Durante parte de los años 70 y los 80, Ángel Leocadio Díaz, un joven de un pueblito cubano de campo, fue uno de los grandes lanzadores de La Habana y el país, aunque muchas veces fue injustamente excluido de los equipos nacionales pese a su rendimiento excepcional.

No tenía quizá una recta muy poderosa, pero su control e inteligencia lo convirtieron en un as de la rotación y en un ganador en una época dorada de la pelota cubana, al punto de sumar 112 victorias con 74 derrotas y terminar con un muy bien promedio de carreras limpias de 3.24.

Ángel Leocadio Díaz era un brazo de hierro, pues completo 100 de 218 juegos iniciados en su carrera, un ejemplo de las concepciones sobre el arte de lanzar que existían en aquellos tiempos.

Muchas veces le tocó lanzar contra los primeros pícheres de la rotación contraria y se anotó una hazaña de gran valor en su currículo: un juego sin hits ni carreras ante Holguín, 2-0, un 16 de enero de 1982.

En un ameno diálogo con Fernando Rodríguez Álvarez para su canal de YouTube Baseball & other Sports, contó de sus inicios, su llegada a Series Nacionales, las injusticias que sufrió y las circunstancias que llevaron al retiro de Ángel Leocadio Díaz.

¿De dónde eres?

Soy de un pueblecito después de Managua, llamado El Volcán, pero tampoco soy de ese pueblecito, porque vivía a dos kilómetros para dentro de la carretera. Para salir y jugar pelota tenía que coger un caballo, dejarlo amarrado para después de que se acabara el juego en el Latino cogerlo y regresar para mi casa. Desde el 1977 hasta el 1981, ese era el diario mío cuando se terminaba un juego de pelota en la capital: ir caballo desde mi casa a la carretera, dos kilómetros, después cogía la guagua que iba desde Batabanó a la Víbora, y después otra que me dejaba cerca del estadio. Cuando se es joven no se cansa uno, eso era una rutina. A veces de regreso, el caballo se había soltado y tenía que irme a pie.

¿Por qué la pelota?

A mi papá dicen que le gustaba la pelota, era cácher, pero no lo recuerdo, porque falleció cuando tenía tres años. Pero a mi hermano mayor le gustaba la pelota y era el único entretenimiento después del trabajo. Antes de empezar en la pelota tenía que trabajar en el campo, ordeñar vacas, hacer lo que hacía un campesino. Y esa era la única relajación que teníamos. En sí, empezó a gustarme más en la secundaria en San Antonio de Las Vegas. Cuando terminaba las clases iba a practicar allí. Antes jugaba tercera, field, me gustaban los jardines. Cambié a ser pícher en una preselección para la provincial de la categoría 15 y 16. Tiraba recta y algo que después se convirtió en slider.

Ídolos

Donde vivíamos no teníamos luz eléctrica hasta después. A mí hermano le gustaba Granjeros, peor yo nunca tenía simpatía con ellos. Sí recuerdo que era un niño y un día en el estadio le dije a mi hermano: “algún día estaré jugando allá abajo”. Todavía no estaba enfocado en el juego.

Ángel Leocadio Díaz
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Ángel Leocadio Díaz

Primeros entrenadores de picheo

Estando en San Antonio de Las Vegas, un señor habló para que me fuera para la academia de la Ciudad Deportiva y fue cuando empecé a tener entrenadores que fueron pícheres. Uno de los primeros fue Ángel Parra. De mecánica no te enseñaban mucho, me retiré teniendo problemas de mecánica. Nadie me lo enseñó. En ese momento estábamos en un desconocimiento de cómo era realmente la técnica del picheo. No pasé ni por EIDE, ESPA, ni nada. Debuté en Series Nacionales con 19 años. Después de que llegué a la Serie Nacional me gustaba mucho hablar con los bateadores, en los viajes me sentaba entre Medina y Marquetti, y escuchaba como pensaban ellos. El aprendizaje mío fue con la observación.

Debut con Metropolitanos en la Serie 77-78, en una época de mucha calidad

Debuté contra Industriales contra Armando Capiró y lo ponché. Tener una buena temporada de novato te sirve de impulso. No fui a la preselección por un problema con Antonio Muñoz. Todo el mundo me ayudó por mi forma de ser.

