La derrota ante el equipo de béisbol de Puerto Rico era previsible. Ya andábamos cansados los aficionados cubanos, esperando porque los atletas de nuestra selección nacional de béisbol que participa en los juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla llegaran a su forma óptima. Algo que, al parecer, no sucederá.

Por tres meses soportamos —con la paciencia que solo tienen los viejos pescadores— un entrenamiento tedioso y juegos a gradas vacías, mientras las palabras de directivos y preparadores físicos se amontonaban unas sobre otras en los medios nacionales, lanzando cubos de agua al fuego que prendían periodistas y analistas de barrio.

Primero fueron los muchachos de Víctor Figueroa, quienes literalmente fueron a comerse la merienda que daban en el torneo de Haarlem, Holanda, y cayeron derrotados por todos los equipos participantes: Japón, Holanda, China, Italia y has Alemania. Allí, en tierra de tulipanes, los nuestros terminarían por aferrarse a un cuarto escaño bochornoso, y eso gracias a las bondades del sistema de competencia.

Ahora, en Barranquilla, es nuestra selección principal la que puja por mantener el titulo regional, único trofeo que queda intacto en las vitrinas de la Comisión Nacional después de las tormentas que han azotado todos estos años a nuestro deporte más querido, dejándolo desnudo en el terreno de juego.

Más allá de victorias o derrotas propias de cualquier deporte, la alarma está prendida por la forma física de los nuestros. Sería menos complicado estar analizando estrategias mal concebidas, alineaciones inefectivas o cambios demorados, pero no se trata de eso, el problema de los nuestros es aún más grave, palpable y visible: los peloteos cubanos no batean, estamos en la mitad de la competencia y el tiempo se agota.

Yordan Manduley, al anotar la única carrera en el juego contra Panamá. FOTO: Ricardo López Hevia / Tomada de Cubadebate.

Luego de tres partidos podríamos creer ya que jamás lograrán la forma deportiva requerida para este tipo de eventos, simplemente porque ya la perdieron en los entrenamientos. Si es grave no entrenar lo suficiente, peor aún es entrenar demasiado, eso es una máxima aplicable a cualquier deporte de alto rendimiento. Eso sin contar con los agotamientos mentales y los problemas psicológicos que puedan tener los atletas, alejados por tanto tiempo de su casa, de su familia, y de la paz espiritual que necesitan los seres humanos para enfrentar los retos de la vida diaria.

No se pueden quemar solo a los jugadores porque apenas han podido anotar 7 carreras en 26 entradas; ni porque han dejado 25 corredores en bases durante los tres encuentros. Pero tampoco debería pasarse por alto que, más allá de la quinta entrada en el juego contra los mexicanos, los cubanos solo han conseguido solo un sencillo con hombres en posición anotadora en 15 turnos al bate y compilan para .162 de averague con hombres en bases (36-7).

No es culpable Frederich Cepeda ni Guillermo Avilés cuando solo han podido ligar cada uno de ellos un inofensivo sencillo en 11 turnos oficiales al home-plate, ni podemos cambiarlo a todos por haber producido solo cuatro extrabases (tres de Yordanis Samón) en los tres partidos efectuados.

No es culpable, ni siquiera, el profesor Carlos Martí por mantener inamovible a estos hombres, por su alineación estable y por las improvisaciones que han comenzado a hacerse en el terreno como la movida de Alexander Ayala a la primera base.

El problema de base es un mal generalizado, un virus que está en la banca y que ataca a todos.

Los culpables son otros, quienes nos prometieron éxitos y tomaron el dinero de nuestros impuestos para fabricar ¨entrenamientos novedosos¨ y no han obtenido resultados, quienes se han mantenido durante años con los brazos cruzados mientras a nuestro deporte nacional se lo comen los buitres oportunistas.

Los culpables son quienes siguen sin botar a la basura los libros antiguos y hacen de las directrices un esquema inalterable, los que no se adaptan y los que no sienten el béisbol correr por sus venas como un río salvaje y descontrolado.

En Barranquilla 2018 solo nos queda esperar y pedirles a nuestros dioses particulares que no se repita la peor actuación cubana, sucedida en estas tierras en 1946. Nos vemos en el estadio.

OFENSIVA CUBANA EN TRES PARTIDOS
Roel Santos (12-4)
Yordan Manduley (11-5)
Yurisbel Gracial (13-3)
Frederich Cepeda (11-1)
Guillermo Avilés (11-1)
Yordanis Samón (13-5)
Yosvany Alarcón (12-3)
Carlos Benítez (6-3)
Raúl Gonzalez (10-1)
Alexander Ayala (2-1)

CON HOMBRES EN BASES
Roel Santos (4-1)
Yordan Manduley (4-2)
Yurisbel Gracial (8-3)
Frederich Cepeda (4-0)
Guillermo Avilés (5-1)
Yordanis Samón (4-1)
Yosvany Alarcón (6-1)
Carlos Benítez (2-1)
Raúl Gonzalez (7-1)
Alexander Ayala (0-0)

BATEAO COLECTIVO (101-27) .267 AVE
CON HOMBRES EN BASES (44-11) .250 AVE.