Foto: Brian Bahr/Getty Images

Desde pequeño, un morenito fuerte rondaba por el llamado terreno del Buque de Remedios, en Villa Clara, sin sospechar que años después se convertiría en una estrella cubana del béisbol y que llegaría a competir en Grandes Ligas. Esa área de pueblo se encontraba justo frente a la casa de Jorge Luis Toca, aquel muchacho que creció hasta llegar a ser uno de los buenos primeras bases que han pasado por la Isla.

Allí comenzó su amor y una carrera incipiente en el juego de las bolas y los strikes, pues no demoró mucho en demostrar su talento: a los 12 años, ya representaba al país en el torneo internacional infantil de la categoría.

Muy pronto, ingresó en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) de su provincia y fue integrante de todos los equipos escolares en aquel entonces, en un período que fue desde 1983 hasta 1987. Después, participó con la selección nacional juvenil de 1989.

A partir de ese momento, Jorge Luis Toca jugó en ocho series nacionales como inicialista de Villa Clara y con una de las novenas históricas fue titular nacional en los campeonatos consecutivos de 1993 a 1995, con aquel legendario conjunto dirigido por Pedro Jova, que era prácticamente imbatible.

El bateador remediano hizo historia en la pelota cubana en apenas 8 temporadas en las que participó, pues conectó 100 jonrones, 15 triples, 165 dobles, y ostentó un promedio de bateo de 319, con un slugging impresionante de 571. Pero con 27 años, en plenitud de forma, decidió abandonar la isla para asegurar un mejor bienestar en MLB.

Quizás fue tardía la decisión, pero no desistió en su sueño. En 1999, después de emigrar a los EE. UU. inició ese año en la temporada de Doble A y convenció con excelentes números con el Binghamton, resultado que lo catapultó a Triple A. Con ofensiva y defensiva impresionantes, logró que lo subieran los Mets de Nueva York, y debutó contra los Dodgers de Los Ángeles.

El gigante villaclareño no tuvo muchas oportunidades en la Gran Carpa, pues casi siempre fungió como emergente, y otras pocas veces a la defensa o como corredor de cambio. Estuvo en muy pocos desafíos hasta 2001, con los Mets. Después, estuvo en las Menores con los Piratas de Pittsburgh, los Expos de Montreal, los Tigres de Detroit, los Medias Blancas de Chicago y los Cardenales de San Luis, pero nunca más ascendió al máximo nivel. 

De sus vivencias en Cuba; su decisión de emigrar a Estados Unidos, y su salida ilegal; los rumores que afirman que se dedicaba al tráfico de peloteros; su paso por MLB; las dos décadas sin poder visitar la isla y sus sueños, Jorge Luis Toca conversó con Play Off Magazine.

¿Cómo fueron tus inicios?

Tenía seis años y vivía, al cruzar la calle, del terreno del Buque. Un señor mayor fue mi primer entrenador y después vinieron Jorge Fernández y Ramón Rojas, en Remedios donde nací. Con ellos comencé el béisbol organizado, pero en el estadio del municipio. Fui a las provinciales desde la categoría 9 y 10. Después, pasé a la EIDE y ahí aprendí mucho en los años de escolares con Roberto Díaz, Iván Jiménez, Juan Rodríguez y Pedro Pérez Paz. Posteriormente, transité para los juveniles.

¿Y la llegada a Series Nacionales?

Empecé en la primera categoría donde pasé un poco de trabajo los primeros años, pero despegué en mi tercera serie. Desde el 93 al 97 fueron los mejores años, incluso integré la selección nacional. Puedo asegurar que aquel fue el mejor equipo o el segundo de todos los tiempos.

Un elenco en la receptoría con Alberto Hernández como cácher; Orestes Kindelán, Lourdes Gourriel, Antonio Pacheco, Juan Padilla, Germán Mesa, Eduardo Paret, Omar Linares, Víctor Mesa, Luis Ulacia, Miguel Caldés, Ermidelio Urrutia y José Estrada; y el picheo estupendo: Rolando Arrojo, Osvaldo Fernández, Lázaro Valle, Omar Ajete, El Duque Hernández y Liván Hernández. Ese año no jugué, pero después sí ya me consolidé.

