Años después de su salida de Cuba para intentar hacerse profesional, Dayron Varona entró en la historia como el primer cubano que jugaba en su país con un conjunto de Grandes Ligas después de 1959.

El antillano pisó nuevamente un terreno de pelota en la isla como parte del Tampa Bay, en medio del “deshielo” temporal en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos con la visita de Barack Obama, y el público aplaudió, con afecto, el regreso momentáneo de un beisbolista hijo de esta tierra.

Pero esta historia comenzó mucho antes, cuando de niño se sumó a la práctica del pasatiempo nacional. Después vendría el paso por la Serie Nacional, un campeonato de refuerzo con otra provincia y la salida, por mar, para alcanzar la MLB.

Play Off-Tv conversa con Dayron Varona.

¿Cómo llegas al béisbol?

Antes de la pelota, tuve incursiones en varios deportes como lucha, judo, hasta que me quedé en la pelota. Lo hice porque para poder tener algo tenías que ser pelotero, era el deporte que más viajaba.

No obstante, mi bisabuela influyó, pues cuando era muy chiquito siempre le decía a mi mamá que tenía que ser pelotero. De mi familia, mi mamá fue la única que me ayudó, el resto, realmente muy poco. Siempre estuvo ahí, sin ella, hubiese sido imposible.

¿Cómo era el día a día de niño y adolescente? 

De niño era muy travieso, intranquilo, siempre estaba fajándome, no era muy disciplinado. De adolescente, estuve un poco más centrado en la escuela y el entrenamiento. Me fue difícil al principio en la pelota, sobre todo en la EIDE y me costó adaptarme.

¿En qué momento te das cuenta de que puedes llegar a las Series Nacionales? 

Nunca había pensado en eso. Busqué la manera de hacer algo útil, de no estar en la calle. Sí, tenía talento, pero más que todo lo hice porque vivía con mi mamá solo y decía: no puedo andar en la calle “bandolereando” y vi que tenía posibilidades en la pelota y alcancé mi sueño

¿La pelota te ayudó a tomar un buen camino? 

Me ayudó bastante, a no estar en la calle, porque tenía algo que hacer, debía entrenar y eso me ayudó muchísimo. También una vez fui al estadio en Camagüey y ni me acuerdo de quiénes eran los peloteros, pero sí vi que dieron un batazo y el público se paró a aplaudir y le dio cariño y eso me impresionó: esa imagen se me quedó grabada y yo quería también vivirlo. 

¿Tenías algún ídolo? 

Cuando era niño decía que era Omar Linares. Ya después de grande, mi pelotero era Rudy Reyes, pues me gustaba la forma en que jugaba. También, admiraba mucho a Yasser Gómez. 

¿Es cierto que te hubiese gustado jugar con Industriales? 

Siempre decía que prefería ser cargabates de Industriales qué tercer bate de cualquier otro equipo, porque ese equipo siempre ganaba y el resto siempre quería vencerlos. Yo no soy mucho de ver béisbol. Después cambié un poco la manera de pensar porque veía que la gente me aplaudía en Camagüey y decía, bueno, no necesito estar en Industriales. 

¿Recuerdas cuando debutaste en Series Nacionales? 

Mi primer turno al bate fue contra Pinar del Río y estaba lanzando el hijo de Rogelio García. Recuerdo que me tiró unas cuantas curvas y me ponché. No me fue bien el primer mes en la Serie Nacional, pues estaba nervioso y no sabía qué me pasaba, hasta que me adapté y fui cogiéndole calor al juego y ya lograba tener un poco más de resultados.

No era titular todavía, pero, por lo menos, empezaba a tener un poco de oportunidades. Nunca he creído que soy un supertalento, pero en el terreno de juego soy atrevido. Para ganarme tienes que demostrar que eres mejor que yo. 

Estuviste en Series Nacionales 7 años con el equipo de Camagüey y parecía que tenían más talento que los resultados que alcanzaron. ¿Qué sucedió? 

En mi tiempo había tremendos peloteros, pero no le ganamos a nadie. Cuando vas al argot de la metodología es muy fácil de explicar: había desunión y, sobre todo, falta de estrategia. Creo que el único momento en que hubo alguna fue cuando estuvo Ulacia, pero lo que supuestamente debería durar cuatro años duró menos, pues “los que saben” decidieron cortar el proceso.

Ganaste el título con el equipo de Villa Clara. ¿Cómo fue esa temporada? ¿Cómo se vivió el jonrón de Pestano?

