De San Cristóbal, municipio que perteneció a la provincia Pinar del Rio, salió un destacado pelotero cubano, espigado y elegante en el campo, quien vistió la franela del equipo Cuba y jugó por varias temporadas en Grandes Ligas: Alexei Ramírez.

A muchos les sorprendía como un jugador tan delgado podía conectar los batazos que daba, pero su secreto era trabajar fuerte, por encima de cualquier prejuicio sobre su físico, gracias a lo cual, el pinareño dejó buenos números durante su carrera en la Isla y en las ocasiones en que fue llamado al equipo nacional.

Entre estos momentos inolvidables que atesora en su carrera, está el recordado Clásico Mundial, en donde fue uno de los mejores bateadores cubanos. Después, en MLB, Alexei Ramírez tuvo una destacada trayectoria. Incluso, estuvo entre los fuertes candidatos a Novato del Año cuando debutó en los White Sox, y dejó jugadas espectaculares.

Con los Vegueros actuó durante siete campañas y registró un fabuloso promedio de 334 de average, con un OBP de 405 y una slugging de 518, antes de su partida para llegar al mejor béisbol del mundo. En este jugaría por nueve temporadas, en las cuales bateó para 270, con 115 jonrones y 590 remolcadas.

“El Pirineo”, como cariñosamente le llaman, es de esas personas entregadas y disciplinadas que tuvo que luchar duro y en contra de las adversidades para demostrar su talento, pero cuyo esfuerzo tuvo un premio en su vida.

Con Alexei Ramírez, una estrella emigrada del béisbol cubano, conversamos en Play Off Magazine.  

¿Cómo fue su comienzo en el béisbol?

Mis primeros pasos fueron en un barrio llamado Ramón López Peña, en San Cristóbal, Pinar del Río. A mis padres les dieron casa allí cuando yo tenía 7 años. Comencé a practicar el beisbol. Mis primeros entrenadores fueron Pedro Pablo y Felipe además de mi tío Sergio, quien me tiraba pelotas casi todos los días.

Existía lo que se llamaba la provincial, por la escuela. Participamos en tres campeonatos de ese tipo, en los cuales siempre tuve buenos resultados. Mi primer año fue cuando tenía nueve años y así sucesivamente. Fui a la nacional escolar por destacarme en el último año 11 y 12 años, y de ahí, me captaron para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE).

Comencé en la categoría de 13 y 14 años. Hice mis otros dos años, de 15 y 16, en la EIDE y posteriormente fui para le ESPA. Hice la pirámide del béisbol con buenos entrenadores que me ayudaron muchísimo. Después de que salgo de los juveniles fui a la provincial primera categoría y a la preselección de Pinar del Río.

¿Fue difícil integrar el equipo de Pinar del Río de aquellos años para Alexei Ramírez?

Era un equipo muy fuerte como el equipo Cuba. Había muchas estrellas como Omar Linares, Yobal Dueñas, Yosvani Madera, Yosvani Peraza, Onel Olivera, Reinier Capote, José Ariel Contreras y Pedro Luis Lazo. Tuve la suerte de integrar esa preselección y me eliminaron en el último corte, creo que por mi corta edad. No quisieron apurarme. Matanzas me pidió, pero Pinar no me soltó: ellos sabían que tenían un talento.

Al año siguiente sí hice el equipo. Te digo que mi salto fue repentino. Yo era muy chiquito y nadie pensó que iba a ser pelotero. Era el último para todo, para batear, para fildear, pero nunca se me fue la fe: sabía que Dios tenía algo para mí. De mi último año juvenil salí midiendo como 1,70 metros de estatura y en los dos meses de vacaciones me estiré mucho, hasta casi 1,90, la cual es mi estatura ahora. Cuando me vieron en la escuela, se quedaron impactados. Mi desarrollo fue tardío, pero con esfuerzo, logré convencer.