¿Cómo catalogas las condiciones que tenían para desarrollar el béisbol en Cuba?

Siempre estuve becado. Imagínate, estábamos en albergues y cuando comencé en las series nacionales la alimentación en algunas provincias era mejor y en otras, pésima. Por lo menos en los años en los que jugué allá no eran buenas las condiciones. Después de que me fui sí creo que mejoraron algo.

Los entrenamientos siempre fueron rigurosos y fuertes. El mejor entrenador y director que tuve fue Pedro Jova. Entrenábamos en Topes de Collantes, en la altura. Íbamos a las playas de Caibarién. En el equipo Cuba también eran muy rigurosos. Siempre hubo rigor. Teníamos un preparador que era Roberto Pupo que nos exigía las pesas, la resistencia, la velocidad, la reacción y, sobre todo, el corrido de las bases, algo que he visto que se ha perdido.

En aquel conjunto la velocidad en función de la ofensiva era lo fundamental. Estaba acoplado por todas partes, pero se recalcaba todo para hacerlo bien. La forma de pisar las bases, el robo, el bateo y corrido. Para que un equipo pueda alcanzar resultados debe tener todas esas herramientas engranadas y para así ganar campeonatos.

 ¿Por qué decides emigrar cuando tu carrera iba en ascenso?

Mis pensamientos siempre fueron que yo podía jugar en Grandes Ligas. Un día me llaman porque había comentarios en mi pueblo y en la provincia de que yo quería jugar en el profesionalismo. Mandaron una carta del INDER de La Habana con esos elementos y me suspendieron. No sé más nada, solo que no iba a ir a la Olimpiada de Atlanta.

Nunca reclamé. Tenía mis pensamientos claros. Cuando me suspendieron jugué en Santiago de Cuba la última subserie. Bateé el jonrón número 100 a José Miguel Báez, culminó el partido, y saludé a todos mis compañeros del equipo y les dije: este fue el último juego mío en este país, me voy a buscar vida en otro lugar. Fueron a hablar conmigo después como dos veces, pero les dije que no.

Nunca tuve problemas con nadie ni con los de la comisión. Yo respetaba para que me respetaran. Dentro y fuera del terreno me gustó respetar a los umpires y a todo el mundo. Mi carrera allá la catalogo de excelente porque lo mío era jugar pelota.

Sí ocurría algo que detestaba, no me gustaban las mentiras y los engaños. Pero vivían toda la vida engañando a todo el mundo y no hay nada más malo que te mientan.

¿Cómo saliste de Cuba?

Tiempo después me fui por Las Tunas, coordiné con unas personas que también se iban y así lo hice. Nunca le dije nada a nadie. Estuve escondido veinte días en una casa en las Tunas. Eso fue muy difícil para mi familia y más para mi mamá, que en paz descanse, quien después murió y no pude verla jamás, porque estaba aquí ya.

Nadie de mis familiares supo donde yo estaba. No podía comentar nada porque es algo delicado. Al salir de Las Tunas llegamos a las Bahamas y nos rescató un barco. Después estuvimos en un campamento 17 días. Por una visa al estar yo casado con una japonesa, me fui a Japón.

Tuve que pasar mucho. Fue muy estresante porque los otros compañeros que venían conmigo fueron deportados para Cuba. Salí y estuve cuatro meses con los japoneses entrenando. Conseguí una visa de turismo para los Estados Unidos por lo que expliqué. Había muchas versiones de que si nos habíamos ahogado o desaparecido. Fue muy duro, pero cuando uno va a tomar una decisión y quiere hacer algo por la vida, uno lo hace.

Jorge Luis Toca cuba
Foto: Matthew Stockman /Allsport

¿Qué cambió al llegar a MLB?

Al llegar acá ves un cambio. No por gusto le dicen las Grandes Ligas. Es lo más grande que yo he visto en todo el mundo. Las condiciones, los estadios, el trato, todo. Es un cambio abismal con respecto a Cuba. Las formas de entrenamientos y la disciplina. Ciento veinte o doscientos por ciento mejor.