Para poder jugar en Villa Clara tuve que entrar por el sorteo de refuerzos fui el número 40. El primer mes casi no jugué. Entonces, un día me encuentro con Rodolfo García y Modesto Agüero y me pregunta por qué no estaba jugando y si tenía algún problema con Moré. Les dije que no, que acaba de llegar y me dijeron que iban hablar sobre eso. No sé qué dijeron, pero a partir de ese momento, empecé a jugar y me fue muy bien. Haber ganado es una de las emociones más grande que he tenido como pelotero.

Sobre Ariel Pestano, caminabas por Villa Clara y sobre lo único que se hablaba era sobre el problema de él y Víctor Mesa. Ariel es el mejor receptor que he visto y en el trato fuera del terreno no tenía nada que ver con lo que se ve por el televisor. Es una persona noble que se transforma en el terreno. Sobre el jonrón no sé cómo le dio. Fue increíble, le demostró a Víctor que se equivocó. Yo creo que hizo poco en la celebración. Se lo dije una vez, que yo hubiese hecho más.

¿Cómo y por qué llega la decisión de emigrar?

Nunca pensé en irme y mucho menos por el mar. Incluso, a mí me gusta el mar, pero de lejos. Sentí temor, pero no tenía tanto miedo, porque yo soy atrevido, pero al seguro. No me atrevo si voy a perder, y por supuesto, no me arrepiento para nada de la decisión que tomé. Pensaba en ese momento que podía jugar al nivel de Grandes Ligas. Veía a Gurriel, Pito Abreu y veía que me faltaba algo para ser como ellos.

¿Cuándo saliste de Cuba te mantuviste siempre jugando béisbol o hiciste alguna otra cosa?

Siempre en béisbol, en mi vida lo único que he hecho es correr, tirar y batear. Estuve un año entrenando en Dominicana y cuando llegué a Estados Unidos me firmaron.

¿Cómo es el proceso de firmar?

El proceso depende del tipo de agente que tengas, nos llenan la cabeza de humo y las franquicias no regalan su dinero. Los dueños no te dan dinero si no ven que te puedan sacar algo. Estaba mirando que hay muchos cubanos en República Dominicana sin poder firmar. Es un proceso difícil.

¿Te chocó mucho el sistema de las Grandes Ligas?

El principal cambio que vi fue la disciplina. Soy disciplinado, pero los peloteros de aquí son máquinas. Yo llegaba en el spring training a las 6 a.m. creyendo que era el primero y cuando entraba en el vestuario, era el último.

Además, todo estaba organizado de una manera impresionante. El inglés, al principio, me costó, pero, poco a poco, lo he ido cogiendo. Lo otro fue la velocidad, pues aquí cualquier niño de 16-17 años tira 98 o 99 millas. ¿Cómo los producen?

¿Cuánto te costó la distancia con la familia?

Siendo sincero, no sé si es que el corazón se te pone de piedra. Yo tengo mis dos hijos aquí. Los que se quedaron, se quedaron, y los que están aquí, están aquí. Pensé que podía cambiar el mundo en su momento, mandando tres chupas chupas y unas gorras, pero no es así. Mi familia es la que está conmigo.

En el 2016 fuiste el primer pelotero cubano que vino a Cuba con una franquicia de los Estados Unidos ¿Cómo se gestó aquello?

Un día estaba en el patio de mi casa y un amigo me llama y me dice que el equipo de Tampa iba a Cuba. Faltaba un mes para el spring training y había el rumor sobre eso. Pero yo no estaba ni en el primer equipo, ni pensaba en ir a Cuba. El tema es que era el único cubano en la organización. Un día, viene Evan Longoria y me pregunta si quiero ser parte del viaje y le dije que por supuesto. También me lo preguntó Chris Archer, y ellos hablaron para resolver.

Todo se arregló en un día. Una mañana, termino de practicar, mi pasaporte estaba vencido y ellos me dicen: vete para la oficina de inmigración que te está esperando un abogado de la MLB. Me pusieron una visa con una entrada y una salida. Al otro día, llegué a la organización a las 5 a.m. y ya estaba todo resuelto. Por la tarde viajamos.

¿Qué significó ese momento para tu carrera deportiva?

Es lo más grande que me ha pasado como pelotero. Supe lo que estaba pasando a los tres días. No tenía idea del impacto que tenía cuando llegué. No te puedo explicar el orgullo que tengo por ser el primer cubano en venir con una organización de la MLB. Es algo que no te puedo explicar.

