzamos medallas. Con el Expreso del Centro, Villa Clara, fueron los mejores resultados que tuve. Del año 80 al 83 ganamos cuatro campeonatos consecutivos. Es, hasta el momento, el único equipo que lo ha logrado en estas lides. También ganamos en el 86. En el 78, 79, 85 ,87 y 89 fuimos segundos lugares. En el 94 y 2008 terceros.

Nadie ha logrado cinco campeonatos nacionales como DT (le sigue José Luis Flores con cuatro) y se acercan Rolando Rodríguez, excelente entrenador villaclareño y Ariel Álvarez, Francisco González Mena y Triana, con dos.  

¿Qué recuerda de sus incursiones con la selección nacional cubana?

Estuve en el colectivo de entrenadores de las selecciones nacionales seis años, aproximadamente. En 1987 pasé a dirigir la selección nacional en los Juegos Centroamericanos y del Caribe con un cuarto lugar. No era la selección absoluta, sino que se competía como sub-23.

Después, estuve en eliminatorias olímpicas, panamericanas, centroamericanas dentro del colectivo técnico. Participé en eventos de preparación en Corea y Europa con el conjunto que ganó el centroamericano dirigido por Roberto Hernández.

¿De quiénes se nutrió Julio César Álvarez para convertirse en el entrenador exitoso que fue?

En Cuba había buenos directores técnicos y entrenadores. En el caso de los extranjeros que han trabajado aquí, pienso que Kim Young Ja creó una base importante de disciplina y aspectos que dieron sus resultados, aunque no pude trabajar con él. Se logró ganar en campeonatos y subcampeonatos centroamericanos. Fue de la generación de Roldán y Reinoso. Había otros cubanos como Sergio Padrón, Roberto Hernández y otros.

Después, Compani enseñó cosas que no dominábamos como el trabajo en bloque y otros aspectos técnicos tácticos que influyeron en que hubiera un desarrollo del fútbol cubano. A partir de su llegada, la selección trabajaba lo técnico táctico porque veía en los cubanos fortaleza física. No creo que haya sido descabellada la decisión de traer esos dos técnicos en su momento a pesar de haber tenido buenos especialistas en nuestro país. Todos los demás importados no los creí necesarios.    

 ¿Los directores técnicos de las selecciones nacionales eran los más capacitados?

Fui convocado a la selección nacional cuando logré ser campeón o subcampeón nacional. Me premiaban con ir a ese colectivo. Sin embargo, había entrenadores que dirigían la selección que no dirigían ni tenían resultados en el campeonato doméstico.

Yo fui excluido de la selección nacional en enero de 1991, cuando se perfilaba todo con vistas a los Juegos Panamericanos celebrados en La Habana. Había dirigido los Centroamericanos y ocupamos el cuarto lugar y en la eliminatoria olímpica perdimos con Haití. Cuando hacen el análisis, alegan que no debíamos haber perdido con Haití, un país pobre, y una serie de cosas que no las entendí.

Muchos de los que alegaban aquello habían perdido contra Haití siendo jugadores. Querían decir que cuando ellos estaban eran ricos y conmigo eran pobres. A veces no doy entrevistas porque me conozco y digo la verdad cueste lo que cueste. Soy responsable hasta el día de hoy de los resultados, pero hay cosas que se deben saber.  Ellos tenían sus planes, desde un principio los tenían. Pero bueno ya tenían otras proyecciones.

https://youtu.be/UUjp1B-a3sk

¿Cuáles eran esas proyecciones con usted y otras personas?

A mí me envían para Haití junto con otros compañeros. Hicimos un trabajo bastante bueno después. Me sustituyó Compani, un técnico italiano que dirigió para los Juegos Panamericanos del 91. Me pidieron que me quedara, pero me reusé porque si no cumplí con los pronósticos que me impusieron lógicamente no iba a aceptar estar allí.

Eso tuvo su situación: el comisionado se molestó por eso, pero yo hablé claro. Hay que ser honesto. El problema no es estar en un equipo por estar y por viajar. Uno debe defender los intereses fundamentales, que son los resultados.

Después, en Villa Clara, estuve un tiempo sin dirigir. Más tarde, fui comisionado provincial. En ese tiempo me comprometieron, otra vez dirigí. En tres temporadas obtuvimos dos platas y un bronce. Acto seguido, partí para Haití.           

Al regreso de Haití ni siquiera en mi provincia se interesaron porque yo dirigiera nuevamente. Al final no hubo una decisión. Yo digo que cuando uno merece algo no lo pide y nunca he pedido nada. Existía otra mentalidad. No estoy en contra. Nadie es vitalicio. 

Cuando fallece mi esposa, pensé retirarme y Florido, el actual comisionado de fútbol en Villa Clara, habló conmigo para que apoyara al equipo y a los técnicos jóvenes. Ese trabajo lo fui realizando siempre sin enfocar nada que no fuera sus criterios. Así continúe y lo sigo haciendo de esa manera. 

¿Qué le pareció el talento y la calidad humana de los futbolistas que dirigió de diferentes generaciones?  

Me es difícil definir quiénes eran mejores. Tuve extraordinarios jugadores bajo mi mando, que en su época, hicieron historia. Fueron brillantes y también hubo otros no mencionados que no vistieron las franelas del equipo Cuba, pero que eran capaces de competir con los que hacían selecciones nacionales. Logramos ser una familia. Cuando se logra luchar por una causa justa y que todos lo veamos, así se alcanzan los resultados.

Los atletas de Zulueta y Santo Domingo tenían sus discrepancias por los campeonatos provinciales al igual que Caibarién, pero llegó el momento en que jugábamos en esos lugares y hasta se quedaban a festejar. En la unión estaba el éxito. La meta de nosotros era vencer y vencer.

La Habana era la potencia más grande en el fútbol cubano y derrotábamos a los capitalinos allá y acá. Hubo un tiempo en que cuando tocaba jugar en Zulueta no venían. No creo que fuera miedo, pero sí influía el lugar. No buscábamos refuerzos, aun con dificultades en la defensa. De los cinco campeonatos que ganamos, tres fueron con atletas que estaban en la selección nacional, pero los otros dos sin ellos. Había una base sólida entre jóvenes y veteranos.     

¿Qué opina Julio César Álvarez del fútbol cubano actual?   

Cada generación ha tenido sus situaciones, a favor o en contra. La actual es diferente porque se ha abierto un campo que no existió en otras épocas. En mi tiempo, había atletas que pudieron haber jugado en determinados clubes por su calidad. Los muchachos de ahora han visto que en los clubes hay beneficio económico y mayor desarrollo. Han buscado nuevas aventuras.

Es una generación con otras posibilidades. No es menos cierto que nuestros campeonatos nacionales tienen muchas deficiencias. En cuanto al alojamiento, este ha mejorado. Se da en hoteles, el transporte es en guaguas Yutong con mejoras con respecto a mi época, en que eran en Girón y Skoda. La alimentación es bastante buena.

Siempre he estado en contra de la conformación de los campeonatos de Cuba: el fútbol no es de playoff, es para otros deportes y aquí queremos que un equipo que ha ganado un torneo sacando tres o cuatro puntos al más cercano perseguidor, después juegue en un cruce el uno contra el cuatro y puede que quede eliminado. Eso es una injusticia.

Se juega muy poco. Ahora, con apertura y clausura, ese no es el fútbol que necesitamos. Tenemos que acercarnos a las ideas de los grandes equipos como el Madrid, el Barcelona. Juegan cuarenta partidos. Ahí hay desarrollo.

Estoy en desacuerdo con el sistema de competición del fútbol cubano y la poca cantidad de partidos que se celebran. Así no se desarrolla nada ni nadie. Cuando comencé se jugaba todos contra todos y salía el campeón por mas puntos. Discutimos campeonatos en partidos extras, lo que quiere decir que sí se puede dar un gran espectáculo y eso obliga a los elencos a mejorar sus deficiencias.   

La base del fútbol cubano está perdida. Las áreas no tienen balones para trabajar ni recursos para formar a los niños, jóvenes y adultos. Por supuesto que cuando llegan a un nivel superior tienen miles de deficiencias. En nuestro tiempo, por lo menos, teníamos balones y recursos. La gente podía trabajar.

Como estamos, no le vamos a ganar a nadie. A veces, me llama la atención que los técnicos de la selección nacional cuestionen la base. ¿De dónde salieron ellos? Bueno, muchos no salieron, se lo han dado. Hay quienes no se han esforzado ni han formado atletas. ¿Cómo van a mejorar la técnica individual y colectiva con uno o dos balones, a veces? Eso hay que superarlo. Todo está basado en los que están afuera y eso no puede ser así.

Los federativos nuestros, a veces, no conocían ni siquiera a los entrenadores de nuestro país. No han dirigido en ningún lugar. Han sido puestos por obra del espíritu santo, no sé. Muchos de ellos, la inmensa mayoría, no han dirigido ni han estado vinculados con el fútbol. Ese deporte hay que sentirlo y jugarlo.

Tenemos provincias con un federativo en cada una y se ha sacado a un comisionado sin estar en ninguna federación. Con el mayor respeto: no quiero saber nada de la comisión nacional de fútbol. Mucho de los que están dirigiendo un equipo nacional no han ganado ni siquiera una liga cubana. ¡No, no han dirigido! Los campeones son los que tienen que dirigir, que son los que tienen vivencias. Son los que merecen respeto por el trabajo realizado.

¡No nos engañemos! Hemos jugado dentro del Caribe con equipos de segunda A y B, estamos en la B y los partidos se tornan cerrados, inclusive. Hay que topar para, por lo menos, llegar a CONCACAF para aprender con conjuntos superiores para ver las deficiencias. Hay que jugar fecha FIFA.

La actual selección, para mí, es pasajera, con el mayor respeto de bombo y platillo que le estén dando. Esto muestra que cuando tuvimos que buscar la clasificación para CONCACAF no se logró. Antes éramos los dueños, el único que nos seguía era Haití. Quiere decir que cada vez nos alejamos más de una forma victoriosa.    

El mundo futbolístico no juega menos de cincuenta partidos en cualquier liga por lo que sea. Eso lo saben todos los jugadores actuales. Se ven con posibilidades, se comparan y por supuesto, tratan de jugar en las islas del Caribe para desarrollarse profesionalmente y en su economía.   

Hay éxodo real en Cuba. Algunos porque quieren irse del país, que a mi juicio son contados por los dedos de la mano: los demás, buscan un futuro mejor e ir a la selección nacional, incluso jugando desde el exterior. Hay muchos problemas, incluido los salarios y eso, en la actualidad agobia a los atletas y entrenadores.

No tienen la mente enfocada en el deporte. No quieren jugar porque algunos, por ejemplo, consiguieron un contrato particular en un merendero y dejan el fútbol porque económicamente están limitados: sin eso, no pueden mantener a una familia. Si ve la nómina cubana de los últimos tiempos, casi todos los futbolistas están en determinadas ligas. Del campeonato doméstico apenas hay dos o tres.

No podemos pensar que los que están afuera van a resolver todo. Se hicieron dos selecciones, la A y la B. ¿Cuántos fueron de la selección B? ¡Busquen! ¿Qué me están hablando de selecciones? Es como una justificación para decir: nosotros hicimos el campeonato nacional a la primera fase e hicimos la preselección. No existe. No es verdad.

En Cuba hay lineamientos. Al que abandono el país en delegaciones se le aplica la medida. Al que haya ido por su cuenta o haya buscado otros aires deportivos debe permitírsele jugar con la selección cubana, en definitiva, todos son cubanos y aman a su patria y quieren representar a su país. No es un problema de opinión, es de muchos que hasta el momento se respetan. A mi juicio, siempre digo que vayan los mejores.

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¿Se sintió marginado usted, pese a todos sus éxitos como entrenador?

Eso sucedió en toda mi carrera. Aun cuando fui campeón nacional por cuarta vez consecutiva y los comisionados de Holguín y Cienfuegos propusieron que fuera invitado al colectivo de entrenadores de la selección nacional, el comisionado en aquel momento planteó que no era lo suficiente para que yo estuviera en la selección, sin embargo, había otros que no dirigían nada.

Hay gente valiosa que están dirigiendo, pero se debe tener un respeto. Fui un poco rebelde con apuestas que hubo que hacer y las gané en defensa del equipo de mi provincia. Se tomaron medidas arbitrarias, pero no me preocupa, yo trabajaba para el fútbol: siempre que he tenido las fuerzas lo he hecho y lo hago sin interés de ningún tipo.

Lo que se logró no fue solo de mi esfuerzo sino de las áreas de los municipios y las provincias. A mí solo me tocó materializar todo el trabajo anterior. Me marginaron y se quiénes lo hicieron, pero no me preocupa porque no busco un medio para atacar a nadie. Para los que hicieron eso conmigo, allá ellos, porque soy feliz: amé al futbol, trabajé para él y es mi pasión.  

¿Tuvo beneficios con el fútbol?     

Jugábamos por ese gran amor que le teníamos a la camiseta y representatividad de la provincia y por Cuba en los eventos internacionales. No es menos cierto que la parte económica es importante: en una eliminación olímpica, jugando en Haití, nos dieron diez dólares para si queríamos comer caramelos o lo que quisiéramos.

Las veces que más nos dieron fueron en unos Centroamericanos, unos ochenta dólares, y también en un torneo en Corea, con igual cifra. En las demás ocasiones, fue por debajo de ese dinero. En España estuvimos un mes y nos dieron sesenta dólares. Así, por el estilo, para traer lo poquito para la casa y la familia. No había apoyo económicamente. No podíamos ni llevar dinero, eso era penado. Sufrimos eso en carne propia. Solo me dieron una casa por necesidad en el reparto José Martí de Santa Clara en 1990 por orden de Corona, en aquel entonces director del INDER nacional.

Actualmente, tengo dos hernias discales, soy diabético, vivo solo. Gracias a amigos míos que me ayudan, tengo una situación diferente. Aquí a esta casa no ha venido nadie del INDER ni a preguntar por mí. Eso lo enfrento como un problema mío que tengo que resolvérmelo todo yo. No voy a pedirle nada a nadie. Si quieren apoyarme, que me apoyen, si no, que no me apoyen.

¿Cuál ha sido la mayor satisfacción para Julio César Álvarez?     

Que me recuerdan saludándome, diciéndome profe, reconociéndome la labor que tuvimos. Sencillamente, trabajé para el fútbol no para que me reconozcan, pero la gente sí lo hace, cuando uno ha hecho algo positivo. Lo que quiero es que no me olviden. Tengo la satisfacción de que el sacrificio no fue en vano. Quería despedirme hablándote de mi pueblo Zulueta. No puedo negar que tengo un pasaporte libre, que no me lo puede quitar nadie: soy zulueteño, villaclareño y cubano.

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Pelotero béisbol cubano Iván Correa

Iván Correa: "No me importa lo que pongan en las redes de mi hijo"

Corría el 2000 cuando Iván Correa, vistiendo la franela del equipo más ganador de la pelota en la isla, concretó su gran hazaña personal, el hecho por el que más lo recuerdan los aficionados del béisbol cubano.

El entonces jugador de Industriales se coronó como líder jonronero de la campaña 39 con 10 vuelacercas, para convertirse, así, en el primero que comandaba este departamento con bate de madera tras el destierro del aluminio.  

Iván Correa ratificó su poder al bate castigando una pelota de pésima calidad, que se negaba a abandonar los parques de la Serie Nacional, y quedó por encima de toleteros de renombre que tenía, por aquellos años, el principal pasatiempo en el país.

“En el 2000, ya estaba el bate de madera y nos costó trabajo adaptarnos, pero internacionalmente no se estaba jugando con aluminio y la pelota es verdad que no caminaba. Había que darle duro para que avanzara. Y fue muy lindo terminar como máximo jonronero”, recuerda sentado en una de las escaleras exteriores del estadio Changa Mederos, en la Ciudad Deportiva.

Pero para llegar a vestir la camiseta de los azules de la capital, pasó tiempo y hay que viajar unos cuantos años para conocer los detalles de su vida. Esta es la historia de Iván Correa, quien habla de sus años de gloria, del presente y también de su hijo, Lisbán, quien mantuvo el apellido vivo en los Industriales, muchas veces, rodeado por la polémica.

Del Ciro Frías a los Metros

“La infancia mía fue jugando pelota en el barrio, con las amistades mías en Santa Amalia, Arroyo Naranjo. Sin embargo, empecé en el Ciro Frías en voleibol, porque me gustaba, y de ahí fui para la Mártires de Barbados, pero lo dejé, pues cuando entré a la EIDE, los muchachos del voleibol estaban para la escuela del campo y yo sin hacer ningún deporte. Hablé con mi mamá y le dije: ‘Mami, yo quiero ir pal Ciro Frías a jugar pelota, eso es lo mío”, recuerda el expelotero.

“Y volví a la pelota con los profesores Bárbaro Hernández y el Chico Morilla. Ahí di mis primeros pasos, jugaba tercera base y entonces hicieron una prueba en la ciudad deportiva y entré a la EIDE en béisbol”, dice.

Exbeisbolista cubano Iván Correa pelotero Industriales
Exbeisbolista cubano Iván Correa

El juego que acaparaba su vida en el barrio después de hacer las tareas se volvía un camino más serio y bien lo sabía, pues tenía el ejemplo en su papá, Erol Correa.

“Lo admiraba mucho. Mi mamá me llevaba al estadio a verlo y también siempre admiré mucho a Rey Vicente Anglada. Me sentaba debajo de la pizarra con los muchachos del barrio a ver a los Metropolitanos y a Industriales. Viendo a esos peloteros me enamoraba más del béisbol. Estaban Anglada, Armando Capiró, Mantecado Linares”, cuenta.

Contando siempre con el apoyo familar, recuerda que la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) era una de las mejores escuelas que había. Allí lo formaron entrenadores como Paco Martin y Tony González, en un camino lo llevaría a las Series Nacionales.

“Cuando llegué al equipo de Arroyo, el entrenador me dijo que su cácher era muy chiquitito y me preguntó si yo había cacheado y le dije que no. ‘Bueno, ponte ahí para que seas el receptor del equipo 13-14’, me dijo. Así empecé. Pasamos al 15-16, fui a la preselección, pero en el tiempo ese hubo mucho dengue y se suspendió la nacional 15-16.

“Después, vinieron los juveniles y luego la primera categoría, donde me destaqué. El mánager de Psiquiátricos me vio y me pidió que jugará con ellos y tuve buenas series provinciales hasta que llegué a la Serie Nacional con los Metros. El director era Raúl Reyes y di mis primeros pasos en Series Nacionales”, explica.

Los comienzos en la Serie Nacional

Entonces, llegaron los primeros pasos con el segundo equipo de la capital en la pelota cubana.

“Estábamos entrenando los muchachos de la reserva y en el juego treinta y pico se lesionó un cácher y me subieron a mí. Obviamente, yo no jugaba porque en aquel tiempo estaban Casamayor, Miranda.... Era 1986 y yo solo tenía 19 años”, refiere Iván Correa.

De aquellos primeros días, con los guerreros, no olvida a un jugador histórico como Enriquito Díaz, que también empezaba; al mago Germán Mesa, y en especial a Jorge Salfrán, su compañero de cuarto hasta que se retiró y de quien aprendió mucho de la vida y el béisbol. El primer hit se lo dio a Heriberto "Tati" Collazo y se fue en ese choque de 3-2.

Los Metros fueron la casa de Iván Correa por muchos años y la desaparición de este equipo no lo deja indiferente, algo que considera una mala decisión.

“Fue una cosa muy impactante para los muchachos. Venían con su equipo de años y decidieron quitarlo. De ahí salieron muchos peloteros que jugaron en Industriales y eso perjudicó a varios peloteros que tuvieron que irse a otras provincias, porque no cabían en Industriales. Fue un error de la Comisión Nacional”, afirma.

En su opinión, el equipo podría haber llegado a mejores resultados si no hubiera perdido tantos peloteros que se iban a Industriales, y para reforzar su punto de vista resalta las mejores actuaciones mientras vistió esa camiseta.

“Fuimos a una Copa Revolución, también estuvimos en los playoffs. Teníamos un equipo hecho y hasta a Industriales le dábamos guerra. Lo de nosotros era jugar pelota y destacarnos, para poder ir a la selectiva. Éramos muy jóvenes y los otros eran mejores equipos. Pero me aportó mucho mi paso por allí. Después, pude llegar a Industriales”, explica.

https://youtu.be/ndPmSyZiNzg

El paso de Iván Correa a Industriales

En la temporada 98-99, junto con Antonio Scull, Yasser Gómez y otros recordados peloteros, el mánager Guillermo Carmona lo subió a los Industriales para que lograra otro de los sueños de su carrera.

“Me dio mucha alegría, porque todos los peloteros de La Habana quieren vestir esa camiseta. Los periodistas te siguen más, transmiten más juegos... Resultó un cambio muy bonito. Nos llevábamos muy bien. Hice amistad con Juan Padilla, con Javier Méndez y Lázaro Vargas, que me enseñó mucho. Me decía que eso era un equipo unido y debía esforzarme más. 

“Discutimos el campeonato con Santiago de Cuba. Esa final estuvo buena, perdimos en siete juegos y podíamos haber ganado, pero corrimos con la mala suerte de perder dos juegos en el Latino. Todo el mundo quiere jugar contra Industriales y cuando vas al Guillermón Moncada, ese estadio y esa conga te motivan a querer hacerlo mejor y el equipo de Santiago, imagínate, le pusieron la aplanadora, Pierre, Fausto”, dice.  

Muy pronto, en la siguiente temporada, Iván Correa se encontró con su exconjunto en un playoff en el que los Metros estuvieron muy cerca de dejar en el camino a los Leones de la Capital. Al recordarlo, sonríe y desliza su mano por el rostro.

"A uno le da sentimiento jugar contra el que fue su equipo. Y los Metros nos dieron tremendo playoff. Tuvimos que llegar al quinto juego para ganarles. Creo que hicieron su trabajo, querían ganar para seguir, pero no creo que hubieron decisiones en su contra para favorecer a Industriales”, afirma el exreceptor.

