Desde lo deportivo, presentar al pelotero cubano Omar Ajete sería una tarea muy fácil. Fue campeón olímpico, mundial y panamericano, de series nacionales, y selectivas, etc. Sin embargo, ante el primer estrechón de manos, y un par de palabras intercambiadas, quedaron a un lado los títulos y logros.

Todo comenzó a fluir de manera natural, así como la sonrisa que va regalando a todos los que pasan por nuestro lado mientras caminamos por el estadio Capitán San Luis, de la provincia Pinar del Río, donde ha pasado casi toda su vida. En ese mismo estadio, escribió muchas historias, tanto de alegrías como de dolor, antiguas y también recientes.

Omar Ajete no es solo béisbol. Camina distante de todos esos honores que se ganó con mucho sacrificio y sudor; el mismo sudor que recorre su rostro mientras hablamos de los actuales avatares de la vida cotidiana que le golpea con la misma fuerza como a cualquier mortal de esta Isla. Ni siquiera las medallas lo hacen inmune en estos tiempos de continua lucha y batalla por las necesidades más básicas.

Terminamos el recorrido por la instalación y, sentados en las gradas, justo detrás del home plate, su mirada pocas veces se desvía hacia el diamante, en donde se lleva a cabo un partido de béisbol. El zurdo continúa recordando sus inicios allá en el poblado Las Verbenas, del municipio pinareño de San Juan y Martínez, el sitio en que nació. “De donde es Yosvany Peraza. Jugué con su papá Charles, quien también era receptor”, cuenta.

“Una tía, Anita Méndez, habló con el difunto Luis Orlando Lazo, alias El Piqui, quien fue receptor del equipo Vegueros para que me iniciara en el béisbol. En aquel entonces, yo estudiaba en Guane y no se estaba practicando el deporte. Sin embargo, con tal de no ir al taller a mecanear, me fui para el levantamiento de pesas, y fue el primer deporte que yo practiqué con apenas 13 años de edad. Eso me ayudó bastante”, dice.

Omar Ajete comenzó en el béisbol como jardinero central. Se encaramó por vez primera al montículo, en un Campeonato Provincial Juvenil, sin todavía completar la edad requerida para su participación en el mismo.

“Luis Orlando Lazo me preguntó si tenía miedo de pichear y le respondí que no. Él me veía calentando en los jardines y notó que tenía un brazo potente, y me dijo, ‘vas conmigo a los Juveniles’. Me enseñó el agarre de la curva, ya que nunca había lanzado antes”, explica.

“En ese torneo, lancé dos juegos contra los equipos Sandino y San Cristóbal, con 12 y 14 ponches, y no se me olvida que, contra San Cristóbal, había un atleta quien después se convirtió en un íntimo amigo mío, Luis Hernández, alias El Zurdo. Luego, pasamos mucho tiempo en la Serie Nacional”, añade.

Aquel zurdo no pasó desapercibido ante los ojos de los entrenadores, quienes se fijaron en él.

“Cuando me hicieron la prueba, Román Suárez me pide el carné de identidad, le muestro la tarjeta del menor y me dice: ‘vete para la EIDE, que el próximo año es que tú entras’. Ya estando allí, fui a un Campeonato Nacional Escolar en Matanzas, en la categoría 15-16, ganamos y también se ganó en la 13-14 en la que se destacó Omar Linares”.

Omar Ajete como pelotero
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Omar Ajete como pelotero

Las Series Nacionales, la profecía de Jorge Fuentes y el equipo Cuba

En 1983, Omar Ajete llegó a la Serie Nacional, para el inicio de una carrera que incluyó 16 temporadas. “Fue algo muy grande para mí. ¿Qué me iba a imaginar encontrarme entre tantas figuras, como Rogelio García, Luis Giraldo Casanova y Félix Pino? Yo estaba impresionado y estando en la EIDE, me preguntaba si algún día estaría al lado de ellos y así fue”.