¿Cómo te trató el público?

Alguien me pregunto qué pasaba si alguien me insultaba, y le dije que eso era casi imposible, porque el cubano es “tremendo tipo”. El cubano es el único que te regala un poquito de azúcar, o sal o lo que te haga falta. No puedo describir lo que sentí cuando me empezaron a aplaudir, no podía batear de la emoción. Fue un recuerdo muy feliz, un momento espectacular.

¿Qué te faltó para llegar a la MLB?

Posiblemente, que quien me firmó hubiese seguido en la organización. Aquí no es solo el talento, pues si te firmaron es porque tienes algo. Pero a partir de ahí influye qué tipo de contrato tienes, y si el que te firmó es un pez gordo o uno chiquito. A mí me firmó el jefe de los scouts internacionales y él se fue para Detroit. Pienso que pudo ser eso, porque en Estados Unidos te pones a ver las Grandes Ligas y veo peloteros más malos que yo, pues hemos jugado juntos en distintos lugares y yo he estado por encima de ellos. No solo es el talento.

Dayron Varona en Cuba con Tampa
Getty Images Dayron Varona

Tuviste la oportunidad en el Caribe, ganaste en Puerto Rico. ¿Cómo son esas ligas?

Tienen buen nivel. Estuve en Puerto Rico, Dominicana y Venezuela, pero con Cuba no hay esa diferencias: la única grande es el pago. Son mejores por eso y porque tienen la posibilidad de contratar a peloteros de más países y hay más competencia. En Cuba se juega con lo que tenemos, muchas veces juegan niños en las Series Nacionales a quienes todavía les falta para dar el nivel.

¿Para crecer debe profesionalizarse la Serie Nacional?

Hasta que no seamos capaces de abrir la mente y entender que vivimos en una sociedad de consumo, no vamos a avanzar. Antes, en los 80 y 90, se iban dos o tres, ahora se va todo el mundo. Tenemos que analizar los porqués. Hay que atender a las personas porque los deportistas necesitan vivir.

¿Sufre mucho el pelotero cubano emigrado?

Pasan trabajo, sufren decepciones, muchas veces se quedan desamparados. Muchas veces dicen: firmó por 500 mil, pero cuando cobras te quedas con 100 mil, porque tienes que pagar un porciento, más la renta, los viajes y los agentes: nos llenan la cabeza con palacios que no existen. Entonces, el desconocimiento hace que se cree una opinión de que es fácil cuando, realmente, no lo es.

Tienes que tener el contacto correcto. Porque si no lo tienes vas a pasar trabajo. Eso está feo y a cada rato me entero de que alguien se quedó botado o varado en el Caribe. Muchas veces no conoces quién es el que está corriendo con tus gastos, porque entre tú y él, hay infinidad de intermediarios. La verdad no es tan fácil y hay que estar muy claro.

Quisiste volver a jugar en Cuba. ¿Qué pasó?

Sí, quería jugar. Lo tenía casi todo listo, pero hay mucha mentira y ya estoy muy viejo. Me gusta que me hablen caro, porque tengo dos niños y una madre que mantener. Entonces, ¿para qué voy a ir a jugar? ¿Para quitarme esa espina? Yo quería, pero tiene que estar todo claro.

¿Qué parece el proceso de repatriación al que deben someterse muchos cubanos?

Los que pusieron esa ley sabrán por qué y por cuánto. Yo no lo veo bien, no entiendo, no encuentro lógica. No entiendo por qué tanto tramite, pues nunca dejas de ser cubano. La emigración es algo normal.

Tienes un proyecto con el béisbol infantil. ¿En qué consiste?

Tengo una academia y ya gané un torneo de la Florida: quedé tercer lugar en un mundialito. Me va bastante bien, como pelotero no pude cumplir todos mis sueños, pero puedo intentar ayudar a estos niños a llegar lo más lejos que puedan. Tengo nuevos proyectos que, cuando estén ya listos, se los comentaré.

¿Te faltó algo?

Jugar en Grandes Ligas, yo creo que pude. Hay veces que las cosas no son como uno quieres. Pero para adelante. No logré llegar, pero tengo muchas esperanzas en los nuevos proyectos y espero marcar las diferencias con ellos.

¿Te consideras un hombre feliz?

Sí. Más feliz, me echo a perder.

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