El retiro y un hijo pelotero

Correa llegó a hacer tres preselecciones del equipo Cuba, arribó a 100 cuadrangulares en Series Nacionales y se retiró sin ser campeón nacional, un año antes de que los dirigidos por Rey Vicente Anglada conquistaran un título que no se conseguía desde 1996.

“El retiro es muy difícil para un pelotero, aunque lo asumí bien. Hablé con mi familia y me dijeron: ‘Esa es tu decisión. Si quieres dirigir, dirige y si quieres jugar, juega’, y pienso que tomé la determinación correcta, porque ya sentía que no podía con los muchachos que estaban allí ni con los entrenamientos. Ese mismo año dirigí el equipo de Habana del Este y fui subcampeón en la serie provincial. Cuando ganó Industriales me puse muy contento, sin embargo, no sentí nostalgia por no haber estado ahí”, afirma.

https://youtu.be/NTS7jQVfw8U

¿Cuál fue el lanzador más difícil?

“Pedro Luis Lazo, porque tiraba duro, tenía buena slider y le ponía mucho interés, pues siempre quería ganarle a Industriales. Maels Rodríguez también fue muy difícil por su gran velocidad”.

De los pícheres de más prestigio, ¿a cuál le conectaba mejor?

“A Ormari Romero, pero no con facilidad. Eran peloteros de equipo Cuba y en aquel tiempo los pícheres de selección nacional se respetaban”.

¿El estadio más complicado?

“El Latino -sonríe-, porque la misma afición que te elogia, cuando te ponchas, te critica y para mí eso no debe ser así, ya que ningún pelotero quiere poncharse. La afición exige bastante”.

¿Con cuál entrenador se sintió mejor?

“Con Guillermo Carmona me sentí bastante bien. Me ayudó mucho, porque me dio juego. También entrenadores de la posición como Emilio Naranjo resultaron muy importantes”.

De su trayectoria, Iván Correa destaca como los momentos más felices el liderato en cuadrangulares, la primera vez que hizo la preselección del equipo Cuba para Baltimore y el día en que llegó a 100 jonrones en el Cristóbal Labra.

“Estábamos perdiendo por dos carreras, vine con dos en base y lo di. Tengo la pelota por la casa”, recuerda.

¿Y los pasajes más tristes?

“Cuando tuve que irme de la pelota, cuando vi que no podía correr ni hacer lo mismo que los jóvenes. Fue lo más difícil de mi carrera deportiva”.

https://playoffmagazine.com/pelotero-cubano-lisban-correa-si-regresaba-a-cuba-me-quedaba-sin-nada/

Otro Correa mostró su poder en Series Nacionales

Después de haber dirigido Habana del Este, integrar el colectivo de dirección de los Metros como coach y estar junto a Rudy Reyes en el alto mando de Arroyo Naranjo, Iván Correa regresó a la memoria de los aficionados por las actuaciones de su hijo Lisbán.

No obstante, todo no fue felicidad, pues los episodios protagonizados por Lisbán frente a Sancti Spíritus y Holguín constituyeron periodos complejos, pues conllevaron a sanciones que lo apartaron del béisbol cubano por un tiempo.   

“Yo, con las personas, no me molesto. Cada cual tiene su criterio, pero no me importa lo que pongan en las redes de mi hijo. Solamente converso y lo aconsejo para que no hablen mal de él.

“Eso uno lo sufre porque no espera que el pelotero reaccione así y trae consecuencias, pues es un año sin jugar pelota. Se habló con él, se le dijo que estaba mal porque acortaba su vida deportiva y la gente creaba de él una mala opinión. Y al final él no es así, porque no es agresivo, sino que fueron momentos puntuales.

“Contra Holguín fue una trifulca, no era para esa sanción. Industriales después fue a los playoffs y no pudo contar con él. Resultó una sanción muy larga”, afirma.

A pesar de todo, Lisbán Correa regresó y dejó una campaña ofensiva para la historia con 28 jonrones, además de llegar a 100 de por vida al igual que su padre, algo que los convirtió en la primera pareja de padre e hijo en ser líderes jonroneros y en la segunda en conseguir el centenar de batazos de vuelta completa.

“Me puse muy contento porque ha habido parejas de padre e hijo que han sido buenos peloteros y fuimos los primeros en hacer esa hazaña. Vamos a ver si alguien lo puede lograr. Yulieski y Lourdes Gurriel fueron grandes peloteros y no lo pudieron hacer. Estaba en el Latino el día que él dio su jonrón 100 y ver a tu hijo dar ese batazo en ese estadio, es algo inolvidable para mí.

“Mi hijo fue mejor que yo. Mucha fuerza, da jonrón por el right, por el left... Los míos eran casi todos por el left o por el medio, pero él los da por todas las bandas. No fue un buen receptor defensivo, por eso tuvo que ir a la primera base, porque estaba Frank Camilo Morejón, que era muy bueno defensivamente”, dice.

Asimismo, Iván Correa se muestra orgulloso de que su hijo haya podido jugar como profesional y revela que sigue muy de cerca su carrera. Sobre la salud de la pelota cubana actual y la ola de atletas que se marchan del país, el otrora jugador opina que el factor superación es el principal desencadenante.

“Los peloteros cubanos tienen calidad. Fíjate si es así que afuera muchos juegan en la MLB y otros en ligas de muy buen nivel. Ahí están las causas del bajón a lo interno, aunque quedan muchos con calidad en la Isla. En mi opinión, la migración de tantos peloteros no es por un problema político sino porque quieren jugar a otro nivel y probarse”, explica.

Actualmente, el expelotero no está vinculado a ningún centro deportivo y por eso no pudo estar con el equipo sub-23, prestando su ayuda a las nuevas generaciones. “Eso fue lo que me dijeron las autoridades del béisbol de la provincia La Habana”, cuenta.

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¿Qué lo hace feliz?

“Ver a la gente por la calle y que se meten conmigo y digan: ‘allá va Iván Correa’. Compartir con mis amigos también me hace feliz".

¿Qué le enoja más?

“Que hablen mal de las personas por detrás, de cualquiera que no se encuentre en ese momento. Me molesta mucho".

¿Le hubiera gustado tener la posibilidad que tienen los muchachos de ahora de salir contratados a otras ligas?

“No nos tocó la época esa. Si hubiera pasado, un montón de peloteros hubieran sido contratados. No se dio, tienen la oportunidad los muchachos jóvenes y me alegro mucho de que se enfrenten a eso, que se desarrollen. Así se ayudan y ayudan a su familia”.

¿Alguna vez pensó en salir del país a probar suerte en otro lugar?

“No. En aquellos tiempos la mayoría de nosotros no pensábamos en eso. De los 2000 pa' acá fue diferente, pero antes muy pocos pensaban dejar su país”. 

A Iván Correa, a veces lo lacera la espina de no haber sido campeón nacional, en aquella final contra Santiago, pero se siente pleno porque dice que lo tienen en cuenta y lo llaman para ayudar. Sueña con poder ser coach de Industriales.

¿Cómo resumiría su carrera?

“Soy feliz, muy feliz de haber sido pelotero y si me muero y nazco de nuevo, pelotero vuelvo a ser”.

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Expentatleta y entrenador Adel O'Reilly

Adel O'Reilly: “me fui triste, pensé que podía haber hecho más por mi deporte en Cuba”

Adel O'Reilly Román estaba allí, como protagonista, el día en que comenzó de forma oficial la historia del pentatlón moderno cubano.

Era un 5 de marzo de 1999 y él lo recuerda muy bien, pues se encontraba entre unos 30 atletas de diversos deportes que se eliminaban entre sí. Al final, fue uno de los 8 escogidos que entraron al Cerro Pelado y conformaron la primera selección nacional de este deporte.

Tenía 24 años, por lo que sospechaba que su futuro pasaba más por ser entrenador que atleta activo. Ahora, más de dos décadas después, uno de los precursores de esta disciplina en la isla se encuentra lejos de su país.

Como entrenador, Adel O'Reilly Román presta sus servicios a otra nación. Hubiese querido seguir en Cuba, pero en el 2013, fue víctima de rumores infundados que marcarían su destino y lo llevarían a la marginación por parte de las autoridades deportivas cubanas. No le quedó otro remedio que enrumbar sus pasos lejos del movimiento deportivo antillano.

Desde entonces, fue como si lo tacharan de la lista de los imprescindibles, a pesar de que los resultados y los hechos demostrasen lo contrario. Fue una decisión tomada posiblemente con ligereza, pero que cambió, para siempre, la vida de Adel O'Reilly Román.

Esgrima y Pentatlón

Con 11 años, Adel se inició en la esgrima en la Escuela de Iniciación Deportiva Mártires de Barbados, en la cual, sus resultados nunca fueron sobresalientes, al menos, no como para tener muchas oportunidades de participar en los Juegos Escolares Nacionales. Aquellos eran los años grandes de la esgrima en Cuba, con campeones olímpicos y mundiales incluidos, por lo que nunca llegaría a formar parte de la selección nacional.

"El apoyo de mi familia siempre fue incondicional", cuenta Adel O'Reilly. "Mis padres siempre estuvieron vinculados al deporte. Mi mamá, Mercedes Román, era entrenadora de esgrima de muchos atletas que fueron glorias del deporte. Mi papá, José Carlos O'Reilly, fue atleta, entrenador y luego directivo de la provincia Ciudad Habana y de la Comisión Nacional de Atletismo. Falleció en el 94 tras un accidente automovilístico".

Con 23 años, Adel O'Reilly se desvincula de la esgrima como atleta y comienza a trabajar como entrenador, hasta que le llega una invitación a través de un familiar que también era entrenador de esgrima, para participar en unas pruebas de aptitudes y conformar la selección nacional de pentatlón moderno. "Decidí probar fortuna y me gustó", dice.

"No existía ese conocimiento vasto del pentatlón en Cuba. Por aquellos años, inicios de los 2000, se realizaron unos cursos de solidaridad olímpica para los entrenadores y, por la edad que tenía, a pesar de ser atleta, se me dio la oportunidad de participar", explica.

Expentatleta y entrenador Adel O'Reilly con sus alumnos
Adel O'Reilly

Esos cursos fueron impartidos por entrenadores de Francia, México y Alemania, de los cuales, reconoce que aprendió bastante.

"Ya hay un conocimiento mayor, una experiencia de trabajo sólida, de años con resultados a nivel centroamericano, panamericano, a nivel mundial y olímpico. Eso ha hecho que cambien la metodología y proyección de trabajo", expresa.

Todo eso le bastaría para que una vez retirado como atleta en el 2005, Adel O'Reilly iniciase como entrenador. Durante su estancia en el equipo Cuba, fue varias veces campeón nacional, campeón de los juegos del Alba y del Villa San Cristóbal de Habana. Internacionalmente, fue medallista panamericano en torneos abiertos y en el 2001 llegó a estar entre los 100 mejores del ranking.

La conversión a entrenador de un pentatleta

Comenzarían entonces, una vez como entrenador, los resultados más destacados de su carrera deportiva. "Siempre me gustó la cuestión de ser entrenador, desde joven tuve la idea. Creé una buena base dentro de la Comisión Nacional de pentatlón, pues llegué a ser de los atletas que iniciaron el deporte, de los formadores, y eso me dio un aval, un currículum y una historia dentro del deporte, que me permitió llegar a donde llegué. Soñé desde el inicio con ser entrenador de la selección nacional", dice.

A Adel O'Reilly le tocaría transitar por los diferentes niveles, aunque en un lapso relativamente corto. Una vez que comenzó como entrenador en el equipo nacional, le tocó formar atletas desde cero, hasta conformar un grupo con el que se alcanzaron los mejores resultados hasta la fecha. Son los casos de Leydi Laura Moya, José Ricardo Figueroa, Lester Ders, Iliannis Manzano, Elianis Cámara, entre otros.

"Los resultados se fueron dando debido a la dedicación y el empeño. Sin apenas tener recursos, todo por estar poniéndole alma, corazón y vida, como se dice. A veces, con poco y a veces, sin nada. Esto ayudó a que los resultados fueran cayendo y que, al pasar de los años, llegáramos a ser la potencia dentro de América en el pentatlón", manifiesta.  

Podría sorprender el ascenso vertiginoso que tuvo un deporte tan caro como el pentatlón moderno en Cuba. Adel refiere que se debió, además del sacrificio, a la superación constante a la que tiene que estar sometido un entrenador. 

"Tiene que ser muy abierto, que escuche mucho, y que tenga la capacidad para modificar o enriquecer los conocimientos que uno pueda tener acerca de la actividad que realiza. Eso a mí me tocó. Tuve que tocar muchas puertas, preguntar y capacitarme mucho, no solo de los cursos que pasé, sino también a mis entrenadores.

"Tuve la dicha de tener muy buenos entrenadores. En la carrera, las pruebas de fondo y medio fondo, tuve a Juan Gualberto Bacallao, al que hoy le agradezco muchísimo. En la natación me apoyé mucho en uno de los mejores que ha tenido la Marcelo Salado, el profe Rosendo. En la esgrima, mi mamá desde la casa me daba las herramientas para mejorar, al igual que entrenadores de la selección nacional. También en la equitación tuve excelentes entrenadores, como en el tiro.

"Todo lo traté de extrapolar al pentatlón y me dio muchos frutos. Me tocó, en gran medida crear, elaborar un sello personal. Con el devenir de los años cada vez me convenzo de que nunca me equivoqué de la manera en que proyecté mi trabajo”, afirma.

Junto a Leydi Laura, Adel O'Reilly formaría una dupla con la que llegaron a ser Campeones Olímpicos de la juventud.

"Empezaba en el mundo del pentatlón y estaba sedienta de tener resultados. Las cosas de la vida la pusieron en mi camino, y a mí en el de ella, pues yo también estaba sediento de tener resultados y de crecer. Me escuchó al 100 por ciento, se dejó ayudar por mí en todo momento, tanto en lo deportivo, como en lo personal. Me tocó prácticamente ser como un padre y eso llevó al resultado", dice.

Adel recuerda que ese resultado también se debió a la preparación que tuvieron, pues aparecieron los recursos para ello. En el 2009, lograron participar en dos Copas del Mundo, y en el 2010, viajan un mes antes a la sede de los JJOO de la juventud en Singapur.

"Unas condiciones envidiables, como nunca en toda mi carrera. Entrenamiento mañana y tarde. Valió la pena tanto sacrificio, pues el objetivo de ser campeones olímpicos se logró", explica.

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Últimos años en Cuba y una salida inesperada

A la Federación internacional le resultaba de interés que la primera campeona olímpica de la juventud participara en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por lo que se encontraban en una buena posición para asistir a eventos clasificatorios.

En los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, Leydi Laura cae del caballo en el último obstáculo de la equitación, se aleja de los medallistas del evento, y pierde la posibilidad de clasificar de manera directa a los juegos múltiples del 2012. La vía, entonces, tendría que ser por el ranking.

"Por cuestiones organizativas, que hoy por hoy realmente ni conozco, cuestiones que se manejan en el INDER Cuba, no se pudo clasificar por el ranking. Tratamos, pero no se dio, porque no se pudieron participar en todas las competencias que se tenía prevista por situaciones económicas", explica.

Luego de ese primer conflicto, al parecer algo había cambiado en cuanto a la visión de la directiva con su entrenador. Los resultados seguían siendo sobresalientes, pero en el 2012 se decide no llevarlo a un evento en Guatemala; no fue convocado.

En el 2013, a raíz de los cambios migratorios en Cuba y la apertura para que los cubanos pudiesen viajar al extranjero, Adel O'Reilly intentó ir de vacaciones con su esposa a República Dominicana. Allí comenzaron los problemas.

"Esa información llegó al INDER, no sé cuál fue la razón. Como muchas cosas que pasan allá, tergiversaron la información y dijeron que yo me quería quedar o que quería salir de manera ilegal a México, ni siquiera a República Dominicana, que era donde estaba haciendo trámites”, cuenta.

A partir de ahí, las cosas sólo irían a peor, y las excusas para no llevarlo a los torneos, fueron en aumento. "Fue una competencia a la que se tenía previsto participar en México, y mi atleta se fue con otro entrenador. Así inició el final mío como entrenador. Fueron deteriorando mis ideas, me fui decepcionando de las cosas que me empezaron a pasar", cuenta.    

"Ya el entrenador que yo era (exigente, que causaba molestias), no era bien visto por los directivos de la comisión ni por mis atletas, y eso hizo que me sintiera mal. Yo me dije: si no me quieren, voy a buscar la manera de abrirme camino. Eso fue lo que me hizo cambiar de parecer y, a partir de ahí, pensar en cómo salir de Cuba a trabajar en pentatlón en otro país", detalla.

"Me molesté mucho con el tema de las vacaciones. Me dije: Dónde estoy, que por una cuestión de querer hacer algo personal, disfrutar o salir, me cuestionen de esta manera. Yo, un entrenador que ya había viajado a Europa, América, y por mi cabeza nunca pasó quedarme. Al contrario, estaba bien ilusionado. Que me sucediera que la Seguridad, alegara que yo me quería quedar, me decepcionó mucho. Me hizo sentir mal como persona y como entrenador", confiesa.

Adel O'Reilly se quejó en reiteradas ocasiones con la comisionada y, al parecer, se percataron de que habían cometido un error con él. En Julio de 2012 van a un Panamericano en República Dominicana, lo cual hace que el entrenador recuperara alguna de las ilusiones que tenía. A su regreso, se vuelve a dar de bruces con la realidad.

"Se venían competencias, proyecciones de trabajo, pero, por cuestiones económicas y propias de Cuba, no se dan. Teníamos previsto ir al Campeonato Mundial y no se fue, porque a última hora no había dinero. Después, un campamento por Europa y tampoco se fue. Todo un año de trabajo, exigiéndole a los muchachos que no faltaran, que entrenaran, que se entregaran con todo, para después no poder asistir a las competencias. Todas esas cosas fueron sumando para que al final decidiera salirme", afirma.

Una nueva vida en México

El entrenador se embarcó, entonces, en una aventura hacia México, a donde había llegado por contactos que hizo durante una estancia breve en el 2006, tras un contrato de trabajo.

"Llegué a México en septiembre del 2013 como director técnico en el Estado de Nuevo León y empecé a trabajar con un grupo bien variado hasta el 2016, cuando logramos coronarnos como campeones nacionales en México, igual que en el 2017", explica.

Tras unos cambios en la directiva en ese mismo año, comienza a tener dificultades en el trabajo, sobre todo, con uno de los nuevos metodólogos, algo que lo saca finalmente de su puesto. Se pasaría dos años afuera, en los que colaboró con la selección nacional de Ecuador y logró clasificar al equipo completo a los Juegos Panamericano de Lima 2019 por primera vez en su historia, pero, debido a fallos en el tema del pago y el no cumplimiento de ciertas condiciones y promesas, decide irse.

Adel O'Reilly regresa entonces a Monterrey y, junto a su familia, viaja hacia Estados Unidos, donde se puso a trabajar en una empresa de construcción con un amigo. “Me iba muy bien económicamente, pero no era lo mío”.

Cuando el pentatlón ya había quedado atrás en su vida, y su fase de entrenador de selecciones nacionales le parecía muy ajena ahora, en el 2019 lo vuelven a llamar. Habían sacado a los que una vez lo sacaron a él, pues seguían teniendo problemas. "Se dieron a la tarea de rescatar a los entrenadores a quienes durante esa etapa los echaron y entre esos estuve yo", dice.

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El presente sonríe a Adel O'Reilly

En estos días, ha vuelto a conseguir hazañas. Acaba de lograr el título del Campeonato Mundial juvenil en el relevo mixto junto a la mexicana Damaris Garza, quien también ganó el Panamericano de la categoría. Es una atleta joven con muchas proyecciones y junto a otros tantos que vienen, lo hacen sentirse, una vez más, en planos estelares.

"Mis planes están en México. Tengo un grupo de chicos que vienen muy bien, varios en selecciones nacionales. Estoy trabajando con la vista puesta en París 2024 y los Ángeles 2028. No tengo pensado regresar a Cuba. Claro que me da nostalgia, pero la vida continúa y hay que darle vuelta a la hoja.

"En la selección cubana hay chicos con condiciones. Siento que tienen que trabajar y echarle muchas ganas, como en su momento lo hice yo. Sí me hubiese gustado seguir por muchos años más, ser el entrenador que fui y que soy dentro de la selección, pero las cosas no se dieron.

"No guardo rencor. Me disgusta en ocasiones que no se cambie el proceder en nuestro país y me duele mucho que se sigan perdiendo atletas y deteriorando el deporte. Yo soy uno más de los dolidos por las cosas que se hacen en nuestro movimiento deportivo cubano. No guardo ningún rencor, pero sí me fui triste, porque pensé que podía haber hecho mucho más por mi deporte en Cuba", afirma.  

Adel O'Reilly expresa que el deterioro del deporte en Cuba se debe a la situación económica, que lleva a que el material sea escaso y las instalaciones sean inadecuadas.

No obstante, concluye que tiene que "ser por malas decisiones administrativas. Muchos se han ido porque han tenido situaciones parecidas a las que yo tuve, o producto de las mismas cuestiones económicas. Algunos han desistido de seguir batallando, o de lo que siempre decíamos en Cuba, hacer más con menos".

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Exfutbolista cubano selección nacional Pedro Piedra

Pedro Piedra: “mi generación no creció pensando en el profesionalismo ni en el dinero”

Cuentan quienes lo vieron jugar, que Pedro Piedra era dueño de una de las gambetas más bellas y pronunciadas de los años 60 y 70 en el fútbol cubano. Cuando encaraba, el jugador que llegó a la selección nacional era difícil de detener y hasta los aficionados, entrenadores y rivales quedaban enloquecidos por la técnica y habilidad que mostraba en el uno contra uno.  

