La historia del capitalino Raymond Figueredo aún está por escribirse. Desde que el veloz lanzador fue incluido en el listado de 34 talentos que la Federación Cubana de Béisbol le ofreció a las Grandes Ligas cuando ambas entidades firmaron el histórico acuerdo a finales del 2018, su nombre recorrió el mundo beisbolero y se vislumbró un futuro prometedor para él.

El muchacho, que en esos momentos apenas llegaba a los 20 años de edad, sólo había lanzado cuatro entradas en la Serie Nacional con los Industriales de Víctor Mesa, pero la velocidad de su recta había parado las pistolas de medición en 95 millas por hora, algo poco común en los serpentineros cubanos del momento.

El “Rey” Anglada lo convocó la siguiente temporada cuando tomó las riendas del conjunto azul y el joven natural de la Habana Vieja pudo encaramarse 16 veces en el montículo, salvar el primer partido de su carrera, y ponchar a 6.61 adversarios cada nueve entradas, aunque dejó números discretos debido a su inexperiencia y el descontrol habitual que muestran estos talentos supersónicos.

La congelación del acuerdo con la MLB y una ruptura de los ligamentos del codo de lanzar mientras participaba en el campeonato nacional para menores de 23 años que lo dejó fuera de la nómina del equipo Industriales para la campaña, fueron caldo de cultivo para que este lanzador, como muchos otros atletas de su generación, tomaran la decisión de abandonar el país en busca de un contrato profesional.

A principios de este año 2021 recibí la noticia de que Raymond Figueredo había regresado al país e incluso, se especulaba sobre la posibilidad de su entrada al equipo para la postemporada, algo que al final no pudo ser por temas burocráticos.

En exclusiva para Play-Off Magazine, el número 48 de los felinos nos cuenta de su periplo por tierras dominicanas; de su regreso inesperado cuando estaba más cerca que nunca de lograr un contrato profesional; sus motivaciones y metas actuales; así como de su estado físico y el desarrollo que ha tenido como atleta en todo este tiempo ausente de los terrenos de la isla.

¿Por qué motivos decides emigrar del país?

Decidí emigrar pensando en superarme como lanzador, en adquirir nuevas experiencias y aprender a pichear. Nunca me fui para ayudar a mi familia económicamente ni por temas económicos, me fui porque quería salir adelante y probarme a otro nivel. Nunca me había interesado irme del país y quizás las pocas oportunidades que me daban en aquel momento ayudaron a esa decisión.

¿Cómo tomó esto tu familia?

Fue una decisión muy difícil. Mi familia al principio no estaba de acuerdo, pero luego mis padres me apoyaron. Vi esa oportunidad y la tomé.

Ha pasado el tiempo. ¿Qué crees ahora de la decisión del equipo Industriales de no convocarte en 2019 porque aún estaba muy reciente tu lesión?

Ahora comprendo aquella decisión de los técnicos. Creo que actuaron bien. José Elosegui y Lázaro Valle siempre se me acercaron y me hablaron de que no me apurara, que era joven y tenía una carrera por delante y ellos hicieron bien porque realmente tenía una lesión un poco complicada que llevaba su tiempo de recuperación. En República Dominicana demoré seis meses para estar listo.

En aquel momento, debido a mi juventud, no lo entendí, pero después comprendí que todo era por mi bien. Ahora estoy más maduro, sé lo que es estar lesionado del brazo y comprendo que me estaban cuidando.

¿Cómo es la vida de un pelotero emigrado en República Dominicana?

La vida de un pelotero siempre es difícil, pero allá es mucho peor. Estás lejos de tu familia, es otra cultura y otra forma de jugar e interpretar el béisbol. Hay mucha competitividad y rivalidad y tienes que estar todo el tiempo muy dispuesto: es difícil en todos los aspectos.

Las condiciones de vida no eran las mejores y todo eso me impulsó a tomar la decisión de regresar. No era lo que tenía pensado ni lo que había imaginado.

¿Te pagaban allí algo?

No, no pagaban nada. Estaba allí buscando una firma y había que depender de ellos.