Al concluir su tercera campaña doméstica, el zurdo hizo su entrada en el Equipo Nacional, con lo cual, hacía realidad una profecía de Jorge Fuentes, uno de los más grandes directores de la pelota cubana, años antes.

“Cortina me dijo: ‘el año que viene estás con el equipo Forestales. Ya cuando comencé el entrenamiento, que jugué la Provincial con San Juan y Martínez -que el difunto Fidel Linares dirigía- me traen a los entrenamientos y Jorge Fuentes me veía cada vez que calentaba el brazo. Entonces, habla con Charles Díaz y le dice: ‘ese zurdo me lo llevo con Vegueros, que en menos de 3 años está en el equipo nacional y así fue, no los hice quedar mal, y nunca me dijeron nada personalmente. No obstante, el trabajo y el rendimiento hicieron que llegara allí. No se me olvida que Casanova, cuando llegamos a Pastejé, México (a un campo de entrenamiento en 1987), me dice: ‘Si pones de tu parte, vas a estar en el Equipo Nacional por el tiempo que tú quieras’. Le dije, yo dije: ‘si es por rendimiento, voy a luchar!”.

Los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987 fueron su debut dentro del equipo de las cuatro letras, y el comienzo del camino que lo elevó a lo más alto dentro de los lanzadores cubanos. En ese mismo torneo, le tocaría cerrar la final ante Estados Unidos, el eterno rival en la arena internacional.

“A Pablo Abreu le dan la misión de arrancarle la cabeza a Ken GriffeyJr.que era la principal figura del equipo estadounidense y no fue así. En el primer inning nos hicieron cuatro carreras; después, comienza a llover y Vargas estaba en el bullpen porque había dos receptores nada más, Juan Castro y Pedro Medina. Entonces, pregunta: ‘Caballero, ¿quién será el que se lleva el gato al agua?’. Yo ni me imaginaba que iba a trabajar en ese partido, y cuando se pone 9×4 me traen a relevar.

“Estaba calentando, pensé que me llamarían con el juego desfavorable para nosotros, me dieron ánimo los propios atletas, pues siempre tuvimos mucha hermandad. Casanova hablaba mucho conmigo, me decía: cuando te chifle, recuerda que es que flexiones la pierna. Pedrito Pérez, el entrenador de picheo a quien me hablaba algo, le decía: ‘no le digan nada, que es novato, para que no se presione, que le haga caso a Casanova nada más’. En 4 y 2 tercios que lancé me dieron un solo hit, que fue de Tino Martínez.

“Algo que no se me olvidará nunca: estando en la Sala Universal de la FAR -yo había lanzado contra Estados Unidos en el Latinoamericano y el Comandante preguntó por mí, me vio en el tope (que no se me olvida le propiné dos ponches a Frank Thomas, quien llegó a las Grandes Ligas). Fidel conversó conmigo en el Latino y luego preguntó: ‘¿Dónde está el zurdo chiquito de Pinar del Río?’. Nunca pensé verlo frente a mí, cuando me saluda, estira la mano y yo la mía y me dice: ‘hay que ganar allá, y le dije que sí. Cuando voy a recoger la mano, me hala otra vez y me repite la frase. Me puse tan nervioso que no sé si me senté, si me agaché, no sé nada”, cuenta.

A los años de gloria de aquella generación, también los acompañó una hermandad que trascendió entre ellos los terrenos y también el tiempo. “El hermano mío fue Tati Valdés, me ayudó enormemente, aprendí a relevar por él, que en el equipo nacional realizaba las dos funciones. Nosotros nos llevamos bien, no había malicia, pues, por ejemplo, si Pablo en un evento no estaba bien, le dábamos ánimo”.

Barcelona: el béisbol y los Juegos Olímpicos

En los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 hacía entrada por primera vez el béisbol a estas citas estivales. También, sería la primera de tres participaciones para Omar Ajete, pero ninguna sería tan especial como la primera, por todo lo que significó.

