Decir Arsène Wenger cuando se habla de fútbol, es hablar de un extra clase. En los últimos treinta años en la Premier League, si hay un nombre que merece estar al lado del de ese genio que es Sir Alex Ferguson, me inclinaría a pensar que sería, sin dudas, el del francés.

El pasado 6 de mayo el Emirates Stadium despidió a su técnico de más de dos décadas en un partido de ensueño contra Burnley. Ese día el equipo fue el que se habría querido ver durante todo el año, ganador ante su más cercano perseguidor por Europa por un soberano 5-0.

Dos goles de Aubameyang, y uno per cápita a las cuentas de Iwobi, Lacazette y Kolasinac, tiñeron de gloria la casa que acogió al afamado técnico, Caballero de la Legión de Honor y Oficial de la Orden del Imperio Británico.

“Merci Arsène”, fue la leyenda de las camisetas conmemorativas que usaron muchos de los jugadores ese día y compraron los fanáticos para despedir al alsaciano, quien correspondió con gestos de agradecimiento y emoción a los suyos y a los contrarios.

Entonces, si “Arsène knows”, como rezan algunas pancartas en el Emirates, ¿por qué ha sido tan criticado? ¿Cuál es la causa de que el nacido en Estrasburgo no se retire en paz? ¿Es Arsène Wenger un héroe o un villano?

Los últimos años han sido una pesadilla. Los descalabros escandalosos, sobre todo en Europa frente al Bayern y el Barcelona, los rivales que les han goleado en octavos, han puesto a pensar a la gente que el Arsenal es un equipo “de segunda”.

La imposibilidad de que sus jugadores se muestren como son realmente, de que carburen, dejan interrogantes entre todos los que no pueden creer cómo hombres de clase internacional se apagan al enfundarse en la casaca roja, pierden la magia.

La política de fichajes ha sido igualmente debatible en el último quinquenio. El equipo que intentó construir Wenger para reinar, careció de nombres que lo llevaran más allá. Y si los tuvo, terminaron marchándose sin conseguir mucho en sus distintos momentos. Alexis, Oxlade Chamberlain, Cole, Giroud o Robin van Persie son algunos de los ejemplos, dejando para Nacho, Bellerín, Iwobi o Xhaqa el peso de las acciones, pasando por la falta de sangre en las venas que a veces demuestran Ozil, Ramsey y Wilshere. Pero la culpa la carga el técnico.

Aparentemente Wenger no nos deja nada, y a sus fanáticos tampoco. El canal Arsenal Fan TV de Youtube, es una verdadera oda al desprecio por Arsène, cada vez que Arsenal pierde. “Wenger está extinto”, “Wenger nos ha degradado”, “Wenger ha estado acabado por años, ¿cuándo será el final?” y “Hasta que Wenger se vaya las cosas no van a cambiar”, son algunos de los títulos que dejan los vídeos cuando el performance gunner es decepcionante.

Pero, ¿merece acaso este hombre tales frases?

Wenger llevó las riendas de Arsenal durante 22 temporadas, 20 de las cuales terminaron con la clasificación directa de los gunners a Champions League de manera consecutiva. Diecisiete títulos entraron de manera perpetua a las vitrinas del club bajo su mandato, aun cuando competir con los nuevos “poderes” ingleses complicaba mucho las cosas.

Aunque muchos solo reconocen sus descalabros, Wenger sumó 17 títulos a las vitrinas del Arsenal.

Le Professeur, como también se le conoce por su dedicación al estudio, se lleva en su maleta el honor de haber rehabilitado a algunos como Tony Adams, alcohólico confeso y Thierry Henry, arruinado en la Juventus; o haber descubierto a otros como  Patrick Vieira, Nicolas Anelka, Robin van Persie y Cesc Fábregas.

Como economista no se quedó atrás y supo mantener la balanza económica del club en un momento en el cual la mayoría de los conjuntos de la Premier League se enfrentaban al fair play financiero que les tuvo la soga casi al cuello hasta la venta de los derechos televisivos de la competencia. Un ejemplo de su habilidad en esta materia fue la adquisición del propio Anelka, desde Paris Saint-Germain, por sólo medio millón de libras, para venderlo sólo dos años después al Real Madrid por 22,3 millones de libras. Sin comentarios.

Wenger también renovó los regímenes de entrenamiento y dieta de la plantilla, alejando al club de sus costumbres de bebida y comida-basura, aportando a la “subversión” de las costumbres del fútbol inglés.

Además, influyó directamente en el diseño del nuevo estadio del Emirates Stadium, así como en la nueva ciudad deportiva en London Colney. “Siempre estaré en deuda con usted”, “Estoy orgulloso de haber formado parte de su viaje” o “Fue un sueño hecho realidad jugar para usted”, fueron algunas de las dedicatorias de Bellerín, Mertesacker o Xhaqa.

Siendo así y sabedor de que la balanza le favorece, Arsène, al ser inquirido sobre qué pensaba de Arsenal Fan TV, la voz de los fanáticos, se dio el lujo de contestar: “Esas cosas no se deben tomar en serio”. Incluso, desde la ventanilla de su auto al salir del estadio, ha dialogado con los seguidores del equipo, les ha dado razones, ha contestado sus preguntas y ha tratado de calmarlos. Muy pocos son capaces de eso, y menos en los malos momentos.

Y como el fanático suele tener memoria corta, ese día 6 de mayo, goleada en mano, todos querían a Arsène. Querían que se quedara. “Thank you, Mr. Wenger”, “I love you Wenger” e incluso “I want Wenger to stay one more year” (Quiero a Wenger un año más) dijeron aquellos que lo increparon solo una fecha antes.

Aún no he podido ver cómo reaccionaron de vuelta cuando el Leicester City les propinó el 3-1 de intermedio de semana, pero a pesar de lo que haya sucedido, Wenger deberá ser recordado, como menos, de la manera en que lo retrata el vicepresidente del club: “Es un trabajador maravilloso. Ha revolucionado el club. Ha convertido a los jugadores en futbolistas de clase mundial. Desde que está aquí, hemos visto fútbol de otro planeta”.