La primera vez que escuché sobre ella, Leidy Laura Moya tenía 18 años y acababa de sorprender a los especialistas al coronarse campeona en los primeros Juegos de la Juventud desarrollados en Singapur en la disciplina de Pentatlón Moderno, un deporte del cual no tenía referencias en Cuba.

Casi una década después, su nombre musical se robaba los titulares de los medios deportivos de la Isla al colgarse en el pecho la medalla bronceada en los Juegos Panamericanos de Lima, convirtiéndose así en la primera cubana en subir al podio continental en la historia de este deporte.

“Yo sabía que podía alcanzar una medalla panamericana porque habíamos estado entrenando fortísimo y ya había entrado en podio en algunas competencias panamericanas. Fue difícil, en realidad pensé que no podía en el individual pero al final me puse bien fuerte y logré esa medalla de bronce. Estoy muy feliz en ser la primera mujer en lograr una medalla para mi deporte en estas citas continentales”, dice.

Su historia es casi una copia al carbón de tantas otras que se han escrito en nuestro país a lo largo de estos años con la tinta del sacrificio y que han burlado al destino con fórmulas individuales donde la tenacidad y la capacidad de hacer polvo las adversidades, son los ingredientes secretos para el triunfo.

Leidy Laura Moya
Foto: Hansel: Leyva.

Pocos imaginaron que aquella menuda y tímida niña de siete años, que venía casi a diario a la alberca de la Ciudad Deportiva desde las afueras de la Habana de la mano de su madre, pudiera resistir la tentación de dejar los juegos normales de la infancia para zambullirse en ese mundo tantas veces injusto de ofrendas y martirios.

Después de algunas medallas doradas ganadas en Juegos Escolares en estilo libre y pecho, la joven no era promovida al equipo nacional y se decepcionó, abandonando así la Escuela Nacional de Natación Marcelo Salado, desalentada y vencida por la falta de estímulos, hasta que uno de esos días su perseverancia la llevó a tocar las puertas del Pentatlón Moderno.

“Me motivó practicarlo por la variedad de deportes que hay en él. El hecho de tener cinco especialidades en una sola puede ser muy motivante. A mí me gusta mucho lo que hago, me encanta entrenar y cumplir las metas que me ponen los entrenadores y adoro las competencias.

“Una motivación grande para mí está en los resultados que voy teniendo y que me lo reconozca mi familia y mis entrenadores, sentir que ellos están orgullosos de mí me da mucha fuerza para seguir”, explica.

Si dedicarse por entero a practicar un deporte de alto rendimiento en el mundo es de por sí un reto enorme, hacerlo en uno que contempla cinco disciplinas (natación, esgrima, tiro, carrera y equitación) es mucho mayor, más en un país como Cuba donde las limitaciones y las adversidades son demonios eternos que atacan el sistema deportivo de estos tiempos.

“Tenemos bastantes malas condiciones para entrenar, estamos ahora mismo sin piscinas y nos prestan en ocasiones las de recreación del Parque Lenin que aunque no son olímpicas y no son las adecuadas, al menos no estamos en cero y hacemos algo ahí.

“La pista del Cerro Pelado tampoco tiene buenas condiciones pero vamos resolviendo con lo que tenemos y en la equitación tenemos nuestros problemas pero en Flora y Fauna nos prestan algunos caballos que aunque no son los mejores hacemos algo con ellos. Esto no puede ser siempre porque algunas veces hay afectaciones que las vamos resolviendo por el camino.

“La esgrima es lo mejor que tenemos ahora. Estamos entrenando con los muchachos del equipo nacional que nos ayudan muchísimo” cuenta.

Después del resultado obtenido en los Juegos Panamericanos, muchos pensamos que los dirigentes deportivos del país tomarían más en serio este deporte pero los pasos son lentos y hay mucha tibieza aún en las acciones necesarias para su desarrollo.

Foto: Hansel: Leyva.