“Fue la más grande para mí. Osvaldo Fernández lanzó 11 innings, Rolando Arrojo también al igual que yo, y a ninguno de los tres nos hicieron carreras. Cuando regresamos de Barcelona estábamos en Mulgoba y me dice Diego Méndez: ‘Ajete, ¿por qué Jorge no te puso abrir, aunque fuera, un juego? ¿Tú no sabes que con un out más hubieses sido el primer lanzador cubano en una Olimpiada con el mejor promedio de carreras limpias?

El mismo le pregunta a Jorge y este le respondió: “¿Abrir contra quién? ¿A quién traía para relevar? ‘A cualquiera’, le dijo Diego. ‘No, ese era Ajete’, respondió Jorge.  Y este le dice: ‘al que te iba abrir al otro juego’. A lo que Jorge respondió: ‘¿Y cuando llegara a La Habana que el Comandante me preguntara por qué puse a Ajete a abrir si era el relevo?”.

“En Barcelona, en el abanderamiento, vimos de cerca al famoso Dream Team de baloncesto estadounidense. No se me olvida que el esgrimista Elvis Gregory saludó a Michael Jordan y dijo: ‘esta mano no me la lavo en lo que me queda de vida”.

Aquel jonrón en una recordada exhibición en Puerto Rico

En diciembre de 1993, vistiendo el uniforme de las cuatro letras, fue parte del equipo que participó en el partido de exhibición ante los Senadores de San Juan en Puerto Rico y desde el montículo recibió el cuadrangular de Javier López que sirvió para definir el encuentro.

“Muchos me dicen: le tiraste recta y en ese juego ya había dos outs, pero el bateador anterior me dio hit al derecho. Pedrito Pérez, el entrenador de picheo, nos dijo a Valle y a mí: ‘a Javier López, el receptor, no le tiren rectas que es buen bateador de bolas rápidas. El lanzamiento que yo le hago fue una slider, lo que el lanzamiento no hizo nada”, recuerda.

“Más allá del resultado, aquel encuentro constituyó todo un acontecimiento en Puerto Rico. Cuando se acaba el partido, nosotros estuvimos como dos horas en el club house esperando a que los aficionados se dispersaran del estadio. Aquello fue una fiesta, había hasta cordones de policías”, añade.

“Al llegar, todos los aficionados decían que desertáramos, incluso, hubo uno que me dio 250 dólares por mi guante, porque lo quería de recuerdo. Le dije que ni loco me des de eso, no se me olvida que Tati Valdés fue quien le vendió el guante al hombre. Cuando se acabó el partido, el señor llega al hotel buscándome y yo que no y Tati me dice: ‘¿qué es lo que quiere él? ‘Él me está diciendo de vender el guante, pero yo no quiero, porque lo tengo de reliquia. Tati me quitó el guante, se lo dio, cogió los 250 dólares. Él cogió 100 y me dio 150, pero le dije, vamos a repartir entre hermanos, coge otro poquito más. Fue una mitad para cada uno”, recuerda.

Atlanta 1996 y los retiros masivos de la pelota cubana

En 1996, Omar Ajete regresa a los Juegos Olímpicos, a la ciudad estadounidense de Atlanta, en donde Cuba volvió a llevarse el oro en el béisbol, ante Japón, en un juego final recordado por los tres cuadrangulares de Omar Linares.

“Ahí hubo una marañita: el único que no bateó avisado fue el difunto Miguel Caldés. Albertico Hernández era el regular, pero por un problema de disciplina determinaron que jugara Juan Manrique. El bullpen de nosotros estaba en el jardín derecho y había una malla. La parte detrás era el bullpen y por fuera era zona de foul, pero Albertico está mirando al segunda base de Japón que tiene el guante delante y se da cuenta de que le está dando la seña al jardinero derecho. El abridor explotó rápido porque se le bateo avisado.

“Albertico dejaba el brazo caer para abajo cuando era recta, curva lo dejaba arriba y cuando no la cogía se separaba. Enseguida, él fue al dogaut y dijo señores: ‘Miren para el right field’. Algunas conexiones fueron avisadas, los bateadores cubanos tenían mucha calidad, no necesitaban batear avisado, pero surgió esa posibilidad ante un picheo profundo”, cuenta Omar Ajete.

