Adel O’Reilly Román estaba allí, como protagonista, el día en que comenzó de forma oficial la historia del pentatlón moderno cubano.

Era un 5 de marzo de 1999 y él lo recuerda muy bien, pues se encontraba entre unos 30 atletas de diversos deportes que se eliminaban entre sí. Al final, fue uno de los 8 escogidos que entraron al Cerro Pelado y conformaron la primera selección nacional de este deporte.

Tenía 24 años, por lo que sospechaba que su futuro pasaba más por ser entrenador que atleta activo. Ahora, más de dos décadas después, uno de los precursores de esta disciplina en la isla se encuentra lejos de su país.

Como entrenador, Adel O’Reilly Román presta sus servicios a otra nación. Hubiese querido seguir en Cuba, pero en el 2013, fue víctima de rumores infundados que marcarían su destino y lo llevarían a la marginación por parte de las autoridades deportivas cubanas. No le quedó otro remedio que enrumbar sus pasos lejos del movimiento deportivo antillano.

Desde entonces, fue como si lo tacharan de la lista de los imprescindibles, a pesar de que los resultados y los hechos demostrasen lo contrario. Fue una decisión tomada posiblemente con ligereza, pero que cambió, para siempre, la vida de Adel O’Reilly Román.

Esgrima y Pentatlón

Con 11 años, Adel se inició en la esgrima en la Escuela de Iniciación Deportiva Mártires de Barbados, en la cual, sus resultados nunca fueron sobresalientes, al menos, no como para tener muchas oportunidades de participar en los Juegos Escolares Nacionales. Aquellos eran los años grandes de la esgrima en Cuba, con campeones olímpicos y mundiales incluidos, por lo que nunca llegaría a formar parte de la selección nacional.

“El apoyo de mi familia siempre fue incondicional”, cuenta Adel O’Reilly. “Mis padres siempre estuvieron vinculados al deporte. Mi mamá, Mercedes Román, era entrenadora de esgrima de muchos atletas que fueron glorias del deporte. Mi papá, José Carlos O’Reilly, fue atleta, entrenador y luego directivo de la provincia Ciudad Habana y de la Comisión Nacional de Atletismo. Falleció en el 94 tras un accidente automovilístico”.

Con 23 años, Adel O’Reilly se desvincula de la esgrima como atleta y comienza a trabajar como entrenador, hasta que le llega una invitación a través de un familiar que también era entrenador de esgrima, para participar en unas pruebas de aptitudes y conformar la selección nacional de pentatlón moderno. “Decidí probar fortuna y me gustó”, dice.

“No existía ese conocimiento vasto del pentatlón en Cuba. Por aquellos años, inicios de los 2000, se realizaron unos cursos de solidaridad olímpica para los entrenadores y, por la edad que tenía, a pesar de ser atleta, se me dio la oportunidad de participar”, explica.

Expentatleta y entrenador Adel O'Reilly con sus alumnos
Cortesía Adel O’Reilly

Esos cursos fueron impartidos por entrenadores de Francia, México y Alemania, de los cuales, reconoce que aprendió bastante.

“Ya hay un conocimiento mayor, una experiencia de trabajo sólida, de años con resultados a nivel centroamericano, panamericano, a nivel mundial y olímpico. Eso ha hecho que cambien la metodología y proyección de trabajo”, expresa.

Todo eso le bastaría para que una vez retirado como atleta en el 2005, Adel O’Reilly iniciase como entrenador. Durante su estancia en el equipo Cuba, fue varias veces campeón nacional, campeón de los juegos del Alba y del Villa San Cristóbal de Habana. Internacionalmente, fue medallista panamericano en torneos abiertos y en el 2001 llegó a estar entre los 100 mejores del ranking.

La conversión a entrenador de un pentatleta

Comenzarían entonces, una vez como entrenador, los resultados más destacados de su carrera deportiva. “Siempre me gustó la cuestión de ser entrenador, desde joven tuve la idea. Creé una buena base dentro de la Comisión Nacional de pentatlón, pues llegué a ser de los atletas que iniciaron el deporte, de los formadores, y eso me dio un aval, un currículum y una historia dentro del deporte, que me permitió llegar a donde llegué. Soñé desde el inicio con ser entrenador de la selección nacional”, dice.

A Adel O’Reilly le tocaría transitar por los diferentes niveles, aunque en un lapso relativamente corto. Una vez que comenzó como entrenador en el equipo nacional, le tocó formar atletas desde cero, hasta conformar un grupo con el que se alcanzaron los mejores resultados hasta la fecha. Son los casos de Leydi Laura Moya, José Ricardo Figueroa, Lester Ders, Iliannis Manzano, Elianis Cámara, entre otros.