Estuviste entre los primeros de la capital entre 1978 y 1985. Coincidiste con Changa Mederos

Era un profesional jugando amateur. Disciplinado para el entrenamiento, el juego, la forma en que se cuidaba. Como se vestía, el respeto por los jugadores, el traje. Me enseñó mucho a tirar la curva. Me daba buenos consejos. Pude pichear con él dos temporadas. Traté de seguir su ejemplo.

Madurez deportiva, ¿cuándo la alcanzas?

Creo que en el 79 me empecé a sentirme un pícher más hecho. En el 80 no estuve bien, pero en el 81 regresé y tuve la temporada buena mía. Es la confianza que uno tenía. La madurez viene con la confianza. Entre el 79 y 80, ya tenía mucha confianza en mí.

Armando Capiró

Calidad de pelotero y persona. Como pelotero era de lo más grande que he visto, pero le frustraron la carrera. Primero se lesionó la rodilla, después el problema del capricho de alguien que no lo dejó jugar. Eso le afectó y a los equipos de la capital también.

Pedro José Rodríguez, ¿fue quién más jonrones te dio?

Sin discusión. Me dio ocho jonrones. Un bateador, tenía mucha confianza. No se desesperaba. No lo pude ablandar, no le hacía caso a los pelotazos.

¿Qué pasó con Antonio Muñoz?

Cogí “cuerda”, de novato. Un lanzador de mi equipo me dijo que le caminara para arriba, que le hablara. Se lo hice. Y él se enojó conmigo y me caminó para arriba. Se metieron los árbitros. Después del juego me estaba esperando afuera. Yo le hice un gesto feo en el terreno y me dijo que si yo era hombre que se lo hiciera. Se lo repetí y nos fuimos a las manos. Estuvimos tres años sin hablarnos, ni en la preselección nos hablábamos. Después hicimos medio que las pases. Y un día llegamos a Cienfuegos y me fue a buscar en su carro. Mi hijo acababa de nacer y me llevó para una finca a buscar comida y eso para mi hijo. Marquetti me dijo: “te están durmiendo, dando confianza, y te van a caer a palos”. Y yo pensando, que ese problema de la primera base (entre Marquetti y Muñoz), era de ellos. Porque tenían su rivalidad deportiva, no personal, se llevaban bien. Esa noche me la sacó por arriba del techo. Ya tampoco le hacía lo que hacía antes, que le tiraba la pelota pa’ arriba. Lo traté como un bateador normal.

Pedro Jova

Una bella persona que fue fatal con las cosas que pasaron. Lo acusaron de un robo que nunca cometió y después lo suspendieron injustamente porque era mánager del equipo. Lloraba como un niño, porque iba a ser mánager del equipo Cuba ese que iba a ir a Nicaragua y yo era el coach de picheo. Estuve un rato hablando con él. Fue un día triste.

Mejores amigos en la pelota

Tengo muchos, mis mejores amigos son peloteros. El Duque Hernández, Euclides Rojas, Pedro Medina, Javier Méndez, que me perdonen a los que no mencioné. Este orden tampoco es de preferencia. En aquella época pasábamos más tiempo entre nosotros que con la familia. Todos los peloteros que jugaron conmigo en Industriales y Ciudad de La Habana son mis amigos. Nos abrazamos donde nos vemos. De otras provincias, con Pedro Jova y Albertico Martínez.

¿Por qué los espejuelos al lanzar?

Porque no veía bien. En un momento Medina me hacía señas y yo tiraba lo que no era. Me di cuenta de que eran problemas de la vista.

¿Influyó el problema (de la suspensión) de 1982 en los equipos de La Habana?

Si no hubiera existido el problema de 1982, hubieran tenido que hacer algo para que aquellos equipos de La Habana dejaran de ganar. Aquel año ganó Vegueros, pero eso no iba a pasar más, porque los equipos de La Habana, con esos peloteros que suspendieron, era para que no perdieran.

¿Rey Vicente Anglada o Juan Padilla?

Anglada.

¿Jugabas ajedrez?

Jugaba ajedrez de vista. El ajedrez te hace pensar, memorizar y entonces cuando lanzas tienes que memorizar lo que haces en el juego. Todos los juegos de mesa me gustan.

Momentos más felices en la pelota

Uno imborrable, cuando mi mamá fue por primera y única vez al Latinoamericano, en la Selectiva del 1981, contra Orientales, contra Braudilio Vinent que le gané 1-0. Cuando salí, y la vi rodeada por el público hablando de eso. Con Vinent tuve duelos muy buenos. Me tenía que enfrentar con los pícheres de cabecera de las provincias.

