Muchos sentimientos encontrados nos vienen a la cabeza cuando pensamos en aquella generación de voleibolistas cubanos de finales de los noventa, que mostraban su calidad en los principales eventos a nivel mundial.

Sentimos una profunda alegría cuando se proclamaron campeones de la Liga Mundial en el 98; decepción y tristeza cuando terminaron séptimos en Los Juegos Olímpicos de Sídney 2000; frustración cuando, según el mismo Gilberto Herrera: “el mejor equipo cubano desertó antes de crecer”.

Vivimos una época bien convulsa de nuestro voleibol en el que aún quedan sin responder muchas interrogantes; donde se inició un proceso bastante prematuro de contratación en el exterior de nuestros jugadores que tan solo duró 2 años.

En Play-Off Magazine dialogamos con uno de los protagonistas de aquella histórica generación: Alain Roca, gloria del deporte cubano, atacador-receptor y pasador por 7 años de nuestras selecciones nacionales, quien fue partícipe de la victoria más grande del voleibol masculino.

Los comienzos de Alain Roca y la llegada al equipo nacional

Vengo de un entorno familiar de atletas de alto rendimiento. En este caso, mis padres fueron destacados basquetbolistas de las selecciones nacionales de Cuba. Mi padre, Juan Roca, fue campeón centroamericano en República Dominicana 1974 y bronce olímpico en Múnich 1972, el mejor resultado hasta la fecha de este deporte en la isla. Por otra parte, mi madre, Mayté Borrero, tuvo una interesante carrera desde 1967-1979: doble campeona centroamericana y doble medallista de bronce panamericano. Debo reconocer el impacto positivo que tuvieron en mi educación. Incluyo a mi abuela materna Nelly Gorra, faro y guía de nuestro núcleo, quien ocupa un lugar muy especial en mi corazón.

A los 6 años comencé a practicar natación y, posteriormente, inicié la práctica del baloncesto a nivel escolar entre los 7 y 8 años. Al cumplir los 9, los avatares del destino me acercaron al voleibol por medio de un entrenador llamado Guillermo Valdés, al cual le estoy muy agradecido. A partir de ese momento surgió una química especial con este deporte. Pasé luego por varias etapas escolares y formé parte de las principales escuelas de iniciación deportiva en el país. Sin dudas, fueron innumerables los elementos de base aportados por mi familia, que contribuyeron a mi formación global como atleta.

voleibolista cubano Alain Roca
Foto: Hansel Leyva Alain Roca, gloria del deporte cubano y atacador-receptor y pasador por 7 años de nuestras selecciones nacionales, quien fue partícipe de la victoria más grande del voleibol masculino. Foto: Hansel Leyva

Alain Roca llegó en 1995 con apenas 18 años a la selección nacional, la cual estaba plagada de figuras con mucho nivel, como los casos de Osvaldo Hernández, Ihosvany Hernández, Ramón Gato y Raúl Diago, entre otros.

Fue algo indescriptible. Desde el ángulo emocional resultó ser una explosión de dopamina en mi organismo. Por otro lado, lo que parecía alejado e imposible en una época, se acercó de repente, y me obligó de inmediato a fortalecer la mentalidad, pues las responsabilidades y exigencias comenzaban a ser mayores. Estaba rodeado de hombres adultos, jugadores consagrados y con mucha experiencia. No tenía tiempo para perder si quería ganarme un lugar, por lo que debí asumir la adaptación lo antes posible para estar a la altura de las expectativas y objetivos de un equipo que en ese entonces ya contaba con un estatus mundial, gracias a los resultados que se venían obteniendo desde decenios anteriores, de la mano de figuras como Joel Despaigne, Abel Sarmientos, Ihosvany Hernández, Raúl Diago, Osvaldo Hernández, entre otros. Con muchos de ellos inicié mi recorrido, mientras observaba, me esforzaba y sacrificaba cada día, al tiempo que absorbía lo positivo, y aprendía constantemente y mejoraba. Innumerables profesionales aportaron a mi carrera, tanto en el sector deportivo, como en el académico.

Admito sentir un profundo orgullo por haber formado parte de esas generaciones. Absolutamente nadie puede silenciar u ocultar la gloria conquistada, méritos logrados con disciplina, con amor, pero sobre todo con mucho coraje.

Para hablar sobre esta selección resulta imprescindible referirnos a sus antagonistas. La potente selección de Italia los privó en reiteradas ocasiones de la victoria.

Es primordial para esta historia. Basta recordar que fue elegida por la FIVB como la mejor selección masculina del siglo XX, pues fueron campeones mundiales en 1990-1994-1998 y ganaron varios títulos de ligas mundiales. Sus jugadores tenían un gran nivel técnico, pues hacían carrera en la meca del voleibol mundial a nivel de clubes. Nosotros, en cambio, veníamos de un tipo de formación diferente donde prevalecía la preparación física. Es por eso que he manifestado y resaltado en múltiples escenarios la capacidad, el arrojo y la convicción del atleta cubano para afrontar desafíos y romper con todo tipo de barreras, pues a pesar de la desigualdad de condiciones, el público tuvo siempre la oportunidad de presenciar trepidantes y fenomenales duelos entre ambas selecciones. Lidiar con los reveses no es tarea fácil para un deportista, pero aprendes a seguir adelante y a pensar en los detalles que podrías mejorar.