“Los resultados se fueron dando debido a la dedicación y el empeño. Sin apenas tener recursos, todo por estar poniéndole alma, corazón y vida, como se dice. A veces, con poco y a veces, sin nada. Esto ayudó a que los resultados fueran cayendo y que, al pasar de los años, llegáramos a ser la potencia dentro de América en el pentatlón”, manifiesta.  

Podría sorprender el ascenso vertiginoso que tuvo un deporte tan caro como el pentatlón moderno en Cuba. Adel refiere que se debió, además del sacrificio, a la superación constante a la que tiene que estar sometido un entrenador. 

“Tiene que ser muy abierto, que escuche mucho, y que tenga la capacidad para modificar o enriquecer los conocimientos que uno pueda tener acerca de la actividad que realiza. Eso a mí me tocó. Tuve que tocar muchas puertas, preguntar y capacitarme mucho, no solo de los cursos que pasé, sino también a mis entrenadores.

“Tuve la dicha de tener muy buenos entrenadores. En la carrera, las pruebas de fondo y medio fondo, tuve a Juan Gualberto Bacallao, al que hoy le agradezco muchísimo. En la natación me apoyé mucho en uno de los mejores que ha tenido la Marcelo Salado, el profe Rosendo. En la esgrima, mi mamá desde la casa me daba las herramientas para mejorar, al igual que entrenadores de la selección nacional. También en la equitación tuve excelentes entrenadores, como en el tiro.

“Todo lo traté de extrapolar al pentatlón y me dio muchos frutos. Me tocó, en gran medida crear, elaborar un sello personal. Con el devenir de los años cada vez me convenzo de que nunca me equivoqué de la manera en que proyecté mi trabajo”, afirma.

Junto a Leydi Laura, Adel O’Reilly formaría una dupla con la que llegaron a ser Campeones Olímpicos de la juventud.

“Empezaba en el mundo del pentatlón y estaba sedienta de tener resultados. Las cosas de la vida la pusieron en mi camino, y a mí en el de ella, pues yo también estaba sediento de tener resultados y de crecer. Me escuchó al 100 por ciento, se dejó ayudar por mí en todo momento, tanto en lo deportivo, como en lo personal. Me tocó prácticamente ser como un padre y eso llevó al resultado”, dice.

Adel recuerda que ese resultado también se debió a la preparación que tuvieron, pues aparecieron los recursos para ello. En el 2009, lograron participar en dos Copas del Mundo, y en el 2010, viajan un mes antes a la sede de los JJOO de la juventud en Singapur.

“Unas condiciones envidiables, como nunca en toda mi carrera. Entrenamiento mañana y tarde. Valió la pena tanto sacrificio, pues el objetivo de ser campeones olímpicos se logró”, explica.

Últimos años en Cuba y una salida inesperada

A la Federación internacional le resultaba de interés que la primera campeona olímpica de la juventud participara en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por lo que se encontraban en una buena posición para asistir a eventos clasificatorios.

En los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, Leydi Laura cae del caballo en el último obstáculo de la equitación, se aleja de los medallistas del evento, y pierde la posibilidad de clasificar de manera directa a los juegos múltiples del 2012. La vía, entonces, tendría que ser por el ranking.

“Por cuestiones organizativas, que hoy por hoy realmente ni conozco, cuestiones que se manejan en el INDER Cuba, no se pudo clasificar por el ranking. Tratamos, pero no se dio, porque no se pudieron participar en todas las competencias que se tenía prevista por situaciones económicas”, explica.

Luego de ese primer conflicto, al parecer algo había cambiado en cuanto a la visión de la directiva con su entrenador. Los resultados seguían siendo sobresalientes, pero en el 2012 se decide no llevarlo a un evento en Guatemala; no fue convocado.

En el 2013, a raíz de los cambios migratorios en Cuba y la apertura para que los cubanos pudiesen viajar al extranjero, Adel O’Reilly intentó ir de vacaciones con su esposa a República Dominicana. Allí comenzaron los problemas.

“Esa información llegó al INDER, no sé cuál fue la razón. Como muchas cosas que pasan allá, tergiversaron la información y dijeron que yo me quería quedar o que quería salir de manera ilegal a México, ni siquiera a República Dominicana, que era donde estaba haciendo trámites”, cuenta.

A partir de ahí, las cosas sólo irían a peor, y las excusas para no llevarlo a los torneos, fueron en aumento. “Fue una competencia a la que se tenía previsto participar en México, y mi atleta se fue con otro entrenador. Así inició el final mío como entrenador. Fueron deteriorando mis ideas, me fui decepcionando de las cosas que me empezaron a pasar”, cuenta.    

“Ya el entrenador que yo era (exigente, que causaba molestias), no era bien visto por los directivos de la comisión ni por mis atletas, y eso hizo que me sintiera mal. Yo me dije: si no me quieren, voy a buscar la manera de abrirme camino. Eso fue lo que me hizo cambiar de parecer y, a partir de ahí, pensar en cómo salir de Cuba a trabajar en pentatlón en otro país”, detalla.