Su carrera se vio interrumpida por una lesión que lo alejó de las canchas, cuando todavía tenía mucho para aportar al balompié de la isla, pero siempre ha estado pendiente, para emitir criterios de interés sobre un deporte que parece renacer.

Pedro Piedra tiene muchos desvelos por el fútbol cubano, pero también un gran sueño por cumplir, como contó a Play-Off Magazine el veterano futbolista ya retirado, quien vino al mundo en una de las plazas emblemáticas del balompié antillano.

Aunque radica en este momento en la Habana, es natural de Zulueta, una de las plazas más importantes para el fútbol cubano. ¿Cómo son las personas de este pueblo?

Zulueta es tierra de fútbol, cuna de este deporte en Cuba. Cuando una madre está en estado de gestación, antes de que se sepa el sexo del bebé, hay algo que sí es seguro: que cuando nazca, va a jugar futbol.

Nuestro pueblo es muy humilde, de gente muy sencilla y trabajadora. Es un pueblo chico y todos se conocen, pero eso sí, con el equipo no quiere cuento. El público de Zulueta es muy fanático, eso pasa en todos los países, y a su gente no les gusta que pierdan. Es un deporte que da identidad en nuestro pueblo y eso compromete a los jugadores.

¿Cómo llega Pedro Piedra al deporte? ¿Fue tu primer amor el balompié?

Mi familia es muy deportiva, dentro de la misma teníamos un campeón cubano en el boxeo profesional. El fútbol me apasionó porque en Zulueta se practica mucho, puedo decir que fue mi primer amor. Mi hermano Francisco Javier Piedra participó en Juegos Centroamericanos y otros torneos con la selección y él me enseño mucho, fue uno de los que más me contagio.

Desde chiquito, iba para el terreno del complejo Deportivo Camilo Cienfuegos” y allí comenzó toda mi pasión. Empecé desde los 10 años y transité por las categorías menores del sistema deportivo cubano.

Exfutbolista cubano Pedro Piedra, Alias Picadillo
Pedro Piedra

¿Cuáles fueron los principales entrenadores que tuviste en tu carrera? ¿Cómo eran aquellos años para la práctica?

Tuve muy buenos entrenadores como Justo y Osvaldo Ross en Villa Clara y al entrar a la EIDE en Cienfuegos debo destacar a Carlos González. En aquellos años, casi todas las provincias tenían entrenadores extranjeros y tuve la suerte de ser discípulo de un polaco conocido por Mieter.

Las condiciones en la década de 1960 eran muy buenas de manera general. Recuerdo que, si te veían con unos tenis medios rotos, te los cambiaban, pero lo mismo sucedía con las indumentarias y las medias. Lo único que nos afectaba era la alimentación, la cual no era buena.

Según cuentan, Pedro Piedra era dueño de una de las gambetas más bellas y pronunciadas de los años 60 y 70. ¿Fue un talento que nació contigo? ¿Entrenabas mucho esa jugada?

Tuve la suerte de tener como entrenador al polaco Mieter, quien nos ayudó mucho y a él le encantaba que los jugadores encararan a los defensas. Desde pequeño, me enseñó a tener la pelota cerca del pie y a 1 metro del defensa, a ponernos frente al defensa para poder encararlo y vencerlo en el uno contra uno. El entrenador decía que el delantero debe ser inteligente y, sobre todo, observar y conocer al defensa que enfrenta, que siempre teníamos que amagar y por la inercia física ya sabíamos por dónde podíamos irle al defensa. Eso se practica y desde niño me lo exigieron, lo que no se práctica no sale. Jugando el llamado minifútbol o fútbol de vallitas, ayuda mucho porque es corto el espacio y te obliga a jugar rápido y tener habilidades.

Además de tus habilidades técnicas, el hecho de anotar goles te catapultó a la selección nacional. ¿Qué momentos recuerdas de tu estancia en la misma?

Mi primer llamado a la selección nacional fue en la categoría sub-23 y participé en varias giras por Vietnam y Laos. Era la primera vez que salía de Cuba. Tenía muchos deseos de conocer otros países y, sobre todo, de jugar y demostrar mi nivel. Con la selección mayor participé en varios Juegos amistosos y en las Eliminatorias para el Mundial de 1982, cuando me lesioné y después no pude continuar.

¿Cuánto significaba para un atleta decir que integró la selección nacional?

Fue lo mejor de mi vida, desde que eres niño sueñas con eso y los mayores siempre te hablaban del compromiso y la importancia al estar allí. El sistema deportivo está diseñado para que a la selección llegaran los mejores, y para cualquier atleta era un orgullo. Llegar a tu casa y ver a tu mamá y familia orgullosos por ti es un sentimiento único. Íbamos a competir sin pensar en lo material. 

Vietnam hacía pocos años acababa de salir de la guerra. ¿Qué impresión se llevó Pedro Piedra de aquel país, en su primera vez fuera de Cuba?

Cuando llegamos a Vietnam eso parecía la luna, había muchos huecos y varias zonas del país devastadas aún en reconstrucción: se apreciaban, además, las personas con muchas necesidades. Del pueblo vietnamita es digno destacar que trabajaban duro para salir adelante, se quedaban hasta tarde en el campo de arroz trabajando y se concentraron en desarrollar su país. Por eso, en tan poco tiempo, pudieron levantarse como nación.

En el momento de tu lesión, eras joven aún. ¿Por qué no continuaste en el fútbol?

Mi lesión era muy grave y no le tuve mucha fe a la operación, se puede decir que le cogí miedo. En mi etapa de atleta era estudiante de Ingeniería y no podía estar a tiempo completo en el fútbol. Aunque no lo parezca, era difícil, porque mis últimos años de la carrera los hice en La Habana y jugaba por Villa Clara, así que te puedes imaginar que ni entrenar con el equipo podía casi.

En aquel tiempo nos daban licencia deportiva en las escuelas y con eso podíamos participar en los campeonatos nacionales, pero era muy difícil por lo que te comentaba. Al graduarme, me ubican como trabajador del central Chiquitico Fábregas y al poco tiempo de trabajo me llegó una misión para Mozambique. Tuve que tomar una decisión y al final acepté la misión. Entre la gravedad de la lesión y posteriormente la oportunidad de la misión internacionalista, le pusieron fin a mi carrera. Tomé esa decisión pensando en mi futuro y el de mi familia.

¿Se jugaba mucho fútbol en aquellos años en Cuba?

En Cuba existía una infraestructura deportiva muy buena, se jugaba todo el año y con buenas condiciones. Existía una segunda división de muy buena calidad y un torneo universitario de respeto y eso te garantizaba que se jugara durante todo el año. Te pongo el ejemplo de Zulueta, aquí se jugaba un interbarrio y a la semana empezaba otro. A eso, súmale el alto nivel de la provincial que daba muchos jugadores: en mi época, varios jugadores que no cabían en las Villas podían jugar fácilmente en otras provincias y eso es producto del juego, pues si no se juega no se desarrolla el atleta. En la actualidad, no se juega casi, quizás por la falta de recursos y demás, pero eso provoca que los atletas no tengan ese escenario para pulir sus deficiencias.

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¿Con qué momentos de tu carrera deportiva te quedas?

El fútbol es una pasión, desde pequeño nos enseñaron a respetar al público, al pueblo y jugar bien por ellos. Ese compromiso que adquiríamos con la afición generaba en los atletas un sentimiento que llevaba a que diéramos el doble desde los entrenamientos. Mi generación no creció pensando en el profesionalismo ni en el dinero ni en lo material: solo queríamos sentirnos bien con nosotros y jugar para la grada, que era lo más importante.

No me gusta comparar épocas porque cada momento responde a situaciones determinadas. Hoy en día todo es distinto, se ha perdido un poco el amor a la camiseta y se piensa más en lo material, pero son cosas de esta generación. No lo crítico porque en la actualidad el deporte es de profesionales y sin profesionales no se gana. Ver a tu familia, amigos del barrio, e incluso cómo personas de otros municipios te apoyaban en el estadio, era algo grandioso. Yo fui feliz en la época de atleta y no solo por jugar, sino por lo bonito que se movía alrededor de este deporte.

¿Cuál fue la principal decepción de Pedro Piedra en el fútbol?

Mi principal decepción era el regionalismo que existía a la hora de confeccionar la selección nacional, año tras año. Se fijaban más fácil en jugadores de La Habana y otras provincias que en jugadores de Las Villas. Te pudiera mencionar decenas de casos, pero solo te citó los ejemplos de Carlos Manuel Felipe, Francisco González y Mariano Rodríguez, estrellas desde los juveniles y que fueron desechados para integrar la selección teniendo nivel y calidad de sobra para integrar equipos nacionales.

¿Cómo valoras la actualidad del fútbol cubano? ¿Crees que se te pueda cumplir ese sueño de verlos en mundial?

Hoy se viene trabajando con fuerza para mejorar, se dio un gran paso al traer a los legionarios, pero falta mucho por hacer aún. En cuanto a la selección, pienso que el director técnico está haciendo un buen trabajo, el deporte es de profesionales y sin ellos no se gana: solo le falta tener más roce y tiempo para trabajar con los jugadores. Es necesario que no pase una fecha FIFA sin que Cuba juegue, para que se vaya acoplando.  

En los años 70 y 80 del siglo pasado, éramos campeones del Centroamericano y del Caribe y debemos recuperar esa posición en el área. Por eso, si queremos soñar con un mundial, primero hay que dominar la región. De estos últimos juegos me encantó mucho el lateral Jorge Luis Corrales, tiene mucho recorrido en la banda y luce muy bien. Lo otro que me gustó fue la posición en que se colocó a Aricheel Hernández. Es medio ofensivo y allí rinde mucho más, quizás en algún momento se movió de posición para resolver un problema, pero está demostrado que dándole libertad ofensiva tiene un mayor rendimiento.

¿Qué se puede hacer para mejorar entonces?

Lleva inversión para poder tener buenos resultados. Hace 20 o 30 años no existía ayuda de la FIFA y se hacía mucho por rescatar el fútbol, sus instalaciones y desarrollar buenos torneos. Ahora, con la ayuda que nos dan, se puede hacer mucho más. Por las difíciles condiciones del país es muy difícil desarrollar las categorías menores, por eso me pareció bien lo que se hizo con la selección sub-20, que se llevó a una gira a Uruguay y allí se prepararon.

Lo otro que exige este deporte es infraestructura y el fútbol en Cuba carece de esta. Ya se instalaron terrenos sintéticos en el Oriente y el Occidente del país, pero creo que faltan aún más por hacer y aunque el terreno de Zulueta no necesita césped sintético, sí se puede mejorar en las gradas y otras zonas del estadio para mejorar su confort.

Otro elemento importante es escuchar los criterios de los atletas veteranos para apoyarse en sus opiniones y tener un camino a seguir. En todo esto, es muy importante la labor que realizan ustedes como periodistas divulgando y entrevistando a jugadores de épocas anteriores. La solución seguirá estando en jugar, aumentar los partidos y tratar de jugar más de un torneo al año: es la única manera de que se desarrolle el atleta desde que es un niño.

Si tuviera que elegir al mejor jugador de fútbol cubano después de 1959 y al mejor portero, ¿a quiénes seleccionaría Pedro Piedra?

El mejor jugador cubano después de 1959 es Regino Delgado, porque era el más completo, tenía mucha visión de juego, disparo con los dos pies, cabeceaba muy bien y se desplazaba por todo el terreno con mucha facilidad. Todo aquel que jugó con él, te va a decir lo mismo.

El mejor portero de Cuba para mí ha sido José F. Reinoso, pues tenía visión de juego, se anticipaba a la jugada y te cerraba el ángulo con mucha facilidad. Cuando salía y decía “¡Voy!”, era mejor que te quitaras porque te arrollaba.

¿Qué sueño le faltó por cumplir?

En mi vida personal, no me faltó ninguno. Tengo a Digna Viciedo, mi compañera de toda la vida; a mis hijos, nietos y una gran familia. A nivel deportivo, me faltaron muchos, pero el mayor es ver a Cuba en un Mundial de fútbol. Aunque me lesioné y no pude ir a la Hexagonal Final en Honduras, el equipo tuvo una gran actuación y fue la vez que más cerca se estuvo de llegar a una Copa Mundial. Tengo 68 años y me gustaría ver cumplir ese sueño antes de desaparecer de este mundo.

https://playoffmagazine.com/jose-francisco-reinoso-carecemos-de-identidad-en-nuestro-futbol/

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Expelotero cubano Lázaro de la Torre

Lázaro de la Torre: “a mí no me compran con dinero”

Disciplinado, exigente, con un carácter que le identifica y que lo llevó a triunfar en nuestro béisbol, pero que, al mismo tiempo, le cerró muchas puertas: así podríamos definir a Lázaro de la Torre.

Doscientas ocho victorias en series nacionales tienen la firma del “Brazo de Hierro” capitalino, alguien que siempre va de frente, con su verdad, aunque muchos no la acepten, porque dice que no puede ser de otra manera.

Lo que nadie puede quitarle son sus logros en el diamante ni su amor puro por un juego que disfrutó, activo, durante varias décadas. La muestra de su pasión por ese deporte se puede ver, cualquier día de la semana, a casi cualquier hora, en el terreno 50 Aniversario de Plaza de la Revolución, donde puedes encontrarlo entrenando a cualquier pelotero que quiera mejorar o trabajando en la infraestructura del estadio.

Lazaro de la Torre conversó con Play-Off Magazine Tv por espacio de más de una hora, espacio en el que, como es su costumbre, sus respuestas fueron directas y sin rodeos.

¿Cómo llega Lázaro de la Torre al béisbol?

De toda la vida, jugué pelota. Desde pequeño estaba en los “pitenes” de las cuatro esquinas, con pelota de goma que se golpeaba con la mano. Estuve becado, jugábamos en la escuela, pero nunca organizado. No estuve en categorías juveniles ni nada de eso.

A la práctica de forma ya más organizada, como tal, llegué después de salir del ejército, cuando en El Cotorro me puse a competir en tercera categoría, segunda categoría y así, sucesivamente, hasta llegar a las Series Nacionales.

Hay que recordarles a los muchachos cómo era antes, porque ahora no valoran el sacrificio. Les dicen par de halagos y ya se creen lo máximo. En mi época, había que rendir abajo para poder llegar a lo más alto.

https://youtu.be/-YZzqLBkmZA

¿En un inicio pensaba ser pelotero?

Siempre, era mi gran pasión. También practiqué judo y fui alumno de Ronaldo Veitía [legendario entrenador cubano], pero mi amor era el diamante.

¿Siempre como lanzador?

No, en un inicio era primera base y jardinero. Tenía mucho brazo, nadie me doblaba y así fui creando fama. Desde niño, tumbaba magos, tiraba las piedras más lejos que el resto. Era muy intranquilo. Jugué casi todos los deportes, lo único que no hice fue el ajedrez, porque es pasivo.

Ya en el ejército practiqué de todo: pelota, hice triatlones militares, maratones, tiré disco, jabalinas, a brazo puro. En el servicio militar estaba siempre fuera porque tenía un deporte que hacer. Pasé por este durante tres años, desde los 14 hasta los 17.

¿Cómo fue el camino hasta llegar a las Series Nacionales?
Cuando salgo del ejército me vinculó con la pelota y el judo, los simultaneaba. Por la mañana, iba para el béisbol y ahí guardaba todos los bultos del judo, como kimonos, chancletas y, por la tarde, lo hacía al revés. Entonces, en la pelota del barrio, que era la tercera categoría, de ahí salía una preselección para la segunda.

Tuve buenos números, pero en los jardines y en primera base había otros que tenían mejor rendimiento y, por tanto, yo no entraba. Por suerte hubo un muchacho de nombre Fernando, quien le dijo a los organizadores que ellos habían dejado fuera al pícher que más duro tiraba. Les dijo que era yo. Me mandaron a buscar y me dijeron lo obvio, que no había jugado de lanzador, sino de jardinero. Resumidas cuentas, que salí como el primer pícher de la segunda categoría. A partir de ese momento, comenzó mi camino. Empezó la fama de que había un “negro” que tiraba duro. Los comentarios eran que ese año me metía en la serie nacional.

Finalmente, de la Torre llegó con Metropolitanos y ganó 12 juegos.

En total, entre nacional y selectiva, fueron 12. En la nacional tuve récord de 5 y 3, mientras que en la selectiva gané siete y no perdí. Fui el primero en ganar el premio José Antonio Huelga, lo que pasa es que eso se ha borrado. Me la entregaron al año siguiente.

¿Cuándo pasaste a los Industriales?

En los años 83 y 84. El equipo no ganaba y hubo cambios de Metros para Industriales. El sueño mío era jugar a la pelota. Evidentemente, hay diferencias entre Metros y los Azules. Pero yo decía que donde estuviera, la calidad se iba a ver.

En el año 1986 ganaste el campeonato y, además, abriste uno de los juegos más famosos que se recuerden en la pelota cubana, cuando Agustín Marquetti conectó un jonrón histórico.

Lo iniciamos los dos mejores del momento, Reynaldo Costa y yo, pero ninguno pudo estar bien. A los dos nos dieron. Por suerte, es un deporte colectivo, mis compañeros sí estuvieron bien. Javier Méndez, Lázaro Vargas y, sobre todo, Agustín Marquetti. En ese momento no pude, pero después me hice cargo de Industriales porque me parecía que estaba en deuda y en duda con mis compañeros y con la afición.

¿Cómo era enfrentar a esos grandes equipos de los 80?

Estaba Pinar del Río, también la aplanadora del centro. Era muy difícil, pero por eso salíamos también grandes lanzadores. Había que estar comprometido.

Expelotero cubano Lázaro de la Torre
Lázaro de la Torre.

Contra esos equipos ganaste seis partidos en una semana. ¿Cómo fue eso posible?

Comencé en La Isla contra Serranos, un equipazo. Antes se jugaba sábado por la noche y domingo, doble juego. Pero en La Isla no había alumbrado y siempre se jugaba de día. El sábado me dicen que no lanzo, sino que lo hago el domingo. El domingo comenzamos ganando, pero Serranos remonta y le dije a José Manuel Pineda que me diera la pelota. Me dio la pelota y logramos remontar. El segundo juego era mío, nadie me lo podía quitar y también lo ganamos.

Después, fuimos para el Latino a jugar contra Camagüeyanos, martes, miércoles y jueves. El primer día relevo y gano; el miércoles y el jueves, lo mismo. El fin de semana fuimos para Las Villas, gano el primero como relevista y abro el domingo el primer juego del doble, y me quedé con la victoria. Son los seis juegos que gané esa semana.

¿Cuántas lesiones tuvo Lázaro de la Torre en el brazo?

Ni tuve, ni tengo. Cero. El problema es que fui muy celoso con eso. Escuchaba a los peloteros viejos que decían que los lazadores profesionales iban en el ómnibus y tenían una forma para recostar el brazo; a mí nadie me podía tocar el brazo. Para mí, era algo sagrado. Suena una pequeña brisa y ya tengo puesto algo para cubrírmelo. Aprendí a cuidarlo.

Dicen que los lanzadores tienen que correr mucho. ¿Es cierto que corría usted desde el puente de Bacunayagua hasta Matanzas?

Corro aún, mucho. Del puente hasta Matanzas es una distancia corta. Nosotros íbamos para allá y me dije que era una buena distancia para correr. Entonces, un día le digo al delegado: cuando la gente en el restaurante del puente se ponga a merendar, yo me pongo la ropa y me voy corriendo hasta la ciudad. La guagua me vino a pasar entrando a la ciudad. Corría mucho, distancias largas.

En el equipo nacional los entrenamientos se me quedaban cortos. Yo hago hoy 400-500 tracciones de peso, 400-500 “viejitas”. Es probable que eso les haya chocado a los entrenadores de la selección nacional que decían que era un imperfecto, pero lo único que quería era estar en la mejor forma posible.

¿Se fue injusto con respecto a la cantidad de veces que se te llamó a los equipos nacionales?

Demasiado injusto. Si buscan en las estadísticas, en los años de Juegos Olímpicos y Mundiales, siempre estaba entre los mejores. Lo que pasaba y pasa es que mi carácter, a muchas personas, no les gusta. En aquel tiempo, las direcciones querían que los jugadores los agasajaran y yo no estaba ahí para eso, sino para jugar pelota. Incluso, varios de los jugadores de aquellos equipos no querían que yo fuera porque era muy disciplinado. Querían que les demostraras que ellos estaban por encima del resto. No me dejaba humillar.

Estuviste en los juegos centroamericanos del 82, también en el 83, así como en los juegos panamericanos.

Fueron de las mejores cosas que me han sucedido en el béisbol. Experiencias hermosas, que siempre tengo en la memoria y que me gusta compartir con mis alumnos. Podía haber sido más grande si los jefes no hubiesen sido tan injustos, porque llegaron los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y tuvimos un torneo José Antonio Huelga, en el cual “acabé”, pero no valió de nada, me dejaron fuera. Entonces, no era cuestión de rendimiento porque fui el mejor en casi todos los aspectos. Me pusieron en el equipo B. El team A estaba en el hotel y el B, dormía en el estadio.

En el año 90 se quedó fuera de la serie Selectiva. ¿Qué pasó?

Todavía las personas no se explican eso. Venía de hacer una buena temporada en el equipo, inclusive, fui puntero dentro de los Industriales. En el 89, tuvimos la serie final en Santiago de Cuba, aquella famosa con el escudo, sobre el escudo y esa repercutió en lo que pasó. Después de la derrota, hubo una reunión con la gente del partido y del gobierno nos pidieron que habláramos a camisa quitada y como no tengo pelos en la lengua, dije todo lo que pensaba. A la dirección, encabezada por Servio Borges, parece que no le gustó. Dan la nómina de los entrenamientos y no estábamos Lázaro Vargas, ni Valle, Bravo y yo. Simplemente, no estaba y no podía reclamar.