Sin embargo, en 1998 la selección antillana tuvo su revancha. Al fin, eran campeones de una Liga Mundial luego de estar varios años acariciándola. Se rompía la maldición de Italia.

Recuerdo que tuvimos una fase clasificatoria importante en la que concluimos primeros en la fase de grupos. En esta edición de la Liga Mundial, a diferencia de otras, se llevó a cabo una etapa semifinal eliminatoria que otorgaba el derecho estrictamente a 3 selecciones camino a la fase final de 4, pues Italia, como anfitriona en esa oportunidad, tenía garantizado su boleto directo. En esa semifinal se conformó un grupo de 4 países que otorgaba 2 plazas. En cambio, nosotros fuimos colocados en el llamado grupo de la muerte conformado por 3 naciones, el cual concedía únicamente 1 plaza. Nos correspondió entonces disputar en Bulgaria nuestro derecho a avanzar, en donde jugamos contra el país sede y posteriormente, enfrentamos a la extraordinaria selección de Yugoslavia. Eran tres poderosas naciones a nivel mundial luchando por un cupo para la final.

Afortunadamente, se impuso nuestra garra caribeña. Por esos años, como equipo, éramos un hueso duro de roer para cualquier adversario en el mundo. Ganamos nuestros dos partidos. Por el otro grupo pasaron Holanda y Rusia, y se estableció la final de 4 con Italia como sede. Vencimos en nuestro primer encuentro 3-0 frente a la eterna desafiante selección de Rusia con un elenco extremadamente competitivo. El segundo match fue contra Italia, oportunidad exquisita e inigualable para la deseada revancha. ¿Dónde mejor que en su propia casa? Para alegría de muchos, se rompía una sequía de victoria ante esta selección porque ganamos ese encuentro con un parcial de 3-0. Fue un paso increíble tras una victoria convincente que apuntó los reflectores hacia nuestra selección como favorita para la conquista del torneo.

Fue entonces que disputamos nuestro último encuentro contra los campeones olímpicos de Atlanta 1996, la majestuosa selección de Holanda. Al ser una final de todos contra todos y al llegar invictos a ese partido sin haber perdido un set en los encuentros previos, bastaba con ganar uno más contra el equipo de los Países Bajos y, matemáticamente, nos garantizaba el añorado título. Finalmente, el universo conspiraba a nuestro favor pues un marcador final de 3-1 reflejado en la pizarra del fórum de Milán, hacía realidad el sueño de 12 jugadores, un colectivo técnico y una nación entera. Cuba y Brasil eran los únicos países de América ganadores de una Liga Mundial de Voleibol. Más de 150 naciones integraban la FIVB y sólo 4 de ellas habían llevado el preciado oro a casa en 9 ediciones del clásico por aquel entonces.

Con la gloria del triunfo buscando por tanto tiempo, ese mismo año llegaba otro momento importante para Alain Roca, quien tuvo su primera experiencia como profesional.

En el año 1998, por segunda vez en el deporte en Cuba, se autorizó la contratación a través de nuestra federación local para participar en la liga profesional italiana. En aquel entonces, el Estado percibía el 90 por ciento del contrato y el atleta apenas el otro 10. No obstante, destaco que en mi generación lo importante era nuestro desarrollo como voleibolistas. Existía un amor profundo por la camiseta, sus colores, por los aficionados y por Cuba. El voleibol fue el deporte pionero en experimentar este acontecimiento a través de mi equipo, como protagonista.

En lo personal, era una necesidad imperiosa para nuestro crecimiento y me aportó madurez deportiva, disciplina y comprensión de lo que realmente significa e implica ser un atleta profesional. Crecí técnicamente como jugador, además de ganar mucho en cultura. Fui campeón de la Copa Italia en la temporada 1998-1999 con el club TNT Alpitour Cuneo y registré un récord de velocidad con el servicio de 117km/h en la final. En la temporada siguiente volví a una final de la Copa Italia con el club Gabeca-Bossini Montichari, aunque en esa ocasión fui subcampeón de la misma.

El deporte profesional requiere de un alto compromiso. Exige rendimiento, dedicación y entrega total. La disciplina y responsabilidades son enormes. Este escenario muestra una seria organización como sistema con la prevalencia de la calidad en todos los aspectos, díganse humanos y estéticos. Son estándares que proporcionan entretenimiento, atracción y continuos adeptos a la enorme industria deportiva global y su constante evolución. En lo personal, recibí siempre los mejores cuidados, las mejores atenciones, como también maravillosas experiencias tanto dentro, como fuera de la cancha. Todas estas características del deporte profesional prolongaron mi carrera deportiva. Como sistema, favorecen la longevidad y el futuro de los atletas.

