Cuentan quienes lo vieron jugar, que Pedro Piedra era dueño de una de las gambetas más bellas y pronunciadas de los años 60 y 70 en el fútbol cubano. Cuando encaraba, el jugador que llegó a la selección nacional era difícil de detener y hasta los aficionados, entrenadores y rivales quedaban enloquecidos por la técnica y habilidad que mostraba en el uno contra uno.  

Su carrera se vio interrumpida por una lesión que lo alejó de las canchas, cuando todavía tenía mucho para aportar al balompié de la isla, pero siempre ha estado pendiente, para emitir criterios de interés sobre un deporte que parece renacer.

Pedro Piedra tiene muchos desvelos por el fútbol cubano, pero también un gran sueño por cumplir, como contó a Play-Off Magazine el veterano futbolista ya retirado, quien vino al mundo en una de las plazas emblemáticas del balompié antillano.

Aunque radica en este momento en la Habana, es natural de Zulueta, una de las plazas más importantes para el fútbol cubano. ¿Cómo son las personas de este pueblo?

Zulueta es tierra de fútbol, cuna de este deporte en Cuba. Cuando una madre está en estado de gestación, antes de que se sepa el sexo del bebé, hay algo que sí es seguro: que cuando nazca, va a jugar futbol.

Nuestro pueblo es muy humilde, de gente muy sencilla y trabajadora. Es un pueblo chico y todos se conocen, pero eso sí, con el equipo no quiere cuento. El público de Zulueta es muy fanático, eso pasa en todos los países, y a su gente no les gusta que pierdan. Es un deporte que da identidad en nuestro pueblo y eso compromete a los jugadores.

¿Cómo llega Pedro Piedra al deporte? ¿Fue tu primer amor el balompié?

Mi familia es muy deportiva, dentro de la misma teníamos un campeón cubano en el boxeo profesional. El fútbol me apasionó porque en Zulueta se practica mucho, puedo decir que fue mi primer amor. Mi hermano Francisco Javier Piedra participó en Juegos Centroamericanos y otros torneos con la selección y él me enseño mucho, fue uno de los que más me contagio.

Desde chiquito, iba para el terreno del complejo Deportivo Camilo Cienfuegos” y allí comenzó toda mi pasión. Empecé desde los 10 años y transité por las categorías menores del sistema deportivo cubano.

Exfutbolista cubano Pedro Piedra, Alias Picadillo
Hansel Leyva Pedro Piedra

¿Cuáles fueron los principales entrenadores que tuviste en tu carrera? ¿Cómo eran aquellos años para la práctica?

Tuve muy buenos entrenadores como Justo y Osvaldo Ross en Villa Clara y al entrar a la EIDE en Cienfuegos debo destacar a Carlos González. En aquellos años, casi todas las provincias tenían entrenadores extranjeros y tuve la suerte de ser discípulo de un polaco conocido por Mieter.

Las condiciones en la década de 1960 eran muy buenas de manera general. Recuerdo que, si te veían con unos tenis medios rotos, te los cambiaban, pero lo mismo sucedía con las indumentarias y las medias. Lo único que nos afectaba era la alimentación, la cual no era buena.

Según cuentan, Pedro Piedra era dueño de una de las gambetas más bellas y pronunciadas de los años 60 y 70. ¿Fue un talento que nació contigo? ¿Entrenabas mucho esa jugada?

Tuve la suerte de tener como entrenador al polaco Mieter, quien nos ayudó mucho y a él le encantaba que los jugadores encararan a los defensas. Desde pequeño, me enseñó a tener la pelota cerca del pie y a 1 metro del defensa, a ponernos frente al defensa para poder encararlo y vencerlo en el uno contra uno. El entrenador decía que el delantero debe ser inteligente y, sobre todo, observar y conocer al defensa que enfrenta, que siempre teníamos que amagar y por la inercia física ya sabíamos por dónde podíamos irle al defensa. Eso se practica y desde niño me lo exigieron, lo que no se práctica no sale. Jugando el llamado minifútbol o fútbol de vallitas, ayuda mucho porque es corto el espacio y te obliga a jugar rápido y tener habilidades.

Además de tus habilidades técnicas, el hecho de anotar goles te catapultó a la selección nacional. ¿Qué momentos recuerdas de tu estancia en la misma?

