Cuando el bádminton debutó en Juegos Olímpicos, Osleni Guerrero Velazco tenía apenas tres años, la sociedad cubana vivía tiempos difíciles y una delegación de Cuba hacía historia en Barcelona 1992. Cinco años después, Osleni inició la práctica de ese deporte, sin imaginar la impronta que dejaría.

Interrogado sobre sus motivos para incursionar en el mismo, dice que el bádminton le gustó por ser diferente. Recuerdo haber sido un atleta disciplinado desde el inicio: “siempre escuché a mi entrenador, e intenté cumplir al pie de la letra todas sus indicaciones”.

Hoy reside en Houston, Texas, tiene 33 años y es el mejor exponente de ese deporte en la historia de Cuba.

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A Osleni el apellido de Guerrero le queda bordado. Le hace un homenaje perpetuo. Ha tallado su historia a base de sacrificio y disciplina. Con ocho años empezó en la instalación Vicente Ponce Carrasco. Su primer entrenador fue Luis Alberto Lara González, de quien guarda gratos recuerdos.

“Fue quien hizo mi captación en la escuela Primaria Rafael Ángel Cisneros, del Chibás, Guanabacoa. Ahí di mis primeros pasos. Hoy tengo una gran amistad con él. Nos seguimos comunicando”, explica.

Por aquel entonces corría el año 1997 y la economía del país afrontaba períodos complejos.

“En ese tiempo no había muchos recursos”, recuerda”; “era un deporte nuevo en el alto rendimiento. No era posible apoyar a todos los municipios. Teníamos carencias”.

Osleni Guerrero habla con devoción de su madre. Ella hoy conserva todas sus medallas en una pared que funge como una especie de museo personal. Recuerda los sacrificios de esa época.

“Era difícil conservar una zapatilla para poder entrenar. Cuando aquello eran las famosas Love. Le costaba mucho trabajo conseguirlas. Y cuando mi pie creció, se dificultó más. En varias ocasiones me las regalaron jugadores mayores que me conocían”, explica.

“En disímiles eventos internacionales realizados en Cuba, atletas extranjeros me dieron zapatillas, raquetas, y me hice de mis cositas para entrenar bien, como me merecía en esa categoría”, detalla.

Debutó a nivel internacional en el Panamericano de Bádminton del 2000. Tenía 11 años. El evento, explica, era categoría infanto-juvenil. Conquistó la medalla de oro y, como refiere, empezó con el pie derecho. Lanzó un mensaje claro: “podían trabajar conmigo”, sentencia.

Luego, disputó su primer Giraldilla en 2003. Tuvo un discreto accionar al irse sin resultados, pero poco a poco, con el paso de los certámenes, comenzó a obtener medallas de diferentes colores. Después, en los Juegos Panamericanos de 2007 quedó cerca de las medallas.

“Estaba alcanzado un nivel más alto”, alega. “Me veían dentro de los jugadores de América que podían lograr grandes cosas. Luego llega el Panamericano de la disciplina y lo gano en la categoría juvenil. Vienen los Panamericanos de 2011, gano la medalla de plata y fue el “boom”. Las personas se preguntaban de dónde había salido”.

Osleni Guerrero
FOTO: Alain López Martínez Osleni Guerrero. FOTO: Alain López Martínez

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¿Cómo eran tus condiciones de vida y de entrenamiento en Cuba antes de emigrar?

En parte, no me puedo quejar. No puedo decirte que pasaba un trabajo abismal; no era así. Cuando llegué al equipo nacional, como atleta principal se me apoyó muchísimo en cuanto a condiciones materiales, económicas. Pero eso lo daban porque en ese momento las condiciones no estaban tan complejas.

Cuando empecé a tener resultados, la Federación Panamericana me apoyó muchísimo para poder adquirir un patrocinio de la mejor marca del deporte, la Yonex. A partir de ahí, las condiciones empezaron a mejorar.

¿Por qué decides emigrar?

¿Dónde llegó la situación para mí en lo particular y por eso, como todos saben, decidí buscar otras tierras? En la recta final en la selección nacional. Sentí que, por la edad, los directivos de mi disciplina me veían en decadencia, y realmente no lo estaba. Hubo muchos factores.

El grupo colectivo de entrenadores de la selección nacional más la dirección técnica saben qué querían para mí. Noté su pérdida del interés a pesar de ganar.

Participé en el último campeonato por Cuba, en el evento de República Dominicana. De 4-5 atletas, fui quien mejor salió. Regresé con dos medallas. Sí, una de plata y otra de bronce, pero llegué con dos, una más respecto al resto.

