Carlos Tabares tuvo ofertas para jugar en Grandes Ligas, pero prefirió no alejarse de su familia y hacer grande el número 56 en Cuba, con su amado Industriales. Cuando se habla de espectacularidad, carisma y entrega, su nombre siempre vendrá a la mente de los aficionados del pasatiempo nacional.

Desde los inolvidables fildeos en eventos internacionales hasta su innegable gusto musical que lo hace un amante de la farándula, el legendario patrullero central de los equipos azules se convirtió en una figura referencial cuando se habla de la novena más ganadora de Cuba.

De su paso por las series nacionales y el equipo Cuba; la entrañable relación con sus padres; sus momentos más tristes y alegres y muchas anécdotas que lo marcaron, conversó Carlos Tabares en su comparecencia ante las cámaras de Play-Off TV.

¿Qué hace Carlos Tabares en la actualidad?

Estoy en el programa nacional de talentos, de entre 18 y 23 años. Puede haber excepciones, pero siempre es mejor trabajar con la juventud de entre 18 y 23 es el programa.

En las edades más tempranas sería mucho mejor y eso lo estamos analizando el profesor Frangel Reinaldo -como jefe del proyecto- y yo de sucesor con la juventud. Estoy aprendiendo mucho en esa parte del programa, en la parte técnica, en la parte de la práctica, en cómo llegarles a los muchachos y cómo manejarles el pensamiento para jugar al béisbol. Estudio cada día porque eso me va a servir para lo que verán u oirán.

Carlos Tabares
FOTO: Hansel Leyva y Alain Lopez FOTO: Hansel Leyva y Alain Lopez

Tienes una historia en otro deporte y gracias a esa historia fue que terminaste en el béisbol

Empecé en la gimnasia con seis añitos. Era muy travieso y atrevido también, y ahí nos enseñaban a esa edad la vuelta de carnero. En uno de los entrenamientos me subí a una barra fija, me caí de cabeza y le cogí miedo al deporte, increíblemente; pero me enseñó mucho a la voltereta y muchas otras habilidades.

Después fui para la esgrima, pero no me gustaba, porque era muy pasivo para mí. A los 8 años estoy estudiando en Ciudad Libertad, en el área especial. Ahí me hacen una prueba, me tiran una pelota y le doy. Cuando me ven correr, dicen, debemos tenerlo.

Tenía la habilidad con el guante. Pasé por la pirámide: EIDE, ESPA. Eso se ha perdido y esa es la causa por la que muchos muchachos llegan con dificultades a jugar la Serie Nacional. No bateaba nada, y lo único que hacía era tocar bola, pero sí fildeaba mucho y corría mucho. Siempre fui un muchacho de buenas piernas y con el tiempo ahí, en esas categorías, me fui fortaleciendo al bate.

De hecho, a los 16 años, estuve en una preselección casi para hacer el equipo nacional. Bateé mucho, pero me eliminaron. Ya no quería jugar más. Me eliminaron, me dan una camiseta, una camisa con el número 56. Voy para mi casa, envuelto en llanto y le digo a mis padres: no voy a jugar más béisbol. Y como a los 10 o 12 días, se me acerca mi padre y me dice: “hijo mío, eres joven; has tenido resultados; has ido a escolares, juveniles, campeonatos; una preselección no te puede tumbar, no te puedo quitar el sueño tuyo de seguir en el béisbol. Le digo: “papá, está bien. Vamos a hacer grande este número, el 56”.

Y a los 17 empezó la primera Liga de Desarrollo que se hizo y ahí empezó todo. Casi no había terminado y me llaman un 27 de diciembre de 1992. Terminé de jugar a las 12 pm y a las 7 pm estaba viajando para Cienfuegos con Industriales y ahí comenzó mi carrera con el equipo azul.

Tú no eras de los mejores cuando niño, pero el trabajo te hizo crecer. ¿Qué te daba fuerzas en aquel momento?