Antes de esos Juegos, en el propio 1996, pudo sentir lo que se preparaba alrededor de varios integrantes del equipo nacional sobre el retiro masivo al siguiente año. “Cuando regresamos en 1996 de Japón estábamos entrenando José Ariel Contreras, Pedro Luis Lazo y yo en el Estadio psiquiátrico de La Habana. Ese día llegamos un poco tarde y me dice Antonio Scull: ‘Monstruo, pregunta, que me parece que tú no estás en este listado’. Le dije al suegro y a la esposa mía que esperaran, pues si no estaba en el equipo, no tenía como regresar a Pinar.

“Fui a donde estaba Pedrito Pérez, entrenador de picheo, y me dijo que me apurara para incorporarme al entrenamiento. Me dije que, si él me decía eso, era porque estaba. Pero también pensé: ya sé que para la próxima no van a contar conmigo, porque si me están anunciando desde ahora”.

En 1997, llegó lo que de manera muy sutil le había sido anunciado un año antes, algo que lo llevaría a otro camino en su vida.

“Fue decisión de la Comisión Nacional y la explicación fue que estaban renovando el equipo nacional. No se hicieron reuniones, fue algo similar a lo que le hicieron a Casanova, cuando fue líder en cuadrangulares en la Copa Intercontinental en España y luego en el torneo José Antonio Huelga en Sancti Spíritus bateó de 22-11, y no lo llevaron al Panamericano porque no lo tenían contemplado en el ciclo olímpico de 1992”, explica.

Uno de los más dolorosos momentos en la carrera de Omar Ajete

En 1990 temporada, en la que logró 14 victorias en la selectiva, paradójicamente, atravesó uno de los momentos más dolorosos en su carrera con Pinar del Río.

“Lancé un miércoles contra El Duque Hernández en el Capitán San Luis y gané 2×1, y el jueves abrió Remigio Leal. El caso es que vine, había un chequeo de emulación y la dirección del Inder y otros, todo el mundo achacó que perdimos ese día, porque yo vine vestido de civil al juego. Pero si yo había hecho mi trabajo, ¿tenía que hacerle el trabajo a los demás lanzadores del equipo? Ese año, no se me olvida, Israel, el subdirector en actividades deportivas, me dijo: ‘hay que llamar a la Comisión Nacional de Béisbol, que hasta hoy el compañero es miembro del equipo nacional’. Mi esposa, Isabel Cristina Madera, tiene el periódico guardado y en la parte deportiva salió un cintillo grande que decía: Ajete, el gran ausente del jueves. Eso no se me olvida nunca en la vida, me dolió muchísimo, pero gracias a María del Carmen Concepción y Fidel Ramos, que era Secretario del Partido en la provincia, que me defendieron”.

El regreso al equipo Cuba y la caída dolorosa en Sídney 2000

Omar Ajete, al igual que otros de sus compañeros, participó en ligas extranjeras. En el caso del pinareño, lo haría en Colombia, Nicaragua y Japón, y en este país, se dio la conversación en 1999 que lo traería de vuelta al equipo nacional.

“Fueron Juan Suárez, Jorge Fuentes y Pedrito Pérez. Pedrito me pregunta: ‘Zurdo de Oro, ¿cómo te sientes?’. Le dije: ‘si juego la Serie Nacional voy a Sídney. Estoy tirando 94, 95 millas y haciendo 150 lanzamientos todos los días con intensidad en el bullpen, no me siento ni los cayos’. No se me olvida que Jorge me dijo: ‘tienes 34’ y le respondo con estas palabras: ‘Joven no es quien sea, sino quien lo quiera hacer con su propia voluntad’. Pedrito Pérez me dio una nalgada y me dice: ‘eso es lo que quiero. Cuando llegues a provincia te preparas, el interés nuestro es que vuelvas al equipo Cuba ya que los zurdos en Winnipeg tuvieron problemas’.