Luego de varios años con muy buenos resultados dentro de la élite mundial y al potenciar el desarrollo de nuestros jugadores con contratos en la mejor liga del mundo, las exigencias y aspiraciones para los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 eran bien altas. Sin embargo, muchos recuerdan aquella actuación como “la debacle de Sídney”.

Lamentablemente, en Sídney no cumplimos nuestro pronóstico. Como resultado, el INDER canceló las contrataciones foráneas como una solución al problema. Se dieron otros criterios espurios de algunos funcionarios, que insinuaron que amasábamos riquezas, algo totalmente incoherente con la realidad y al mismo tiempo ofensivo de escuchar, sin comprender o evaluar exhaustivamente otros puntos de vista físico-técnicos en transición. Dada la inexperiencia en general del colectivo técnico de la época, como del organismo antes mencionado, no se gestionó apropiadamente la incorporación de nuestros voleibolistas a la selección una vez concluidas dichas temporadas en Italia. Es por ello que insisto en una mejor capacitación de los funcionarios, entrenadores y el personal técnico que les permita comprender y manejar dichas “transiciones” al convocar jugadores a la selección, en aras de cumplir con la agenda oficial en diversas competiciones internacionales.

Las preparaciones, los entornos, las filosofías de trabajo y la condición del atleta deben acomodarse cuidadosamente, para evitar una ruptura del rendimiento individual y colectivo. Solo así obtendremos los mejores resultados. Mi generación ha servido de ejemplo en muchos sentidos con múltiples interpretaciones. Éramos el equipo o la disciplina deportiva que más aportaba económicamente a la sociedad; fuimos precursores, revolucionarios y emancipadores del deporte cubano. Espero que se aprenda de los errores del pasado y del presente. Es el único modo de avanzar y evolucionar en la vida.

Los sucesos que llevaron al fin de una época

A finales del 2001, el voleibol cubano vivió una de sus etapas de mayor conmoción. En noviembre de ese año eran campeones de la Supercopa del Mundo. Un mes después, en Bélgica, 6 atletas de los 12 que conformaban la selección fueron los únicos que regresaron a la isla, entre los cuales se encontraba Alain Roca.

Posiblemente, fue el hito que marcó un antes y un después en la historia del voleibol masculino cubano. Debemos regresar al comienzo de ese año 2001 con la incorporación de Gilberto Herrera como director técnico. En ese momento se suscitaron varios cambios por necesidad del equipo y de renovación generacional. Es aquí entonces cuando redireccionan mi carrera de atacador a pasador, un papel que había desempeñado siempre durante mi formación en las categorías de base hasta ser convocado por la selección nacional. Con mucho esfuerzo y dedicación pude ver premiado mi sacrificio al obtener el título de mejor pasador en 3 de las 4 competiciones internacionales más importantes de ese año.

Al subirnos en lo más alto del podio en la Supercopa del Mundo en Japón, me consagro en esta posición al ser elegido el mejor pasador del mundo en dicho torneo y obtuvimos como premio en metálico 400,000 dólares. Como deben saber, todos esos premios ganados por nuestra selección siempre pasaron totalmente a disposición del Estado. Según estadísticas de la FIVB, el voleibol cubano aportó económicamente en materia de premios logrados unos 6 millones de dólares solamente en aquellos años, sin considerar en esta ecuación el 90 por ciento que percibían en concepto de contrataciones individuales previamente mencionados.

Luego del triunfo en Japón ese año 2001, nuestro equipo solicitó sostener un sano diálogo con la alta dirección del INDER. Los objetivos que se abordarían en este encuentro resaltaban la necesidad imperiosa de rescatar las contrataciones foráneas en otras ligas profesionales que permitieran el apropiado crecimiento y desarrollo más adecuado para nuestros jugadores. Apelábamos a la sensibilidad y comprensión colectiva, sobre la necesidad que había en ese instante de retomar la senda correcta por el futuro del voleibol, pero velando también por el nuestro como seres humanos.

Fue entonces que nos encontramos con un muro de contención, un trato poco ético, censuras irrespetuosas sobre algunos temas con los que pretendíamos ventilar una serie de preocupaciones y problemas reales a corto, mediano y largo plazo. Sin embargo, se tornó aquella convocatoria solicitada por nuestra selección en un debate unidireccional carente de sentido alguno. No estoy insinuando que aquel tratamiento vacuo o las frustraciones experimentadas durante esa reunión hayan sido el motivo fundamental para que mis excolegas tomaran sus decisiones días después, pero bien podría representar un caldo de cultivo junto a otros problemas que conllevaron posteriormente al dramático y triste desenlace. Desde luego, cada ser tiene sus propias motivaciones y circunstancias que no se hubiesen dado en otro universo paralelo. Todas las personas persiguen sueños y valoran mucho sus vidas, tienen todo el derecho de aventurarse a crecer económica y profesionalmente. El mundo es un lugar minúsculo donde siempre resultará difícil encerrar dichas aspiraciones u objetivos que trascienden la naturaleza humana.

