Corría el 2000 cuando Iván Correa, vistiendo la franela del equipo más ganador de la pelota en la isla, concretó su gran hazaña personal, el hecho por el que más lo recuerdan los aficionados del béisbol cubano.

El entonces jugador de Industriales se coronó como líder jonronero de la campaña 39 con 10 vuelacercas, para convertirse, así, en el primero que comandaba este departamento con bate de madera tras el destierro del aluminio.  

Iván Correa ratificó su poder al bate castigando una pelota de pésima calidad, que se negaba a abandonar los parques de la Serie Nacional, y quedó por encima de toleteros de renombre que tenía, por aquellos años, el principal pasatiempo en el país.

“En el 2000, ya estaba el bate de madera y nos costó trabajo adaptarnos, pero internacionalmente no se estaba jugando con aluminio y la pelota es verdad que no caminaba. Había que darle duro para que avanzara. Y fue muy lindo terminar como máximo jonronero”, recuerda sentado en una de las escaleras exteriores del estadio Changa Mederos, en la Ciudad Deportiva.

Pero para llegar a vestir la camiseta de los azules de la capital, pasó tiempo y hay que viajar unos cuantos años para conocer los detalles de su vida. Esta es la historia de Iván Correa, quien habla de sus años de gloria, del presente y también de su hijo, Lisbán, quien mantuvo el apellido vivo en los Industriales, muchas veces, rodeado por la polémica.

Del Ciro Frías a los Metros

“La infancia mía fue jugando pelota en el barrio, con las amistades mías en Santa Amalia, Arroyo Naranjo. Sin embargo, empecé en el Ciro Frías en voleibol, porque me gustaba, y de ahí fui para la Mártires de Barbados, pero lo dejé, pues cuando entré a la EIDE, los muchachos del voleibol estaban para la escuela del campo y yo sin hacer ningún deporte. Hablé con mi mamá y le dije: ‘Mami, yo quiero ir pal Ciro Frías a jugar pelota, eso es lo mío”, recuerda el expelotero.

“Y volví a la pelota con los profesores Bárbaro Hernández y el Chico Morilla. Ahí di mis primeros pasos, jugaba tercera base y entonces hicieron una prueba en la ciudad deportiva y entré a la EIDE en béisbol”, dice.

Exbeisbolista cubano Iván Correa pelotero Industriales
Hansel Leyva Exbeisbolista cubano Iván Correa

El juego que acaparaba su vida en el barrio después de hacer las tareas se volvía un camino más serio y bien lo sabía, pues tenía el ejemplo en su papá, Erol Correa.

“Lo admiraba mucho. Mi mamá me llevaba al estadio a verlo y también siempre admiré mucho a Rey Vicente Anglada. Me sentaba debajo de la pizarra con los muchachos del barrio a ver a los Metropolitanos y a Industriales. Viendo a esos peloteros me enamoraba más del béisbol. Estaban Anglada, Armando Capiró, Mantecado Linares”, cuenta.

Contando siempre con el apoyo familar, recuerda que la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) era una de las mejores escuelas que había. Allí lo formaron entrenadores como Paco Martin y Tony González, en un camino lo llevaría a las Series Nacionales.

“Cuando llegué al equipo de Arroyo, el entrenador me dijo que su cácher era muy chiquitito y me preguntó si yo había cacheado y le dije que no. ‘Bueno, ponte ahí para que seas el receptor del equipo 13-14’, me dijo. Así empecé. Pasamos al 15-16, fui a la preselección, pero en el tiempo ese hubo mucho dengue y se suspendió la nacional 15-16.

“Después, vinieron los juveniles y luego la primera categoría, donde me destaqué. El mánager de Psiquiátricos me vio y me pidió que jugará con ellos y tuve buenas series provinciales hasta que llegué a la Serie Nacional con los Metros. El director era Raúl Reyes y di mis primeros pasos en Series Nacionales”, explica.

Los comienzos en la Serie Nacional

Entonces, llegaron los primeros pasos con el segundo equipo de la capital en la pelota cubana.

“Estábamos entrenando los muchachos de la reserva y en el juego treinta y pico se lesionó un cácher y me subieron a mí. Obviamente, yo no jugaba porque en aquel tiempo estaban Casamayor, Miranda…. Era 1986 y yo solo tenía 19 años”, refiere Iván Correa.

De aquellos primeros días, con los guerreros, no olvida a un jugador histórico como Enriquito Díaz, que también empezaba; al mago Germán Mesa, y en especial a Jorge Salfrán, su compañero de cuarto hasta que se retiró y de quien aprendió mucho de la vida y el béisbol. El primer hit se lo dio a Heriberto “Tati” Collazo y se fue en ese choque de 3-2.

Los Metros fueron la casa de Iván Correa por muchos años y la desaparición de este equipo no lo deja indiferente, algo que considera una mala decisión.