La fuerza primera es la ayuda de los padres, la cual es fundamental, porque como eres niño eres frágil. La mentalidad todavía no está fuerte y tienes que recibir mucho de su apoyo y también del entrenador.

También está el ímpetu tuyo como muchacho. Cuando quieres tener un caramelo le insistes a tu padre, entonces, eso mismo lo puedes llevar al deporte. Hay niños a quienes hay que hablarles para que no pierdan ese enfoque que tienen en lograr el objetivo, porque si el entrenador no tiene paciencia, entonces ese niño no se desarrolla.

A veces, un entrenador te dice que no sirve y el niño va para su casa. Te voy a hablar de mi caso nuevamente, cuando dijeron, mira que chiquitico. Si yo me hubiera guiado por lo que decían los entrenadores, y no hubiera tenido el apoyo de mis padres, y de otros entrenadores que vieron lo contrario, no hubiera sido el atleta que fui.

A los entrenadores hay que decirles que tengan paciencia, que los ayuden. Cuando no puedan, que les indiquen coger otro deporte u otro camino en la vida.

En 1992 debutas con Industriales. ¿Cómo fueron esos primeros años?

Era pleno periodo especial. Muy joven yo, cumplía 18 años. Estuvimos en el playoff, primero contra Pinar del Río, y después contra Villa Clara, el cual perdimos. Pero mucho antes tuve la oportunidad de jugar en la serie.

Estuve en un playoff contra Pinar del Río y en el Latinoamericano me fui de 8-1 con cinco ponches, y siguió confiando en mí el director en Industriales. Cuando fuimos para Pinar del Río, que rotó el picheo, me cayeron Faustino Corrales, Omar Ajete, Pedro Luis Lazo, José Ariel Contreras, sin embargo, bateé de 11-9. Ya ahí empezó a sentirse el Tabares, pelotero agresivo. Como chamaco al fin hacía gestos, fui aprendiendo poco a poco.

Empecé a buscar un patrón, pero siempre Javier Méndez ha sido mi pelotero, mi espejo, pero la forma de jugar, la agresividad, fue por Víctor Mesa. Javier Méndez era la calma. Y todo eso lo llevé a la vida social porque soy muy tranquilo, tímido, aunque la gente se ríe cuando digo que soy tímido.

Sin embargo, a las cámaras nunca les cogí miedo, y siempre mostré solvencia para hablar porque me gustaba la escuela y traté de destacarme en las letras, pero no era la carrera que yo quería. Lo que quería era ser informático o ingeniero en sistemas automatizados, es decir, me gustaba más la ciencia.

¿Cuál fue la reacción cuando hiciste el equipo Cuba por primera vez?

La primera vez, como tal, fue un Cuba B en el año 96, a Holanda. Fue la primera vez, pero no del equipo principal, porque antes se hacían varios equipos. Era un novato, y fui a Holanda, donde quedé líder de bateo.

En el 97 vuelvo a ir a un torneo en Nicaragua con el Cuba B. La familia reaccionó cuando hice el Cuba B porque ya estaba a un paso del equipo grande. Estaban muy contentos.

Llegó el 98 y tuve una serie superbuena y quedé segundo de los bateadores ese año. Vamos a preselección, en Morón. Urquiola fue mi primer director. Ahí hacemos la preparación para un torneo de nuevo en Holanda, antes de ir para el Mundial de Italia, y Centroamericanos de Maracaibo.

En los Centroamericanos de Maracaibo hay una historia muy curiosa. Oscar de León toca en los juegos y te subes a bailar.

Llegamos a los Centroamericanos. Oscar de León los inaugura y los cubanos nos ponemos en la tarima. Me queda cerca el micrófono, y yo le decía la “Siguaraya”. Subo y empiezo a hacer todos los pasillos y Oscar se emociona. Bajo y vuelvo a subir con otra canción con Mujer de Arena, cuando me llama él personalmente y empezamos a hacer coreografía.