Pocos se han detenido también a analizar mi lado inédito dentro de esta singular historia, pues me correspondió lidiar con la peor parte de aquel escenario dantesco. Tuve que sostener una pesada carga social, asumir actos y hacerme responsable por éstos, sobreponerme y superarme ante las consecuencias. Pero, ¿quién soy yo para traer luz a la oscuridad?; pues otro ciudadano en búsqueda del equilibrio, el discernimiento y la inteligencia suficiente para entender sólitos e innumerables acontecimientos en nuestra sociedad.

En mi caso particular, desciendo de otros procesos educativos con lazos sanguíneos y fuertes arraigos familiares. No obstante, el camino que decidí tomar me proporcionó una vasta experiencia profesional, social y personal. En el presente hablo 4 idiomas, he vivido en disímiles países alrededor del mundo y he absorbido todo lo maravilloso de cada cultura. En sentido general, es un camino largo recorrido que fue necesario transitar, porque creo en el libre albedrío, me considero un ser humano hedónico, pero también fisiócrata. Además del amor al deporte, a la sana nutrición, a la cultura de los Habanos, del ron cubano u otros extraordinarios espirituosos y de ser un enólogo aficionado; amo profundamente la historia, la cultura universal, el arte, la ópera, el ballet clásico y la música de cámara. Todo gracias al cúmulo de experiencias que me han tocado vivir.

A pesar del tiempo, en el presente pienso en lo sucedido. Puedo incluso cerrar los ojos y soñar que visualizo a nuestro grupo en lo más alto del podio con la medalla de oro olímpica oscilando en nuestro pecho.

Fuimos un fenómeno social que fue capaz de aglutinar a las masas y movilizar a los ciudadanos como pocos en Cuba, una expresión humana genuina y una pasión legítima que no he vuelto a ver jamás en ningún otro evento deportivo cubano; un amor único entre jugadores y aficionados. Mujeres, hombres, niñas, niños y ciudadanos de la tercera edad, recibían esperanza a través de nuestras actuaciones y nuestros resultados internacionales. Desafortunadamente, se malograron grandes sueños, justo cuando teníamos el potencial en las manos para seguir escalando hasta el mismísimo Olimpo de los Dioses.

A raíz de esos sucesos, separan de la selección nacional al que es considerado uno de los mejores entrenadores de la historia del voleibol mundial, Gilberto Herrera.

Para emitir consideraciones sobre Gilberto Herrera necesitaríamos más de una entrevista, por lo que brevemente lo describiré como un entrenador de características excepcionales, lo cual dificulta hallar comparaciones o similitudes con otros. El doctor Herrera es un profesional calificado y capacitado.

Con relación a la medida tomada con él ese año 2001 tengo mucho que decir, pues tales decisiones comprometieron el futuro del voleibol cubano. Realmente fue muy inoportuna e injusta la medida tomada para con él y el resto del colectivo de trabajo. Ellos no tuvieron absolutamente nada que ver con los acontecimientos previos, originados por la elección y el camino a tomar de un grupo de jugadores.

Desde el primer momento en que toman la injusta decisión de separar al colectivo técnico a mediados de enero del 2002, expreso mi deseo de no continuar en la selección nacional. Fue el primer día de entrenamiento después de unas cortas vacaciones al regresar de Bélgica cuando se dieron los hechos. Se acercaron algunos dirigentes de la Federación Cubana de Voleibol e interrumpieron la sesión de entrenamiento programada. Nunca olvido que nuestro eterno Eugenio George, conocido y amado por todos, elegido por la FIVB como el mejor entrenador del siglo XX, fue testigo esa mañana del incómodo episodio. Estaba entrenando a su selección femenina en la cancha contigua que apenas se dividía por una cortina entre ambos sexos, cuando me llamó a través de esta para actualizarme de lo que iba a ocurrir. Mi postura fue clara, me posicioné contra la injusticia que se cometía con un grupo de excelentes personas y profesionales. Traté de advertir lo ilógico, dañino e insensato que resultaría la medida, aunque sin éxito alguno, pues la decisión era irrevocable.

Fue entonces que actué radicalmente y en modo solidario, de acuerdo con mi voluntad de correr el mismo destino de aquellos injustamente destituidos. Luego fui persuadido por la comisión nacional de voleibol para darle una oportunidad a la nueva dirección de trabajo elegida. Días después accedí, aun cuando tenía mis reservas y dudas sobre el resultado final. No pasó mucho tiempo para que se hiciera realidad mi pesadilla cuando se hizo obvio el fracaso del mal ejecutado proyecto, plagado de insuficiencias, carencia de éticas e ineptitudes profesionales, además de las dudosas intenciones y del abuso antimetodológico hacia mi persona como atleta en esos pocos meses de trabajo.