Quizás Servio me pasó la cuenta por una situación que se dio en los juegos Centroamericanos del 82. El primer día, perdimos con Panamá contra el pícher Cristin Poveda. Entonces, el segundo día me dijo que iba a abrir. Yo me quedé sorprendido porque era uno de los de menos experiencia y pensé que se lo iban a dar a otro más consagrado, de todas maneras, yo quería lanzar. El juego era ante Antillas Holandesas, al segundo lanzamiento me dan hit, pero después domino fácil. Cuando llegamos al séptimo, me dicen que me va a quitar para poner a Tomás Credo, un lanzador de Ciego de Ávila que nosotros decíamos que era un gordito con trampas porque sacaba out. Yo no quería salir después de siete cero. Al final me quitan y ponen a Tomás, al cual tienen que sacar porque le dieron, pero, por suerte, logramos ganar.

Cuando se acaba el juego, tenemos una reunión por mi negativa de no querer salir. Él era el “dios todo poderoso”. Dijo que había tenido una actitud antideportiva. Le respondí que yo también era joven y quería seguir lanzando, que estaba bien en el séptimo inning. Entonces, me dijo que una vez quitó a José Antonio Huelga tirando juego perfecto y yo le dije: eso es a Huelga, porque a mí, no me sacas. Todo el mundo nos miraba porque le había contestado algo que nadie hacía. Eso marcó nuestra relación, nunca nos llevamos bien. Me pasó la cuenta. Dijo para el público que en su equipo no cabía.

Jóvenes peloteros cubanos
Peloteros cubanos entrenados por Lázaro de la Torre.

¿Cómo fue la incursión en el béisbol de Japón? ¿Cómo surgió la oportunidad?

No sabía que tenía que ir a Japón. Lo que pasa es que a mí me dejan fuera de la Serie. Un día, llega Medina, mientras estaba entrenando, y me dice que querían hablar conmigo en el sectorial provincial que quedaba en Casalta. Allí me recibe Tony Castillo, quien me sienta y me dice: “Oye, cuadro, no sé quién es, pero hay alguien que no quiere que juegues más a la pelota”.

Me quedé petrificado. Después, salí caminando sin saber qué había pasado. Me quedé fuera del equipo ese año. Nadie se preocupó por mí, entonces, me puse a trabajar en el mercado agropecuario que queda en A y B. En ese momento, comenzó la entrega de las casas y los carros, pero siempre me daban evasivas, nunca me los dieron.

Trabajando en el agro, un cliente que me reconoció me dice: “eh, ¿tú no estás en Colombia?”. El problema es que en un periódico salía que yo estaba en Colombia. El señor fue a su casa y me trajo el diario donde decía esa mentira.

Yo seguía entrenando todos los días, no podía dejar de hacerlo. Un día, en la Ciudad Deportiva, mientras hacía mi rutina, se apareció Gumercindo Triana, quien en ese momento era el delegado en el Latinoamericano y me dice: “¿qué tú haces aquí entrenando si tu avión sale por la tarde?”. En mi asombro, pregunté qué avión. “Tú tienes un viaje hoy para Japón”, respondió. No me lo habían dicho, fue de esas cosas que me hicieron que todavía no entiendo.

Salí a ver a mi mamá, a la familia, me dio tiempo a despedirme y partí a Japón, a Tokio. Al principio, me costó, pero enseguida me encamine. Gané 11 y perdí 3. Se formó un comentario de un mánager de Kobe que quería un lanzador que trabajara todos los días y que, además, bateara. En ese equipo estaban Pedro Luis Rodríguez y Lourdes Gurriel padre, quienes hablaron de mí y me cambiaron de equipo. Yo me adapto a todo. Incluso, aprendí algo de japonés.

¿Cómo se dio el regreso de Lázaro de la Torre a las Series Nacionales?

Antes de regresar, estuve en Nicaragua. Cuando viré para Cuba, tras el primer año en Japón, me dicen que tengo que volver a salir porque Jorge Luis Valdés necesitaba unas vacaciones. Entonces, me envían para relevarlo. Fui para el Matagalpa, me recibieron con bombos y platillos, porque iba uno de los mejores lanzadores cubanos. Estuve fatal, nos engañaron. Lo que pasó fue que viré de Japón y dejé de entrenar porque pensé que ya estaba de vacaciones y fui para allá sin preparación.

Al año siguiente, me mantuve entrenando por si acaso. Me vuelven a enviar para Nicaragua, pero para el equipo de León. Realmente, quería regresar para el Matagalpa para desquitarme y resarcir lo que ocurrió el año anterior. Me hice el líder de picheo del equipo. En esa temporada volví a tener una semana en la cual gané seis partidos y salvé otro. La prensa me nombró el “Robot metropolitano”. En los periódicos salía una ilustración mía con el número, como si fuera un robot que el mánager echaba andar. Mi mamá era la que tenía todos los recortes.

El regreso a las Series Nacionales es porque se acabaron las contrataciones. Cuando llega la provincial me puse a entrenar porque yo seguía tirando 93-94 millas. Hasta que hice el equipo y me convertí de nuevo en el primer lanzador del staff.

¿Jugar en Japón te sirvió de algo en lo económico?

Claro. A la familia, y a mis amigos, pero hubiese preferido seguir jugando en Cuba a pesar de todo.

En el recuerdo popular queda marcado a fuego tú nombre por aquella serie ante Pinar del Río en la que lanzas cuatro de cinco partidos y tres de ellos de manera consecutiva. ¿Por qué tienes que lanzar esos tres juegos consecutivos?

Abro el primer juego en Pinar del Río y pierdo. A mí ni me gusta ni sé perder. El segundo juego también lo perdimos. Estábamos ya al borde de ser eliminados. Cuando estábamos a punto de salir de Pinar, hay algunos atletas que en la guagua expresaron que hacía falta perder el tercero para no regresar al Capitán San Luis. Me viré y dije una palabra fuerte y, además, que se prepararan, que nosotros regresábamos. Ustedes bateen un poco nada más, que del resto me ocupo yo, les dije.

Me le acerco a Carmona y le digo: el primer juego es mío. Cuando estoy como en el sexto inning, me tropiezo con el hidrante que había en el montículo del Latino cuando salgo a atrapar una conexión de Daniel Lazo, lo sacó out y no siento nada. Pero cuando vuelvo, me dio un dolor en la espalda, parecía como si tuviera un hierro caliente y tuve que salir del juego, pero, por suerte, mis compañeros lograron cerrar.

No podía caminar, estaba acostado, en el segundo piso de la Villa Panamericana. Pensaba todo el tiempo en el juego del día siguiente, en el cual no iba a poder estar. Me llevaban la comida, el almuerzo, todo, no podía moverme. Los pinareños se enteraron y estaban celebrando y yo me entero. Entonces, le dije al fisio: no me traigas la comida, que voy a ir al comedor. Me recosté a él, bajé las escaleras en un solo pie, y llegué al restaurante y desde la puerta veo a varios pinareños dándoles cuero a varios lanzadores de Industriales, diciendo que quién iba a pichear. Entonces, abro la puerta y les digo: ninguno de ellos va a lanzar, porque soy yo el que va a pichear. Se quedaron callados. Ya les estaba ganando psicológicamente. Nunca les quité la vista de encima a los pinareños mientras comía. El fisio empezó a tocarme, a hacerme masajes para ver si me mejoraba.

Como a las 4 de la mañana me levanté, vi que me pude sostener en los dos pies y empecé a caminar por el cuarto. A las seis, fui para el cuarto de Carmona y la dirección estaba rompiéndose la cabeza para ver a quién ponían. Nadie había pedido la pelota hasta ese momento. Entré en el cuarto, le dije que iba a pichear.

Cuando llegamos al estadio, veía a los jugadores de Pinar del Río preguntando quién era el lanzador de Industriales. Cuando faltaban diez minutos y salgo con la cojera que me quedaba, ellos se quedan sorprendidos.

Durante el calentamiento, una de las bolas que lancé, suena de manera estruendosa y me digo: estoy listo. Gané ese partido y abrí el último en Pinar, pero Faustino Corrales estuvo de lujo y perdimos. Pero nadie quería coger la pelota.

Expelotero cubano Lázaro de la Torre
Lázaro de la Torre

¿Por qué te retiraste en el 2002?

No, me botan de la pelota. Tenía 43 años, pero seguía tirando 92-93 millas. Tengo los mejores números de un lanzador de La Habana y todavía no me han hecho el retiro.

¿Estabas preparado?

Para que me sacaran de la pelota, por supuesto que no. Pensé continuar, hubiera mermado, lo hubiese entendido. Enviaron al director de la academia a decirme que me iban a mandar para Metros y en ese instante decidí parar porque no comprendía lo que me estaban haciendo.

¿Qué haces después de que te sacan?

Me puse a entrenar, trabajé con las mujeres. A ese equipo todo el mundo le tenía miedo. Le ganamos a los hombres, incluso, hubo un juego contra la academia de Metros e Industriales en el que les ganamos.

También, convertiste al equipo de Plaza de la Revolución, de ser el peor en las provinciales, a ser el mejor.

Todo el mundo quiere ganarle a Plaza. Es el Industriales de las provinciales, el equipo que más batea. Es un gran trabajo el que hemos hecho con ese equipo.

Igualmente, hiciste un gran trabajo con el terreno 50 aniversario. ¿Cuánto sacrificio hay detrás de él?

Mucho. Enorme, incluso hasta dinero personal hay detrás de ese terrenito de pelota, que hoy es guía nacional. La gente quiere ir a verlo y jugar en él. Paso allí el día entero, haciendo de todo. Todas las construcciones que hay ahí son hechas por mí. Sin saber nada de construcción, he hecho escaleras, todo encofrado. Falta todavía, algo que pienso hacerlo para el año que viene, inaugurar el domo de bateo, que será la joya de ese terreno y un gran avance para el béisbol de este país.

En los últimos tiempos se habla de la posibilidad de dirigir Industriales. ¿Crees que tu carácter ha influido en que no te hayan dado el equipo?

Enormemente. No es que creo, es que ellos mismos me lo han dicho. Que soy demasiado disciplinado, que soy muy exigente. No entiendo de qué otra manera se puede ser. También sucede que los dirigentes quieren inmiscuirse en la toma de decisiones de los equipos y eso conmigo no va.

¿Qué harías si te dieran el equipo?

Tres o cuatro atletas pensaron que, si yo dirigía, ellos se iban del equipo, porque no teníamos buenas relaciones. Soy un hombre para quien los asuntos personales se separan de los profesionales. Si tú eres un buen pelotero tienes que estar en mi nomina y después vemos cómo mejoramos nuestra relación personal. Algunos pensaron distinto a eso, siempre hubo ese rumor.

El atleta de La Habana no descansa. Lo primero que haría es albergarlos desde que inicie la preparación. El problema es que estamos en la casa, llega un amigo y nos dice, vamos a tomarnos unos tragos y ya se olvidaron del entrenamiento. Hay otros que tienen que resolver los problemas de la casa, de la familia y esos son momentos de pérdida para el atleta. Habría que ayudar a los deportistas para que pensarán solo en el deporte. Eso es lo que hago en el equipo de Plaza, los ayudó a resolver sus problemas.

Si ellos piensan que soy muy exigente, los invito que vayan a conversar con mis atletas para que vean el criterio que tienen de mí.

Simplemente, según las palabras de los dirigentes, soy muy exigente. Pero de parte de los jefes, no me han dicho nada. Si me ponen a dirigir Industriales, perfecto. De lo contrario, no pasa nada. Yo estoy perfectamente atendido por el MININT. Estoy orgulloso desde el general Abelardo Colomé Ibarra hasta el Ministro Lázaro.

Lleva Industriales desde el 2010 sin ganar una Serie. ¿Por qué crees que esto pasa?

El equipo no descansa, hay que elevar el carácter moral al atleta. Eso que teníamos nosotros, no lo tienen ahora, en el país, en general. Hay que enseñarles a los peloteros a sentir la derrota. Tienen que sentirla en carne propia, porque cuando mejoras ese carácter de los atletas, haces crecer al equipo.

Los lanzadores de las series nacionales hoy no tiran 90 millas, no tienen control ni repertorio: ¿Qué pasa?

Los de buen nivel se están yendo. Estamos tirando al piso nuestras series nacionales. Te puedes contratar, pero tú has sido un pelotero criado aquí y a diferencia de otros lados, el estado te lo ha dado todo y tienes que devolver algo a cambio. Entonces, de buenas a primeras, viene uno y se lleva a fulano y claro, le mejora la economía. Eso debe tener un límite, porque necesito recuperar lo invertido en ti. ¿Qué recupera el gobierno si te vas? Lo único que recupera es señalamientos. Para mí, tienes que jugar en Japón jugar cinco o seis series antes de irte.

Hace algunos años, se jugó un partido en Miami en conmemoración de los 50 años de Industriales. ¿Por qué no fue Lázaro de la Torre?
¿Industriales pertenece a Cuba o a Miami? A Cuba, ¿verdad? Entonces, eso es una ofensa para el lado de acá. Estoy de acuerdo, en Cuba no se hace. ¿Por qué no se ha hecho aquí? Eso es una pregunta que le haría a nuestros dirigentes. Pero ir a celebrarlo allá es una ofensa para mi comandante, porque, además, todo estaba financiando por la contrarrevolución. No tenía nada que festejar allá. Supuestamente, iban a dar 3000 dólares, pero no me compran con dinero.

Con 208 victorias, has sido el más ganador de los lanzadores capitalinos. ¿Qué significa en su vida este honor?

Es un honor y mi libro para hablarles a los muchachos. Pero, aun así, no tengo el reconocimiento que creo merezco. Allí, en el sectorial de deportes de La Habana, hay un cuadro grande donde están todas las glorias deportivas de la capital y yo no aparezco. La casa todavía no me la han dado. Lo peor es que a otros sí porque eran los de ellos y ya no están aquí, mientras yo sigo sumando por mí revolución. Pero no me interesa, porque adondequiera que voy, la gente me quiere. Incluso, los boteros nunca me quieren cobrar. Eso es lo que me más me satisface.

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Mario Lara, creador de blog del fútbol cubano

Mario Lara: “cuando se busca la libertad, debes tomar la oportunidad cuando se presenta”

Algún día, cuando de verdad se respeten los criterios de todos sobre el fútbol cubano, incluso cuando no se compartan, entonces, se entenderá la incansable labor y el gran aporte de Mario Lara a este deporte.

Cargar en sus espaldas con un club integrado por cubanos (Fortuna Soccer Club) y llevar un blog con información sobre el balompié de la isla mientras vive en Estados Unidos, es muy meritorio, más, cuando muchas veces no tiene los recursos suficientes para desarrollar a totalidad sus actividades.

Mario Lara tiene una historia de vida de mucho sacrificio, repleta de dificultades y, sobre todo, de gran superación personal. Como todo inmigrante cubano tuvo que empezar desde cero en más de una ocasión y sobreponerse a los obstáculos que le preparó el destino.

Trabajó en Colombia por años; después, fue médico con los Marines; pero nunca perdió la pasión por un deporte que le ha marcado. Para conocer detalles de su vida, así como la historia del Fortuna Soccer Club, conversamos con él en exclusiva para Play-Off Magazine.

¿Cómo era la vida de Mario Lara en Cuba?

Nací y me crie en la ciudad de Pinar del Río. Crecí con mis abuelos, mis tías y primos; el barrio casi completo estaba compuesto por la familia. Mi infancia la pasé como cualquier “fiñe” de la época: mataperreando en la calle con mis primos, jugando pelota, fútbol y cualquier otro juego de esos años.

Desde niño, me fascinaron los números y estadísticas, tal vez herencia de mi abuelo Gerardo, quien fue mi guía. Él era contador y también le gustaba la historia, señales inequívocas de que terminaría teniendo como hobbie ambas cosas, en este caso relacionadas al fútbol.

Ingresé a la IPVCE Federico Engels en Pinar del Río en la asignatura de Física para hacer el Pre y entré a la escuela de medicina más por convencimiento de mis mejores amigos que por el propio. Mi mamá siempre dijo que yo fui el único médico que se graduó de medicina estudiando fútbol y algunos profesores me apodaron el comentarista deportivo por mi pasión por hablar y discutir de este deporte en los pasillos de la universidad.

Mario Lara, creador de blog del fútbol cubano
Mario Lara, creador de Blog del Fútbol Cubano y director del Fortuna Soccer Club

Entonces, ¿cómo surge en ti ese amor por el balompié?

El futbol me enganchó en 1982 durante el Mundial y el gran culpable fue la selección brasileña. A pesar de los años, no he vuelto a ver un equipo con la magia, con el juego de ensueño de aquel equipo, aunque no ganó.

Tras el primer encuentro con el futbol, en la televisión le siguió la continua exposición al mismo a unas cuadras de mi casa, en el estadio Capitán San Luis, donde Pinar del Río tenía su cuartel general y ver allí jugadores de gran nivel técnico táctico, los duelos frente a La Habana, Villa Clara o Cienfuegos era algo apasionante. Recuerdo las gradas llenas para ver aquellos partidos y había que llegar temprano si querías tener un buen puesto.

Después, con la excusa de darle una “verdadera identidad”, lo sacaron de los estadios de pelota y en el caso de Pinar del Río, el conjunto fue enviado a la Bombonera, donde era casi imposible de seguir, más, si se tiene en cuenta que se comenzaba a vivir el periodo especial y viajar entre municipios era casi imposible. Así que había que seguir al equipo por lo poco que se decía en los periódicos.

¿Por qué decidiste emigrar? 

Emigrar no fue una opción totalmente mía, pues muchos factores ayudaron o me empujaron hacia la misma. Realmente, nunca tuve intenciones o deseos de emigrar, soy bastante del terruño y de mis amigos; trabajaba ayudando a niños de uno de los barrios más pobres de Pinar con un grupo de la iglesia a la que pertenezco.

Tras graduarme de médico, se me envió a trabajar a Mantua, en un movimiento que nunca entendí pues en principio se me había ubicado en San Cristóbal. Desde el día uno tuve muchos problemas con la Jefa del Sector de Salud de ese municipio, debido a que ella no veía con buenos ojos a las personas religiosas y por mi manía de decir lo que pienso. Así que, para evitar mayores problemas o complicaciones, decidí viajar a los Estados Unidos.

Tras pasar brevemente por Estados Unidos tuviste una estancia en Sudamérica. ¿Cómo fue esos primeros momentos de adaptación a dichos países?

Salí de Cuba hacia Miami, donde vivía mi papá y toda mi familia por parte de padre y me instalé allí. Comencé trabajando en tiendas y otras cosas, además de estudiar. Después de un año, surgió la posibilidad de viajar a Colombia, en donde trabajaría como médico, así que tomé rumbo a Sudamérica.

Fue una etapa en la que estuve bastante alejado del fútbol cubano, la información no llegaba allá de la misma manera que se podía conseguir en Miami, donde al menos se podía hacer seguimiento a la selección. Trabajé como médico en Barranquilla, Medellín y Magdalena y tras dos años, fue en la primera de estas ciudades donde conocí a mi actual esposa y donde nació mi primera hija.

En el 2001, regresé a Miami por cuestiones de seguridad, debido a la acción de las guerrillas en la zona donde trabajaba. De nuevo la misma historia: dos trabajos, regresar a la escuela, estudiar Rayos X; en fin, 7 días a la semana y sin descanso. Era la vida de cualquier emigrante con ganas de trabajar y progresar cuando llega a un nuevo país.

En el 2002, me uní al US Navy como Corpsman, una especie de médico, enfermero y técnico de urgencias, todo en uno y fui asignado a varias unidades con los Marines, con quienes trabajé por unos 8 años hasta que sufrí lesiones en los tendones de Aquiles. Unas cuatro cirugías tratando de arreglar el tendón derecho sin éxito y limitación de movimiento en el tobillo derecho, hicieron que me licenciara del ejército y regresara a Miami en el 2012. Fue cuatro años después de haber iniciado el Blog del Futbol cubano, página que salió a la luz en medio del proceso de recuperación de una de las cirugías aquileanas.

La etapa más complicada de ese segundo regreso fue el estar separado de mi esposa e hijas por unos cuatro años a la espera de que todos los procesos migratorios de rigor se cumpliesen y pudiera viajar a los Estados Unidos. Fue, sin dudas, una de las etapas más duras de mi vida, creo que el rigor de la vida en el ejército fue uno de los grandes elementos que me permitieron superar esa etapa.

Estados Unidos te abrió las puertas para cumplir muchos de los sueños que tenías en Cuba y no pudiste cumplir. ¿Vives agradecido de la oportunidad que te ha dado este país? 

Estados Unidos, es un país de reglas y de muchas oportunidades: puedes llegar a ser lo que quieras, siempre y cuando quieras hacerlo. El sacrificio y trabajo siempre son recomendados, no como en Cuba, donde siempre encontrabas un techo que no te dejaba progresar hicieses lo que hicieses, más si no eras una persona “integrada”.

A pesar del dolor de estar separado de mi familia, de no haber podido despedirme de mis abuelos, creo que, el venir a Estados Unidos ha sido la mejor decisión que pude haber tomado. Pues he logrado cosas que ni en mis locos sueños pude haberme imaginado. Trabajo en cosas que me gustan, cierto que no pude volver a ejercer como médico, pero mi hija mayor siguió mis pasos y hoy es médico Pediatra.

También, logré crear y mantener un club de fútbol y he podido ayudar a muchos jóvenes a lograr sus sueños y he servido de ejemplo para otros, así qué: ¿Qué más se puede pedir? Tengo una familia que adoro y me apoya en mis planes y proyectos, que ha estado conmigo en los momentos buenos y malos.

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Las autoridades del país no permiten que atletas que abandonaron delegaciones oficiales vuelvan a representar a Cuba en diversos eventos. ¿Qué opina Mario Lara sobre el tema?

A mi criterio, es una estupidez, no tiene otra definición el castigar a personas que buscan cumplir sus sueños y progresar en la vida. Para mí, es un síntoma de la mediocridad de quienes dirigen el país. No soy de aquellos que creen en las famosas frases trilladas del “debieron esperar a que se terminara el torneo” o “ellos no juegan para el gobierno, ellos juegan para el pueblo”.