Terminó y todo el mundo diciendo, Tabares, el pelotero de la salsa. Tuve tremendo rendimiento en esos centroamericanos, como primer bate. Llego a Cuba y seguía el apodo de “el pelotero de la salsa”. Viene el 99, con bate de madera y estuve entre los que más rindieron, pero en la selección de Winnipeg Tabares no estaba.

Después vino un año malo, pues me lesiono en el 99 y no voy a Sidney. Podía ir porque me recuperé, pero tampoco me llevaron. No me llevaron en 2001 al Mundial en Taipei. Me dije, aquí pasa algo y muchos decían que no iba porque estaba lesionado.

Hasta que pude averiguar por qué pasaba aquello. Un hombre que nos atendía por el deporte y que viajaba con nosotros, dijo que yo era un posible desertor porque bailé con Oscar de León, porque en ese momento para entrar a Estados Unidos tuvo que hablar mal de Cuba, y yo solamente fui un contacto de baile donde estaba toda la delegación cubana.

Ese hombre me tronchó cuatro preciosos años, cuando era más joven y estaba en un momento de rendimiento súper, y solo por decir que yo era un posible desertor. Después, en 2003, regresé a los Panamericanos y después fui a las Olimpiadas.

¿Cuánto daño le hacen al deporte ese tipo de personas que pueden dar una mala opinión de un atleta?

Primero tienes que, si es tu trabajo, interactuar con el atleta, saber cómo piensa. El que se quiera ir ni lo dice ni habla ni comenta y muchas veces las delegaciones ni se enteran. Cuando solamente haces un comentario le puedes hacer pasar mal a un atleta como la pasé yo, como les ha pasado a muchos.

Fuiste protagonista de dos grandes fildeos, uno en los Juegos Panamericanos y otro en los Olímpicos. En el primero, muchos dicen que te tiraste después de que tenías la pelota. En Atenas, que te robaste una bola que dio contra las cercas.

En el Panamericano de 2003 fue un fildeo de 22 pasos. Para muchos que no dominan la parte de los jardines, debo decirles que un jardinero no puede recortar los pasos para coger una pelota y después tirarse.

Un jardinero nunca debe correr con la bola porque entonces estás cortando los pasos para hacer un fildeo, y nunca vas a cogerla o vas a llegar atropellado. En ese momento del fildeo, las habilidades para romper caída me ayudaron mucho. Cogí la bola y lo que hice fue romper caída y taparla.

En Atenas, es diferente. En ese momento lo que se me ocurrió fue la picardía del pensamiento. Se me ocurrió virarme y sacar el guante y decirle al árbitro que la tengo.

En el salto sí cojo la pelota, pero antes de chocar con el colchón, la bola se me sale del guante, da en el colchón. Cuando viro para atrás, el árbitro lo que ve es cómo yo fildeo la bola y choco con el colchón. Nunca vio que salió del guante antes de chocar con el colchón.

Él pensó que con el impacto choco y cuando me voy para atrás, es que la bola salta del guante y eso fue lo que él vio. Esa jugada nos dio el campeonato.

¿Cómo fue el I Clásico Mundial? Háblanos sobre la experiencia de jugar contra peloteros profesionales de Grandes Ligas

Cuando llegamos a Puerto Rico, que vimos ese escenario, ya era mucho el impacto. Después, vino la entrada de esos peloteros a esos hoteles donde estábamos. Fue una experiencia única.

¿Cuántas fotos pediste?

Creo que tiré más de 300. Cogí mi cámara y andaba por todos los lados, pero cuando llegó a Dominicana, me entró un nerviosismo que tuve que ir para la habitación. Después estamos almorzando y empiezan a pasar uno a uno y yo con la cámara lista.  

Hablemos de Industriales

Fueron 25 años de carrera en ese equipo. Los campeonatos que más me dolió perder fueron el del 93, porque lo teníamos casi ganado, y también el del 99 con Carmona, porque estábamos arriba 3-2. Y el de 2007 con Santiago nuevamente.