Esos errores fueron admitidos luego por dicho director en algunos consejos derivados de esa inusual situación que se creó, una vez que solicité ante la presidencia del INDER mi salida definitiva sin intenciones de retorno a la selección nacional concluida la edición de la Liga mundial de ese año 2002. El equipo quedó eliminado desde la misma primera fase clasificatoria y Cuba quedó en el decimotercer lugar entre 16 naciones que disputaron dicho torneo.

jugador cubano de voleibol Alain Roca
Foto: Hansel Leyva Alain Roca, gloria del deporte cubano y atacador-receptor y pasador por 7 años de nuestras selecciones nacionales, quien fue partícipe de la victoria más grande del voleibol masculino. Foto: Hansel Leyva

Una nueva vida para Alain Roca en el voleibol internacional

Luego de haber sido liberado por la Federación Cubana, Alain Roca se vio condenado a pasar 5 años de inactividad estando en la cúspide de su carrera, por “prohibiciones y censuras”. Sin embargo, en el 2007 llega a la muy fuerte Liga brasileña de voleibol.

Tras 5 años de resiliencia absoluta, afortunadamente recibí el apoyo de la FIVB y de su presidente Sr. Rubén Acosta, quienes se solidarizaron con mi caso. La Federación me abrió sus puertas haciéndome miembro de la misma como atleta, lo cual me amparaba y brindaba total libertad para poder jugar en cualquier parte del mundo. Al igual que es justo resaltar y agradecer a un amigo empresario vasco-español llamado Xabier Garmendia Zumeta, por el soporte, el apoyo emocional en los momentos más difíciles y en los tiempos de incertidumbre.

Mientras ocurrían estos u otros factores, recibí varias propuestas de diferentes partes del mundo entre las cuales llegó una desde Brasil, específicamente de Giovane Gavio, exjugador de la selección brasileña con la que fue campeón olímpico y bien conocido por nuestra afición. En esa oportunidad del año 2007, se encontraba al frente de un nuevo proyecto en el cual cumplía una doble función, como presidente y director técnico. Apostó firmemente y creyó en el valor añadido que podía darle, aun conociendo el estado físico en que me encontraba. El objetivo que perseguía era insertar una nueva escuadra en la fuerte Liga Brasileña bajo la bandera del club Tigre-Unisul.

Luego de esos increíbles años de reincorporarme al nivel mundial, de aportar mucho a ese equipo y a la pequeña, pero cálida ciudad de Joinville, y de recuperar además la condición física perdida durante 5 largos años, soy invitado a formar parte en lo que fue mi tercer año en Brasil a otro nuevo proyecto que involucraba grandes figuras del voleibol brasileño en el club SKY-Pinheros.

Es aquí donde converjo con Giba, Gustavo Endres, Rodrigão, Gilmar Teixeira conocido como (Kid), el increíble pasador Marcelo Elgarten (Marcelinho) con quien venía jugando desde la temporada anterior, entre otros buenos jugadores, todos bajo la dirección del Sr. Carlos Alberto Castanheira, más conocido como Cebola. Sin dudas, un equipazo y admito haber disfrutado enormemente esa temporada. Fue otra de las vivencias más enriquecedoras que experimenté como jugador profesional.

Cuando miramos la carrera de Alain Roca, la podríamos catalogar como la de un trotamundos, pues tuvo un amplio recorrido mundial desde que empezó a integrar selecciones a muy corta edad.  

Desde los 16 años comienzo a viajar por el mundo en las categorías juveniles. Conservo gratas memorias de mi primera Liga Mundial en 1996 ya como jugador titular en la selección nacional de mayores, cuando apenas con 19 años obtuve el premio individual como mejor jugador en el servicio. Asia, Europa y América fueron a nivel continental los escenarios donde se produjeron en mayor cuantía los torneos y competencias que disputé con la selección nacional.

Tuve la oportunidad de participar en dos Juegos Olímpicos: Atlanta 1996 y Sídney 2000. Aunque en mi prontuario la asignatura pendiente es el título olímpico, el hecho de haber tenido esa oportunidad única que añora todo deportista en el mundo, es una razón por la cual me siento muy orgulloso.

Aquel nuevo comienzo en el año 2007 luego de 5 años inactivos, me alejó de esta isla por razones de trabajo, pues el concurso de mis servicios fue requerido y deseado por múltiples organizaciones. Eso me llevó a residir 3 años en Brasil, como antes mencionaba. No obstante, durante mi estancia en el gigante sudamericano, acepté una propuesta de postemporada para jugar 2 copas con el Police Club en la ciudad de Doha-Qatar. Pasé luego en el 2010 a la Liga Profesional en Turquía como atleta del club Halkbank, y residí un año en ese país. Después, regreso nuevamente a Italia en el año 2011, una vez más bajo el mando del profesor italiano Silvano Prandi, pues ya habíamos trabajado juntos en 1998 con el club TNT Alpitour Cuneo. Es un clase A, con una impecable carrera como director técnico en el mundo. En esta nueva incursión ambos coincidimos en el club Andreoli Latina.