Pienso que, cuando se busca la libertad y para cumplir tu sueño, no hay momento indicado: uno debe tomar la oportunidad cuando se presenta y cuando se vive en una cárcel como la nuestra, hay que aprovechar cuando el carcelero se distrae o da esa oportunidad. Cada persona debe pensar en su bienestar y en el de la familia, al final, ese famoso pueblo no se acordará de ellos, no por mal agradecido, sino porque es la historia de la vida, y se ve a diario. Dale un vistazo a dónde están las glorias deportivas de Cuba, la mayoría de ellos. Me decía uno de los muchachos que en su pueblo había un campeón olímpico y que andaba olvidado, alcohólico y que él no quería para él ese futuro, que quería buscar algo mejor para su vida, fuera que jugara al fútbol o no.

La selección, para mí, debe ser abierta a todos, estés en Cuba o fuera de ella; sin importar que hayas elegido cualquiera de las formas existentes para emigrar. Cuando hablamos de elegibles o no elegibles, nos convertimos en cómplices de la discriminación, nos convertimos de cierta manera en esa Federación que tanto criticamos y que pasa por encima de sus propios estatutos al discriminar jugadores por la forma que un día decidieron emigrar.

Es gracioso y de paso lamentable, ver como personajes programados por tantos años de adoctrinamiento defienden esta política apoyándose en la base de “no son confiables”. ¿Qué van a hacer estos jugadores? Desertar de nuevo.

¿Crees que el profesionalismo es la solución para mejorar el fútbol cubano?

El profesionalismo es la base del desarrollo y el progreso: no entiendo ni nunca entendí el famoso miedo al profesionalismo. En Cuba, nunca desapareció, existió de toda la vida, lo que fue un profesionalismo mal pagado. No nos engañamos, el deportista cubano de amateur solo tenía el nombre, pues pasaban el día entre entrenamientos y competencias, muchas veces con mejores atenciones que el ciudadano común, y en los supuestos “puestos de trabajo” solo existían para cobrar, pues nunca pusieron un pie en ellos.

Creo que podría ayudar mucho, en cuanto al incentivo monetario, las condiciones de vida y de entrenamiento y muchas otras cuestiones que afectan a los jugadores en Cuba. La presencia de clubes profesionales independientes que inviertan en sus jugadores en busca del éxito y claro está, en obtener una ganancia por esa inversión, sin dudas, elevaría el nivel del fútbol que se juega en el país, más allá de la posibilidad de importar jugadores extranjeros que puedan dar mayor solidez a los equipos en posiciones en las que no se tengan jugadores locales del nivel necesario para jugar a nivel profesional.

¿Qué se puede hacer para mejorar el fútbol cubano?

Para arreglar el fútbol de Cuba habría que hacer borrón y cuenta nueva. Existen tantos errores, tantos caminos que no conducen a nada, que tal vez necesitarías un libro para tratarlos todos.

Primero, necesitarían una AFC independiente, sin el control del INDER y con personas correctamente preparadas para asumir las funciones que se les asignen. No solo sirve el hecho de amar el deporte, pues se debe tener la capacidad para dirigir o realizar el trabajo que se necesita. De nada sirve poner a un enamorado del fútbol que no sepa sumar al frente del departamento de contabilidad, o que alguien tenga un puesto por ser “integrado” o porque es el que más consignas dice, que es lo que tenemos ahora, más allá de que los actuales dirigentes han demostrado que del futbol cubano solo les interesa lo que puedan sacarle para sus bolsillos.

Segundo: hay que apoyar a la base, pero sin la presencia de clubes profesionales que sean capaces de crear sus propias academias y promover el desarrollo y una continuidad en el manejo y captación de jugadores es muy difícil todo.

Ningún país, por mucho que busques, ha basado su desarrollo en la importación del talento fuera de sus fronteras. No estamos hablando de negarle la entrada a esos jugadores nacidos en otros países, ni a aquellos de raíces cubanas que quieran venir a aportar, pero es un error verlos como la solución, que es la tendencia que tenemos en nuestro país. Ellos son una especie de parche que solo disimula un poco el descocido olímpico que tiene las vestiduras de nuestro fútbol.

Es de una necesidad imperiosa crear torneos de mayor duración, mejor organizados y no sujetos a la improvisación como ocurre actualmente; dar una correcta atención a atletas entrenadores y árbitros; con una mayor cantidad de juegos, que es igual a mayor nivel de desarrollo de los jugadores y de nuestros árbitros.

Hace falta la profesionalización y respeto a los árbitros nacionales. De nada sirve darles un curso de capacitación de una semana si después no pitan en cuatro meses y solo lo hacen en cinco partidos al año. Si para los jugadores desarrollarse o tener una calidad elevada en las condiciones en que lo hacen es difícil, qué podemos esperar para nuestros pobres árbitros que además siempre cargan con todas las frustraciones de los que pierden y cuando digo de los árbitros también hablo de los entrenadores.

Mario Lara, creador de blog del fútbol cubano
Mario Lara, creador de Blog del Fútbol Cubano y director del Fortuna Soccer Club

Hace falta la liberación de la contratación de jugadores locales por clubes extranjeros; que no existan tantas trabas; que se permita a los jugadores negociar directamente con los clubes interesados ya sea personalmente o a través de sus agentes; que no exista dilación en la entrega de las transferencias internacionales que les permita a los jugadores incorporarse a esos clubes.

Eliminar la burocracia, sin dudas, traerá grandes beneficios. El elemento burocrático es frustrante: ver sueños perdidos, generaciones desperdiciadas y emigración masiva de jugadores por estas cosas es triste y muy perjudicial. Para el bien del fútbol cubano es necesario que las cosas cambien.

Por último, y esta es una de las razones por las que no caigo muy bien, cambiar la mentalidad de la afición. Es una afición que ha crecido, y mucho en los últimos años, pero vive enamorada de las grandes luces del fútbol que ven por la televisión y que sin poner un pie en uno de los potreros en los que se juegan los campeonatos nacionales, han decidido condenar como malos a los que juegan nuestro campeonato y como grandes a los que vengan de afuera sin importar en que liga jueguen, pues han asumido como verdad que nada de lo de adentro sirve, impulsados o sobre la base de lo que ven en las redes sociales; impulsados por “influencers”, que ni siquiera saben cómo se llaman los jugadores de sus equipos provinciales, pero que viven en la nube de los likes y la fama promoviendo los de afuera.

Es increíble, para mí, que yo viviendo a más de 90 millas de donde se juegue el Campeonato Nacional conozca quiénes son los jóvenes talentos que van surgiendo en Cuba y que gente que está ahí no sepa.

¿Cómo valoras el papel de la afición cubana relacionada al fútbol?

A veces, algunos aficionados toman posturas que para nada ayudan. En ocasiones, desprecian al futbolista cubano, con el nivel que puedan tener y lo más lamentable es que se trata de menospreciar a los de hoy usando a generaciones antiguas. Algo bueno que vi con esta última selección fue que hubo un vuelco total en su favor. La inmensa mayoría vio con buenos ojos lo que se hizo, entendieron que hay cosas por hacer, por trabajar. Pero entendieron que lo más importante en estos dos partidos frente a Guatemala y Curazao era el momento histórico que se vivía.

El Blog del Fútbol Cubano constituye una de las fuentes más confiables a la hora de buscar información. ¿Por qué surgió esta idea?

La idea del Blog surge en el 2009 porque cada vez que opinaba en los medios de comunicación, en Cuba me censuraban lo que decía. No posteaban mis comentarios y dije: si no me publican, yo puedo hacer mi propio espacio. Los medios oficiales de Cuba tienen moderadores, lo que se publica pasa por filtros y no me parece que alguien en Cuba o en cualquier lugar del mundo tenga que decidir si debe publicar o no algo que me tomó trabajo investigar. Recuerdo que hablaba sobre la participación de algunos jugadores en ligas extranjeras y era mal visto: hablar de Osvaldo Alonso, Maykel Galindo y otros, era un problema.

A pesar de tener comunicación y buenas relaciones con jugadores que militan en Cuba o mantienen vínculos con la Selección, te han dicho que los directivos del deporte en Cuba les dicen a los futbolistas: “No hablen con Mario Lara que tiene un blog reaccionario en Miami y quiere destruir el fútbol cubano”. ¿Qué opinión te merecen esos criterios sobre tu persona?

La gente prefiere la adulación a la verdad. Lo que dicen de mí no me preocupa mucho, digo lo que pienso y eso, siempre es un problema en Cuba. A muchos no les conviene porque desenmascaro lo que ellos hacen. Si a eso le llaman política, pues hablo política. Para mí, la política pasa por el bienestar mío y de mi familia. De la de Cuba no hablo mucho o nada; de la de aquí (EE. UU.) bastante, porque es la que afecta mi familia directamente. Amigos tengo de todas las ideologías y religiones, pues no trato de imponerle a nadie mis creencias u opiniones; tampoco me gusta que traten imponerme las suyas a mí. Pienso que juntos podemos llegar a mejores lugares y que el fútbol tiene que unir, no desunir.

¿Por qué dices que nos debe unir?

El fútbol es una pasión donde todos somos iguales, donde todos defendemos en pos de una bandera, no de un ideal político. En esa posición todos somos iguales, cubanos que es lo importante, es algo de lo que nos sentimos orgullosos. Debemos estar juntos para darle algo bueno al pueblo, al país: no somos cubanos de afuera o cubanos de adentro, o excubanos, somos cubanos nada más, así a secas. Al final, quienes han creado toda esa división, sean los de allá o los de aquí, lo hacen para obtener ganancias y mantener sus puestos de poder. Creo que muchos le temen a la unión, pues juntos somos una fuerza imparable; dentro de una cancha nuestros jugadores son un solo país y como se demostró ahora, esa unión trasciende los límites la cancha. El gol de Onel lo gritaron todos los cubanos en cualquier parte del mundo que se encontraran.  

Detrás del apasionado por el fútbol y del “utility” del Fortuna Soccer Club, se esconde una gran persona, un gran ser humano y un excelente padre. ¿Cómo llevas lo profesional vinculado a la atención de tu familia?

Se requiere bastante sacrificio, robar horas al sueño y tener el apoyo de mi familia. Es muy complicado y extenuante, pero cada sueño de un jugador que logramos cumplir hace que cada minuto valga la pena. Pasé varios años alejado de mi familia y mi esposa y eso me marcó mucho, pero estoy muy agradecido de la familia de tengo y muy orgulloso de ella. Mi esposa me ha ayudado mucho y ha sido esa persona que siempre esta allí para cuando no encuentro salida o se pone difícil la situación. Una de mis hijas escogió la carrera de medicina y la otra estudia aún, soy un hombre feliz.

Para muchos es desconocido que, en Estados Unidos hay club de fútbol integrado por cubanos, fundado por Mario Lara y desde sus inicios hasta la actualidad ha logrado resultados muy importantes.

¿Cómo surge la idea de crear el Fortuna Soccer Club?

La idea de crear el Fortuna surge en el 2014, tras la propuesta de Dagoberto “Tibi” Lara de que lo ayudara a conformar un equipo de jugadores cubanos para jugar en la Copa Latina, un torneo tradicional aquí en Miami, de gran fuerza y que contaba con representación de casi todas las comunidades de la ciudad.

Desafortunadamente, la Copa no se jugó por problemas del patrocinio y la idea del equipo casi muere antes de empezar. El Tibi prefirió no continuar y los muchachos me pidieron que me hiciera cargo de dirigir al equipo, una tarea supercomplicada, pues no es lo mismo analizar un partido que dirigirlo desde la línea, pero como “me faltan unos cuantos tornillos” asumí el riesgo y hoy, 8 años después, creo que fue la decisión correcta.

A pesar de tener cerca de 8 años de fundado todavía es un club amateur. ¿A qué se debe esto?

El Club se mantiene como amateur porque es muy costoso subir a ligas profesionales; incluso cada vez es más complicado mantenerse como amateur por los costos de las inscripciones en los torneos, y los gastos de arbitraje.

Después de ver como crecen algunos atletas en su carrera profesional. ¿Crees que vale la pena el esfuerzo y darles un espacio en el que por lo menos puedan entrenar?

Seguro, ver cumplir el sueño de ellos hace que valga la pena cada minuto de sacrificio. Es que cada día los equipos se vuelven más exigentes y, por tanto, el tener un espacio donde entrenar se vuelve más importante. Además, les brinda roce competitivo y ayudan a que mantengan la forma deportiva.

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Expelotero cubano y lanzador Omar Ajete

Omar Ajete: “que se reconozca un poquito más lo que hicieron las glorias deportivas”

Desde lo deportivo, presentar al pelotero cubano Omar Ajete sería una tarea muy fácil. Fue campeón olímpico, mundial y panamericano, de series nacionales, y selectivas, etc. Sin embargo, ante el primer estrechón de manos, y un par de palabras intercambiadas, quedaron a un lado los títulos y logros.

Todo comenzó a fluir de manera natural, así como la sonrisa que va regalando a todos los que pasan por nuestro lado mientras caminamos por el estadio Capitán San Luis, de la provincia Pinar del Río, donde ha pasado casi toda su vida. En ese mismo estadio, escribió muchas historias, tanto de alegrías como de dolor, antiguas y también recientes.

Omar Ajete no es solo béisbol. Camina distante de todos esos honores que se ganó con mucho sacrificio y sudor; el mismo sudor que recorre su rostro mientras hablamos de los actuales avatares de la vida cotidiana que le golpea con la misma fuerza como a cualquier mortal de esta Isla. Ni siquiera las medallas lo hacen inmune en estos tiempos de continua lucha y batalla por las necesidades más básicas.

Terminamos el recorrido por la instalación y, sentados en las gradas, justo detrás del home plate, su mirada pocas veces se desvía hacia el diamante, en donde se lleva a cabo un partido de béisbol. El zurdo continúa recordando sus inicios allá en el poblado Las Verbenas, del municipio pinareño de San Juan y Martínez, el sitio en que nació. “De donde es Yosvany Peraza. Jugué con su papá Charles, quien también era receptor”, cuenta.

“Una tía, Anita Méndez, habló con el difunto Luis Orlando Lazo, alias El Piqui, quien fue receptor del equipo Vegueros para que me iniciara en el béisbol. En aquel entonces, yo estudiaba en Guane y no se estaba practicando el deporte. Sin embargo, con tal de no ir al taller a mecanear, me fui para el levantamiento de pesas, y fue el primer deporte que yo practiqué con apenas 13 años de edad. Eso me ayudó bastante”, dice.

Omar Ajete comenzó en el béisbol como jardinero central. Se encaramó por vez primera al montículo, en un Campeonato Provincial Juvenil, sin todavía completar la edad requerida para su participación en el mismo.

“Luis Orlando Lazo me preguntó si tenía miedo de pichear y le respondí que no. Él me veía calentando en los jardines y notó que tenía un brazo potente, y me dijo, ‘vas conmigo a los Juveniles’. Me enseñó el agarre de la curva, ya que nunca había lanzado antes”, explica.

“En ese torneo, lancé dos juegos contra los equipos Sandino y San Cristóbal, con 12 y 14 ponches, y no se me olvida que, contra San Cristóbal, había un atleta quien después se convirtió en un íntimo amigo mío, Luis Hernández, alias El Zurdo. Luego, pasamos mucho tiempo en la Serie Nacional”, añade.

Aquel zurdo no pasó desapercibido ante los ojos de los entrenadores, quienes se fijaron en él.

“Cuando me hicieron la prueba, Román Suárez me pide el carné de identidad, le muestro la tarjeta del menor y me dice: ‘vete para la EIDE, que el próximo año es que tú entras’. Ya estando allí, fui a un Campeonato Nacional Escolar en Matanzas, en la categoría 15-16, ganamos y también se ganó en la 13-14 en la que se destacó Omar Linares”.

Omar Ajete como pelotero
Omar Ajete como pelotero

Las Series Nacionales, la profecía de Jorge Fuentes y el equipo Cuba

En 1983, Omar Ajete llegó a la Serie Nacional, para el inicio de una carrera que incluyó 16 temporadas. “Fue algo muy grande para mí. ¿Qué me iba a imaginar encontrarme entre tantas figuras, como Rogelio García, Luis Giraldo Casanova y Félix Pino? Yo estaba impresionado y estando en la EIDE, me preguntaba si algún día estaría al lado de ellos y así fue”.

Al concluir su tercera campaña doméstica, el zurdo hizo su entrada en el Equipo Nacional, con lo cual, hacía realidad una profecía de Jorge Fuentes, uno de los más grandes directores de la pelota cubana, años antes.

“Cortina me dijo: ‘el año que viene estás con el equipo Forestales. Ya cuando comencé el entrenamiento, que jugué la Provincial con San Juan y Martínez -que el difunto Fidel Linares dirigía- me traen a los entrenamientos y Jorge Fuentes me veía cada vez que calentaba el brazo. Entonces, habla con Charles Díaz y le dice: ‘ese zurdo me lo llevo con Vegueros, que en menos de 3 años está en el equipo nacional y así fue, no los hice quedar mal, y nunca me dijeron nada personalmente. No obstante, el trabajo y el rendimiento hicieron que llegara allí. No se me olvida que Casanova, cuando llegamos a Pastejé, México (a un campo de entrenamiento en 1987), me dice: ‘Si pones de tu parte, vas a estar en el Equipo Nacional por el tiempo que tú quieras’. Le dije, yo dije: ‘si es por rendimiento, voy a luchar!”.

Los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987 fueron su debut dentro del equipo de las cuatro letras, y el comienzo del camino que lo elevó a lo más alto dentro de los lanzadores cubanos. En ese mismo torneo, le tocaría cerrar la final ante Estados Unidos, el eterno rival en la arena internacional.

“A Pablo Abreu le dan la misión de arrancarle la cabeza a Ken GriffeyJr.que era la principal figura del equipo estadounidense y no fue así. En el primer inning nos hicieron cuatro carreras; después, comienza a llover y Vargas estaba en el bullpen porque había dos receptores nada más, Juan Castro y Pedro Medina. Entonces, pregunta: ‘Caballero, ¿quién será el que se lleva el gato al agua?’. Yo ni me imaginaba que iba a trabajar en ese partido, y cuando se pone 9x4 me traen a relevar.

“Estaba calentando, pensé que me llamarían con el juego desfavorable para nosotros, me dieron ánimo los propios atletas, pues siempre tuvimos mucha hermandad. Casanova hablaba mucho conmigo, me decía: cuando te chifle, recuerda que es que flexiones la pierna. Pedrito Pérez, el entrenador de picheo a quien me hablaba algo, le decía: ‘no le digan nada, que es novato, para que no se presione, que le haga caso a Casanova nada más’. En 4 y 2 tercios que lancé me dieron un solo hit, que fue de Tino Martínez.

“Algo que no se me olvidará nunca: estando en la Sala Universal de la FAR -yo había lanzado contra Estados Unidos en el Latinoamericano y el Comandante preguntó por mí, me vio en el tope (que no se me olvida le propiné dos ponches a Frank Thomas, quien llegó a las Grandes Ligas). Fidel conversó conmigo en el Latino y luego preguntó: ‘¿Dónde está el zurdo chiquito de Pinar del Río?’. Nunca pensé verlo frente a mí, cuando me saluda, estira la mano y yo la mía y me dice: ‘hay que ganar allá, y le dije que sí. Cuando voy a recoger la mano, me hala otra vez y me repite la frase. Me puse tan nervioso que no sé si me senté, si me agaché, no sé nada”, cuenta.

A los años de gloria de aquella generación, también los acompañó una hermandad que trascendió entre ellos los terrenos y también el tiempo. “El hermano mío fue Tati Valdés, me ayudó enormemente, aprendí a relevar por él, que en el equipo nacional realizaba las dos funciones. Nosotros nos llevamos bien, no había malicia, pues, por ejemplo, si Pablo en un evento no estaba bien, le dábamos ánimo”.

Barcelona: el béisbol y los Juegos Olímpicos

En los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 hacía entrada por primera vez el béisbol a estas citas estivales. También, sería la primera de tres participaciones para Omar Ajete, pero ninguna sería tan especial como la primera, por todo lo que significó.

“Fue la más grande para mí. Osvaldo Fernández lanzó 11 innings, Rolando Arrojo también al igual que yo, y a ninguno de los tres nos hicieron carreras. Cuando regresamos de Barcelona estábamos en Mulgoba y me dice Diego Méndez: ‘Ajete, ¿por qué Jorge no te puso abrir, aunque fuera, un juego? ¿Tú no sabes que con un out más hubieses sido el primer lanzador cubano en una Olimpiada con el mejor promedio de carreras limpias?

El mismo le pregunta a Jorge y este le respondió: “¿Abrir contra quién? ¿A quién traía para relevar? ‘A cualquiera’, le dijo Diego. ‘No, ese era Ajete’, respondió Jorge.  Y este le dice: ‘al que te iba abrir al otro juego’. A lo que Jorge respondió: ‘¿Y cuando llegara a La Habana que el Comandante me preguntara por qué puse a Ajete a abrir si era el relevo?”.

“En Barcelona, en el abanderamiento, vimos de cerca al famoso Dream Team de baloncesto estadounidense. No se me olvida que el esgrimista Elvis Gregory saludó a Michael Jordan y dijo: ‘esta mano no me la lavo en lo que me queda de vida”.

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Aquel jonrón en una recordada exhibición en Puerto Rico

En diciembre de 1993, vistiendo el uniforme de las cuatro letras, fue parte del equipo que participó en el partido de exhibición ante los Senadores de San Juan en Puerto Rico y desde el montículo recibió el cuadrangular de Javier López que sirvió para definir el encuentro.

“Muchos me dicen: le tiraste recta y en ese juego ya había dos outs, pero el bateador anterior me dio hit al derecho. Pedrito Pérez, el entrenador de picheo, nos dijo a Valle y a mí: ‘a Javier López, el receptor, no le tiren rectas que es buen bateador de bolas rápidas. El lanzamiento que yo le hago fue una slider, lo que el lanzamiento no hizo nada”, recuerda.