Mi primer llamado a la selección nacional fue en la categoría sub-23 y participé en varias giras por Vietnam y Laos. Era la primera vez que salía de Cuba. Tenía muchos deseos de conocer otros países y, sobre todo, de jugar y demostrar mi nivel. Con la selección mayor participé en varios Juegos amistosos y en las Eliminatorias para el Mundial de 1982, cuando me lesioné y después no pude continuar.

¿Cuánto significaba para un atleta decir que integró la selección nacional?

Fue lo mejor de mi vida, desde que eres niño sueñas con eso y los mayores siempre te hablaban del compromiso y la importancia al estar allí. El sistema deportivo está diseñado para que a la selección llegaran los mejores, y para cualquier atleta era un orgullo. Llegar a tu casa y ver a tu mamá y familia orgullosos por ti es un sentimiento único. Íbamos a competir sin pensar en lo material. 

Vietnam hacía pocos años acababa de salir de la guerra. ¿Qué impresión se llevó Pedro Piedra de aquel país, en su primera vez fuera de Cuba?

Cuando llegamos a Vietnam eso parecía la luna, había muchos huecos y varias zonas del país devastadas aún en reconstrucción: se apreciaban, además, las personas con muchas necesidades. Del pueblo vietnamita es digno destacar que trabajaban duro para salir adelante, se quedaban hasta tarde en el campo de arroz trabajando y se concentraron en desarrollar su país. Por eso, en tan poco tiempo, pudieron levantarse como nación.

En el momento de tu lesión, eras joven aún. ¿Por qué no continuaste en el fútbol?

Mi lesión era muy grave y no le tuve mucha fe a la operación, se puede decir que le cogí miedo. En mi etapa de atleta era estudiante de Ingeniería y no podía estar a tiempo completo en el fútbol. Aunque no lo parezca, era difícil, porque mis últimos años de la carrera los hice en La Habana y jugaba por Villa Clara, así que te puedes imaginar que ni entrenar con el equipo podía casi.

En aquel tiempo nos daban licencia deportiva en las escuelas y con eso podíamos participar en los campeonatos nacionales, pero era muy difícil por lo que te comentaba. Al graduarme, me ubican como trabajador del central Chiquitico Fábregas y al poco tiempo de trabajo me llegó una misión para Mozambique. Tuve que tomar una decisión y al final acepté la misión. Entre la gravedad de la lesión y posteriormente la oportunidad de la misión internacionalista, le pusieron fin a mi carrera. Tomé esa decisión pensando en mi futuro y el de mi familia.

¿Se jugaba mucho fútbol en aquellos años en Cuba?

En Cuba existía una infraestructura deportiva muy buena, se jugaba todo el año y con buenas condiciones. Existía una segunda división de muy buena calidad y un torneo universitario de respeto y eso te garantizaba que se jugara durante todo el año. Te pongo el ejemplo de Zulueta, aquí se jugaba un interbarrio y a la semana empezaba otro. A eso, súmale el alto nivel de la provincial que daba muchos jugadores: en mi época, varios jugadores que no cabían en las Villas podían jugar fácilmente en otras provincias y eso es producto del juego, pues si no se juega no se desarrolla el atleta. En la actualidad, no se juega casi, quizás por la falta de recursos y demás, pero eso provoca que los atletas no tengan ese escenario para pulir sus deficiencias.

¿Con qué momentos de tu carrera deportiva te quedas?

El fútbol es una pasión, desde pequeño nos enseñaron a respetar al público, al pueblo y jugar bien por ellos. Ese compromiso que adquiríamos con la afición generaba en los atletas un sentimiento que llevaba a que diéramos el doble desde los entrenamientos. Mi generación no creció pensando en el profesionalismo ni en el dinero ni en lo material: solo queríamos sentirnos bien con nosotros y jugar para la grada, que era lo más importante.

No me gusta comparar épocas porque cada momento responde a situaciones determinadas. Hoy en día todo es distinto, se ha perdido un poco el amor a la camiseta y se piensa más en lo material, pero son cosas de esta generación. No lo crítico porque en la actualidad el deporte es de profesionales y sin profesionales no se gana. Ver a tu familia, amigos del barrio, e incluso cómo personas de otros municipios te apoyaban en el estadio, era algo grandioso. Yo fui feliz en la época de atleta y no solo por jugar, sino por lo bonito que se movía alrededor de este deporte.