“Fue una cosa muy impactante para los muchachos. Venían con su equipo de años y decidieron quitarlo. De ahí salieron muchos peloteros que jugaron en Industriales y eso perjudicó a varios peloteros que tuvieron que irse a otras provincias, porque no cabían en Industriales. Fue un error de la Comisión Nacional”, afirma.

En su opinión, el equipo podría haber llegado a mejores resultados si no hubiera perdido tantos peloteros que se iban a Industriales, y para reforzar su punto de vista resalta las mejores actuaciones mientras vistió esa camiseta.

“Fuimos a una Copa Revolución, también estuvimos en los playoffs. Teníamos un equipo hecho y hasta a Industriales le dábamos guerra. Lo de nosotros era jugar pelota y destacarnos, para poder ir a la selectiva. Éramos muy jóvenes y los otros eran mejores equipos. Pero me aportó mucho mi paso por allí. Después, pude llegar a Industriales”, explica.

El paso de Iván Correa a Industriales

En la temporada 98-99, junto con Antonio Scull, Yasser Gómez y otros recordados peloteros, el mánager Guillermo Carmona lo subió a los Industriales para que lograra otro de los sueños de su carrera.

“Me dio mucha alegría, porque todos los peloteros de La Habana quieren vestir esa camiseta. Los periodistas te siguen más, transmiten más juegos… Resultó un cambio muy bonito. Nos llevábamos muy bien. Hice amistad con Juan Padilla, con Javier Méndez y Lázaro Vargas, que me enseñó mucho. Me decía que eso era un equipo unido y debía esforzarme más. 

“Discutimos el campeonato con Santiago de Cuba. Esa final estuvo buena, perdimos en siete juegos y podíamos haber ganado, pero corrimos con la mala suerte de perder dos juegos en el Latino. Todo el mundo quiere jugar contra Industriales y cuando vas al Guillermón Moncada, ese estadio y esa conga te motivan a querer hacerlo mejor y el equipo de Santiago, imagínate, le pusieron la aplanadora, Pierre, Fausto”, dice.  

Muy pronto, en la siguiente temporada, Iván Correa se encontró con su exconjunto en un playoff en el que los Metros estuvieron muy cerca de dejar en el camino a los Leones de la Capital. Al recordarlo, sonríe y desliza su mano por el rostro.

“A uno le da sentimiento jugar contra el que fue su equipo. Y los Metros nos dieron tremendo playoff. Tuvimos que llegar al quinto juego para ganarles. Creo que hicieron su trabajo, querían ganar para seguir, pero no creo que hubieron decisiones en su contra para favorecer a Industriales”, afirma el exreceptor.

El retiro y un hijo pelotero

Correa llegó a hacer tres preselecciones del equipo Cuba, arribó a 100 cuadrangulares en Series Nacionales y se retiró sin ser campeón nacional, un año antes de que los dirigidos por Rey Vicente Anglada conquistaran un título que no se conseguía desde 1996.

“El retiro es muy difícil para un pelotero, aunque lo asumí bien. Hablé con mi familia y me dijeron: ‘Esa es tu decisión. Si quieres dirigir, dirige y si quieres jugar, juega’, y pienso que tomé la determinación correcta, porque ya sentía que no podía con los muchachos que estaban allí ni con los entrenamientos. Ese mismo año dirigí el equipo de Habana del Este y fui subcampeón en la serie provincial. Cuando ganó Industriales me puse muy contento, sin embargo, no sentí nostalgia por no haber estado ahí”, afirma.

¿Cuál fue el lanzador más difícil?

“Pedro Luis Lazo, porque tiraba duro, tenía buena slider y le ponía mucho interés, pues siempre quería ganarle a Industriales. Maels Rodríguez también fue muy difícil por su gran velocidad”.

De los pícheres de más prestigio, ¿a cuál le conectaba mejor?

“A Ormari Romero, pero no con facilidad. Eran peloteros de equipo Cuba y en aquel tiempo los pícheres de selección nacional se respetaban”.

¿El estadio más complicado?

“El Latino -sonríe-, porque la misma afición que te elogia, cuando te ponchas, te critica y para mí eso no debe ser así, ya que ningún pelotero quiere poncharse. La afición exige bastante”.

¿Con cuál entrenador se sintió mejor?

“Con Guillermo Carmona me sentí bastante bien. Me ayudó mucho, porque me dio juego. También entrenadores de la posición como Emilio Naranjo resultaron muy importantes”.

De su trayectoria, Iván Correa destaca como los momentos más felices el liderato en cuadrangulares, la primera vez que hizo la preselección del equipo Cuba para Baltimore y el día en que llegó a 100 jonrones en el Cristóbal Labra.

“Estábamos perdiendo por dos carreras, vine con dos en base y lo di. Tengo la pelota por la casa”, recuerda.

¿Y los pasajes más tristes?