“Más allá del resultado, aquel encuentro constituyó todo un acontecimiento en Puerto Rico. Cuando se acaba el partido, nosotros estuvimos como dos horas en el club house esperando a que los aficionados se dispersaran del estadio. Aquello fue una fiesta, había hasta cordones de policías”, añade.

“Al llegar, todos los aficionados decían que desertáramos, incluso, hubo uno que me dio 250 dólares por mi guante, porque lo quería de recuerdo. Le dije que ni loco me des de eso, no se me olvida que Tati Valdés fue quien le vendió el guante al hombre. Cuando se acabó el partido, el señor llega al hotel buscándome y yo que no y Tati me dice: ‘¿qué es lo que quiere él? ‘Él me está diciendo de vender el guante, pero yo no quiero, porque lo tengo de reliquia. Tati me quitó el guante, se lo dio, cogió los 250 dólares. Él cogió 100 y me dio 150, pero le dije, vamos a repartir entre hermanos, coge otro poquito más. Fue una mitad para cada uno”, recuerda.

Atlanta 1996 y los retiros masivos de la pelota cubana

En 1996, Omar Ajete regresa a los Juegos Olímpicos, a la ciudad estadounidense de Atlanta, en donde Cuba volvió a llevarse el oro en el béisbol, ante Japón, en un juego final recordado por los tres cuadrangulares de Omar Linares.

“Ahí hubo una marañita: el único que no bateó avisado fue el difunto Miguel Caldés. Albertico Hernández era el regular, pero por un problema de disciplina determinaron que jugara Juan Manrique. El bullpen de nosotros estaba en el jardín derecho y había una malla. La parte detrás era el bullpen y por fuera era zona de foul, pero Albertico está mirando al segunda base de Japón que tiene el guante delante y se da cuenta de que le está dando la seña al jardinero derecho. El abridor explotó rápido porque se le bateo avisado.

“Albertico dejaba el brazo caer para abajo cuando era recta, curva lo dejaba arriba y cuando no la cogía se separaba. Enseguida, él fue al dogaut y dijo señores: ‘Miren para el right field’. Algunas conexiones fueron avisadas, los bateadores cubanos tenían mucha calidad, no necesitaban batear avisado, pero surgió esa posibilidad ante un picheo profundo”, cuenta Omar Ajete.

Antes de esos Juegos, en el propio 1996, pudo sentir lo que se preparaba alrededor de varios integrantes del equipo nacional sobre el retiro masivo al siguiente año. “Cuando regresamos en 1996 de Japón estábamos entrenando José Ariel Contreras, Pedro Luis Lazo y yo en el Estadio psiquiátrico de La Habana. Ese día llegamos un poco tarde y me dice Antonio Scull: ‘Monstruo, pregunta, que me parece que tú no estás en este listado’. Le dije al suegro y a la esposa mía que esperaran, pues si no estaba en el equipo, no tenía como regresar a Pinar.

“Fui a donde estaba Pedrito Pérez, entrenador de picheo, y me dijo que me apurara para incorporarme al entrenamiento. Me dije que, si él me decía eso, era porque estaba. Pero también pensé: ya sé que para la próxima no van a contar conmigo, porque si me están anunciando desde ahora”.

En 1997, llegó lo que de manera muy sutil le había sido anunciado un año antes, algo que lo llevaría a otro camino en su vida.

“Fue decisión de la Comisión Nacional y la explicación fue que estaban renovando el equipo nacional. No se hicieron reuniones, fue algo similar a lo que le hicieron a Casanova, cuando fue líder en cuadrangulares en la Copa Intercontinental en España y luego en el torneo José Antonio Huelga en Sancti Spíritus bateó de 22-11, y no lo llevaron al Panamericano porque no lo tenían contemplado en el ciclo olímpico de 1992”, explica.

Uno de los más dolorosos momentos en la carrera de Omar Ajete

En 1990 temporada, en la que logró 14 victorias en la selectiva, paradójicamente, atravesó uno de los momentos más dolorosos en su carrera con Pinar del Río.

“Lancé un miércoles contra El Duque Hernández en el Capitán San Luis y gané 2x1, y el jueves abrió Remigio Leal. El caso es que vine, había un chequeo de emulación y la dirección del Inder y otros, todo el mundo achacó que perdimos ese día, porque yo vine vestido de civil al juego. Pero si yo había hecho mi trabajo, ¿tenía que hacerle el trabajo a los demás lanzadores del equipo? Ese año, no se me olvida, Israel, el subdirector en actividades deportivas, me dijo: ‘hay que llamar a la Comisión Nacional de Béisbol, que hasta hoy el compañero es miembro del equipo nacional’. Mi esposa, Isabel Cristina Madera, tiene el periódico guardado y en la parte deportiva salió un cintillo grande que decía: Ajete, el gran ausente del jueves. Eso no se me olvida nunca en la vida, me dolió muchísimo, pero gracias a María del Carmen Concepción y Fidel Ramos, que era Secretario del Partido en la provincia, que me defendieron”.

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El regreso al equipo Cuba y la caída dolorosa en Sídney 2000

Omar Ajete, al igual que otros de sus compañeros, participó en ligas extranjeras. En el caso del pinareño, lo haría en Colombia, Nicaragua y Japón, y en este país, se dio la conversación en 1999 que lo traería de vuelta al equipo nacional.

“Fueron Juan Suárez, Jorge Fuentes y Pedrito Pérez. Pedrito me pregunta: ‘Zurdo de Oro, ¿cómo te sientes?’. Le dije: ‘si juego la Serie Nacional voy a Sídney. Estoy tirando 94, 95 millas y haciendo 150 lanzamientos todos los días con intensidad en el bullpen, no me siento ni los cayos’. No se me olvida que Jorge me dijo: ‘tienes 34’ y le respondo con estas palabras: ‘Joven no es quien sea, sino quien lo quiera hacer con su propia voluntad’. Pedrito Pérez me dio una nalgada y me dice: ‘eso es lo que quiero. Cuando llegues a provincia te preparas, el interés nuestro es que vuelvas al equipo Cuba ya que los zurdos en Winnipeg tuvieron problemas’.

“Mira como fue el resultado, que ese año gané 7, salvé 8 y perdí uno. Cuando integré el equipo de Pinar, le pedí a Alfonso Urquiola que, después de casi 3 años, que no me pusiera aquí en Pinar, que fuese en otra provincia para el prearranque. Me trajo aquí mismo en el Capitán San Luis contra Frederich Cepeda. Lancé dos bolas sin strikes y comenzaron a gritarme desde las gradas. Miraba para el dogout y quería arrancarle la cabeza a Urquiola. Al final lo retiré. En el otro inning, todo perfecto y Urquiola me dijo: ‘¿Dónde está el miedo? Lo que hay es que imponerse y enfrentar al enemigo”.

Sídney 2000 fue el retorno al equipo nacional de Omar Ajete y su función en aquel equipo sería la de enfrentar a Japón, Estados Unidos y Canadá, por su gran cantidad de bateadores zurdos. Una mala preparación personal anunciaba lo que sería el desenlace final en aquel evento.

“En la preparación le di un pelotazo a Yasser Gómez en la cabeza que pensé que lo había matado. Presenté problemas en la mecánica, no tenía control ante los bateadores zurdos”, recuerda.

La ayuda técnica de Julio Romero, que en aquellos juegos colaboraba con Italia, le ayudaría a dar solución a aquel defecto técnico. Omar Ajete trabajaría en ese certamen 3 y 2 tercios en los que no tuvo decisión, propinó 3 ponches, le batearon para 231 y su promedio de carreras limpias fue de 2.45, en un torneo en el que Cuba caería en la final ante Estados Unidos.

“José Ibar y yo éramos compañeros de cuarto, y no se me olvida que, en el último juego, cuando íbamos a discutir la medalla de oro, me dice: ‘Voy a lograr el anhelo de mi vida, darle una medalla a Cuba en Juegos Olímpicos. Ibar había lanzado 7 innings contra Estados Unidos y le habían dado un hit y propinado 11 ponches; además, tenía 5 días de descanso: era el hombre. Pero antes de acostarnos, cuando vamos a apagar la luz, me dice: ‘no voy a ser yo. Mira la hora y el juego es mañana’. Servio Borges tenía eso, no le decía al lanzador ni a nadie, quién iba a lanzar.

“El lanzador ideal era José Ibar, Lazo era relevo. Lazo no sabía que iba a ser el lanzador. Lo hizo por cubano, por la Revolución y dignidad, pero no porque estaba preparado para ese partido: fue muy difícil”, recuerda.

También sucedió que, un año antes, Alfonso Urquiola había logrado el boleto olímpico al obtener el oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. Para muchos, debió haber sido el hombre que también condujera al equipo nacional a la cita estiva.

“No sé por qué, y no tengo nada en contra de él en lo personal, pero designaron a Servio Borges director del equipo. No se me olvida que estábamos en Sancti Spíritus, conversando Jorge Fuentes, Contreras, Linares, Yobal, Lazo, Maels, y nos dice Jorge que Servio cuando se acabó el partido, dijo que esa derrota era buena, que era el salto grande del béisbol cubano”, explica.

Con una plata olímpica, terminaba la carrera de Omar Ajete en la selección cubana, pero su camino hasta entonces en los clásicos cubanos lo había conducido a una muy ganada prolongada estancia en el equipo Cuba, con otros grandes momentos.

El fin de una carrera gloriosa

Una molestia lumbar incidió en la decisión de apartarse de la vida como atleta, pues tenía que escoger entre poner en riesgo su salud o alargar la vida en el terreno.

“Toni Castro, ortopédico en el Frank País, me dijo que lo que faltaba era operarme, pero Iván Arena, neurocirujano, me dijo que corría riesgos, pues si me tocaba la médula, quedaba inválido de la cintura hacia abajo. ‘¿Cuántos años jugaste?’. Le dije que 16. ¿Y qué tienes en 16 años? ¿Por qué juegues un año más qué vas a obtener? Termina y dedícate a trasmitir conocimientos’.

“A raíz también de eso, Linares había perdido sus reflejos, pero estaba en plenitud de facultades. Él tuvo que alejarse de los terrenos por eso, porque tenía un padecimiento, no como el mío, que es una pierna más corta y en Colombia el ortopédico Álvaro Montes Ruíz, detectó que debía utilizar una cuña en el pie izquierdo. Con el decursar del tiempo me dije, participé en tres Juegos Olímpicos y en 16 temporadas, es momento de que cuelgue los guantes”.

El 2001 marcó el año del retiro definitivo del deporte activo para Omar Ajete, otra fecha que mezcla emociones y decepciones por esos absurdos que tanto han herido.

“Fue algo fenomenal lo que me hicieron, no lo esperé. Hablé aquí con varios dirigentes para el retiro, pues quería que viniesen amigos, para hacer un almuerzo con directivos de empresas que me ayudaron en la construcción de la casa. Cuando hablé me dijeron que sí, pero me llamó un dirigente a las 5 de la mañana, y me dice, ‘no te pongas bravo ni digas nada, el retiro va a ser en la Culinaria como tú quieres y te van a dar dos botellas de licor, dos cajas de cerveza. Solo 12 personas son los que pueden ir y le digo: ‘ven acá, ¿eso es un velorio a las 4 de la mañana con los familiares de la casa?’.

“Antes del retiro, hablé con María del Carmen, que era secretaria del Partido en la provincia, y me dice: ‘te veo molesto, es para que estés contento’. ‘Me siento así porque me llamaron a las 5 de la mañana de La Habana y me dijeron de la actividad con 2 botellas de ron, una caja de cerveza y 12 invitados’, le dije. ‘¿Quién te dijo eso?’, respondió. No se me olvida la atención que me dio Carmita.

“Unos días después, la compañera dirigente del Poder Popular que atendía deportes me dice: ‘tú no eres capaz de imaginarte lo que hubo que hacer para ayudarte con el puerco que se te dio el día de la actividad. Ese puerco hubo que quitárselo a los venezolanos que estaban trabajando en Sandino’.

“No se me olvida que a Eddy Martín fue a quien pedí para que hiciera el anuncio del retiro. Emocionó mucho. Ese mismo día, me dicen que yo iba hacer el lanzamiento de la primera bola del partido. Después de la ceremonia, salgo del estadio y al regresar, un señor que estaba en la puerta del protocolo me pidió credencial. ‘¿Usted no conoce a los atletas que han jugado tantos años en el Capitán San Luis?’, le dije.

“En las instalaciones deportivas deben poner a personas que conozcan a los atletas, pero no me asombro de eso. Cuando el retiro de Pedro Luis Lazo, que estaba aquí con Osmany Urrutia, a Lazo no lo dejaron entrar al protocolo y tuvo que subir a las gradas. A Jorge Fuentes no le permitieron entrar en una ocasión tampoco.

“Ya estaba preparado para el retiro, entendía que era el momento. Fueron 16 años y había muchachos con calidad que podían seguir”, afirma.  

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La vida de Omar Ajete tras el retiro

Tras el retiro, Omar Ajete fue parte de la misión deportiva cubana en Venezuela desde el 2005 al 2007. Sus resultados como entrenador y también desde el montículo, llamaron la atención a funcionarios, entre ellos del club Navegantes de Magallanes, pero la burocracia lo privó del regreso a los terrenos de juego al más alto nivel.

“Estaba un compañero que fue tesorero de los Yankees de New York y tenía buenas relaciones con los Navegantes de Magallanes. Me ve y llama a la organización para que me vean; entonces, Heriberto Moreno, director del INDER en Sancti Spíritus, me pregunta si quería trabajar con ellos. Me dice que había que llamar a Caracas, a Cubadeportes, a la presidencia del INDER, pero le dije: ‘yo no vine aquí para estar haciendo papeleo, deje eso tranquilo ahí’”, cuenta.

Desde hace 6 años, Ajete disfruta de la mayor victoria de su vida, que se llama Omar Luis y que es el fruto de años de búsqueda, desde que contrajo matrimonio en 1991.

“Te diré que tuvimos días en los que el carro estaba roto y que Isabel y yo nos íbamos a La Habana gracias a Wilfredo, que era el director de la empresa ASTRO. El día antes de ir, hablaba con él, pero cuando llegaba al hospital González Coro, no era el día fértil, no tenía en donde quedarme en La Habana. Eso obligaba a regresar a Pinar del Río y volver al otro día en la madrugada. Para otras pruebas que había que hacerse a las 7 de la mañana, incluso, nos quedamos en La Habana en un parque.

“Me casé en 1991. Se estaba agotando el tiempo, porque Isabel tenía cierta edad. Pero el niño ya tiene 6 años y es la vida misma. El tiempo se lo dedico a él y nos vamos a jugar. Ese es el juego más bonito que he lanzado en mi vida: se llama Omar Luis, como mi cuñado y también mi amigo, hermano, el lanzador de Camagüey. Quisiera que fuera pelotero”, afirma.  

Omar Ajete es un hombre feliz, se le nota en su rostro, en el andar, el humor, a pesar de los tiempos. Su nombre me sigue pareciendo poco homenajeado y reverenciado. ¿Se habla lo suficiente de él?

“Pienso que no. Personas adultas o jóvenes me dicen que se habló de mi en la televisión. Entonces, les digo, ‘están viendo, yo no fui un paquete, el trabajo está ahí. Hay algo que no se me olvida. En una ocasión, en la segunda subserie de Pinar del Río contra Sancti Spíritus, a mi esposa y a la del difunto Reinaldo Costa las mandaron a sacar del protocolo. Pienso que debe haber un poquito más de cuidado. El dirigente está, pero el trabajo de nosotros surgió, y me parece que es algo que no se debe olvidar, se debe tener un poquito más de cuidado, porque de qué vale el esfuerzo y sacrificio durante tanto tiempo, para que vengan a menospreciarlo de esa forma¨.

“Me siento contento, pero hace falta que se reconozca más lo que hicieron las glorias deportivas. A veces no es fácil, por ejemplo, buscar un bloque, para si quiero hacer un corral para criar cerdos, o para ayudar a un familiar mío o allegado. Si no resuelvo, entonces, me dice: ¿de qué vale que hayas sido figura? Tengo que ir cada 7 u 8 días a la farmacia haciendo guardia con mi esposa, para comprar los medicamentos como Enalapril o la insulina, porque soy diabético y si no hago la cola no los puedo adquirir.

“Son cosas que suceden, son poquitas, pero a veces, llenan la cabeza. Voy caminando y las personas me dicen: ‘vienes hablando solo’, y les digo: ‘vengo tarareando una canción’. Es verdad, vengo hablando solo, pensando en cómo voy a resolver esto y hacer lo otro”, dice.

La presencia de Omar Ajete en el béisbol pinareño, desde su retiro, ha sido un tanto distante, si tenemos en cuenta su enorme protagonismo como atleta, pues otros con menos nombres han recibido más oportunidades.

“Aquí en la provincia soy parte de un grupo junto Luis Casanova,Rogelio García y Donald Duarte, de scouting, en la búsqueda de talentos y corrigiendo las dificultades de los atletas que se insertan en losa entrenamientos. Lo mejor de este trabajo es que con los muchachos que hablo me gusta bromear: hay talento en Pinar del Río, lo que hay que trabajar y pulir”, afirma.

Omar Ajete cierra la entrevista con una sonrisa mientras permanecemos sentado y ya con él teléfono apagado fluye la conversación por otro rato, mientras que el sol del mediodía castiga con fuerza el terreno, donde parte del talento con el que trabaja, intenta seguir el legado que junto a otros nombres, también escribió uno de los grande lanzadores zurdos que han pasado por la pelota cubana.

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Expertiguista cubano Lázaro Borges

Lázaro Borges, el campeón perseguido por las pértigas rotas

Es martes, 15 de marzo del 2022 y alrededor de las 6 de la tarde en Marianao, como en el resto de la Habana, hace mucho calor. En la calle 118 entre 69 y 71, reparto los Ángeles, Lázaro Borges espera junto a sus jimaguas de 3 años que se esconden detrás de él. Nayet y Leyet parecen tímidas, y le llegan por las rodillas a su padre.

—No son penosas, solo les hace falta ese arranque, luego no paran —dice quien fuera subcampeón mundial de salto con pértiga. Esta afirmación sobre las niñas se confirmaría tiempo después, al igual que la predilección del exdeportista por las novelas turcas.

Lázaro Borges está a gusto. Viste camiseta y short, con chancletas, todo deportivo y algo gastado, bien a tono con la temperatura. No es alto, mide solo más de 1.70 y, aunque hace ya tres años que se retiró, tiene el aspecto de estar en forma.

Bajamos por un pasillo de tierra de unos 3 metros de ancho y, justo a la derecha, entramos por un portón metálico.

Yirisleidi, su esposa, se encuentra atendiendo a una amiga en la improvisada peluquería que da la bienvenida a la casa. Las enredaderas del árbol que sirve de sombra al portal dan la sensación de confundirse con las extensiones de pelo que cuelgan en la reja de una ventana, la cual, a su vez, es el improvisado mostrador del negocio.

—Ella es mi esposa —dice señalando a Yirisleidi.

En la habitación de Borges hay de todo: frijoles cocinándose, miles de frascos de perfumes y cremas en la cómoda, y también se percibe la mezcla de esos olores. Un edredón que resalta por sus tonos de colores, cubre la cama que ocupa más de la mitad del espacio. Se distinguen paredes formadas por distintos pedazos de loza y un televisor que proyecta a una reportera de Telemundo. A la izquierda se encuentra la cocina, pequeña, en la que no deben caber más de tres personas. Todo eso, y un poco más, ahí, entre esas cuatro paredes. Apretado, cargado, como si todo lo que necesitasen en el mundo estuviese en ese 4x4. Pintoresco y cómodo, usado, pero no con aspecto de abandono.

https://youtu.be/YCzDcI8er4A

Afuera, en el portal mitad asfalto y mitad tierra, Yirisleidi y su amiga conversan en la peluquería. Los pájaros no dejan de cantar, se sienten bien cerca, y Nayet y Leyet comienzan a demostrar demasiado pronto su desenvoltura.

—Al principio, esto no era así —me cuenta Borges. —Siempre fue una sola casa, luego fue que pude hacer este pedacito.

Lázaro Borges nació en San Agustín, donde vivió junto a sus padres los primeros meses hasta que separaron. Al tiempo, su madre se mudó con su padrastro con quien lleva viviendo 20 años, y él se quedó a vivir con su abuela, donde ha estado desde entonces. La abuela habita en la casa de atrás, en la casa original.

Primero fue un cuarto con baño, luego vino su esposa y le dijo para hacer una cocinita. Al tiempo vinieron las niñas, y decidieron ampliarse para arriba. Aún no está terminado, pero al menos el proyecto ya está hecho. Mientras tanto, los cuatro siguen viviendo en una habitación.

Borges hace muchos gestos, con las manos, con la cara. Habla con pausa y separa las palabras, como si a cada cosa que contase le quisiese dar mayor énfasis.

—Poco a poco. La situación con los materiales está complicada.

Se sienta en la cama, yo en una silla pequeña y dura. A cada rato entra alguien a vigilar los frijoles o las niñas a llamar la atención. No se sentía como si un extraño hubiese llegado.

***

“Saltes lo que saltes hoy, conmigo no vas a ningún lado”. Era viernes, 19 de junio del 2008. No se le olvida porque era su cumpleaños 19, también, porque era su último chance de clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing. Aquel directivo pensó que el mejor momento para ser franco con Lázaro Borges era minutos antes de saltar.

El campeonato nacional ya había pasado, pero el plazo de la IAFF para clasificarse aún estaba abierto. Reunieron a los que no tenían las marcas y estaban próximos a lograrlas en el Pedro Marrero, entre los que se encontraba un joven Lázaro Borges.

—Ese año lo único que había era Juegos Olímpicos y los veía bastante lejos. Fue un año de muchas decepciones por parte de algunas personas que no confiaban en mí, y no querían que viajara por mis resultados anteriores.

