Foto: Arsenio Waterpolo

Si de polo acuático se trata, Giraldo Carales no escatima esfuerzos para seguir mejorando. El camagüeyano, luego de nadar por 14 años en el equipo nacional de esa disciplina, decidió probarse en circuitos internacionales y, con un talento nato, se ha convertido en pieza clave de su actual equipo, el Waterpolo Navarra, de la liga PREMAAT de España.

En un país distante, lejos de la familia que extraña noche tras noche -que pronto espera tener a su lado para completar su felicidad-, el cubano disfruta a plenitud una nueva etapa de su vida con la disciplina que ama y hasta descubrió una nueva profesión: el modelaje.

Carales, junto a su hermano, comenzó en el deporte por decisión de sus padres. Primero en la práctica del kárate, luego en lucha, y algo de atletismo probó también. Sin embargo, no era la tierra, sino el agua, el destino de aquel pequeño. Hoy, con 32 años y una extensa carrera en las piscinas, Giraldo Carales conversó con Play Off Magazine.

“En segundo grado finalmente empecé en natación. En Camagüey había un entrenador que pasaba por las escuelas buscando muchachos. Allí inicié y luego se sumó mi hermano también”, cuenta.

Luego de un periplo inicial pasó para la llamada pre-EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva) en la modalidad de clavados, mientras que su hermano debutó en polo acuático.

De forma disciplinada, el joven cumplía con su entrenamiento, pero al término de este se iba al área donde los polistas se preparaban. “Así estuve hasta sexto grado. Quería pasarme para el waterpolo, pero los profesores no me dejaban”. Tras varios intentos, le llegó la oportunidad de cumplir su sueño.

Primeas brazadas, origen de GC-3

“El waterpolo me gustaba más que la natación porque esta última a veces se torna monótona, mientras que el polo acuático lo hallé mucho más dinamismo. Tienes una pelota, puedes crear situaciones de juego y hacer muchas cosas, te enseña a pensar. En definitiva, me enamoré del waterpolo. Tuve los mejores profesores del país: Alberto, Yadelmis, Danilo, Raymundo. De sus manos salieron varios atletas de equipos nacionales”, afirma.

“La práctica del deporte en mi formación resultó muy importante. Esta constituye una modalidad bastante aguerrida, para practicarla se debe tener valor. El compañerismo es la clave, creas un vínculo tremendo con tu equipo, una química increíble; nada más de mirarnos ya sabíamos lo que estábamos pensando y, como resultado, lo que había que hacer. Me volví mejor persona, aunque muy inquieto, por ser un deporte de mucha movilidad”, expresa.

Girales Carales jugador de balonmano cubano
Giraldo Carales, jugador cubano de balonmano en España. Foto: Arsenio Waterpolo

A las dos semanas de jugar waterpolo hubo un torneo en Ciego de Ávila. Los profesores repartieron los gorros, típicos en los deportes acuáticos, y fue casi el último en escoger.

“Elegí el número tres. Recuerdo que a los pocos días iba saliendo de la escuela y una señora me dijo: ‘¡Niño, se te cayó algo!’ y cuando miro era uno de los gorros. Cuando lo recogí sentí algo por dentro al pensar que lo podía perder y hasta el sol de hoy utilizo ese número. De hecho, me conocen como GC-3 porque esa situación me marcó para toda la vida”, dice.

En Cuba existe la posibilidad de practicar deportes de temprana edad. Algunos niños, como el propio Giraldo, empiezan en natación y luego pasan al waterpolo. “Allí te enseñan las esencias del deporte y adquieres la habilidad para practicar la disciplina. En mi caso, transité por todas las categorías, escalón por escalón. Entré al equipo nacional juvenil con 15 años hasta los 17 y de ahí para la selección de mayores.

“Llegar al equipo nacional me cambió la vida completamente. Esa es la cúspide para cualquier deportista. El entrenamiento es muy fuerte en comparación con otras categorías. Se trabaja mucho en lo individual. En Cuba se perdió el equipo nacional juvenil hace algunos años, ya no hay. Entonces se da un salto muy grande, desde la categoría 15-16 años directo a la de mayores, casi niños que tienen que jugar con hombres. Por tanto, llegan con déficit técnico, físico, casi no aguantaban la preparación que hacíamos nosotros”, recuerda.