Preselección del equipo Cuba, ¿fueron recios contigo en algún momento? En 1981 en específico, por ejemplo

Creo que ahí conmigo no fueron justos. Aquellas épocas eran preselecciones duras. Los que habían ganado el año anterior con el Cuba eran plaza fija. En 1981 tuve un año fenomenal, estaba en todos los liderazgos, en la preselección lancé bien y sin embargo me dijeron que no tenía experiencia internacional. Bajé la cabeza y me fui para mi casa. Eso me quitó las ganas de la pelota. Estuve un tiempo que dije, ¿para qué? Es mejor jugar nada más para no tener que ir al trabajo. Te van desilusionando.

¿Qué pasó en el 84 que resurgiste y te llevaron el Cuba?

Yo mismo me llamé a contar. Me dije, te trazaste algunas metas y te falta una por cumplir. Quise ser champion pícher y lo fui dos veces. Quise ser dar no hit no run y lo logré. Me dije, te falta hacer el equipo Cuba. Cogí el último impulso e hice el Cuba. Cumplí todos los objetivos que me había trazado.

¿Qué representó hacer el Cuba y ser campeón mundial en el Latinoamericano?

Es importante representar a tu país y que quedes campeón es muy bonito, aunque ahora te pones a analizar y éramos profesionales jugando contra muchachos.En ese equipo estaba Barry Bonds, que tenía 19 años y uno de los más jóvenes del equipo Cuba era yo y tenía 26 años. Pero tampoco se le pueden quitar los méritos a las victorias del equipo Cuba. Fue bonito estar en el Cuba. Fue un año bueno para mí, me gradué de licenciado en Cultura Física, nació mi hijo e hice el equipo. Mo me puedo quejar del año 1984.

¿Qué pasó en 1985 que no te incluyeron en el equipo Cuba A y en el Cuba B fue a última hora, pese a tu rendimiento?

Como todas las cosas en Cuba. El capricho de una persona basta para que le tronchen la carrera a una persona. Pineda dijo que yo no era pícher del equipo Cuba y ya. Eso fue lo que pasó. Un amigo mío que estaba en la reunión dijo que por qué no me ponían en el B, y me metieron en el B, que por nada me busca la muerte porque fue el año del terremoto en México y me cogió en México.  

¿Qué pasó después que bajaste el rendimiento? ¿Fue el accidente?

Primero fue lo del accidente, perdí el año 1986. Tenía 3 y 1 cuando tuve el accidente ese en la guagua. Cuando empecé después al otro año tenía el mismo dolor, que se me fue quitando mientras tiraba. Pero me dolía por la inactividad del músculo. Cuando empecé a tirar sentía dolor. Después, creo que conmigo no actuaron bien, la dirección de Raúl Reyes como la de Rodolfo Puentes. Recuerdo que, aun así, sin ponerme a lanzar casi, en uno de esos equipos fui champion pícher con 4 y 0. Quizá si en mi último año me hubieran dado la oportunidad que creo me había ganado en el entrenamiento, a lo mejor hubiera seguido picheando.

Con 30 años y 10 series jugadas, ¿te pusieron el cartel de veterano?

Creo que sí. Es probable. En Cuba después de que me retiré hubo un retiro masivo de quienes tenían más de 30 o 31 años.

Si te hubieran pasado para los Metros, ¿hubieras seguido lanzando?

Mi último año, en el que dirigió Puentes, le dije que quería jugar con Metropolitanos. Me dijo que no, que le podía ganar a Industriales. Empezó el entrenamiento y me dijo que era el cuarto abridor. Pasaron los tres primeros juegos con Henequeneros, perdimos los tres juegos en el Latino. Fuimos para la Isla de la Juventud y volvió a poner la rotación a la que le habían caído a palos los Henequeneros y ahí no me aguanté y tuvimos una discusión. Dio sus criterios, puse los míos y eso bastó para que me pusieran en la nave del olvido. Así terminó mi carrera. Después fue a mi casa para que yo estuviera en la Selectiva y le dije que no, que con él no jugaba nunca más, que había sido compañero mío de equipo, pero como mánager no me había demostrado nada.

Después de que me retiré, no me arrepiento. Recuerdo que cuando en el periódico Raúl Arce puso, “Leocadio inclina su rey”, se me salían las lágrimas.

Momentos más tristes

El retiro fue lo más difícil. Y cada vez que perdíamos un campeonato que estábamos cerca de ganar.

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