Los resultados anteriores de los que habla son la hoja blanca, el vacío. Su primer evento internacional en el 2005, un campeonato centroamericano de mayores en Bahamas. Fue un gran paso, viajar, salir del país, y eso le abrió una puerta hasta ese entonces desconocida para él, y lo vio como una vía para ayudar a su familia. Nada de eso impidió que se fuese en blanco. Regresó con más fuerza, entrenó mucho, quería volver a salir del país.

—Ese año, por el esfuerzo, me premiaron con tres viajes más.

El último, Centroamericano de Cartagena de Indias. Su primer evento de juegos múltiples, incluso con posibilidades de medallas.

—Me fue muy mal, me fui en blanco. Todos con sus medallas, fue un palo duro.

En el Panamericano del 2007 en Río de Janeiro pedían 5.15 metros para clasificar y llegó con 5.50 m.

—También me fui en blanco, de un momento a otro empezó a llover.

A lo mejor aquel directivo ya se había cansado de Lázaro Borges y este le había hecho quedar mal en varias ocasiones. “Cuando tiene que demostrar, no lo hace”, pudo haber pensado. La desconfianza de la jefatura era palpable, puede que, con razón, pero esa frase, dicha con un dejo de venganza, al pertiguista no se le olvidaría.

—Me hizo sentir bastante mal en aquel momento. Mi mamá me dio mucho apoyo, luego vino mi entrenador y le explico. Me dijo una palabrota y que fuésemos a demostrar, que saltara y no me desanimara, pero yo estaba renuente.

En el año 1992, Miguel Ángel García se elevó hasta los 5.65 metros en el salto con pértiga. Entonces, era el cubano que más alto había llegado en la especialidad. Hubo que esperar 16 años para que, un 19 de junio del 2008, en el último chance, en el día de su cumpleaños, Lázaro Borges rompiese esa marca y se elevara hasta los 5.70 metros.

—Todo el mundo abrió los ojos, y a esa hora había que intercambiar los papeles.

Borges salió corriendo por todo el estadio, se apartó lo más que pudo, quería estar solo, asimilar lo que había logrado.

El directivo, herido en su orgullo y viendo que su profecía primera estaba próxima a romperse, utilizó su última carta. El árbitro tuvo que comprobarlo varias veces. “Compadre, el muchacho impuso récord nacional, cómo quieres que te lo diga”. Midieron el poste, utilizaron la lienza, 5.70 m por todos lados. “¿Qué tienes contra el muchacho?”, le dijo.

Sábado, al otro día. “Estamos aquí para informarte que estás incluido en la preselección olímpica”, le dijeron. Lázaro Borges se queda mirando la cara de aquel directivo y del comisionado de atletismo. Les da las gracias, parece que es serio. Cuando sale del Pedro Marrero,  los brincos de felicidad superaban los 5 metros.

—¿Y no le dijiste nada al directivo?

—En el deporte, como en la vida, uno no puede irse nunca contra los jefes, porque al final ellos son los que quitan y ponen. En el momento sabía que estaba mal por su parte, pero tampoco lo podía enfrentar. Mi entrenador me decía que todos los problemas que tuviese en la vida los iba a resolver saltando, y realmente fue así.

Expertiguista cubano Lázaro Borges
Lázaro Borges.

A los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, él y Yarisley Silva fueron con 40 días de antelación, pero solos, sin sus entrenadores. Se decidió que asistieran con el entrenador de Leonel Suárez, Gabino Arzola, pero, realmente, el apoyo era entre ellos dos.

—También me voy en blanco. En el salto con pértiga, a diferencia de otras modalidades del atletismo, dependes de un instrumento. Influye como esté el día, qué pértiga utilizarás, cómo estás físicamente, en qué altura esté la varilla puesta. A veces, hasta los mejores fallaban en eso —me explica Borges, para que comprenda cómo aun sintiéndose bien se iba en blanco.

Además, me cuenta sobre la amplia gama de garrochas que tienen los saltadores de experiencia, mientras que ellos sólo tenían una y a esa, le habían puesto otra pequeña por dentro y le echaban resina de arreglar los cascos de los barcos para que pegara y así extenderlas.

—Me fui en blanco, pero nadie ve el trabajo que uno está pasando para llegar al evento.

***

Varios han sido los métodos de los jóvenes cubanos para evitar ser captados por el servicio militar desde que este se impusiera de manera obligatoria en Cuba en el año 1963. Por eso, cuando su madre se sentó y le abrió su abanico de dos opciones, o para la EIDE o para el servicio, Lázaro Borges no se lo pensó.

Su primer entrenador fue su primo Ángel García, al mismo que años después le rompería el récord nacional. Comenzó en Ciudad Libertad por varios deportes, bien joven, hasta que, en séptimo grado, se enfrentó por primera vez a una garrocha. 

—Yo no sabía muy bien qué era el salto con pértiga. Entré por palanca, como se dice en la calle.

Y entró, también, a enfrentarse a un evento que no tenía ni la historia ni las atenciones de otras disciplinas. No incursionaban en competiciones, no tenían los implementos adecuados. Los entrenadores se paraban en las reuniones y explicaban las carencias, de una de las cuales, según Borges, una vez estuvieron a punto de botarlos del equipo nacional por molestar con los mismos temas y ser tan pedigüeños. La indicación era hacer mucho con poco.

—Optamos por no pedir más y trabajar.

Año 2009: luego de alcanzar los 5.70 m e imponer el récord de Cuba, el próximo paso de Lázaro Borges era lograr esas marcas en el plano internacional, lo cual consigue en Bogotá, en donde saltó 5.40 m. No le sería suficiente para clasificar al Mundial en Berlín de ese mismo año, para el cual se pedía 5.60 m.

2010: Borges lo considera el mejor año en el plano deportivo. Se le abre la posibilidad de participar en los eventos europeos. Hay una razón.

En los juegos del Alba, en Venezuela, se decide no llevarlo a la competencia. A la par, se hace un evento en Cuba para hacer comparativas y poder sacar al equipo que asistiría al Campeonato Iberoamericano en España. Salta 5.50 m.

El comisionado, al enterarse de la marca, pregunta por qué Borges estaba en Cuba.

—Llegó un momento en el que aquel jefe me veía en una lista y me quitaba. Había que reorganizar la lista y al primero que sacaban era a mí.

“¿Quién es el recordista del Alba?”. Lázaro. “¿Y por qué no está aquí?”. Por eso, y por muchas cosas más, se decide sacar a ese jefe de las filas de la jefatura.

Le habían quitado su traba, la piedra en el zapato que no lo dejaba andar como quería y como podía. Una vez en España, Borges salta 5.60 m y comienzan a llegar las invitaciones.

2011: su primera gira. Se hace un estudio biomecánico para la enseñanza en escuelas europeas, y Lázaro Borges es tomado como material de estudio. Su salto se consideraba muy técnico, pues al medir 1.73 m, hizo más énfasis en ese aspecto para contrarrestar su físico.

Javier Sotomayor era el mánager por aquel entonces, y le dice a Lázaro que tenía una invitación para la liga del diamante. Cuando llegan al aeropuerto para ir a Qatar, Sotomayor llega tarde. Quedando media hora para abordar y con el estuche de 5 metros en que iban las pértigas aún encima, la mujer del vuelo les dice que la bodega del avión ya había cerrado. O se quedaban las pértigas o se quedaban todos.

—Sotomayor se vira y me pregunta qué iba a hacer. Le digo a mi entrenador Rubén Camino: yo me voy. —Avanza, le respondió este—. Me monté y le dije a Soto que cuando llegara teníamos que pedir pértigas prestadas.

Se las pidieron a un ucraniano, al cual le ganó con sus propias pértigas, pues llegó a saltar 5.60 m y quedó tercero.

—Después se hizo amigo mío.

Con las miras ya puestas en el Mundial, van a una gira de 14 competencias previas al evento. Había saltado hasta 5.70 m, pero la marca de inscripción era de 5.72 m, por lo que aún no había clasificado.

El concentrado de los clasificados sería en España. Antes, hay una competición en Ávila, provincia del propio país. Quien hiciera la marca se quedaba, el que no, regresaba en ese instante para Cuba. Otra vez, el todo o nada, la presión.

—El jefe técnico se acerca y me dice: “Lazarito, se te trajo a esta competencia para saber si tú hacías la marca para clasificar, pero tranquilo, que como sea vas a ir”. Se me fue toda la presión.

Borges saltaría el 5.72 m, récord para la competencia y que lo clasificaba por derecho propio. No tuvo que esperar las gestiones del país para pagarle el boleto y ponerlo como invitado.

Justo antes de partir al Mundial, tuvo otra competencia en Pamplona, donde volvería a imponer récord nacional con 5.75 m. Además, le sería muy útil, pues pudo conseguir tres pértigas debido a una clínica en la que participaron.

—Me catapulta al número 8 del ranking mundial. Me sentía bien, fue un ensayo del Mundial.

***

Lázaro Borges se queda en shock. El mismísimo Steve Hooker, campeón y recordista olímpico de Beijing, le había dado palabras de aliento. No solo eso, también sabía quién era. Puede que para el mundo fuese un completo desconocido, y lo era, pero en la Villa, cuando estaban entregando la ropa para el Campeonato del Mundo, el australiano se le acercó y le dijo: “Te vi muy bien, felicidades. Tienes posibilidades de estar aquí con nosotros”.

—Me crecí aún más.

Es el 29 de agosto del 2011, y Borges está sentado en la ventana de su habitación. Una amiga le pregunta sobre qué estaba pensando, pero él dice que en nada, no recuerda, estaba ido. “No pienses tanto que ya tienes que irte”, le responde la amiga.

Se va a almorzar. A las 7 de la noche tenía que estar listo. Debe salir de la Villa y dirigirse al Estadio Daegu, la sede del Campeonato Mundial de Atletismo, donde tendría lugar en unas horas la final del salto con pértiga.

El trayecto no es largo. Antes de llegar se pueden ver las montañas que colindan con el estadio y un paisaje verde y ecológico, muy característico de la Ciudad Metropolitana de Daegu. Se queda en la caseta del equipo Cuba y comienza a calentar. Adentro, el estadio tiene capacidad para 66000 personas, y aunque nunca se llena, esa noche también es la final de los 110 metros con vallas, por lo que puede que haya más público.

De pronto, Lázaro Borges se percata dónde está. Hasta ese momento se sentía en otro sitio, a lo mejor en esa ventana de su habitación pensando en nada, pero cuando comienza a ver a varios de los que hasta hacía muy poco eran método de enseñanza a través de la pantalla ahí, entrenando junto a él, es que cae en la cuenta de la magnitud.

—Empezó la competencia en 5.50, una altura que no había practicado. Lo salto, igual que 5.65. De ahí cambian a 5.75 y doy dos faul. Me dice mi entrenador: “cambia de pértiga porque esa ya no te sirve”. Lo hice y lo salté en el último intento, con buen margen. Ponen el 5.85, una marca que nunca había saltado. Si lo saltaba en el primer intento me ponía por delante de todos. Fui mentalizado y lo hice a la primera. Puse a los 6 que quedaban en jaque. Un escándalo, negrito, cubano, chiquitico, alaba´o. Nadie se lo esperaba.

Salta Renaud Lavillenie, segundo; un polaco, tercero; otro polaco, cuarto. —No importa, un buen lugar— pensó Borges.

Llegado ese punto, el salto con pértiga era el único evento por concluir de la noche. Dayron Robles acababa de ganar la polémica carrera ante Liu Xiang y todos se reunieron para ser testigos.

—Se cambia a 5.90, vengo en el primer intento y lo tumbo, pero me di cuenta de que podía darle. En el segundo intento, casi, y en el tercero…

Cae, sus manos se elevan al cielo, apuntando a donde nunca había llegado y a donde nunca más llegaría. Segundos antes, sus pies despegaban del suelo, la garrocha estaba en tensión y su cuerpo se quedaba perpendicular en el aire. Primero, pasan sus pies por encima de la varilla, luego el tronco, por último, sus manos. El salto de su vida.

Son milisegundos en los que cae desde los 5.90 al colchón, instantes que para el público pasan desapercibidos. Lo mismo para Lázaro Borges, no siente nada. Está muy concentrado, aunque las emociones estén a flor de piel. Levanta sus manos, las apunta a las gradas y ve como por poco tumban a Alexander Navas por la algarabía.

—Para qué fue aquello.

Luego, el polaco Pawel Wojciechowski tenía un intento menos que él y consigue la misma altura, con lo cual lo desplaza a la segunda posición.

—Quedábamos yo y el polaco en la lucha, pero ya había dado alrededor de 9 saltos. Estaba exhausto, no podía casi ni caminar, pasé corriendo y me di cuenta de que mis pies no daban más.

Concluye la competencia y van a la rueda de prensa. Todas las preguntas fueron dirigidas a él; una a Lavillenie, otra a Pawel Wojciechowski, y el resto, para Borges. Le preguntaron de todo, de dónde había salido, cómo había empezado, que quién era. Un desconocido acababa de ser subcampeón mundial.

Están en la Villa, se baña y se sienta en la cama, pero le da hambre. Se dirige al restaurante con Leonel Suárez, su amigo desde pequeño, y cuando entran al local, todos comienzan a aplaudir.

—Pasé y me seguían aplaudiendo, como diciendo: “ño, el negrito la echó buena”. Fue muy bonito que la gente reconociera lo que había hecho.

El presidente del INDER en aquel entonces lo llama para felicitarlo, y aconsejarle que llamara a su familia, pero Borges decide que no.

—Si lo hago en ese momento hubiese infartado a alguien, no se esperaban eso.

Expertiguista cubano Lázaro Borges
Expertiguista cubano Lázaro Borges.

***

A 12.648 km de distancia y 13 horas de diferencia horaria, ese mismo día, en el reparto los Ángeles de Marianao, la mayoría se levantaba algo antes de lo normal. En televisión estaba su vecino compitiendo en una final mundial y, como pasaba el tiempo y Lázaro Borges seguía en competencia, esa jornada nadie fue a trabajar. El barrio se movilizó. “Oye, que sigue Lazarito”, decían. Querían verlo en compañía, pues así se disfrutaba más. Hicieron una fiesta con cubos de agua para la calle y aquello parecía fin de año. Se reunían en casa de la madre, del que tuviese la puerta abierta en aquel momento y, cuando Borges dio aquel salto, dicen que la euforia fue insostenible. La madre casi se infarta, se le trabó la lengua, la familia entera llorando.

—Me llamó a los días, porque si nos hubiese llamado en el momento, no íbamos a poder hablar— dice Esperanza Rey Montalvo, la madre de Borges, mientras sigue mirando a la grabadora con desconfianza.

—Había una emoción entre la familia y los vecinos. Se formó hasta conga. Los vecinos lo han apoyado muchísimo, lo respetan, lo quieren. —Es morena, más bien baja, y usa una blusa desgastada y un short de mezclilla.

Tiene 61 años y actualmente es ama de casa, luego de ser, por muchos años, tabacalera. Vive a menos de una cuadra de su hijo, y así ha sido desde siempre. Mientras habla, Lázaro Borges baja la cabeza, como apenado, pues su madre no deja de alagarlo.

—Es muy bueno, y no porque sea mi hijo, aunque todas las madres digan lo mismo.

Según Esperanza, siempre fue muy obediente, pausado, y me cuenta sobre lo muy orgullosa que está.

—Yo siempre lo apoyé y le pregunté si estaba de acuerdo, si estaba seguro, y no me decepcionó, la verdad. Fue para adelante, independientemente de que tuvo muchos obstáculos, muchísimos, ya becado.

Esperanza no podía ir a visitar a su hijo los miércoles a la EIDE como las otras madres, pues tenía que hacerse cargo de sus otras dos hijas, además de que reconoce que fue una madre muy práctica.

—Era para que él se independizara también y supiera coger el camino que tenía que coger por él mismo. A veces, nosotros las madres apoyamos muchísimo y no nos damos cuenta de que los estamos sobreprotegiendo, y eso lo ayudó a él a ser un hombre de bien.

Luego del Mundial, el pertiguista siguió con el itinerario competitivo. Pasó dos meses más de gira en Europa, y declinó participar en la Diamond League, se sentía agotado y aún le quedaba por delante los Juegos Panamericanos. Llegó el momento de volver a casa.

—Cuando se abre la puerta veo a mi mamá en llanto, a mis hermanas, a mi pareja en aquel momento. Después, cuando salgo, veo a toda esa gente con carteles y aplaudiendo.

Al parecer la euforia no había pasado. En el aeropuerto se le había colado el barrio entero. Recuerda que le cayeron encima, todos, y no veía a más personas en la terminal que no fueran conocidos suyos.

—No sé cómo fueron, pero no faltó nadie. Quien era, quien no era, una comisión de embullo.

Llegaron a los Ángeles, Marianao, y cerraron la calle, la fiesta duró hasta las 4 o 5 de la mañana. Ese día descansó, para incorporarse posteriormente a los entrenamientos, pues tenía por delante la competencia fundamental del año para el país.

Para los juegos Panamericanos de Guadalajara ya estaba propuesto para oro. Volvió la presión, y si no sacaba oro en ese evento, salía mal en la evaluación del año, aunque hubiese sido subcampeón mundial unos meses antes.

—Toda mi vida fue bajo presión, por lo que aprendí muy bien a lidiar con ella.

Cuando llegó la delegación cubana a México para entrenar, la principal atracción era él. A donde quiera que iba eran fotos, entrevistas, se sentía un artista, una estrella de rock.

Estratégicamente, empezó alto para saltar lo menos posible. Sus principales rivales eran los norteamericanos, los brasileños y un argentino, recuerda.

Llegado a la altura de 5.70, ya Borges era campeón y, como si de un reto entre colegas del barrio se tratase, Yari, como le llama Borges a Yarisley Silva, le dice:

—Lázaro, pon récord panamericano.

—¿Cuánto es? —pregunta Borges.

—5.76 metros —responde ella.

Dispuesto a aceptar el reto, e incluso para demostrar que iba sobrado, pide 5.80 m. Lo salta, récord, saluda a los jueces, al público, y se va. No obstante, no sería tan fácil, pues como estrella que era, tenía otras responsabilidades.

-Salí del doping a las 8 de la noche y del estadio me fui a las 11. Saludando, fotos, entrevistas. Me fui en la última guagua. En la Villa fue parecido.

***

El estuche para guardar las pértigas tiene un diámetro aproximado de 40 cm y 5 metros de largo, y su transportación requiere cierto tiempo. En el caso de los cubanos, tienen que hacer diferentes escalas para ir a una competencia debido a temas de presupuesto, y en múltiples ocasiones, esto ha sido motivo de extravíos o demoras en el traslado, algo que ha llevado a que se queden sin sus garrochas a la hora de comenzar el evento.

Con experiencia en estos ajetreos, Lázaro Borges viajó a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con tres pértigas. Cada una se utilizaba dependiendo de la altura y formaban una especie de escalera por saltos. Las réplicas de la escalera decidió dejarlas en Cuba.

Por eso, cuando a Borges se le rompe su pértiga en tres pedazos al hacer su primer salto sobre 5.40 m en la clasificación, y el modelo de competencia que tenía previsto se le vino abajo, sabía que estaba en aprietos.

—En ese momento, no sabía muy bien qué hacer

Se le rompe el ciclo de la escalera, y tenía que subir a la pértiga prevista para la final o bajar a la de prácticamente el entrenamiento. La del medio fue la que se rompió. Intenta primero con la de arriba y da foul. Luego, en su tercer intento, es que logra vencer la altura con la de abajo.

Lázaro Borges no se sentía preparado para la pértiga de arriba y siguió intentándolo con la otra. Se quedó con los 5.50 m y no fue suficiente para clasificar, pues pedían 5.65 m.

—¿No pensaste en pedirle prestado una a alguien?

—En ese momento, no. Tuve varias experiencias de pedir pértigas prestadas y ganarles a ellos con sus mismas pértigas. Pero tampoco me molestaba en pedirlas, porque ya tenía un nombre, era subcampeón del mundo.

—Mucha gente repite que, después de eso, sufriste un trauma y no confiabas en la pértiga.

—No, no, no, no. El cubano no se traumatiza con nada. Con las necesidades que tiene uno, no existe ese trauma. Qué pasa: la gente, por no saber, dice eso. Que si después que se te partió no pudiste, etcétera. Obviamente, después de que se te parte una pértiga es complicado, pero es un proceso de recuperación.

No clasificar fue realmente el trauma para Borges, pues esa era la quinta pértiga que se le partía en su carrera. Fue más bien la envergadura de la competencia en que sucedió y con las expectativas que llegaba.

—¿No es tan dramático entonces?

—Para nada, lo que pasa es que no tenemos la posibilidad de reponer esa pértiga que se parte. Básicamente, es eso.

—¿Pero cuánto tiempo pasó para que pudieras adquirir otra pértiga? ¿Y las que habías dejado en Cuba?

—Hermano —se ríe.

La temporada de atletismo se acaba y llega fin de año, cuando se realiza un receso. Al finalizar y entrar en enero, Lázaro Borges se encuentra el candado del almacén roto. Se habían robado todas sus pértigas.

—¿En el almacén del equipo nacional?

—Sí. Se llevaron más cosas, pero entre ellas, todas mis pértigas.

—¿Y las de Yarisley?

—Las de Yarisley no, porque son más cortas, de más envergadura, pero menos flexibilidad —me dice, y me quedo pensando a qué se refería. Pienso en quién necesitaba que las pértigas fueran más largas o flexibles, quién usaba pértigas en Cuba además de ellos dos. Se lo pregunto.

—¿Pero, quién más utilizaba pértigas en Cuba?

—Las persiguen mucho las personas del circo.

En el circo hay un número en el que se pone una persona en cada extremo y sobre sus hombros sujetan una especie de tabla. Arriba, en el medio, se mantiene otra saltando y dando volteretas. Esa tabla es un forro, y adentro contiene otro forro que puede contener entre 4 y 5 pértigas. Supuse, entonces, que no debió ser difícil encontrarlas.