Es un sueño jugar aquí. Solamente saber que jugué, que fui uno de esos tantos que ha cruzado la línea, me siento orgulloso y contento, aunque no pude rendir lo que yo quería y podía hacer. Nunca me dieron la gran oportunidad. Siempre pequeña, en cuatro años. Hubiese anhelado tener más turnos al bate y demostrar que era un gran defensor de la primera base.

Te cuento una anécdota. La gente ha hablado cosas que no son, allá y aquí también. Yo jamás me dediqué al tráfico de peloteros, solamente he trabajado para compañías que representan peloteros aquí. Ellos me buscan para que yo les entrene a los jugadores y los ponga en forma. Simplemente, cobro por ese trabajo a los 30 equipos de MLB y después que ellos firman a mí me pagan el uno o dos por ciento.

Deseos por cumplir

Me gustaría ser mánager algún día. Ser entrenador de bateo. También donar bates, pelotas e implementos para Cuba. Todo lo que fuera para ayudar en el béisbol lo haría porque es lo que siempre he hecho, sin problemas ninguno.

Después del suceso del 11 de septiembre con las Torres Gemelas he hecho mis aportes. He dado donaciones para niños con cáncer. Me satisface haber participado en todo eso para muchas fundaciones con todos los bienes de este país.

Tu país desde la distancia

Lo más presente que uno tiene es la familia. Tengo un hijo de veinticinco años y una nieta de cinco años además de mi papá y un hermano, todos allá. No he regresado desde que me fui hace 22 años. Quisiera regresar para visitar mi tierra que es Remedios, que es lo que más yo quiero. Pasar si puedo y que me dejen entrar al estadio Sandino de Santa Clara, donde hice toda mi carrera y saludar a todos los fanáticos de esa zona y de Villa Clara y Cuba, porque soy un fan del béisbol, que es lo único que he hecho en mi vida. Lo es todo para mí y lo tengo engendrado en mi corazón.

Quisiera mirar las calles de mi pueblo porque allí anduve descalzo, allí empecé en mi Remedios a jugar y por eso lo quiero tanto. Sueño con disfrutar de unas parrandas, ya que, aunque lo primero para mí es la pelota y la familia, esa tradición la tengo entre los primeros amores también.

Si echaras el tiempo atrás, ¿pensarías distinto?

Lo he dicho muchas veces y lo repito. Si echo el tiempo atrás y vuelvo a empezar eso es lo que haría: desde muy temprano venir aquí a los Estados Unidos y jugar en las Grandes Ligas. No lo pensaría dos veces para hacerlo. Jugaría en el Sandino unas series, pero emigraría más joven. Llegar tarde fue lo que me chocó. Vine con una edad avanzada y si hubiera llegado con menos edad estoy seguro de que hubiese tenido más oportunidades.

Quiero decirte que no estoy de acuerdo con que los peloteros que desertaron puedan jugar ahora en eventos internacionales. No lo entiendo, cómo van a dejar que representen a Cuba ahora en un evento tan importante como el clásico.

¿Cómo ves el futuro de Jorge Luis Toca?

He hecho muchas cosas y todo se me ha cumplido aquí. He trabajado en compañías de representación. He laborado con muchos peloteros, entrenándolos. He practicado con niños. Ahora apoyo a mi hija de 19 años que estudia en la universidad de Tampa, y tengo otra de 12 estudiando también y un niño de cuatro. Tengo mucha tranquilidad en mi vida. Estoy feliz siempre desde que estoy aquí a pesar de la lejanía de mi familia en Cuba, pero trabajando y echando para adelante que es lo que hay que hacer aquí y de esta manera ayudar a los míos.

Que lo sepan todos: no he ido porque he solicitado varias veces el pasaporte y nunca me ha llegado. Quiero saludar a la afición beisbolera y a la revista por esta oportunidad de recordarme mis años como pelotero. A los cubanos, desde oriente hasta occidente, un abrazo. Algún día estaré por allá si es que me lo permiten. Gracias a todos y que se cuiden mucho sobre todo en estos difíciles momentos de pandemia para algún día vernos y abrazarnos todos otra vez.

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