Empecé mi primera serie nacional, la 2001-2002, con Pinar del Río en la reserva. Hicimos buen entrenamiento y preparación para lograrlo. He tenido que ser un consagrado a base de mucho esfuerzo. El primer año solo fui 19 veces al bate y di 8 hits. Al próximo año, nuevamente, me dejaron en la reserva. Donald Duarte comenzó conmigo y Juan Carlos Oliva nos puso Los Bukis.

Omar Linares se lesionó y a Donald y a mí nos mandaron a buscar. Debuté esa vez en el Latinoamericano frente a Amaury Sanit y di una buena línea al righ field . De ahí para acá me quedé, todo el mundo sabe. Empecé en el jardín derecho, en el center y después desarrollé mi carrera que conocen.

No fui muy fuerte visualmente, pero internamente sí lo soy. Trabajé mucho con mi rapidez de manos. Tuve un buen entrenador, Fernando Hernández, que Dios lo tenga en la gloria, que también fue un tremendo bateador y trabajaba la velocidad en el swing.

Practicaba mucho, lo hacía todo fuerte, pero mi peso no se veía. La confianza que yo tenía en mí mismo me daba resultado. Jugaba el año entero y no me gustaba descansar. Salía de la Serie Nacional y me iba para la provincial, o si no, en mi barrio, pero siempre en acción buscando el bateo y por eso siempre le conectaba bien a la bola.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Alexei Ramírez, uno de los jugadores cubanos más estables en la última década en la MLB. FOTO: Hansel Leyva.

¿Cómo eran las condiciones de vida dentro y fuera del terreno en ese tiempo?

Los entrenamientos eran muy rigurosos. Nos quedábamos en el estadio por la parte de primera base con albergues de literas para dormir. Compartíamos las preselecciones de doble sesión y terminábamos muy cansados. A veces, de tanto calor, cogíamos los colchones y los subíamos para la grada para coger aire porque los mosquitos picaban mucho.

Esa etapa fue de mucho sacrificio. Teníamos momentos en que la merienda solo era agua con azúcar, a veces yogurt de soya. Recuerdo que teníamos muchos obstáculos, a veces había que salir de pase los viernes a las 12 pm. Después de las prácticas, nos bañábamos, y había que ir para la autopista, a pedir botella para irme para San Cristóbal donde yo vivía, y así igual ocurría al regresar el lunes, para practicar a las 9 am. Pero eso no me bajó la guardia, sino que me hizo trabajar más fuerte y luchar por lo que quería, que era ser un gran pelotero, y lo conseguí.

Tuve muchos, muchos, muchos obstáculos, pero sabía lo que quería: mis metas y propósitos. Las cosas, para que después sean tranquilas, hay que pincharse las manos, como digo yo. No todo puede ser fácil. Puedes caerte, pararte y seguir caminando. Los golpes te enseñan a ser más fuerte, más hombre y enfrentar la vida como debe ser.

Mi familia fue esencial y me apoyó siempre, dándome buenos consejos. Me guiaron por el buen camino para que luchara por lo que quería que era jugar beisbol y me dijeron que siempre estarían para mí ahí, y así fue.

¿Cómo fue salto a la selección nacional de Cuba?

Al equipo nacional ascendí rápido, en 2003 o 2004, y represento a Cuba en los Juegos Olímpicos. De ahí para acá, alcancé todos los títulos amateurs, como Campeón Mundial, Centroamericano, Panamericano y Subcampeón del Clásico. Me marcaron la olimpiada en Atenas 2004 y el primer Clásico Mundial 2006.

Mi posición natural fue torpedero, siempre lo dije en Cuba, lo que pasa que había muchos peloteros consagrados y yo venía subiendo y no iban a quitar a los establecidos. Tuve la suerte de tener entrenadores en mi barrio que me enseñaron a jugar todas las posiciones. Las jugué todas lo mejor posible porque me gustaba jugar beisbol y esperé mi momento un tiempo, aunque nunca se me dio jugar en mi posición en Cuba.

¿Por qué emigra Alexei Ramírez del país?