“Cuando tuve que irme de la pelota, cuando vi que no podía correr ni hacer lo mismo que los jóvenes. Fue lo más difícil de mi carrera deportiva”.

Otro Correa mostró su poder en Series Nacionales

Después de haber dirigido Habana del Este, integrar el colectivo de dirección de los Metros como coach y estar junto a Rudy Reyes en el alto mando de Arroyo Naranjo, Iván Correa regresó a la memoria de los aficionados por las actuaciones de su hijo Lisbán.

No obstante, todo no fue felicidad, pues los episodios protagonizados por Lisbán frente a Sancti Spíritus y Holguín constituyeron periodos complejos, pues conllevaron a sanciones que lo apartaron del béisbol cubano por un tiempo.   

“Yo, con las personas, no me molesto. Cada cual tiene su criterio, pero no me importa lo que pongan en las redes de mi hijo. Solamente converso y lo aconsejo para que no hablen mal de él.

“Eso uno lo sufre porque no espera que el pelotero reaccione así y trae consecuencias, pues es un año sin jugar pelota. Se habló con él, se le dijo que estaba mal porque acortaba su vida deportiva y la gente creaba de él una mala opinión. Y al final él no es así, porque no es agresivo, sino que fueron momentos puntuales.

“Contra Holguín fue una trifulca, no era para esa sanción. Industriales después fue a los playoffs y no pudo contar con él. Resultó una sanción muy larga”, afirma.

A pesar de todo, Lisbán Correa regresó y dejó una campaña ofensiva para la historia con 28 jonrones, además de llegar a 100 de por vida al igual que su padre, algo que los convirtió en la primera pareja de padre e hijo en ser líderes jonroneros y en la segunda en conseguir el centenar de batazos de vuelta completa.

“Me puse muy contento porque ha habido parejas de padre e hijo que han sido buenos peloteros y fuimos los primeros en hacer esa hazaña. Vamos a ver si alguien lo puede lograr. Yulieski y Lourdes Gurriel fueron grandes peloteros y no lo pudieron hacer. Estaba en el Latino el día que él dio su jonrón 100 y ver a tu hijo dar ese batazo en ese estadio, es algo inolvidable para mí.

“Mi hijo fue mejor que yo. Mucha fuerza, da jonrón por el right, por el left… Los míos eran casi todos por el left o por el medio, pero él los da por todas las bandas. No fue un buen receptor defensivo, por eso tuvo que ir a la primera base, porque estaba Frank Camilo Morejón, que era muy bueno defensivamente”, dice.

Asimismo, Iván Correa se muestra orgulloso de que su hijo haya podido jugar como profesional y revela que sigue muy de cerca su carrera. Sobre la salud de la pelota cubana actual y la ola de atletas que se marchan del país, el otrora jugador opina que el factor superación es el principal desencadenante.

“Los peloteros cubanos tienen calidad. Fíjate si es así que afuera muchos juegan en la MLB y otros en ligas de muy buen nivel. Ahí están las causas del bajón a lo interno, aunque quedan muchos con calidad en la Isla. En mi opinión, la migración de tantos peloteros no es por un problema político sino porque quieren jugar a otro nivel y probarse”, explica.

Actualmente, el expelotero no está vinculado a ningún centro deportivo y por eso no pudo estar con el equipo sub-23, prestando su ayuda a las nuevas generaciones. “Eso fue lo que me dijeron las autoridades del béisbol de la provincia La Habana”, cuenta.

¿Qué lo hace feliz?

“Ver a la gente por la calle y que se meten conmigo y digan: ‘allá va Iván Correa’. Compartir con mis amigos también me hace feliz”.

¿Qué le enoja más?

“Que hablen mal de las personas por detrás, de cualquiera que no se encuentre en ese momento. Me molesta mucho”.

¿Le hubiera gustado tener la posibilidad que tienen los muchachos de ahora de salir contratados a otras ligas?

“No nos tocó la época esa. Si hubiera pasado, un montón de peloteros hubieran sido contratados. No se dio, tienen la oportunidad los muchachos jóvenes y me alegro mucho de que se enfrenten a eso, que se desarrollen. Así se ayudan y ayudan a su familia”.

¿Alguna vez pensó en salir del país a probar suerte en otro lugar?

“No. En aquellos tiempos la mayoría de nosotros no pensábamos en eso. De los 2000 pa’ acá fue diferente, pero antes muy pocos pensaban dejar su país”. 

A Iván Correa, a veces lo lacera la espina de no haber sido campeón nacional, en aquella final contra Santiago, pero se siente pleno porque dice que lo tienen en cuenta y lo llaman para ayudar. Sueña con poder ser coach de Industriales.

¿Cómo resumiría su carrera?

“Soy feliz, muy feliz de haber sido pelotero y si me muero y nazco de nuevo, pelotero vuelvo a ser”.

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