¿En todo este tiempo nunca tuviste dinero en los bolsillos?

Sí tuve porque recibía ayuda de mi familia. Mi tía y mi novia, que vive en los Estados Unidos, me ayudaron económicamente y, gracias a eso, pude sobrevivir más tiempo por allá.

¿Por qué regresa Raymond Figueredo?

Extrañaba mucho a mi familia, a mis amistades y mis propias costumbres. Quería volver a jugar acá en Cuba. Me fui con esa espinita clavada por dentro, porque nunca pude lograr aquí lo que quería: triunfar con Industriales y que mis padres estuvieran orgullosos de mí. Aunque hubiera firmado, existía esa meta de volver en algún momento porque tenía que lograr ese sueño.

No viré porque me botaron ni porque me trataron mal por allá. Lo hice sólo por eso: quería jugar aquí.

Regresaste cuando estabas más cerca que nunca de lograr una firma profesional

Sí, estaba más cerca que nunca, pero lo tenía decidido desde hace unos meses: quería volver.

¿Cómo catalogas tu experiencia por aquellas tierras?

Viví cosas positivas y negativas. Fue una experiencia positiva porque ellos me cuidaron el brazo y eso tengo que agradecérselo; me devolvieron esa salud física y mental que había perdido, pues estaba muy débil de mente y me ayudaron mucho.

Hicimos un tratamiento fuerte y doloroso para recuperarme y me enseñaron a ver el béisbol de otra manera. Allí compartí con peloteros profesionales como Juan Soto y Jeisson Domínguez, el prospecto número uno de los Yankees de Nueva York. Siempre escuché sus consejos y eso me sirvió de mucho en lo personal.

La parte negativa es que no tuve las mejores condiciones tanto de vivienda como en el terreno y las atenciones y la alimentación no eran las adecuadas.

¿Qué diferencias vio Raymond Figueredo entre los entrenamientos que recibías por allá y los que te mandaban a hacer en Cuba?

Al menos, los de los lanzadores son muy parecidos en cualquier lugar. Lo único que cambia es la mentalidad del atleta y la intensidad del entrenamiento. Son profesionales y se enfocan más en lo que están haciendo; te exigen más porque allí el béisbol se juega más fuerte, con más explosividad y es más agresivo. Pero el entrenamiento, de forma general, es el mismo.

¿Las personas que te representaban en Dominica permitieron que regresaras a Cuba sin problemas después de haber invertido en ti durante este tiempo?

No, ellos nunca lo permitieron. Desde de que les comenté mi intención de regresar no estuvieron de acuerdo, incluso, tras plantearles que tenía problemas familiares en Cuba. Primero, porque veían en mí un talento que prometía y estaba muy cerca de lograr una firma profesional. Segundo, por el tema monetario, porque es mucho dinero que ellos invierten en esto y no lo querían perder. Pasé mucho trabajo para regresar; fue un sufrimiento grande para mi familia. Para poder lograrlo, me tuve que refugiar en la embajada cubana.

¿Tuviste prácticamente que escaparte?

Sí, fue un escape legal amparado por las autoridades cubanas y gracias al cónsul, que me ayudó mucho. Ellos se enteraron de mi regreso unos 15 después de estar yo en La Habana. Primero, no lo tomaron de la mejor forma, pero después se comunicaron conmigo, pudimos hablar, y todo quedó bien, gracias a Dios.

Para irme tuve que decirles que quería estar de vacaciones con mi tía que estaba allá en República Dominicana y como era fin de año, me lo permitieron. Desde septiembre ya había tomado esa decisión y todo ese proceso fue muy complicado, al punto de deprimirme bastante. Fui haciendo trámites por allá y mi familia por aquí, sin tener pasaporte, porque ellos me lo habían quitado.

¿Por qué crees que no firmaste ningún contrato profesional en el tiempo que estuviste fuera?

Fueron muchos factores que incidieron, como el tema de la COVID. Fui invitado durante una semana al campamento de los Mets de Nueva York en República Dominicana y allí hice muy buenas presentaciones. Luego, fue invitado también al campamento de los Astros de Houston, pero por el impacto de la pandemia no se pudo efectuar.