No fue por nada de decepción ni guardo ningún rencor. Creo que Dios tiene a cada uno en su momento y hace las cosas como debe hacerlas. Me he caracterizado por ser una persona tranquila, correcta, respetar a los que están por arriba de uno y esperar el momento y el tiempo, y cuando me la den, aprovecho el cien por ciento.

Salí de Cuba casado por la ley, no deserté. Mi esposa es Dominicana y estudiaba medicina en Cuba. Mis dos primeros niños son cubanos. Ella terminó su carrera en Cuba y decidió regresar a su país. Sacrifiqué mi carrera, como padre, para irme a donde estaban mis hijos y así hice. Me importaban mis hijos más que el deporte y que todo, porque doy mi vida por ellos.

¿Cómo empiezas a jugar profesional?

En aquel tiempo no había la tecnología de ahora, del celular. Me doy cuenta en el Clásico en 2006 que me enfrento a equipos profesionales con los que nunca habíamos jugado. En ese momento, vi que eran jugadores normales como otros, con la diferencia de un salario, pero son iguales, con mejores condiciones y más preparados.

Cuando llego a Dominicana todo fue nuevo para mí, en todos los sentidos. Probarme era una opción y lo intenté. Quería, como todo el mundo quiere, jugar profesional y gracias a Dios lo logré. Estuve nueve años jugando regular, logrando lo mejor posible en cada temporada. Te digo que me hice profesional desde que empecé mi carrera en Cuba.

Las condiciones de entrenamientos son diferentes, hay una atención excepcional, tú llegas sin ninguna preocupación, llegas con tus cosas, haces tu trabajo. Estoy contento con las organizaciones con las que jugué en la MLB en todos los años en que me atendieron sumamente bien, sin queja alguna.

Jugué con tres equipos, con Chicago ocho años, y uno entre Tampa y San Diego. Obtuve dos bates de plata, un juego de las estrellas, dos veces me seleccionaron para Guante de Oro, tengo récord para un novato de Grand Slam. Mi mejor resultado fue con los White Sox, en 2007, hasta que terminé con ellos.

En la Gran Carpa no fue nada triste. Lo más triste fue no ser campeón en el primer Clásico Mundial con Cuba, tuvimos todas las posibilidades y no pudo ser, aunque se dio todo en el terreno. La diferencia la hace uno mismo también, pero todo lo apropiado está acá. Estadios, terrenos bien cuidados, pelotas de prácticas y de juegos.

Nosotros los cubanos nacimos con ese don de jugar béisbol. También hay que agradecer de donde uno viene. En Cuba me desarrollé como pelotero y di mis primeros pasos. En la MLB no culminé, el béisbol ha cambiado mucho y todavía no me he retirado, me veo en condiciones de seguir aportando un granito.

Hace casi cuatro años que no estoy en la MLB, estoy de agente libre. Uno debe saber cuándo debe colgar los guantes, cuando no tienes las habilidades, si te pasa un rolling a un metro y no puedes, pero no es mi caso: estoy en perfectas condiciones a pesar de mis 39 años. Me siento muy bien. Hasta que me llegue otra oportunidad sigo entrenado. Hasta ahora no he pensado retirarme.

¿Qué te parece el beisbol cubano actual?

Estoy al tanto en todo, tengo la aplicación en mi teléfono y veo todos los juegos y pendiente de todo. De ahí surgí yo y sería algo feo olvidar de donde uno viene y ver mis amigos también jugando todavía ahí. Me fascina todo. También pendiente de lo que hizo Liván Moinelo con la donación a los muchachos de Pinar del Río.   

¿Cómo llevas tu vida?

Muy tranquila, en casa, con mis hijos y esposa a tiempo completo en el hogar. Con la COVID ahora más que nunca, alejado de ese virus y con dios delante.

Soy el mismo siempre, estando en Cuba o fuera de Cuba. Alexei Ramírez es el mismo  que vieron crecer: no he cambiado en nada, porque si cambio no sería yo.

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