“Mira como fue el resultado, que ese año gané 7, salvé 8 y perdí uno. Cuando integré el equipo de Pinar, le pedí a Alfonso Urquiola que, después de casi 3 años, que no me pusiera aquí en Pinar, que fuese en otra provincia para el prearranque. Me trajo aquí mismo en el Capitán San Luis contra Frederich Cepeda. Lancé dos bolas sin strikes y comenzaron a gritarme desde las gradas. Miraba para el dogout y quería arrancarle la cabeza a Urquiola. Al final lo retiré. En el otro inning, todo perfecto y Urquiola me dijo: ‘¿Dónde está el miedo? Lo que hay es que imponerse y enfrentar al enemigo”.

Sídney 2000 fue el retorno al equipo nacional de Omar Ajete y su función en aquel equipo sería la de enfrentar a Japón, Estados Unidos y Canadá, por su gran cantidad de bateadores zurdos. Una mala preparación personal anunciaba lo que sería el desenlace final en aquel evento.

“En la preparación le di un pelotazo a Yasser Gómez en la cabeza que pensé que lo había matado. Presenté problemas en la mecánica, no tenía control ante los bateadores zurdos”, recuerda.

La ayuda técnica de Julio Romero, que en aquellos juegos colaboraba con Italia, le ayudaría a dar solución a aquel defecto técnico. Omar Ajete trabajaría en ese certamen 3 y 2 tercios en los que no tuvo decisión, propinó 3 ponches, le batearon para 231 y su promedio de carreras limpias fue de 2.45, en un torneo en el que Cuba caería en la final ante Estados Unidos.

“José Ibar y yo éramos compañeros de cuarto, y no se me olvida que, en el último juego, cuando íbamos a discutir la medalla de oro, me dice: ‘Voy a lograr el anhelo de mi vida, darle una medalla a Cuba en Juegos Olímpicos. Ibar había lanzado 7 innings contra Estados Unidos y le habían dado un hit y propinado 11 ponches; además, tenía 5 días de descanso: era el hombre. Pero antes de acostarnos, cuando vamos a apagar la luz, me dice: ‘no voy a ser yo. Mira la hora y el juego es mañana’. Servio Borges tenía eso, no le decía al lanzador ni a nadie, quién iba a lanzar.

“El lanzador ideal era José Ibar, Lazo era relevo. Lazo no sabía que iba a ser el lanzador. Lo hizo por cubano, por la Revolución y dignidad, pero no porque estaba preparado para ese partido: fue muy difícil”, recuerda.

También sucedió que, un año antes, Alfonso Urquiola había logrado el boleto olímpico al obtener el oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. Para muchos, debió haber sido el hombre que también condujera al equipo nacional a la cita estiva.

“No sé por qué, y no tengo nada en contra de él en lo personal, pero designaron a Servio Borges director del equipo. No se me olvida que estábamos en Sancti Spíritus, conversando Jorge Fuentes, Contreras, Linares, Yobal, Lazo, Maels, y nos dice Jorge que Servio cuando se acabó el partido, dijo que esa derrota era buena, que era el salto grande del béisbol cubano”, explica.

Con una plata olímpica, terminaba la carrera de Omar Ajete en la selección cubana, pero su camino hasta entonces en los clásicos cubanos lo había conducido a una muy ganada prolongada estancia en el equipo Cuba, con otros grandes momentos.

El fin de una carrera gloriosa

Una molestia lumbar incidió en la decisión de apartarse de la vida como atleta, pues tenía que escoger entre poner en riesgo su salud o alargar la vida en el terreno.

“Toni Castro, ortopédico en el Frank País, me dijo que lo que faltaba era operarme, pero Iván Arena, neurocirujano, me dijo que corría riesgos, pues si me tocaba la médula, quedaba inválido de la cintura hacia abajo. ‘¿Cuántos años jugaste?’. Le dije que 16. ¿Y qué tienes en 16 años? ¿Por qué juegues un año más qué vas a obtener? Termina y dedícate a trasmitir conocimientos’.