Mi buen desempeño esa temporada llevó a que fuera elegido para el Todos Estrellas de la liga, algo que llamó la atención de algunos clubes en Rusia, por lo que en el año 2012 me encontraba en la tierra de los zares, en donde acabé viviendo 2 años. Pasé una primera temporada en la región de los Urales con el club UFA bajo la dirección técnica de otro experimentado y laureado entrenador italiano como lo es el Sr. Angiolino Frigoni, para luego pasar a otra franquicia de la misma liga rusa con el club Fakel de Novi Urengói con sede en la Siberia, pero dadas las condiciones extremas y variables climáticas, se entrenaba y vivía en Moscú, la Capital. Estuve bajo la tutela del entrenador Ferdinando De Giorgi, más conocido como Fefé.

Alain Roca ha compartido equipo con disímiles jugadores, varios de ellos de calidad probada. Los nombres que menciona para conformar un equipo con el cual jugaría, corresponden a estrellas mundiales.

Escogería precisamente a Giba como atacador receptor a mi lado, responsable de la recepción y el ataque por las bandas. Recientemente fue elegido mejor jugador de voleibol de todos los tiempos en Brasil, además de ser reconocido entre los mejores del mundo. La empatía obvia y predominante que teníamos creaba dentro del juego una situación mágica y única. Existía una profunda química, positiva y contagiosa en cancha, pues era poseedor igualmente de un liderazgo inigualable. Es un hermano brasileño.

Rodrigão y Gustavo Endres serían mi elección como atacadores centrales, jugadores con quienes tuve el privilegio de jugar esa temporada en el club SKY-Pinheiros de la Liga Brasileña. Además, me tocó enfrentarlos como rivales en disímiles torneos internacionales en representación de nuestras respectivas naciones. Los considero el binomio perfecto en esa posición.

Como pasador escogería a Lloy Ball de Estados Unidos, con quien tuve la oportunidad, el honor y privilegio de compartir equipo en el club UFA de la Liga Profesional de Rusia. Es otro jugador para el cual debo dedicar un breve comentario: salón de la fama y elegido en su momento mejor pasador del mundo, con un alto sentido táctico, de manos prodigiosas, muy inteligente, pero que además aportaba mucho en otros renglones de juego, dígase con su servicio, bloqueo y defensa de campo.

Como atacador opuesto elijo sin dudas a mi coetáneo Osvaldo Hernández, un fuera de serie con unas condiciones excepcionales para esta posición. Era la estampa del guerrero personificada dentro del terreno; un jugador de pura potencia, fuerza y alcance; un definidor por excelencia que transmitía seguridad al resto de los jugadores. Su grandioso aporte era notable en los aspectos ofensivos que ayudaban a inclinar el resultado de un partido. Fuera de la cancha es una persona de grandes valores humanos, un amigo estoico, pero igualmente sensible y humilde. En lo personal, un hermano.

Como líbero debo añadir a Hubert Henno de Francia, con quien tuve oportunidad de coincidir brevemente en el All Stars (Todos Estrellas) de la Serie A1 italiana en el año 2011, temporada en que fui seleccionado junto a otros grandes jugadores de talla mundial como Matevj Kazijski, Nikola Grbic, Tsvetan Socolov, incluyendo a otro talentoso coterráneo de una generación más joven como es el caso de Osmani Juantorena”.

En el crepúsculo de su carrera, cuando podía pensarse que no quedaba nada más por hacer, Alain Roca decide cambiarse al voleibol de playa.

Podríamos decir que más que un cambio fue un hecho espontáneo y casual. En el año 2014, llevaba viviendo 6 años de forma intermitente en Vancouver, Canadá. En esta ciudad existe un movimiento de voleibol de playa interesante. Durante la primavera y el verano celebran varios torneos. Muchos aficionados aprovechan para entrenarse, pero también existen las estructuras para todo aquel que asiste a la playa deseando acercarse a ese deporte. En realidad, buscaba mantenerme en forma por los beneficios que produce entrenar en la arena, y esto me llevó a involucrarme en buenos torneos organizados a nivel local e incluso en otras regiones aledañas. No obstante, llegaban mis 38 años y comenzaba a rondar por mi cabeza el deseo de cerrar mi carrera deportiva, lo cual terminó sucediendo a finales de ese mismo año 2014.

La vida y los proyectos personales más allá del deporte

Pero el retiro no significó permanecer ocioso, pues varios proyectos lo ocupan constantemente, más allá del deporte que lo consagró.

En la actualidad me encuentro inmerso en un proyecto personal de superación académica, estudiando. Estoy planeando hacer la maestría en la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte (UCCFD), específicamente en Dirección y Administración de Empresas Deportivas.

Paralelamente, estudio en el Centro de Superación del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera. Me estoy preparando para obtener dos diplomados, uno de Comercio Internacional y otro en Gestión y Evaluación de Proyectos de Inversión Extranjera, los cuales espero concluir en par de años.