De Cuba a España, siempre el polo acuático

Defendiendo los colores nacionales, Giraldo Carales exhibe en sus vitrinas importantes resultados, que le colocaron como una de las principales figuras en su momento. Con él en la nómina, el equipo que asistió a los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 obtuvo el cuarto lugar.

En Toronto 2015 quedaron relegados a la séptima plaza, aunque, en la cita de Lima, el pasado año, mejoraron dos escaños al concluir quintos y él terminó sublíder en cuanto a goles. A nivel Centroamericano, un bronce en Veracruz 2014 y una plata en Barranquilla 2018 avalan su desempeño.

“Ese año (2014) en Veracruz perdimos un partido contra México. Ganamos en todas las competencias, veníamos bien, pero llegamos a ese partido y perdimos por cinco goles, eso fue un shock grande. Después igualamos con Colombia tras ganarle seis goles por dos, pero nos empataron el choque y quedamos fuera de la final. Más nunca me recuperé de eso; hasta los deseos de jugar perdí, pero pude salir del bache, aunque todavía lo recuerdo con tristeza”, comenta.

Los escasos resultados a nivel internacional evidencian una de las carencias principales del polo cubano: el poco juego que presentan los atletas.

“Las competencias en Cuba funcionan casi sin condiciones. El deporte recibe equis cantidad de dinero al año y con eso se planifica para que de ahí salga todo”, detalla el jugador.

“Las competencias nacionales de nosotros literalmente son muy malas, se juega un torneo al año de solo una semana. Es duro entrenar un año entero para después jugar menos de siete días. Ahí no se coge fogueo, no se hace nada. Tenemos que luchar por crear una liga, o algo parecido, pero por más tiempo. Con una competencia tan corta no puede haber desarrollo posible”, explica.

En cuanto a la arena internacional, solo se juegan los principales, Centroamericanos, los Juegos Panamericanos, el torneo Panamericano de la disciplina o alguna que otra base de entrenamiento que se pueda gestionar. De esta forma, es más complicado obtener resultados destacados.

“Deberíamos insertarnos en la Liga Mundial o mandar más jugadores a otras ligas. Lo cierto es que hay que jugar más para alcanzar resultados a corto, mediano y largo plazo”, manifiesta Giraldo Carales.

Cuba está lejos del primer nivel del deporte. Por ejemplo, en Europa un muchacho juega mucho más que nuestros atletas allá y cuando alcanza la madurez deportiva tiene ya un gran recorrido y esto le da capacidades técnicas importantes. Eso siempre hace falta y no solo para el waterpolo, sino para cualquier modalidad deportiva.

“El futuro depende de algunos elementos indispensables. De hecho, quiero ayudar a que sea mejor. Ahora tenemos la posibilidad de jugar en ligas internacionales, eso es bueno, así nos desarrollamos como polistas. Lo que podamos aprender afuera en algún momento será transmitido a los jugadores de allá (Cuba) que aún no han salido para que puedan mejorar. Además, hace falta competir en todas las categorías, eso es lo que da el fogueo y la calidad de un deportista, en este caso de waterpolo.

“La diferencia radica en el volumen. Como en Cuba se juega poco tenemos que basar la preparación en la parte física y no en el juego como tal. Se nada mucho. En España, por ejemplo, no ocurre así porque cada semana tienes que jugar, no hay que nadar tanto, se busca la preparación técnica”, describe.

Waterpolo Navarra y un cambio de aguas

Con una carrera prácticamente estancada en Cuba, sin tener de quién nutrirse para superarse, sin un tope más allá de lo que podía hacer en la Isla, decidió retirarse del Equipo Nacional luego de 14 años en el mismo.

“Quería vivir otras experiencias. Ya me habían visto jugar y me llegó una oferta para jugar en Pamplona, en la división de honor. La decisión fue fácil, lo difícil fue dejar a mi familia atrás, pero era una experiencia que tenía que vivir. Siempre la quise y que se me diera en mi último año fue una bendición”, explica.

“Me contactaron durante una base de entrenamiento en México. Conversamos y durante el Panamericano concretamos el acuerdo. Se realizó el proceso legal pertinente y todo llegó a feliz término. Cuando supe que jugaría fuera sentí una alegría inmensa. En la culminación de mi carrera en Cuba sentí una alegría que no podía aguantar”, cuenta.