No por ello menosprecio a mis compañeros, no. Solamente respondo tu pregunta. Eso es algo que debo aclarar: jamás me rendí; jamás dejé de luchar por ganar un resultado para Cuba.

Eso empezó a desencantarme mucho. No pensé que ese momento llegara para mí.  No me quejo de la dirección del INDER. Ellos hacen su trabajo. De una forma u otra sí me apoyaron, a pesar de no ser el bádminton como otros deportes de élite. Pero sí lo hago de mi grupo de trabajo, los directivos de disciplina, más el grupo colectivo. No fueron todos, son varios entrenadores. Dejaron mucho que desear negativamente. Eso me hizo llamar la atención y alejarme. No quería sentirme así.

La decisión de irme no fue solamente por el tema deportivo. También por motivos personales. Tenía problemas para adquirir mis premios. Se demoraban mucho en el INDER. Eso nos afecta psicológicamente. Tenemos una familia. Tengo dos hijas, una madre. Esas son cosas importantes para nosotros. Luchamos por ser grandes deportistas, pero también lo hacemos porque la familia se sienta bien.

Y muy a menudo no valoran esa parte. Todo es un problema, una burocracia. Sí, el país tiene dificultades, todos lo entendemos, pero ¿por qué para obtener un premio un atleta debe esperar seis meses, un año? No le veía la lógica cuando yo cumplía con mi deber.

Eres el mejor badmintonista cubano de la historia con varios resultados nacionales y foráneos que lo avalan. Entre ellos resalta la plata (en singles) en los Juegos Panamericanos de Guadalajara en 2011 y el bronce en la cita de Toronto; además, fuiste campeón de dobles mixtos y segundo lugar en individual en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2014; y monarca en el Campeonato Panamericano de Bádminton 2013 y 2014 (individual)… ¿Qué recuerdas de estas competencias?

En el plano personal, me tracé varias estrategias. En los Panamericanos de la disciplina quería ganar, ser el mejor de América, y en esos dos años (2013, 2014) lo fui por varias semanas. Lo logré.

En los eventos Centroamericanos fui multimedallista. Se me escaparon las medallas en singles, las que el pueblo esperaba, contra Kevin (Cordón), pero eso está en el deporte.

En los eventos multidisciplinarios no pude lograr un oro Panamericano. Fui plata en Guadalajara, bronce en Toronto y Lima. No fue por falta de entrenamiento. Más bien por la calidad del mismo. Eso lo da la rivalidad; las oportunidades de competir con grandes jugadores de la élite. Esto escapa cuando uno es atleta. Son cosas que ahora me van costar volver a vivir. Pero siempre van a estar en mi corazón, y en la pared de la casa de mi madre, con el resto de las medallas. Siempre van a estar vigentes.

Badmintonista Osleni Guerrero.
FOTO: Hansel Leyva Badmintonista Osleni Guerrero. FOTO: Hansel Leyva

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La plata de Guadalajara 2011 ocupa en la historia de Osleni Guerrero un lugar especial. Esa presea, sentencia, marcó su carrera deportiva hasta hoy. Quizá por ello se le note la añoranza sobre el tema.

“Fue un evento en el que solo una persona”, explica; “a excepción de mi madre, contaba conmigo y la posibilidad de ser medallista Panamericano. Tuvimos un sueño, un deseo y un empeño para ello. Ella fue Marina Pérez López, la mejor entrenadora de bádminton que ha pasado por Cuba en mucho tiempo”.

“Esa medalla estuvo marcada por decepciones. Estuve mucho tiempo entrenando solo con ella. Varios atletas habían decidido coger otro rumbo, yo había perdido la oportunidad de entrenar con ellos. Marina me planificó todo al pie de la letra; poco a poco, día a día, hora tras hora, para lograr ese resultado”, describe.

A un mes de los Juegos Panamericanos, Marina Pérez fue separada de la selección nacional.

“El INDER toma la decisión sin importar que había un evento importante a enfrentar”, lamenta. “Le demostramos a toda América que el bádminton cubano sí podía lograr una medalla Panamericana”, esboza con un orgullo notorio. Esa presea está junto al resto, en casa de su madre.

“Me abrió muchas puertas; me dio a conocer al mundo”, concluye.

En mayo de 2016 consigues tu clasificación para la prueba individual de Río de Janeiro-2016 y te convertiste en el primer badmintonista cubano en disputar unos Juegos Olímpicos. ¿Qué significó eso para ti como atleta y en lo personal?

Ese es el sueño de todo atleta. Fue algo muy grande. Se logró una clasificación por vez primera para unos Juegos Olímpicos en esta disciplina. Me sentí muy contento de llegar a ese nivel. Es la élite. Ves jugar a tu lado a los mejores del mundo.