También me he dedicado a crear y desarrollar proyectos sociales, culturales y deportivos. De todos en los que me he involucrado, citaré los más relevantes. Debo mencionar un proyecto de carácter social-educativo que traté de impulsar en Cuba en el año 2016, pensando en los ciegos y débiles visuales u otras asociaciones con discapacidades a nivel nacional. Solicité autorización y busqué aprobación para crear una ONG sin ánimos de lucro mediante la cual tendría la posibilidad de construir laboratorios de tiflotecnología alrededor del país. Es una herramienta muy avanzada para el aprendizaje de ciegos y débiles visuales específicamente.

El proyecto fue tratado y compartido con el presidente de la ANCI y otros funcionarios de esta asociación, quienes apreciaron y valoraron de inmediato mis nobles propósitos filantrópicos. Para finalizar, por razones inexplicables y burocráticas, no conseguí materializar en la sociedad este bello emprendimiento altruista y humanista.

Pero la guinda del pastel entre los diversos proyectos que he gestado, es uno en especial dedicado al deporte en Cuba, el cual compartiré por primera vez en algún medio de comunicación.

Es un proyecto de gestión deportiva, el cual fue compartido con el INDER desde el año 2018 sin recibir en retorno un interés hasta la fecha. No me detuve ante tal apatía y logré canalizarlo entonces a través del Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (MINCEX), como parte de la política y la agenda de Gobierno en los últimos años. Es oportuno y justo reconocer la acogida y posterior presentación ante el Consejo de Ministros a cargo del Sr. Rodrigo Malmierca Díaz, ministro de dicho organismo, junto a su competente equipo de trabajo a finales del año 2019. Lamentablemente, el Buró Político de nuestro país aún no ha aprobado la puesta en marcha de este proyecto para beneficio del deporte y de toda la nación.

Comentaré brevemente acerca del mismo. Con este megaproyecto, podríamos ingresar no menos de 100 millones de dólares anuales a Cuba. Teniendo en cuenta las necesidades económicas actuales en nuestra sociedad y la realidad del deporte en el siglo XXI, se hace necesario abrirnos a nuevas estrategias que nos proporcionen los recursos económicos suficientes para revitalizar todo nuestro sistema deportivo. En mi proyecto propongo e insisto abrirnos a la publicidad desarrollada a través de nuestro deporte. Recomiendo la creación de una ley supranacional de publicidad con sus respectivos decretos, que ayuden a legislar los incentivos fiscales generados por los inversores en esta estrategia de marketing. Aconsejo, además, que establezca el 100 por ciento de deducción de impuestos sobre todo monto o capital invertido mediante esta herramienta comercial, lo cual sería un interesante atractivo para disímiles transnacionales, megaempresas, como también para las PYMES interesadas en formar parte.

Es necesario entender que el deporte debe dejar de ser presupuestado por el Estado. En cambio, este podría ser un aliado socioeconómico importante para nuestra nación. Aconsejo en mi proyecto dejar el 70 por ciento de los ingresos obtenidos anualmente para dedicarlos al sistema deportivo; propuse incluso la contribución del 15 por ciento de dichos ingresos para el Estado y así poder destinar otros discretos porcentuales para contribuir, por ejemplo, a la educación nacional, sus programas deportivos e instalaciones, los programas nacionales de salud, el programa nacional de la vivienda, la seguridad social y la comisión nacional de atención a atletas, personal técnico y árbitros.

Por último, también estoy en un proyecto propuesto casualmente por alguien que ya hemos mencionado en esta entrevista. Estoy colaborando con Giba para ser embajador y representante en un emprendedor proyecto referente a tecnologías deportivas e información para introducirlas en Cuba.

Me refiero a Tec Sports Apps, una aplicación desarrollada en Brasil por un exfutbolista brasileño CEO de esta empresa, llamado Roberto Mendes Silva “Beto”, el cual ha conseguido aunar a glorias del deporte en su país entre los que se encuentra Gilberto Godoy, más conocido como Giba. Están cerrando acuerdos a nivel nacional con algunos estados brasileños, pero se están expandiendo además internacionalmente, pues han cerrado acuerdos también con la Juventus, el PSG París Saint Germain, el Flamingo y otros grandes clubes. Próximamente, estarán realizando presentaciones en el Comité Olímpico Internacional.

Para una mejor referencia, les comento que estamos hablando de una aplicación digital accesible y funcional para todo tipo de expresiones deportivas en el mundo, que permite gestionar y organizar el trabajo de entrenadores, academias y direcciones deportivas, donde alumnos, atletas, padres y diversos asociados, puedan interactuar directamente a través de esta plataforma, disponible en varios idiomas.

Obviamente, esta tecnología la incluyo dentro de mi proyecto para que sea abrazado por Cuba mirando al inevitable futuro.

voleibolista Alain Roca
Foto: Hansel Leyva Alain Roca, gloria del deporte cubano y atacador-receptor y pasador por 7 años de nuestras selecciones nacionales, quien fue partícipe de la victoria más grande del voleibol masculino. Foto: Hansel Leyva

Para quien fuera un notable jugador, el voleibol cubano necesita de cambios estructurales si se quiere recuperar la dinastía de antaño.