“A raíz también de eso, Linares había perdido sus reflejos, pero estaba en plenitud de facultades. Él tuvo que alejarse de los terrenos por eso, porque tenía un padecimiento, no como el mío, que es una pierna más corta y en Colombia el ortopédico Álvaro Montes Ruíz, detectó que debía utilizar una cuña en el pie izquierdo. Con el decursar del tiempo me dije, participé en tres Juegos Olímpicos y en 16 temporadas, es momento de que cuelgue los guantes”.

El 2001 marcó el año del retiro definitivo del deporte activo para Omar Ajete, otra fecha que mezcla emociones y decepciones por esos absurdos que tanto han herido.

“Fue algo fenomenal lo que me hicieron, no lo esperé. Hablé aquí con varios dirigentes para el retiro, pues quería que viniesen amigos, para hacer un almuerzo con directivos de empresas que me ayudaron en la construcción de la casa. Cuando hablé me dijeron que sí, pero me llamó un dirigente a las 5 de la mañana, y me dice, ‘no te pongas bravo ni digas nada, el retiro va a ser en la Culinaria como tú quieres y te van a dar dos botellas de licor, dos cajas de cerveza. Solo 12 personas son los que pueden ir y le digo: ‘ven acá, ¿eso es un velorio a las 4 de la mañana con los familiares de la casa?’.

“Antes del retiro, hablé con María del Carmen, que era secretaria del Partido en la provincia, y me dice: ‘te veo molesto, es para que estés contento’. ‘Me siento así porque me llamaron a las 5 de la mañana de La Habana y me dijeron de la actividad con 2 botellas de ron, una caja de cerveza y 12 invitados’, le dije. ‘¿Quién te dijo eso?’, respondió. No se me olvida la atención que me dio Carmita.

“Unos días después, la compañera dirigente del Poder Popular que atendía deportes me dice: ‘tú no eres capaz de imaginarte lo que hubo que hacer para ayudarte con el puerco que se te dio el día de la actividad. Ese puerco hubo que quitárselo a los venezolanos que estaban trabajando en Sandino’.

“No se me olvida que a Eddy Martín fue a quien pedí para que hiciera el anuncio del retiro. Emocionó mucho. Ese mismo día, me dicen que yo iba hacer el lanzamiento de la primera bola del partido. Después de la ceremonia, salgo del estadio y al regresar, un señor que estaba en la puerta del protocolo me pidió credencial. ‘¿Usted no conoce a los atletas que han jugado tantos años en el Capitán San Luis?’, le dije.

“En las instalaciones deportivas deben poner a personas que conozcan a los atletas, pero no me asombro de eso. Cuando el retiro de Pedro Luis Lazo, que estaba aquí con Osmany Urrutia, a Lazo no lo dejaron entrar al protocolo y tuvo que subir a las gradas. A Jorge Fuentes no le permitieron entrar en una ocasión tampoco.

“Ya estaba preparado para el retiro, entendía que era el momento. Fueron 16 años y había muchachos con calidad que podían seguir”, afirma.  

La vida de Omar Ajete tras el retiro

Tras el retiro, Omar Ajete fue parte de la misión deportiva cubana en Venezuela desde el 2005 al 2007. Sus resultados como entrenador y también desde el montículo, llamaron la atención a funcionarios, entre ellos del club Navegantes de Magallanes, pero la burocracia lo privó del regreso a los terrenos de juego al más alto nivel.

“Estaba un compañero que fue tesorero de los Yankees de New York y tenía buenas relaciones con los Navegantes de Magallanes. Me ve y llama a la organización para que me vean; entonces, Heriberto Moreno, director del INDER en Sancti Spíritus, me pregunta si quería trabajar con ellos. Me dice que había que llamar a Caracas, a Cubadeportes, a la presidencia del INDER, pero le dije: ‘yo no vine aquí para estar haciendo papeleo, deje eso tranquilo ahí’”, cuenta.