Allí no hay nadie mejor, son atletas que se esfuerzan durante cuatro años para dar el mejor rendimiento de su vida en un momento de competencia. Yo fui parte de eso. Me encantó. En lo personal, me sacrifiqué para llegar a donde quería.

Con la Covid-19 cambió por completo el ritmo de vida de las personas y de los atletas en particular… Se posponen eventos internacionales, entre ellos los Juegos Olímpicos de Tokio. ¿Cómo afrontó el bádminton esto? ¿Dónde entrenabas?

La pandemia me destronó. Tuve un impasse muy largo. Me afectó mucho. En esa temporada, cuando levantaron las restricciones, comencé a entrenar. Realmente no pude hacer nada en mi casa. Hacía lo mínimo. Debía atender a mi madre, no quería que enfermara. Mi hija vivía conmigo también. Me ocupaba de todo; buscar los mandados, las cosas de la familia. No tenía tiempo para mí.

Comencé a entrenar y había aumentado de peso, estaba descoordinado. Además, tuve que operarme porque me lastimé el menisco. Me afecté la rodilla. Comencé de cero nuevamente. Un caos. Me sacó prácticamente de órbita. Me afectó mucho.

Ahí mucha gente perdió el interés en mí. Pensaron que las cosas para Osleni no serían iguales. Me molestó mucho. Seguí entrenando, traté de recuperarme lo máximo posible. 

Hace un tiempo comentabas que estuviste par de años sin competir y con entrenamientos en condiciones inadecuadas, sin instalaciones fijas…

Instalación fija jamás tuve en toda mi carrera deportiva. Nosotros siempre tuvimos sedes prestadas de otras instituciones en Cuba. Nos daban la posibilidad de entrenar hasta que ellos decidieran. Se dice que en Cienfuegos entrena la selección nacional, pero es una instalación de Ciencias Médicas.

Siempre me quejé de eso. Sin una instalación adecuada, las condiciones para entrenar nunca iban a ser buenas. Eso me afectó. Había mucho descontrol. A veces no entrenábamos, o había cambios de horarios.

Tras la pandemia, comenzó la preparación de los atletas con vistas a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Osleni estaba incluido en la clasificación. Tras los Juegos, un día tuve una reunión con el Comisionado y le cuestioné “¿por qué no participé en Tokio?” Él me contestó que el bádminton no participó por falta de presupuesto del INDER. Todos los deportes fueron a los eventos clasificatorios, pero nosotros no.

No se me prestó la atención adecuada para competir, para obtener mi clasificación. Mi primer evento fue luego de tres años en el Open de Santo Domingo, a principios de 2022. Mientras eso continúe así, el bádminton no tendrá resultados relevantes. 

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Tras el Abierto de Santo Domingo, asistes a un torneo en México con dos compañeros. Los tres deciden tomar otro rumbo y cruzan la frontera. Coméntame sobre ese instante. ¿Dudó Osleni Guerrero de su decisión?

La decisión la tomé a última hora. Quería cambiar, mejorar mi carrera deportiva, estar a otro nivel, en otro ámbito. Fue tomada a la ligera. No lo tenía pensado. Siempre defendí la idea de que, si me cuidan en mi país, si me respetan, si valoran mi trabajo, ahí me quedo. Pero, realmente, las cosas comenzaron a cambiar.

Donde caes mal, debes irte. Debes buscar el lugar donde tu sacrificio sea valorado, o al menos, remunerado de la mejor manera posible, y no me refiero solo al dinero. Me refiero a un lugar en el que puedas hacer más cosas con tu trabajo, con tu disciplina.

Mi familia necesita mucho de mí, de mi apoyo. Económicamente en Cuba las cosas no fluyen de la mejor manera. Es como te decía antes, ganaba dinero en metálico y se demoraba en llegar. No entendían que tenía familia. No por ello critico a nadie. Cada cual sabe cómo soy. No lo hago para hablar mal de mi país, al contrario.

Simplemente, quiero transmitir el mensaje de que mientras sigan las cosas como están, no sean capaces de valorar al cubano que se esfuerza, se entrega, que hace todo por izar esa bandera, será muy complicado. Nosotros somos embajadores de Cuba en el mundo. Entregamos nuestros deseos de ganar. Lo hacemos por un resultado para nuestro país. Hoy no lo están valorando, y no lo entiendo.

¿Cómo enfrentas esta decisión al tener a tu familia en Cuba?