¿Cuál fue la principal decepción de Pedro Piedra en el fútbol?

Mi principal decepción era el regionalismo que existía a la hora de confeccionar la selección nacional, año tras año. Se fijaban más fácil en jugadores de La Habana y otras provincias que en jugadores de Las Villas. Te pudiera mencionar decenas de casos, pero solo te citó los ejemplos de Carlos Manuel Felipe, Francisco González y Mariano Rodríguez, estrellas desde los juveniles y que fueron desechados para integrar la selección teniendo nivel y calidad de sobra para integrar equipos nacionales.

¿Cómo valoras la actualidad del fútbol cubano? ¿Crees que se te pueda cumplir ese sueño de verlos en mundial?

Hoy se viene trabajando con fuerza para mejorar, se dio un gran paso al traer a los legionarios, pero falta mucho por hacer aún. En cuanto a la selección, pienso que el director técnico está haciendo un buen trabajo, el deporte es de profesionales y sin ellos no se gana: solo le falta tener más roce y tiempo para trabajar con los jugadores. Es necesario que no pase una fecha FIFA sin que Cuba juegue, para que se vaya acoplando.  

En los años 70 y 80 del siglo pasado, éramos campeones del Centroamericano y del Caribe y debemos recuperar esa posición en el área. Por eso, si queremos soñar con un mundial, primero hay que dominar la región. De estos últimos juegos me encantó mucho el lateral Jorge Luis Corrales, tiene mucho recorrido en la banda y luce muy bien. Lo otro que me gustó fue la posición en que se colocó a Aricheel Hernández. Es medio ofensivo y allí rinde mucho más, quizás en algún momento se movió de posición para resolver un problema, pero está demostrado que dándole libertad ofensiva tiene un mayor rendimiento.

¿Qué se puede hacer para mejorar entonces?

Lleva inversión para poder tener buenos resultados. Hace 20 o 30 años no existía ayuda de la FIFA y se hacía mucho por rescatar el fútbol, sus instalaciones y desarrollar buenos torneos. Ahora, con la ayuda que nos dan, se puede hacer mucho más. Por las difíciles condiciones del país es muy difícil desarrollar las categorías menores, por eso me pareció bien lo que se hizo con la selección sub-20, que se llevó a una gira a Uruguay y allí se prepararon.

Lo otro que exige este deporte es infraestructura y el fútbol en Cuba carece de esta. Ya se instalaron terrenos sintéticos en el Oriente y el Occidente del país, pero creo que faltan aún más por hacer y aunque el terreno de Zulueta no necesita césped sintético, sí se puede mejorar en las gradas y otras zonas del estadio para mejorar su confort.

Otro elemento importante es escuchar los criterios de los atletas veteranos para apoyarse en sus opiniones y tener un camino a seguir. En todo esto, es muy importante la labor que realizan ustedes como periodistas divulgando y entrevistando a jugadores de épocas anteriores. La solución seguirá estando en jugar, aumentar los partidos y tratar de jugar más de un torneo al año: es la única manera de que se desarrolle el atleta desde que es un niño.

Si tuviera que elegir al mejor jugador de fútbol cubano después de 1959 y al mejor portero, ¿a quiénes seleccionaría Pedro Piedra?

El mejor jugador cubano después de 1959 es Regino Delgado, porque era el más completo, tenía mucha visión de juego, disparo con los dos pies, cabeceaba muy bien y se desplazaba por todo el terreno con mucha facilidad. Todo aquel que jugó con él, te va a decir lo mismo.

El mejor portero de Cuba para mí ha sido José F. Reinoso, pues tenía visión de juego, se anticipaba a la jugada y te cerraba el ángulo con mucha facilidad. Cuando salía y decía “¡Voy!”, era mejor que te quitaras porque te arrollaba.

¿Qué sueño le faltó por cumplir?

En mi vida personal, no me faltó ninguno. Tengo a Digna Viciedo, mi compañera de toda la vida; a mis hijos, nietos y una gran familia. A nivel deportivo, me faltaron muchos, pero el mayor es ver a Cuba en un Mundial de fútbol. Aunque me lesioné y no pude ir a la Hexagonal Final en Honduras, el equipo tuvo una gran actuación y fue la vez que más cerca se estuvo de llegar a una Copa Mundial. Tengo 68 años y me gustaría ver cumplir ese sueño antes de desaparecer de este mundo.

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