Lejos de su país, de su familia, Giraldo Carales encontró una posibilidad profesional, por un lado, pero por el otro se enfrentó a un contexto totalmente ajeno al acostumbrado.

“En España me costó trabajo adaptarme los primeros meses a una forma diferente de juego, al equipo. Aquí hay mucha disciplina, todo hay que hacerlo como está escrito, no se puede improvisar, las jugadas marcadas se deben cumplir. Son muchos detalles que te hacen pensar diferente. He crecido como polista”, dice.  

“La familia mostró su apoyo desde el principio. Ellos sabían que la vida me debía esta oportunidad de probarme a este nivel. Siempre han estado ahí, nos comunicamos diariamente, hacen las veces de psicólogos. Gracias a mis seres queridos encuentro la motivación y la fuerza para seguir en esto”, manifiesta.

“Viajé solo. Cuando llegué a Madrid mi entrenador me estaba esperando con un compañero de equipo, Martín Chocarro, que casualmente usaba el tres, y recuerdo que veníamos con el coach en el carro y me preguntó por el número que yo utilizaba y le dije que el 3 y él preguntó jocosamente a Chocarro si me iba a dar el número. El ‘Choqui’, por ser el hecho de ser nuevo, me dejó el número sin problemas”, expresa.

Motivado por el nuevo reto, apenas arribó a tierra ibérica se personó en el área de entrenamiento del club. “Sentí tremenda emoción ese primer día al entrar a la piscina y ver a los compañeros entrenando en el agua. Ellos me saludaron, me dieron la bienvenida. Recuerdo el primer tiro, todo. Aquello fue indescriptible”, afirma.

Siempre constituye un reto el hecho de permanecer alejado de los seres queridos. Carales confiesa despertarse, noche tras noche, soñando con su familia, sobre todo con su pequeña hija. “Es algo que no puedo, soy muy familiar, eso me choca, estoy haciendo todo para traerlos para acá conmigo. No me gusta estar separado de ellos”, dice.

Recientemente, el Waterpolo Navarra decidió renovarle el contrato y experimentó cierta mejoría, máxime cuando existe la posibilidad de reunirse con los suyos. “Estoy conforme con el contrato. Me gusta, me siento bien, firmé otra temporada con el club. Lo mejor es que tengo la posibilidad de traer a mi familia y estoy muy contento con esta posibilidad que me dan”, explica.

Girales Carales balonmano cubano en España
Giraldo Carales, jugador cubano de balonmano en España. Foto: Arsenio Waterpolo

Misma persona, diferente contexto

“Soy una persona de mente abierta y vine a España con deseos de conocer la cultura. Vivo en Navarra, en el País Vasco y al comienzo me chocó que algunos decían que no eran españoles, sino vascos. Eso no lo entendía bien, pero luego comprendí su sentimiento de arraigo y lo respeto. Sinceramente, me gusta esto aquí; si pudiera quedarme a vivir en España sería en Navarra.

“Aquí tengo gente muy allegada, socialmente los españoles son superagradables. Te hacen sentir bien, te valoran como cubano. Además, las condiciones aquí son favorables, juego al primer nivel mundial y eso ayuda mucho al desarrollo personal mío. Finalmente encontré lo que buscaba. Mi salida del país se debió a que perseguí mi sueño de jugar a este nivel. Soy feliz, solo me falta mi familia; en cuanto los tenga por acá, sí será completa esa felicidad”, describe.

Pero la vida Giraldo Carales ya no se resumen solo al polo, pues encontró fuera del deporte una profesión que quizás nunca soñó en Cuba y que pudiera resultar muy importante en su vida.

“Además de jugar waterpolo soy modelo. Conseguí dos agencias y en mis vacaciones modelé, no perdí el tiempo, lo disfruté un montón. Ahora empecé una empresa acá en España con unas amistades para ver cómo sale. Hasta ahora va bastante bien. Ya que estoy aquí quiero aprovechar esta oportunidad de hacer negocios”, manifiesta el jugador, quien nunca olvida la tierra de donde salió y el deporte que marcó su futuro.

“También quisiera recuperar mi vida en Cuba. Convertirme en entrenador o miembro de la Comisión Nacional para ayudar en el crecimiento del waterpolo cubano. Cada vez que requieran mis servicios por aquí estaré para ellos”, afirma.

Por: Gian Franco Gil y Alejandro M. Abadía Torres

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