Es una decisión difícil, compleja. No te voy a decir que estoy feliz. No estoy al lado de las personas que quiero, mi familia, mis hijas, lo fundamental para mí. Debo ser fuerte, enfrentar la vida con más ganas, deseos. Hacerlo como persona que quiere ser grande. Siempre pensar que ellos van a estar apoyándome. Son lo más grande del mundo. Si están bien, Osleni va a estar bien.

¿Cómo te encuentras hoy? ¿Estás entrenando o solo trabajando?

Sigo entrenando igual. Hasta ahora todo marcha bien.

¿Qué es lo que más extrañas de Cuba?

Todo, sinceramente. Mi familia, amigos, mi casa, el barrio, mi zona, todo. No te puedo decir otra cosa.

¿En quién fue la primera persona que pensaste al cruzar? ¿A quién y qué fue lo primero que escribiste en ese momento?

En mi madre. Ella no sabía la decisión que había tomado. Le escribí que la amaba mucho, que confiara en mucho. Le dije que la iba a apoyar en todo. Ella hizo mucho por mí. También pensé en mis hijas, mis amores. Por ellas me he sacrificado y lo seguiré haciendo.

¿Cuánto ha cambiado tu vida en lo personal y lo profesional en este tiempo? ¿Cómo ha sido tu asentamiento?

No ha cambiado mucho. Todo va a su paso. No te voy a decir que estoy en las nubes. Uno debe buscar posibilidades reales. Salir adelante con el sacrificio, el trabajo, obtener el beneficio.

Con tu salida, y la de dos de tus compañeros, queda un hueco enorme para este deporte en Cuba. ¿Crees que el bádminton cubano se repondrá a corto plazo?

Pienso que es algo que puede dificultar mucho a la selección nacional. Éramos las principales figuras, con los mejores resultados. Pero creo que, si se enfocan y hacen un buen trabajo, las cosas pueden ser buenas. Hay atletas jóvenes, empiezan ahora, deberían entregarles mucho.

Si hacen buen trabajo, pueden ser mejores. El bádminton ha pasado muchos problemas, pero ha demostrado que se puede contar con él.

¿Crees tú exista trabajo en la base para asegurar un relevo generacional?

Hay muchos entrenadores que se esfuerzan. Realizan eventos escolares juveniles. Ahí se ve a los atletas con talento. Pero deben enfocarse en sacar adelante al deporte. Sí la máxima autoridad del INDER y de la Comisión Técnica no se esfuerzan en ello, no podrán obtener resultados.

No solamente por pensar que tenemos matrícula de cinco y cinco en la selección nacional, las cosas van a estar bien. Necesitan recursos, apoyo, viajes, competición y entrenamientos con atletas de élite, solo así pueden mejorar. En la base, el respaldo material es fundamental. La parte humana existe, pero lo material es necesario.

En este último año, casi 200 mil personas cruzaron la frontera entre México y Estados Unidos. De ellos, varios fueron atletas de alto rendimiento, incluso figuras consolidadas como tú. ¿Crees que este sangrado se detendrá en corto tiempo? ¿Qué debería cambiar en el INDER para frenarlo?

Realmente es triste. Ha sido la migración más grande de la historia en Cuba. Es algo a valorar. El INDER debe defender más a sus atletas en las reuniones con las máximas autoridades del país. Todo se sabe en Cuba, pero si no estamos junto los deportistas, no se darán cuenta nunca de que necesitan más ayuda.

No es solo que el boxeo, la lucha, el atletismo ganen. Otros deportes también lo hacen, pero no se ven. No van a verlos, a indagar qué sienten los atletas. Se ha perdido el escuchar la opinión de cada atleta del movimiento deportivo cubano. Escuchan a los de la élite, pero hay otros que no son medallistas olímpicos, ni mundiales, pero son campeones Panamericanos y Centroamericanos. Merecen ser escuchados; necesitan apoyo, ser valorados.

Hoy, quizá, a los atletas emigrados los miren mal, como desertores. Sí, pero también deben mirar que se sintieron mal en un momento determinado. Se enfrentaron a la jefatura diciéndole las carencias, y no eran escuchados. Llegado el momento, uno se cansa. Quiere cambiar su vida.

Si Cuba cambia, será mejor. Cuba siempre ha sido grande, enorme. Ha demostrado que, a pesar de sus dificultades, del bloqueo, siempre ha dado el paso adelante. Pero no es solo demostrarle al mundo, es también a nosotros mismos. Debemos cambiar cosas, para cuando vayamos a competir, regresar conscientes de que nuestras familias nos esperan tranquilas, sin las desavenencias que hoy vivimos. Mientras eso no cambie, la emigración va a seguir. 

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