Gian Franco Gil y Alejandro M. Abadía Torres

Camina con paso firme, pisa fuerte y seguro. Entrena como pocos: corre, nada, dispara, monta a caballo y ejecuta estocadas perfectas. Para algunos eso resulta suficiente, pero ella, inconforme, toma un respiro y vuelve a la misma rutina. Es un baluarte del pentatlón moderno cubano con un claro objetivo: brillar con luz propia.

Leydi Laura Moya López comenzó en el deporte a los siete años. Su pasión en aquel entonces era nadar. La piscina del Bello Palmar, en el Cotorro, le vio practicar sus primeras brazadas, al tiempo que alternaba con el biatlex. “Siempre fui bastante buena, alcancé medallas prácticamente desde que empecé en el mundo del ejercicio físico” dice Leydi, quien bajo la tutela del entrenador Ernesto Garrido comenzaría a fraguar una exitosa historia.

La captación para la escuela Marcelo Salado no tardó en llegar. Una vez en la academia aprendió estilo libre, pecho y espalda, válidos para completar su formación. Sin embargo, Moya sufría la constante decepción de ser excluida del Equipo Nacional. “A pesar de cumplir con las marcas requeridas por los seleccionadores en esas instancias jamás me llamaron”, cuenta.

Tras un tiempo de incertidumbre decidió probar suerte en el deporte de las cinco disciplinas. La vida de Leydi Laura comenzó a dar vueltas y luego de escalas indeseadas, aterrizó en la selección nacional de Pentatlón Moderno, donde después de ganar su primera competencia subió al primer equipo.

Leydi Laura Moya pentatlón moderno
Foto: Hansel: Leyva.

“Al principio me costó acostumbrarme a ese salto. No es lo mismo cuando alguien llega al equipo definitivo, la responsabilidad es otra. Todo cambió a partir de entonces y yo, tan joven aún, sentí a veces cierto temor”, confiesa Leydi, quien señala que en ocasiones le ha pasado por la mente abandonar el alto rendimiento; no obstante, jamás ha perdido el enfoque: “esos solo son pensamientos que uno tiene a cada rato”.  

Con 18 años asumió su primer reto internacional en los Juegos Olímpicos de la Juventud Singapur 2010. Dichos torneos presentan a la crema y nata del deporte en edad juvenil. Sin embargo, para la destacada pentatleta criolla“en Cuba se considera un intercambio cultural, las autoridades del deporte le otorgan poca importancia por el hecho de presentar menor interés mediático, aunque la calidad existe y es muy superior a los Juegos Centroamericanos, por ejemplo”.

Vestida de gloria, la cubanita llegó a la urbe asiática con más dudas que certezas, pero salió con la satisfacción de una presea colgándole del cuello. La jovencita logró titularse en su modalidad, mostrándole al mundo su sabor caribeño. A pesar de los desengaños durante su etapa en la Marcelo Salado, toda aquella experiencia acumulada le valió para dar el extra y llegar a convertirse, como premio a su esfuerzo inagotable, en la primera figura del Pentatlón Moderno cubano.

“Para nadie es un secreto el retroceso en cuanto a resultados internacionales sufrido por nuestro deporte en general en eventos multideportivos. En este sentido, figuran varios factores que resultan decisivos a la hora de buscar un resultado. A pesar del esfuerzo, todavía las instalaciones no son las ideales para el entrenamiento y debido a la falta de recursos económicos en las que se encuentra envuelto el país hemos tenido que acudir a otras alternativas, pero nunca detener la preparación”, detalla.

“Por ejemplo, tenemos la posibilidad de entrenar la natación en las piscinas del Parque Lenin de La Habana. Allí la atención es esmerada y casi que preferimos estar por allá, pues en el complejo Baraguá difícilmente quepa alguien más. Allí acuden casi todas las demás modalidades acuáticas. Nos gusta ese espacio y por lo pronto es lo que tenemos. La pista exhibe similar panorama, la esgrima, la equitación, todo depende de la buena voluntad de quienes integran esos deportes. Hasta ahora siempre han dado su apoyo. Por ejemplo, en el Centro Ecuestre, allí nos prestan cualquier caballo, unos mejores, otros peores, pero al menos resolvemos”, manifiesta.

Leydi Laura Moya pentatlón moderno
Foto: Hansel: Leyva.

Lima 2019 constituye un momento importante en su carrera deportiva. La hazaña de ser la primera pentatleta cubana en lograr una medalla Panamericana la colocó en un sitial de honor.

Para ella, lo más importante ha sido el apoyo de sus padres, de quienes recibe una invaluable ayuda: “Cada vez que regreso de algún evento me siento con ellos a conversar, siempre ha existido un diálogo entre nosotros y forman parte de lo que soy en estos momentos”.

Ahora ella piensa en Tokio. Espera lavar la imagen dejada en Río 2016 tras quedar rezagada en la tabla de puntuaciones. Encuentra en el deporte su verdadero amor, y asegura que “llegado el momento del retiro me sentiré incómoda y con pocas cosas por hacer, aunque para eso falta bastante todavía”.

Sin embargo, cuando ella no esté quedará la duda, pues la formación de talentos en la base marcha a paso lento y en el mismo aún escasean las sucesoras. Leydi asegura que “el trabajo siempre pudiera mejorarse. Incluso, el propio sistema de competencias atenta en la formación de atletas en un deporte aún desconocido para muchos. La estructura mantiene un esquema de formación de talentos hasta los 18 años, luego solo se cuenta con los atletas del equipo nacional. A quienes pasen de esa edad y aún no presenten resultados, deben trabajarse también. Eso traerá aparejado la continuidad en esta modalidad deportiva”.

Leidy Laura Moya pentatlón moderno
Foto: Hansel: Leyva.

Del último campeonato mundial de pentatlón moderno decide obviar las causas que le sacaron de la pelea por las medallas. “Ese momento ya pasó, hay que seguir para adelante, enfocarse en el próximo evento, las inconsistencias y la falta de concentración, pues, aunque sea por un momento, puede resultar fatal en la competencia”.

No obstante, la posibilidad de desistir queda descartada para la criolla, quien aspira a un trofeo individual en el pentatlón moderno. Sus ojos muestran el deseo insaciable y posible de subir al podio en un campeonato del mundo, en la modalidad de relevos. Ella no cree en imposibles, se enamora de los retos y no deja de soñar con una medalla mundial.

“No estamos tan alejados de un resultado mundial, ese año sentí que podíamos dar para más y aunque no se pudo, tampoco es un imposible. Si bien Europa ostenta el grueso en cuanto a calidad, en el área del Caribe ha crecido el nivel, sobre todo México y nuestro país. En Cuba podemos replantear estrategias de fogueo y por qué no, en algún momento dar la sorpresa. Bajo los cinco aros sí es más complicado, pero no descartamos nada”.

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