En cuanto a lo bueno, disfruté mucho los 5 que tengo: 1996, 2003, 2004, 2006 con Anglada y el último del 2010, que fue con Germán Mesa.

Hablemos del año 2010, del último que ganó Industriales. Hubo problemas internos en el equipo y también una famosa bronca, que termina por cohesionar al equipo

Estábamos para clasificar y todo el mundo habla de la bronca y no del jonrón de Stayler Hernández contra Guantánamo. Estábamos perdiendo y él los deja al campo, y a partir de ahí, empezó el equipo a despegar y en el juego 89 logramos la clasificación y yo mismo jugué segunda base.

Al final viene la bronca. Eso nos dio un impulso. Quiero aclarar que no fue el equipo de Sancti Spíritus, porque ya se había calmado entre Lisván Correa y dos o tres peloteros de Sancti Spíritus, que fueron en defensa del pícher.

Ya eso se había calmado, pero las autoridades en ese momento no calmaron, sino encendieron. Nosotros nos reunimos, vinieron sanciones inesperadas. Yo jugué el primer día llegando a La Habana y no jugué más. Me sancionaron. Stayler Hernández no jugó el primer día y después jugaron los otros.

Nos reunimos y dijimos: ya vieron todo lo que está en contra de nosotros. Esto es cohesión, coraje. En fin, el que ahora mismo no esté de acuerdo o piense inventar algo, este es el momento. Sancti Spíritus era el mejor equipo y nadie pensó que nosotros con estas sanciones pudiéramos jugar así.

Después venía Villa Clara, que tenía el picheo más profundo y una ofensiva muy buena y luchamos. Vine a jugar casi al segundo o tercer partido porque tú no puedes romperle una buena racha a un atleta como Stayler o Irait Chirino, y siempre fue en función del equipo.

Tuvimos varias reuniones a las cuales no dejamos que entrara la dirección. Fueron cosas que pudieron haber molestado a la dirección, pero estábamos tan concentrados y no queríamos que nada extra se interpusiera en la forma en que ya teníamos planificado todo.

Esa bronca fue el impulso para ganar ese campeonato, demostramos que quisieron hacer de todo para desconcentrarnos, pero eso nos unió más y nos hizo ser más fuertes.

¿Qué puedes contar de Tabares en la farándula?

Estoy en la farándula desde el año 91, lo que ahora estoy alejado. Me gusta. Cuando ganamos fui a conciertos e improvisé con los cantantes, como el Insurrecto, Los 4. Donde haya una timba, improviso, siempre me atrevo. Hay cosas de la farándula que son sanas. No creo que la farándula sea para destruir. Me encanta la farándula, porque me gusta la música. Desde el 1991, 25 años jugando, ¿cómo Tabares pudo llevar la pelota y la farándula? Me hago esa pregunta. Pero tenía disciplina deportiva. Podía estar hasta las 4 de la mañana, pero a las 7 estaba en el gimnasio. Mucha gente piensa que a lo mejor hubiera rendido más, pero no: rendí lo que iba a rendir. Disfruté mi vida, mi juventud. No perdí oportunidad. Cuando iba a un concierto y al otro día tenía juego, buscaba la forma de dar dos o tres hits o no podía poncharme. Quieres divertirte, pero tienes que cumplir con tu trabajo. Nunca jugué bebido, jamás. Los reflejos no te dan. No me fue difícil llevar farándula y deporte. Me salió bastante bien.

¿Por qué decides retirarte?

Estaba sacando cuentas con mi esposa. Tenía 40 años, estaba en la serie 54 y empecé en el año 92 con el número 56 y venía la Serie 56. Javier Méndez empezó en la dirección en la Serie 55 y ahí le dije a mi esposa: voy a retirarme en la Serie 56. Tomé la decisión porque había hecho una promesa unos años atrás cuando fui al cementerio a ver a mi padre: “Viejo mío, empezamos en el 92 y te dije que iba a hacer grande este número. Voy a retirarme en la Serie 56”.