Después de estar varios meses preparándome llegó este problema del coronavirus y prohibieron todo tipo de eventos deportivos. Estuve mucho tiempo sin poder hacer nada y sin poder salir a ningún lugar porque allá había cuarentena obligatoria y no podías ni entrenar en el terreno.

Cuando salimos de nuevo las cosas estaban muy limitadas y mis agentes no supieron quizás hacer las cosas bien. Al principio, cuando llegué, todavía estaba recuperándome de una lesión que tuve en Cuba y eso me tomó algún tiempo.

Estuve muy bien en los tryouts, pero los scouts no pueden acercarse a los jugadores en ningún momento y los peloteros desconocen el rumbo que pueden tomar las negociaciones. Muchas veces me felicitaban después de una presentación y yo me quedaba feliz esperando sin entender bien las cosas.

¿Cómo te recibieron las autoridades deportivas de la capital a tu regreso?

Me recibieron muy bien, incluso, se estuvo manejando la situación para incorporarme al equipo Industriales al final de la temporada, pero por problemas que desconozco, no se pudo. Siempre las autoridades de la provincia y la dirección del equipo tuvieron ese deseo. Yo tenía mis mejores intenciones, pero no se pudo.

¿Cuán diferente es el Raymond Figueredo que se fue a este que está aquí ahora?

Toda esta experiencia me sirvió mucho como persona y como atleta. Ahora soy otro, con otra mentalidad y otra manera de ver el béisbol. Al estar solo en ese país mi personalidad ha cambiado y he madurado mucho. Ahora sé lo que quiero lograr en la vida y en el deporte.

¿Si algún amigo pelotero quiere tomar ese camino que consejos le darías?

Le diría que tiene que pensar bien las cosas. Muchas veces la realidad no es como la imaginamos ni como nos la pintan otras personas. Mi amigo Andy Rodríguez me dijo un día que nunca me vaya por la primera puerta que se abre, que en la vida hay muchos caminos que te pueden llevar al éxito, y tiene mucha razón.

Esa decisión es muy difícil y hay que pensar bien todos los problemas que puede haber cuando decides tomarla.

Aquí fuiste famoso por tu velocidad al llegar a marcar 95 millas por hora en tu recta. ¿Cuánto puedes estar marcando ahora?

Ahora mismo me encuentro bien físicamente. Llevo tiempo sin lanzar, pero calculo que debo estar tirando alrededor de 90-92 millas por hora. Desde que llegué a Cuba no me han medido la velocidad aún, pero me siento bien, más fuerte que antes.

¿Desde cuándo no lanzas en un partido?

No lanzo en un partido de béisbol desde el 20 de noviembre del año pasado. Fue en un tryout en el cual me enfrenté a peloteros que estaban en busca de una firma profesional. Lancé una entrada y la recta me marcó 92 y 94 millas y ponché a dos bateadores.

Vi en una entrevista que en Cuba sólo tirabas rectas. ¿Nunca intentaron enseñarte otros lanzamientos?

Cuando estaba en Cuba mi lanzamiento era la recta porque no dominaba otros. Los entrenadores intentaron enseñarme otros como el cambio de bola, pero no tuve la oportunidad suficiente para usarlos en los partidos y no pude desarrollarlos bien.

En República Dominicana estuve un año y seis meses y sí tuve la oportunidad de aumentar mi repertorio en las prácticas.

Las veces que lancé en Cuba con Industriales puedo decir que el 90 por ciento de los envíos fueron rectas. A veces usaba la slider, pero no tenía confianza en ella y no era efectiva. Las oportunidades que me daban tenía que aprovecharlas con mi mejor arma que era la recta y no podía estar innovando en ese momento.

Los entrenadores alrededor mío siempre tuvieron interés de enseñarme, pero también era muy joven y tenía muy poca experiencia.

¿Y ahora que lanzamientos dominas?