El voleibol cubano sufre de un proceso de involución que ha venido manifestándose durante los últimos decenios. Tanto en el sector femenino como en el masculino, hemos perdido el estatus y el ranking mundial que llegamos a ostentar en la década de los 90. Para aquellos que han olvidado y para conocimiento de las nuevas generaciones, sería oportuno recordar que Cuba fue reconocida en más de una ocasión por la FIVB como la potencia número uno en el mundo, y recibió por segunda ocasión, y última, la prestigiosa Copa Paul Libuau en el Campeonato Mundial del año 1998, en el cual tuve el honor de participar y traer a casa además de esa Copa, una merecida medalla de bronce.

La actualidad nos está indicando un retroceso alarmante en forma de espiral descendente. La carencia de condiciones e infraestructuras impiden posibilidades reales de crecimiento y desarrollo. Será necesario realizar una mejor gestión deportiva en aras de recuperar y renovar políticas de trabajo. Será vital abrirnos al asesoramiento, a nuevas estrategias que generen ingresos con los cuales se puedan gestar proyectos que permitan crear las condiciones necesarias. Importante será igualmente contar con un personal más capacitado, pues el capital humano jugará un papel fundamental en estos planes si queremos acercarnos a la cúpula de este deporte.

¿Qué le diría a la afición cubana?

Les mando un mensaje de amor sincero a todos los aficionados que vibraron junto a nosotros, tanto en la Ciudad Deportiva como en las calles, los barrios, municipios y provincias alrededor de Cuba u otras partes del mundo. Aquellos que se desvelaban en plena madrugada para ver nuestros partidos en televisión con grandes diferencias de horarios en algunas ocasiones. Incluso, para aquellos que internacionalmente simpatizaban con nuestra selección cubana. Les extiendo mi más profundo cariño y mejores pensamientos. Les deseó a todos mucha fortaleza y equilibrio emocional en la actualidad para enfrentar la crisis sanitaria global y sus consecuencias. Luchen por sus objetivos, por el futuro de vuestros hijos, por sus sueños; amen al prójimo y abracen la virtud.

El coraje y la pasión está dentro de ustedes. Lo demostraron con sublime sensibilidad en tristes reveses y desafíos deportivos junto a nosotros. Por otro lado, asumieron con orgullo e hicieron suyas las conquistas conseguidas por nuestra selección, porque en realidad esos éxitos les pertenecen. Son suyos por derecho, por pactos de sangre, por idiosincrasia, porque así lo quiso el destino. Porque ustedes fueron y significan nuestra razón de ser.

Alain Roca es Cuba, es tierra, es mar Caribe, es pueblo, Habanos y Ron. Es cultura cubana y patrimonio. Es y será eternamente vuestro atleta y vuestro hijo.

¿Está satisfecho con su carrera deportiva?

Con mi carrera me siento satisfecho, pero no conforme. Soy afortunado porque la vida me ha privilegiado al permitir desarrollarme en la vocación que amaba desde niño. Podríamos señalarlo así, porque desde la cuna los oráculos marcaron el curso. Me siento feliz de haber obtenido innumerables resultados deportivos a nivel mundial. Aunque la profecía o la providencia se manifestaran alejando mi alma del podio olímpico por avatares del destino, los dioses continúan iluminando mi presente y futuro. Otras epopeyas están aún por materializarse. Siento un gran compromiso desde temprana edad, mi misión en este universo ha sido transmitir felicidad, inspirar a nuestros semejantes, por lo que deseo continuar exportando cultura y lograr éxitos a nivel social, pensando en las personas y con cada protagonista, mano a mano, codo a codo, juntos; cambiando lo necesario y velando por las preciadas vidas de todos los seres humanos en el planeta.

Decía Abert Pine: “Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros; pero lo que hacemos por otras personas permanece y se vuelve inmortal”.

Preguntabas antes si pudiera cambiar algo, ¿Qué sería? Lo que inspira en mí formular otras preguntas. ¿Por qué no permitir a nuestro pueblo y principalmente a las nuevas generaciones que conozcan nuestra historia como embajadores de la nación, colocando en el mapa mundial el nombre de esta maravillosa isla? ¿Por qué no reconocer en los medios nacionales el legado deportivo y social de nuestro grupo?

Anhelaría que aquel equipo pudiera reunirse en el presente en una especie de evento que reconozca nuestras hazañas colectivas e individuales. Si los prejuicios locales no permiten que se desarrolle en esta, la tierra que nos ha visto crecer y despegar, pues que sea en otras tierras que nos acojan como descendientes legítimos e insulares de nuestros aborígenes caribeños. Porque “Honrar, honra”.

Redes sociales:

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  • Twitter: @RocaAlain

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