“Me molesté mucho con el tema de las vacaciones. Me dije: Dónde estoy, que por una cuestión de querer hacer algo personal, disfrutar o salir, me cuestionen de esta manera. Yo, un entrenador que ya había viajado a Europa, América, y por mi cabeza nunca pasó quedarme. Al contrario, estaba bien ilusionado. Que me sucediera que la Seguridad, alegara que yo me quería quedar, me decepcionó mucho. Me hizo sentir mal como persona y como entrenador”, confiesa.

Adel O’Reilly se quejó en reiteradas ocasiones con la comisionada y, al parecer, se percataron de que habían cometido un error con él. En Julio de 2012 van a un Panamericano en República Dominicana, lo cual hace que el entrenador recuperara alguna de las ilusiones que tenía. A su regreso, se vuelve a dar de bruces con la realidad.

“Se venían competencias, proyecciones de trabajo, pero, por cuestiones económicas y propias de Cuba, no se dan. Teníamos previsto ir al Campeonato Mundial y no se fue, porque a última hora no había dinero. Después, un campamento por Europa y tampoco se fue. Todo un año de trabajo, exigiéndole a los muchachos que no faltaran, que entrenaran, que se entregaran con todo, para después no poder asistir a las competencias. Todas esas cosas fueron sumando para que al final decidiera salirme”, afirma.

Una nueva vida en México

El entrenador se embarcó, entonces, en una aventura hacia México, a donde había llegado por contactos que hizo durante una estancia breve en el 2006, tras un contrato de trabajo.

“Llegué a México en septiembre del 2013 como director técnico en el Estado de Nuevo León y empecé a trabajar con un grupo bien variado hasta el 2016, cuando logramos coronarnos como campeones nacionales en México, igual que en el 2017”, explica.

Tras unos cambios en la directiva en ese mismo año, comienza a tener dificultades en el trabajo, sobre todo, con uno de los nuevos metodólogos, algo que lo saca finalmente de su puesto. Se pasaría dos años afuera, en los que colaboró con la selección nacional de Ecuador y logró clasificar al equipo completo a los Juegos Panamericano de Lima 2019 por primera vez en su historia, pero, debido a fallos en el tema del pago y el no cumplimiento de ciertas condiciones y promesas, decide irse.

Adel O’Reilly regresa entonces a Monterrey y, junto a su familia, viaja hacia Estados Unidos, donde se puso a trabajar en una empresa de construcción con un amigo. “Me iba muy bien económicamente, pero no era lo mío”.

Cuando el pentatlón ya había quedado atrás en su vida, y su fase de entrenador de selecciones nacionales le parecía muy ajena ahora, en el 2019 lo vuelven a llamar. Habían sacado a los que una vez lo sacaron a él, pues seguían teniendo problemas. “Se dieron a la tarea de rescatar a los entrenadores a quienes durante esa etapa los echaron y entre esos estuve yo”, dice.

El presente sonríe a Adel O’Reilly

En estos días, ha vuelto a conseguir hazañas. Acaba de lograr el título del Campeonato Mundial juvenil en el relevo mixto junto a la mexicana Damaris Garza, quien también ganó el Panamericano de la categoría. Es una atleta joven con muchas proyecciones y junto a otros tantos que vienen, lo hacen sentirse, una vez más, en planos estelares.

“Mis planes están en México. Tengo un grupo de chicos que vienen muy bien, varios en selecciones nacionales. Estoy trabajando con la vista puesta en París 2024 y los Ángeles 2028. No tengo pensado regresar a Cuba. Claro que me da nostalgia, pero la vida continúa y hay que darle vuelta a la hoja.

“En la selección cubana hay chicos con condiciones. Siento que tienen que trabajar y echarle muchas ganas, como en su momento lo hice yo. Sí me hubiese gustado seguir por muchos años más, ser el entrenador que fui y que soy dentro de la selección, pero las cosas no se dieron.

“No guardo rencor. Me disgusta en ocasiones que no se cambie el proceder en nuestro país y me duele mucho que se sigan perdiendo atletas y deteriorando el deporte. Yo soy uno más de los dolidos por las cosas que se hacen en nuestro movimiento deportivo cubano. No guardo ningún rencor, pero sí me fui triste, porque pensé que podía haber hecho mucho más por mi deporte en Cuba”, afirma.  

Adel O’Reilly expresa que el deterioro del deporte en Cuba se debe a la situación económica, que lleva a que el material sea escaso y las instalaciones sean inadecuadas.

No obstante, concluye que tiene que “ser por malas decisiones administrativas. Muchos se han ido porque han tenido situaciones parecidas a las que yo tuve, o producto de las mismas cuestiones económicas. Algunos han desistido de seguir batallando, o de lo que siempre decíamos en Cuba, hacer más con menos”.

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