Fue duro porque estaba en buen momento, pero le dije a Javier Méndez que iba a prepararme con mi mayor esfuerzo, para terminar como me vieron comenzar. La gente lloró, porque vieron siempre la entrega. Mi esposa tuvo que ver mucho, ella se encargó de esa parte del retiro. Movió todo y se logró el retiro. Quien lloró fue porque me iba, porque dejaban de ver al capitán. Fue difícil, pero tenía que hacerlo: retirarme para nunca ser olvidado. Me retiré como Javier Méndez, con un gran rendimiento.

Pícher más difícil

Todos, aunque tenía la facilidad para batear a los zurdos, con promedios bastantes buenos. Tenía días buenos y malos.

 ¿Crees que pudiste haber jugado en otras ligas?

En el 98 vinieron los japoneses a buscarme para llevarme para jugar en Japón, cuando yo estaba en el equipo Cuba. Vinieron a entrevistar a Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, Omar Linares, Germán Mesa, me incluyeron en ese grupo. Sin embargo, no me dejaron en ese momento. Pienso que, si nosotros hubiésemos llegado a tener esa oportunidad, creo que muchos de nosotros hubiéramos jugado hasta en Grandes Ligas. Uno no se tiene que arrepentir de lo que no haga. Teníamos la calidad.

¿Tuviste ofertas?

Tuve de los Rojos de Cincinnati por el año 98 cuando hicimos una gira por Venezuela, de cinco millones. Después de los Chicago Cubs, de 8. En Panamá, en 2003, también. Me negué en ese momento porque era una gente muy familiar. Tampoco quería abandonar mi país, porque no hay mejor país que el mío para vivir. Quería estar al lado de mis padres. Se me acercó mucho en aquel momento Joe Cuba. Me dijo que tenía las puertas abiertas en Grandes Ligas si algún día te decides. Él respetó mi decisión. Me hubiera gustado jugar ahí, pero pensé mucho en la familia. No me arrepiento de haberme quedado con mi familia.

Dijiste que querías ser entrenador, ¿de quién te has nutrido?

Cuando tomé la decisión de retirarme dije que iba a ser entrenador, que en algún momento iba a dirigir a los azules. El deseo y la disposición siempre van a estar. Lo dije y lo mantengo. Me nutrí de todos los entrenadores que tuve. De Javier Méndez; Jorge Fuentes, Alfonso Urquiola; Pedro Medina, Rey Vicente Anglada; Roger Machado; de Víctor Mesa que, aunque muchas personas lo critiquen, nos enseñó mucho sobre el tema de dirección; de Ferrer, el director de Matanzas. 

¿Quién llegará primero a la dirección de Industriales, Carlos Tabares o Rudy Reyes?

Rudy Reyes, tiene la experiencia, voto por él. Yo estoy bastante ocupado, porque quiero rescatar el programa nacional de béisbol. Eso va a ayudar a que después me sea bastante más fácil dirigir.

Grandes amigos que te dejó el beisbol

En equipos más cercanos, Rudy, Alexander Malleta, Yoandry Urgellés, Frank Camilo Morejón, Frank Montieth y Stayler Hernández. Me llevaba con todo el mundo.

Qué le faltó a Carlos Tabares

En el beisbol, me hubiera gustado llegar a 2000 hits. Me faltaron 44, pero estuve muchos años lesionado, sobre todo en las manos. Eso me quitó más de 2000 turnos al bate. Me hubiera gustado dar más jonrones, pero no era mi estilo; haber robado más bases, pero me lesioné. De las otras cosas, me faltó cantar en un escenario. Con mi propia orquesta. Pero en la vida no creo que me haya faltado nada, tengo un matrimonio sólido; a mis hijas, mi madre. Quisiera que mi padre volviera a nacer y estuviera conmigo, para que hubiera disfrutado todo esto.

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