Sabemos lo que el título sugiere… Y sí, debería usted temerle a ese cintillo que es justo lo que le está pasando a la pelota cubana. Porque la cuestión no va de que estuviéramos a punto de caer en un abismo, sino que ya estamos bien sumergidos en él.

Ya lo dijo el periódico Granma, caracterizado siempre por un exceso de optimismo que a veces raya lo inverosímil: estamos ante el peor momento del béisbol cubano. Y si Granma lo dice, es porque las cosas están verdaderamente mal.

No existe entonces justificación posible para los descalabros sufridos de manera casi simultánea por los dos seleccionados cubanos que fueron allende fronteras a campear por un respeto que, más que esquivo, ya viene siendo inmerecido. Solo dos hombres de los de puntería andaban cumpliendo roles en Japón (Despaigne y Moinelo) y los que estaban contratados en la propia Can-Am no se podría decir que le restaban lo suficiente al team Cuba para que tuviera esa pusilánime actuación.

Alfredo Despaigne

Alfredo Despaigne. FOTO: Tomada de You Tube

Del otro lado, la selección “B” fue a Rotterdam y, luego de vencer en tres ocasiones consecutivas (como su similar de la Can-Am), hilvanó una racha de descalabros que la dejaron última del torneo, incluso por detrás de Curazao. Más vergonzoso imposible, incluso para un seleccionado que ofrecía dudas desde su conformación.

Entonces, vamos al grano: ¿Cómo jugaron estos equipos que fueron a por todo y regresaron sin nada?

En su paso por Canadá y Estados Unidos, el supuesto Cuba A bateó para un aceptable .290 en una liga que, eso sí, se caracteriza por el predominio del bateo. Yosvani Alarcón fue el mejor bateador del equipo compilando para 433, producto de 26 indiscutibles en 60 veces al bate, pero ojo: solo 8 remolques.

Detrás de él se ubicaron Juan Carlos Torriente (370), Jefferson Delgado (323), Guillermo Avilés (318) y un reverdecido Raúl González (301), este último, junto al tunero Alarcón, fue de lo mejor en el tope Cuba-USA, ganado por los norteños. Otras menciones pudieron ser para Norel González, Yordanis Samón o Yoelkis Céspedes, de buen comportamiento ofensivo, aunque el jovencito granmense sigue dejando pasar el tercer strike más veces de lo que se quisiera (25 ponches en 77 comparecencias).

Por otro lado, el Cuba de Rotterdam lo hizo para un pobre .258 y aún así fue el segundo equipo que más bateó en la justa superado solo por Japón, y solo Yoelkis Guibert, Frank Camilo Morejón y Edilse Silva lograron batear más de 300 (423, 400 y 385, respectivamente), en competencia donde mandó el pitcheo.

A simple vista, la razón fundamental del fracaso, por este lado, fue la falta de batazos a la hora oportuna, pues bateando sobre los diez hits por partido en la Can-Am y pegando, por otro lado, 60 en Rotterdam, no se ligó bien con corredores en posición anotadora.

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FOTO: Tomada de Swing Completo

En cuanto a defensa, se puede decir que no estuvo tan mal, pero tampoco fue de lo mejor. En la Can-Am se cometieron 16 errores en 21 juegos, pero alguna que otra vez se pudo escapar con esta casilla inmaculada. En tierras holandesas, nuestros jugadores cometieron 8 pifias en 7 partidos, nada a lo que uno no esté acostumbrado ya aunque la cifra sigue sin ser halagüeña. Como dato curioso, el hombre que más errores cometió en los torneos de este lado del Atlántico fue el receptor Ariel Martínez (4), seguido de otro receptor, Yosvani Alarcón, con 3. En Europa, Roberto Acea fue líder indiscutible en este casillero negativo, con 4 de las ocho marfiladas caribeñas.

Y ahora, el plato fuerte, la raíz del desastre: el pitcheo.

Ahí los números se comportaron de la misma manera, horrendos. Para 6.67 trabajó el cuerpo de lanzadores que intervino en la Liga Canadiense-Americana, números astronómicos teniendo en cuenta que se habla supuestamente de los mejores lanzadores cubanos, y han compilado para un promedio de carreras limpias por juego que pocos equipos tienen en la Serie Nacional.

A los pitchers antillanos les dieron 241 indiscutibles en 178.1 entradas de actuación, les anotaron 146 carreras y dieron 138 ponches con 104 boletos de libre tránsito. Salvo Liomil González y Frank Luis Medina, el resto de los lanzadores trabajaron para más de tres carreras limpias por juego y diez de ellos lo hicieron para un promedio de más de seis.

En Holanda, el roster de lanzadores de los dirigidos por Vladimir Hernández lo hizo para 3.72, le batearon 316 de average en 64 entradas completas, con 30 ponches, 24 bases por bolas y 79 indiscutibles permitidos. Las situaciones de peligro obligaron a dar 5 bases intencionales e igualmente se permitieron 14 toques de sacrificio. Pésimo.

Los serpentineros cubanos siguen padeciendo entonces de los mismos males que parecen ya no tener remedio alguno: descontrol, demasiados nervios y continúan permitiendo más de un hit por inning. El resultado no puede ser otro, pues no hay ofensiva que ligue para aguantar el desastre de quienes se trepan a la lomita.

Noelvis Entenza. FOTO Ricardo López Hevia

Noelvis Entenza. FOTO Ricardo López Hevia

Con sinceridad, la labor de criticar a nuestros peloteros ya casi cansa, pues últimamente no se hace otra cosa. Pero es que no están dando material para una loa desde la Serie del Caribe. Y eso con las vendas que se ponían antes de que salieran las heridas.

Supuestamente para que la pelota cubana cambie tiene que pasar por un período oscuro, pero dentro de él tiene que haber algunas evoluciones palpables, más contratos, mejores salarios, nuevas negociaciones, búsqueda de opciones. Pero lo que se está viendo y está por ver no da margen a dudas.

Hoy la oscuridad se ha cerrado sobre nuestro deporte nacional. Y hará falta un milagro para volver a ver la luz.