Desde hace 6 años, Ajete disfruta de la mayor victoria de su vida, que se llama Omar Luis y que es el fruto de años de búsqueda, desde que contrajo matrimonio en 1991.

“Te diré que tuvimos días en los que el carro estaba roto y que Isabel y yo nos íbamos a La Habana gracias a Wilfredo, que era el director de la empresa ASTRO. El día antes de ir, hablaba con él, pero cuando llegaba al hospital González Coro, no era el día fértil, no tenía en donde quedarme en La Habana. Eso obligaba a regresar a Pinar del Río y volver al otro día en la madrugada. Para otras pruebas que había que hacerse a las 7 de la mañana, incluso, nos quedamos en La Habana en un parque.

“Me casé en 1991. Se estaba agotando el tiempo, porque Isabel tenía cierta edad. Pero el niño ya tiene 6 años y es la vida misma. El tiempo se lo dedico a él y nos vamos a jugar. Ese es el juego más bonito que he lanzado en mi vida: se llama Omar Luis, como mi cuñado y también mi amigo, hermano, el lanzador de Camagüey. Quisiera que fuera pelotero”, afirma.  

Omar Ajete es un hombre feliz, se le nota en su rostro, en el andar, el humor, a pesar de los tiempos. Su nombre me sigue pareciendo poco homenajeado y reverenciado. ¿Se habla lo suficiente de él?

“Pienso que no. Personas adultas o jóvenes me dicen que se habló de mi en la televisión. Entonces, les digo, ‘están viendo, yo no fui un paquete, el trabajo está ahí. Hay algo que no se me olvida. En una ocasión, en la segunda subserie de Pinar del Río contra Sancti Spíritus, a mi esposa y a la del difunto Reinaldo Costa las mandaron a sacar del protocolo. Pienso que debe haber un poquito más de cuidado. El dirigente está, pero el trabajo de nosotros surgió, y me parece que es algo que no se debe olvidar, se debe tener un poquito más de cuidado, porque de qué vale el esfuerzo y sacrificio durante tanto tiempo, para que vengan a menospreciarlo de esa forma¨.

“Me siento contento, pero hace falta que se reconozca más lo que hicieron las glorias deportivas. A veces no es fácil, por ejemplo, buscar un bloque, para si quiero hacer un corral para criar cerdos, o para ayudar a un familiar mío o allegado. Si no resuelvo, entonces, me dice: ¿de qué vale que hayas sido figura? Tengo que ir cada 7 u 8 días a la farmacia haciendo guardia con mi esposa, para comprar los medicamentos como Enalapril o la insulina, porque soy diabético y si no hago la cola no los puedo adquirir.

“Son cosas que suceden, son poquitas, pero a veces, llenan la cabeza. Voy caminando y las personas me dicen: ‘vienes hablando solo’, y les digo: ‘vengo tarareando una canción’. Es verdad, vengo hablando solo, pensando en cómo voy a resolver esto y hacer lo otro”, dice.

La presencia de Omar Ajete en el béisbol pinareño, desde su retiro, ha sido un tanto distante, si tenemos en cuenta su enorme protagonismo como atleta, pues otros con menos nombres han recibido más oportunidades.

“Aquí en la provincia soy parte de un grupo junto Luis Casanova,Rogelio García y Donald Duarte, de scouting, en la búsqueda de talentos y corrigiendo las dificultades de los atletas que se insertan en losa entrenamientos. Lo mejor de este trabajo es que con los muchachos que hablo me gusta bromear: hay talento en Pinar del Río, lo que hay que trabajar y pulir”, afirma.

Omar Ajete cierra la entrevista con una sonrisa mientras permanecemos sentado y ya con él teléfono apagado fluye la conversación por otro rato, mientras que el sol del mediodía castiga con fuerza el terreno, donde parte del talento con el que trabaja, intenta seguir el legado que junto a otros nombres, también escribió uno de los grande lanzadores zurdos que han pasado por la pelota cubana.

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