Allí me enfoqué en trabajar mi cambio de velocidad. Ese es un lanzamiento fundamental hoy en día en el béisbol moderno para poder dominar y mucho más para un pícher de velocidad. En eso estoy trabajando ahora sin olvidar el slider, efectiva para poder ponchar a los bateadores. Trabajé mucho en ella y, fundamentalmente, en dos strikes sin bolas para terminar con el bateador.

¿Has aumentado tu velocidad?

Aquí en Cuba la máxima que me midieron fue 95 millas, pero nunca pude sostener esa velocidad. Podía lanzar sobre 90 hasta las 93 en ocasiones, pero hasta ahí. En el tiempo que he estado fuera llegué a sostener la recta en 93-94 millas y logré marcar hasta 96. Eso fue gracias a que trabajé mucho el físico y mejoré la mecánica de picheo. Desde el día en que llegué estuve trabajando en eso incansablemente porque es fundamental para poder elevar la velocidad de los lanzamientos.

¿Qué has hecho en todo este tiempo de inactividad para mantener la forma física?

Desde que llegué comencé a entrenar con mi papá en el estadio 50 Aniversario (antiguo Delsa) con el apoyo de Lázaro de La Torre. Luego llegó el rebrote de la pandemia y hubo que parar todo y desde hace unos meses estoy trabajando con el profesor Enrique Rojas en el Fajardo hasta que comenzó el entrenamiento de la preselección de Industriales el lunes 17 mayo.

¿Qué opinión tienes de José Elosegui como entrenador de picheo?

Elosegui ha influido mucho en mi carrera y me ha ayudado siempre dentro y fuera del terreno. Siempre se ha acercado mucho a mí, me ha dado su confianza y sus consejos. Es una excelente persona y un gran entrenador y lo respeto mucho por eso.

¿Cómo son tus relaciones con Guillermo Carmona y que opinión tienes de él aunque nunca has estado bajo sus órdenes?

A Carmona lo conozco desde los tiempos en que era coach en la dirección de Anglada. Siempre fue uno de los pocos entrenadores que se me acercaba y me daba ánimos. Tengo excelentes relaciones con él, es un gran ser humano y ahora que está al mando, espero que las relaciones se mantengan igual o mejor.  

Después de la experiencia que tuviste por República Dominica, ¿qué harías ahora si aparece un contrato profesional amparado por la Federación Cubana?

Sí, claro que aceptaría. Esa es una de mis principales metas para este año. Primero, está integrar el equipo; luego, poder ayudar en todo lo que pueda teniendo una buena temporada y ser campeón, con la ayuda de Dios. Como me dijo un entrenador, eso después viene solo. Un contrato profesional es el sueño de todo pelotero al igual que ser parte del equipo Cuba. Todo es una escalera en la que hay que ir venciendo los escalones poco a poco.

¿Te consideradas un cerrador nato o te gusta también abrir partidos?

Hasta ahora siempre he estado en funciones de cerrador y eso me encanta. Me gusta lanzar bajo presión, sentir esa adrenalina, pero no descarto ser algún día abridor: me gustaría también.

¿Qué puede esperar de ti la fanaticada azul en la próxima Serie Nacional?

A la fanaticada azul le digo que esperen lo mejor de mí, siempre voy a salir a darlo todo en el terreno. Ahora soy un Raymond Figueredo distinto, más concentrado y enfocado, y estoy dispuesto a hacer cualquier función que necesite el equipo para poder ayudarlo.

Es posible que tengas la responsabilidad de sustituir a Andy Rodríguez en la función de cerrador del equipo. ¿Qué crees de esto?

Andy es uno de mis grandes amigos y he conversado mucho con él sobre este tema. Me ha dicho que ojalá sea yo el que lo pueda sustituir mientras se encuentre en Japón, porque confía mucho en mí y tiene mucha fe en que puedo lograrlo. Eso es una gran responsabilidad porque ha dejado una huella, muy buenos números en estas dos últimas temporadas y tiene acostumbrados a los aficionados a ser un lanzador muy seguro.

Si me dan esa responsabilidad voy a tratar de hacer lo mismo o mejor. Esa es la mentalidad que traigo, de hacer bien cualquier tarea que me pongan.

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