—La investigación, hasta donde yo sé, se hizo, pero nunca llegó a nada. A mí nunca llegó la información. Se denunció, se hicieron todos los pasos pertinentes, pero nada. Es complicado, incluso, ellos iban personalmente a preguntarme si tenía alguna: “Compadre, ¿tú tienes alguna pértiga que me puedas vender? Te doy 400, 500, 600 dólares”. “No te puedo vender esto, cómo se te ocurre”.

—¿Pero las pértigas no eran de ustedes?

En el 2010, que fue uno de los años más importantes en la carrera de Lázaro Borges, ya que se le abrió la puerta a Europa, el dueño de la marca de las pértigas con las que saltaba se dio cuenta de que dos cubanos estaban utilizándolas sin él saberlo, promocionándolas en eventos mundiales, europeos, iberoamericanos; todo de manera gratis. Cuba, como institución deportiva a nivel de empresa, contacta con ese hombre a través de Alberto Juantorena para comprarle algunas.

Según el cuento que le hizo Juantorena a Borges, el hombre le dijo que le iba a donar tres pértigas si compraba previamente otras tres, para cada uno. Serían seis pértigas para Yarisley y seis para Borges.

El proceso se demoró, pasó el tiempo, Borges quedó subcampeón y Yarisley, quinta en el mundial. Luego, en los panamericanos, el dueño de la marca mandó a su hijo personalmente a contactar con los pertiguistas. Los busca en la Villa y, finalmente, se encuentran en el área de calentamiento del estadio. Cuando aquello, ya Borges se defendía un poco más en el inglés, y el hijo, les dice: “Mi papá me mandó con 12 pértigas. Ya el negocio no es con Cuba, les donamos las 12 a ustedes”.

—Sí, eran mías, propias.

—¿Cuánto vale una pértiga?

—Depende la calidad. En aquel momento, las nuestras, que eran las mejores, estaban entre 18000 y 21000 dólares, cada una. Eso era para comprarlas yo. A nivel de empresa, no sé.

Las que le robaron eran las que tenía anteriormente, que las consiguió en distintos lugares. En una base de entrenamientos en Pamplona consiguió tres, en una gira otras tantas, y así. Las pértigas que lo llevaron al éxito, fueron las que se llevaron. 

Las seis nuevas no las habían tocado, pensando en el futuro. Cuando roban las otras es que las usa. Según él, eran igual de buenas, pero no eran las mismas. El peso, la distancia, requería un proceso de adaptación.

—En el salto con pértiga, la gente piensa que en un año se entrena y se salta. Para adaptarte solamente al entrenamiento, dura de 5 a 7 años. Es lo que la gente no sabe. De 5 a 7 años para llegar a un resultado x en un día.

El robo de sus pértigas significó un antes y un después en la carrera de Lázaro Borges, hecho que influyó en sus resultados. Al unísono, atravesaba una difícil situación personal, con la pérdida de su padre en el 2013 y de su primer hijo.

Él tuvo planes con su pareja anterior de tener un hijo. Cuando el niño varón venía en camino con 6 meses, se descubre que traía espina bífida. Ocurre cuando la columna vertebral del bebé no se cierra durante la gestación, y conlleva una afectación de los nervios y la médula espinal. La enfermedad tiene varios tratamientos, pero no una cura.

Los sientan en un salón y el doctor, junto a una psicóloga, se los explica. En este momento, la voz del expertiguista se vuelve baja y se queda mirando al piso, le costó recordar.

—Nosotros decidimos entonces no tenerlo. Éramos jóvenes en aquel momento, nos lo dice la psicóloga: “Tú eres bastante fértil, no hay necesidad de que lo tengan”. Tenía 23 o 24 años.

Lázaro Borges se fue degradando por esas cosas, además de por decisiones de la jefatura. No fue la misma confianza a partir de ahí, ni por parte de los directivos ni de él, a pesar de que estaba entrenando muy duro y sintiéndose en buena forma, pero las nuevas pértigas le quedaron por debajo de su nivel.

Luego de Londres, lo máximo que llegó a saltar fue 5.70 m, y, tras su retiro, donaría las pértigas al equipo nacional.

Expertiguista cubano Lázaro Borges
Lázaro Borges.

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Yirisleidi Fort Carbonell se crio en Sancti Spíritus y fue miembro del equipo nacional de atletismo en la modalidad del lanzamiento del martillo entre 2004 y 2016, además de ser, por mucho tiempo, la segunda figura después de Yipsi Moreno. En su último año participó en los Juegos Olímpicos de Río, pero no pudo clasificar a la final. También es la pareja de Lázaro desde hace casi 7 años, según ella, aunque él dice que cumplirán 6 en septiembre.

—Nosotros nos conocemos de siempre —me dice Yirisleidi en el portal, mientras Nayet y Layet juegan alrededor nuestro. Viste camiseta y short de mezclilla y tiene la misma estatura de Borges, además de un pelo muy cuidado. Habla rápido, tiene muchas labores aún que hacer en la casa.

—Pasábamos al lado del otro, no hablábamos, pero como éramos del mismo deporte nos veíamos. Él tenía su pareja, yo la mía. Pero siempre, después de tanto tiempo, nos dimos cuenta de que nos llamábamos la atención. Pasaron los años, y ya casi antes de retirarnos, yo fui la que decidí ir hasta donde estaba él, y hasta el sol de hoy.

Luego de su regreso de Río, a Yirisleidi Fort se le dio baja del equipo nacional: se vio, entonces, con 26 años, sin una vía clara para su futuro. En el sistema deportivo cubano la planificación se hace por ciclo olímpico. Si el atleta no cumple con los requisitos o deja de ser de interés, deciden darle baja del equipo nacional, aunque, como en el caso de Yisrisleidi, haya asistido a la competencia fundamental y estado en su mejor forma deportiva.

—Ahora tengo la mejor medalla que son mis niñas. Me fue mejor —me dice, mientras se ríe.

—¿Qué hiciste cuando te retiraron de la selección?

—Nada. Cuando yo salí, después de toda una vida entrenando, uno no sabe hacer más nada. Yo me vi afuera, y no sabía qué hacer. No voy a ganar dinero, no voy a viajar, qué hago. Empecé a llorar mucho.

Lázaro Borges la ayudó, le dijo que no era el fin del mundo. Con su salario se iba resolver, trataron de inventar algo. Decidieron tomar el fondo monetario que tenían e invertirlo para hacer un negocio.

—Empecé a arreglar uñas, de todo un poco. Todo lo que yo sentía que pudiese darme dinero, lo empecé. Después, una amistad tenía un negocito de las extensiones, vendían pelitos. Me fui metiendo adentro, me gusta el tema de la peluquería desde la escuela becada. Y hoy tengo mi pedacito montado, tengo mis clientas, tengo una vida. Si no fuese por Borges.

Yirisleidi se mantiene superándose y, nuevamente, gracias a la ayuda de Lázaro y de su mamá que vive en España, se encuentra pasando cursos profesionales de peluquería.  

La convivencia en el hogar ha sido un constante aprendizaje para ambos. Fue como lanzar a adolescentes, pero con 30 años y todas las responsabilidades de un adulto, a las labores cotidianas. Una vida dedicada exclusivamente a entrenar, tenían que aprender prácticamente de cero, y a eso, agregarle la llegada de las jimaguas.

—La mamá es él y yo soy el papá. Siempre se lo digo a la gente, en el buen sentido, porque después de que tuvimos a las nenas, él seguía entrenando y yo estaba afuera. Tenía que venir del entrenamiento a ayudarme, porque éramos nosotros dos solos, y aprendió a hacerlo todo. A bañarlas, a darle la leche, a preparársela, a darle la papilla, todo. Yo trabajo mayormente hasta tarde, a veces tengo que ir a casa de la gente, y quien se queda con las nenas es él. Hay días en los que pasa más tiempo con las niñas que yo. Las dos somos mamás —termina Yirsileidi, quien se levanta rápido y se despide. —Déjame adelantar aquí con mis niñas que se quedan sin comer.

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Ya son casi las 7 de la noche, y sigo sentado en el portal en dos sillas pequeñas junto a él. Leyet y Nayet no se cansan y mantienen su juego al lado de nosotros. El sol comienza a esconderse detrás de los árboles,  y Esperanza y Yirisleidi están en la cocina.

Lázaro Borges me cuenta que siempre dijo, de jarana, que iba a tener jimaguas, que iba a abrir por la puerta ancha y que, de una vez, iba a salir de eso, por lo que, aunque lo decía en modo de broma, confiesa que era un deseo que tenía.

La noticia la recibió en una nota en la puerta del refrigerador, en el que recuerda que apuntaba: “sé que tenemos planes este año, pero viene alguien a nuestras vidas a desorganizarnos los planes”, y al lado, un test de embarazo positivo. Recuerda, también, aunque me parece que se lo contaron, que cogió una borrachera que se durmió sentado.

Cuando van a su primer ultrasonido, la doctora pregunta por el padre y le pide que se siente. Él temió lo peor, pero enseguida lo tranquilizaron, sólo querían que se sentara. “¿Ves estas tres manchitas de aquí? Pues esas son tus tres hijas”.

“Tírate un ‘sogazo’, ve y habla con el INDER para que te den una casa”, era el chiste que cuenta que le daban los conocidos.

—La tercera fue un coágulo de sangre, que pensaron que era un bebe, y quedaron estas dos bellezas que tú vez aquí —me dice con las dos bien cerca de nosotros, formando prácticamente parte de la entrevista.

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Varios sucesos habían alterado el final de la carrera de Borges. Además de la situación personal y el robo de las pértigas, que lo llevaron a un bajón en su rendimiento, la confianza de los directivos volvió a flaquear como al comienzo de su carrera, y las competencias escasearon.

Fue duro verse tan fuertemente criticado luego de todo lo que había logrado en una disciplina que no tenía la historia ni las condiciones para salir adelante. Sobre los comentarios de la comisión nacional y los de ciertos profesores -aunque confiesa que esto no le afectó-, sentía que no estaban siendo justos.

Todo eso fue pasando hasta que falleció su entrenador Rubén Camino, y, estratégicamente, pasa a ser de Alexander Navas, entrenador de Yarislei Silva.

—Me volvió a insertar en competencias internacionales y me dio ese voto de confianza. Aprovecho para darle las gracias por todo lo que hizo por mí.

Aunque Lázaro Borges se mantuvo estable un tiempo, nunca fue como en aquellos años de gloria. Conseguir pértigas le resultó mucho más complicado, y las suyas seguían sin ser las adecuadas.

El cambio de dirección en el atletismo en Cuba también resultó un problema, pues con la nueva comisionada, Yipsi Moreno, las cosas resultaron más difíciles.

—Comenzó a tener actitudes con el atletismo y los atletas que en el momento no eran adecuados. Las formas, el trato. Yo realmente debo agradecerle de cierto modo. Fue una de las personas en las que me basé para ser Lázaro Borges, pues fue una de las figuras emblemáticas del atletismo cubano, como Yoandri Betanzos, Leonel Suárez, Yarelys Barrios, Javier Sotomayor, Iván Pedroso, todos ellos. Pero lo cortés no quita lo valiente: Como directiva, al menos en mi tiempo, dejó mucho que desear.

El último evento de Lázaro Borges serían los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Sus hijas ya tenían tres meses de nacidas, y recuerda que fue muy duro dejar a su esposa con las dos niñas en casa. Quería pasar más tiempo con su familia y así lo decidió.

A su regreso, se sienta con Alexander Navas y le confiesa que quería retirarse, pero poco a poco, en parte para aprovechar el pago del equipo nacional.

A las glorias deportivas se les da un período de 6 meses para incorporarse a algún centro de trabajo luego de su retiro, donde les pagan el total de todas las medallas alcanzadas durante su carrera. Si luego de ese tiempo no se han integrado en ningún centro, el pago es finiquito. Lázaro Borges no esperó a esto, y se encuentra trabajando desde ese entonces en un combinado deportivo, recibiendo el pago por todas sus medallas y un salario como trabajador, ya que es licenciado en cultura física.

Primero incursionó como entrenador, pues tuvo en algún momento aspiraciones de llegar al equipo nacional en esa nueva función, pero hace muy poco lo promovieron a director del centro Juan Manuel Márquez, en Marianao: “por mis cualidades, por ser gloria deportiva, por ser militante del partido, por la influencia que ejercí en mis alumnos en el poco tiempo que estuve como profesor”, dice.

Pasó de profesor a director del complejo. Según me cuenta, las exigencias son distintas y sus funciones ahora son más administrativas. Sus aspiraciones han cambiado.

—Desde mi posición, tengo otros puntos de vista. La mente se te abre un poco más a otras posibilidades. Ya no como entrenador, sino como directivo.

https://youtu.be/N-lKibPciJk

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Desde esa visión más amplia de él, primero como atleta, luego como entrenador y ahora como directivo, le pregunto a Lázaro Borges sobre la actualidad del atletismo cubano.

—¿Qué crees que debería cambiar el atletismo cubano?

—Para mí, el atletismo cubano tiene muy buen futuro, porque casi el 80% de los resultados que se están teniendo son de atletas jóvenes. Juan Miguel Echeverría (en el momento de la entrevista aún pertenecía a la Federación), Maykel Massó, Lázaro Martínez. Juventud para avanzar tiene.

—¿Pero en tu tiempo no era así, incluso hasta mayor?

—En mi tiempo éramos más, un grupo más grande, pero éramos todos contemporáneos. Y ya estaban saliendo estos muchachos, que comenzaron a tener resultados desde bien temprano. Hacía mucho tiempo no teníamos saltadores de esas perspectivas, como Luis Enrique Sayas. Yo creo que la base del atletismo está bien posicionada, porque juventud tiene con mucho talento.

—¿Pero no te da la sensación de que cada vez son menos?

—A ver, todo es por algo, como la situación que atraviesa el país con estos dos años de Covid. Ahora mismo, por la situación en que se encuentra la economía. Viendo tantos atletas jóvenes con muchas posibilidades que están desertando, pidiendo baja, compitiendo por otros países, o sea, todo eso la juventud lo ve. Es algo difícil, porque todo el mundo quiere el bien para su familia, económicamente quieren sentirse bien. Yo creo que eso es lo que está atacando al deporte cubano, no solo al atletismo. Como el país no tiene para sustentar, la juventud del deporte está pensando de otro modo, por decirlo de alguna manera.

—Yo recuerdo que en mis tiempos los pensamientos eran completamente diferentes a los de ahora. No se puede comprar. Nosotros pensábamos en entrenar bien, competir bien, para llegar aquí y disfrutar entre nosotros. Recuerdo que en una gira planeamos qué hacer cuando llegáramos a Cuba, en ir a una discoteca que sonaba mucho por aquel tiempo.

—Esa era el sueño de nosotros, compartir, sentirnos bien, como juventud al fin. Nosotros nos retroalimentamos de las historias que nos hacían Iván Pedroso, Javier Sotomayor, Anier García. Ellos hacían los cuentos y nosotros queríamos hacer básicamente lo mismo. Nuestros cuentos y hacer locura.

—Esa retroalimentación bonita que tuvieron con nosotros, intentamos hacerlo con la sangre nueva también, pero, tocó la casualidad que vinieron los dos años de Covid, la situación del país se agravó.

—¿Piensan un poco más en su bienestar los muchachos de ahora?

—Completamente diferente.

—¿Y eso lo ves mal? Algunos siendo jóvenes piensan en llegar a lo más alto, pero también piensan en cuando se retiren, y tener la vida algo resuelta, con sus cosas.

—Realmente sí, esa es la aspiración, lo que pasa es que no todo el mundo se retira con una carrera.

—Tú fuiste subcampeón mundial.

—Sí, pero a veces hay boxeadores que tienen muchas más medallas que yo y tienen mucho menos que yo. Eso va también con la persona. Mi abuela siempre me decía: “Guarda pan para Mayo” y quien no guarda, cuando se retira no tiene nada: lo gastaste todo y ¿qué hiciste? Así tampoco.

—Pero eso tampoco son todos los casos.

—Ya eso como que cambia hace un tiempo para acá, con lo que son los premios beneficiarios del atletismo. Recuerdo que en mi tiempo solo era el 15% de todas las ganancias que tuviste en el año y ahora es el 80%. Sigue habiendo problemas con esto, es verdad, porque ahora el monto es mucho más grande, se demoran más en pagarlo, pero bueno. Al final, cuando te lo logran dar, es algo económico bastante grande. Imagínate ser medallista mundial, ganar varios mítines de la liga del diamante, el 80% de todo eso. Hoy por hoy, se puede un poco más.

Lázaro Borges me sigue contando. Su perspectiva como directivo y papel activo dentro del atletismo cubano en la actualidad puede ayudar a esclarecer ciertos temas.

—El atletismo es uno de los deportes en este país que camina prácticamente solo. Solo hay que llegar a un consenso y tratar de hacerles ver a los entrenadores que son los mayores beneficiarios y más afectados, que tenemos que tener una sola visión. Directivo, entrenador, cuerpo técnico, médico, psicólogo, todos, en beneficio del atleta, porque sin ellos, ninguno de todos los otros, incluso hasta el INDER, tuviésemos trabajo. Eso hoy en este país está al revés.

—Se piensa primero en el beneficio del directivo que en el del atleta.

—Claro. La gente ya se quedaba antes del Covid, desertaban, porque había muchas cosas mal. Siguen habiéndolas. Hay que pensar como uno, como dice Díaz-Canel, hay que pensar como país. Yo te aseguro a ti, y por experiencia propia, que un atleta bravo, molesto, no te compite bien, incluso hasta te deserta, porque experiencia tuve, muchísima.

—¿Nunca te pasó por la cabeza? —y, sin terminar la frase, me responde:

—Nunca me pasó por la cabeza. El pensamiento era diferente. Hoy por hoy, todas mis amistades, el círculo deportivo, ninguno desertó. Todos terminamos nuestras carreras aquí, y cada cual tomó su camino. Influencia hubo en su momento, porque era un piquete que casi todos teníamos resultados, era complicado, pero bueno, éramos bastante unidos y no teníamos ese pensamiento.

Lázaro vuelve a hablarme sobre el pensamiento de la nueva generación. Cree, fervientemente, que esa es una de las causas.

—Ya hoy eso cambió. No te sé decir qué están pensando los muchachos, porque no soy quien para meterme en la cabeza de nadie. Pero sé que es diferente. Si un atleta se siente bien, si le das economía estable, si le das atenciones, aunque sean las mínimas, ese atleta no se va a ninguna parte. A mí no me dieron ningún tipo de condiciones ni de atención, pero yo me sentía bien.

—¿Y crees que sea porque están haciendo mal su trabajo los directivos?

Lázaro baja la voz, como si temiese que alguien lo oyese: —Es complicado, es complicado, no quisiera meterme ahí. Por eso en el INDER a cada rato…

—Sucede algo.

—Sucede algo, entonces, ahí te das cuenta. ¿Por qué suceden esas cosas, cuando nosotros que en realidad somos los que producimos, no tenemos nada? Hay que ir a ver el Cear Giraldo Córdova Cardín en Habana del Este, la escuela del equipo nacional juvenil y ahora, el de mayores también. Hay que ver cómo está eso, ahí no se puede vivir. Aquello está deprimente. Es complicado para el atleta cubano.

—A lo mejor es que los atletas jóvenes están viendo esto, y ustedes lo veían con otros ojos.

—Claro, pero son otros tiempos realmente. Mi ejemplo: yo cuando competía no estaba pensando ni en el comisionado, ni en el país, ni en nada. Lo hacía simplemente porque me gustaba, apartando que económicamente me iba a beneficiar, pero me gustaba realmente lo que estaba haciendo, y no me importaba tanto si me pagaran bien o mal. Es mi pensamiento particular, y estoy seguro de que hoy no se piensa así. He conversado con varios y están pensando en lo que le van a pagar. No estoy diciendo que no lo pensé, pero me gustaba. Las redes sociales han abierto un poco más, y la necesidad hoy está bastante dura. Son otros tiempos, el país está pasando por una situación difícil, entonces la gente al palo que ven para agarrarse, se agarran.

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Borges guarda con especial cariño la primera vez que rompió el récord nacional. “Fue una galleta sin manos a mucha gente”, dice. Sobre sus primeros Juegos Olímpicos en Beijing: “Aquello fue impresionante” y, por supuesto, del subcampeonato mundial: “fue muy bonito el apoyo y el respeto de tanta gente grande en aquel momento, incluso Usain Bolt se acercó a saludarme”.

—El récord panamericano ese mismo año en Guadalajara y por último el nacimiento de mis hijas. Fue una época linda de mi vida y lo volvería a repetir 50 veces. No lo cambiaría. No me arrepiento de nada.

Me confiesa que normalmente la gente lo recuerda por la partidura de la pértiga en Londres. No le gusta, quisiera que fuera por todos sus otros logros. “Mi difunto padre me decía que a los grandes se le recuerda siempre en la cima, y quisiera que fuese así”.

A Lázaro Borges le gusta el básquet, es su segundo deporte favorito. Es seguidor de LeBron James y del Real Madrid, y su música favorita es el hip hop, los clásicos.

—Mis artistas favoritos ya casi hoy no cantan. Snoop Dogg, Dr Dre, Eminem, 50 Cent. Clásicos. Se han dedicado a producir. The Notorius, Tupac.

Esperanza me trae un pan y un jugo, que me vino como agua en el desierto. Una de las jimaguas dice: “¿y yo, abuela?”, y le responde Borges: “dale, dale”. Nos reímos. Ya era de noche, salir de ahí iba a ser complicado con una bicicleta, y mientras termino el pan rápido para irme, el expertiguista que un día tocó la gloria, afirma:

—Toda Cuba es deportista, y saltan y corren con uno. Para eso también lo hacemos. Tú te paras en la pista, y las cámaras te están enfocando y tú sabes que toda Cuba te está viendo. Eso nace con el cubano. Y si lo haces mal te critican porque sí, porque tú eres cubano y eres guapo y eres bueno. Y así es la cosa.

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