“Todavía las cosas no han cambiado mucho pero si te digo que están arreglando la piscina del Cerro Pelado, ya la están enrejando para comenzar. No sé cuándo estará lista pero pienso que el año que viene mejoren un poco las condiciones para nosotros y lo del aumento del presupuesto todavía no sabemos. Tenemos pedidas unas cuantas bases de entrenamiento y algunas competencias internacionales ya que en la preparación para los Juegos Panamericanos no pudimos participar en ninguna, pero ahora como estamos clasificados para los Juegos Olímpicos espero que aunque sea una Copa del Mundo nos caiga antes de eso. Eso lo veremos cuando nos aprueben el plan del año que viene”, comenta.

Todo esto no hace más que engrandecer sus éxitos. Más que condiciones físicas, son necesarias otras herramientas de la personalidad de un atleta para sortear todas esas piedras enormes que hacen difícil el camino para lograr los objetivos. No solo son las carencias las que conspiran con un mejor resultado, pues Leidy Laura ha tenido que renunciar a una vida normal y crear una rutina diaria que muchos no estaríamos dispuestos a hacer o no podríamos.

“Todos los días me levanto temprano a entrenar, incluso los días libres entreno por aquí por mi casa. Mi rutina diaria es solo eso: entrenar, entrenar y entrenar. No llevo una vida normal, tengo muchas limitaciones. La mayoría de las veces no puedo compartir con nadie porque tengo entrenamiento al otro día o porque siento que si salgo un fin de semana me demoro en recuperarme por haberme acostado tarde por una fiesta o algo así. Es muy complicado, son muchas cosas que uno no puede hacer cuando es atleta, hay que limitarse también en la comida y en otras cosas, pero es un sacrificio que vale la pena cuando uno ve los resultados.

“Desde niña siempre fui muy dedicada y entregada a lo que hago. La verdad me es difícil a veces ver que familiares y amigos salen a compartir y tienen una vida normal pero me gusta mucho lo que hago y si algún día dejara el deporte no sabría qué hacer, a que dedicarme porque esto es mi vida. Llevo desde los siete años practicando y ya es una costumbre, si lo dejo de hacer no me siento bien”, afirma.

La también campeona de los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014 y ganadora de dos medallas de plata en el relevo femenino y mixto con sus compañeros Eliani Cámara y José Ricky Figueroa, es una chica común con una vida extremadamente tranquila. Le gusta salir a comer a un restaurante, compartir cuando puede con sus amigas, leer, ver películas, escuchar música romántica y evita los lugares ruidosos porque entre otras cosas, confiesa que no sabe bailar.

Entre las disciplinas del Pentatlón también tiene sus preferencias:

“La que más me gusta es la equitación, es la que más disfruto. Siempre me quedo con deseos de seguir montando a caballo. La que menos me gusta es la esgrima y a veces la carrera, pero eso varía dependiendo de los resultados que voy obteniendo. Cuando hago mal alguna disciplina deja de gustarme un poco, pero luego eso cambia”.

Leidy Laura Moya
Foto: Hansel: Leyva.

Leidy Laura quiere ser madre, pero ahora tiene su mirada fija en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

“Me gustaría mucho ser madre. Es una decisión difícil, es algo que quisiera hacer pero es algo que no está completamente decidido. Es un sueño que tengo pero he pensado que quizás después no pueda ponerme en el peso y no pueda seguir en el deporte. Veré después de los Juegos Olímpicos que pasa.

“Para Tokio 2020 espero mejorar el resultado anterior que no me fue bien porque me caí del caballo y no pude continuar. Mi pronóstico es estar entre las 15 primeras pero tengo sueños y voy a trabajar muy fuerte para poder estar entre las 10. Sé que esto es muy difícil pero no hay nada imposible y voy a dar lo mejor de mí para lograr ese objetivo”.

Así, despertándose todos los días de madrugada para ir por sus medios al centro de entrenamientos del Cerro Pelado desde su natal San Miguel del Padrón, en medio de privaciones y grandes contingencias, esta campeona cubana sigue haciendo historia y ganándose el corazón de los aficionados que la admiran y hacen suyos sus triunfos en el campo.