Luego de la odisea que vivieron muchos de los aficionados para entrar en el estadio Latinoamericano, finalmente, y a parque lleno, comenzó la primera semifinal de la pelota cubana, cuyo partido inicial terminó con un triunfo cerrado de Camagüey ante Industriales después de un auténtico cachumbambé.

Desde la lomita, nada nuevo, Lázaro Blanco -como mismo fue la primera opción de Miguel Borroto para ser seleccionado de refuerzo-, se impuso a sus pares camagüeyanos para abrir por los visitantes, a pesar de su irregular temporada.

Por el lado azul, claramente su primera opción, Vladimir Baños, era el elegido. La clave del desafío para Rey Vicente Anglada, era que este caminara. Para Borroto, que Blanco hiciera gala de por qué es considerado por muchos como el primer abridor de Cuba.

Foto: Gabriel García Galano

Un partido de vaivenes

A Baños desde el inicio le conectaron con facilidad y tuvo muchos problemas con los bateadores zurdos. Las tres primeras carreras de Camagüey tuvieron participación de un siniestro en particular, Leslie Anderson, quien se erigió en verdugo del abridor capitalino.

Tampoco combinó mucho sus lanzamientos el diestro devenido capitalino, empeñado en pasar a los contrarios con su recta, quien se fue con 7 indiscutibles en su alforja y dejó a su equipo perdiendo por dos luego de 3.1 innings de actuación.

Lo demás, parecía fábula. Luego de las dos anotaciones visitantes de la sexta entrada el público comenzó a desfilar, al ritmo del picheo de Lázaro Blanco, quien caminaba sin demasiadas complicaciones, en parte ayudado por los mismos bateadores de Industriales, desesperados detrás de los envíos del granmense.

A pesar del cuadrangular de Samón, que en su momento puso a Industriales a solo una, sin un pitcheo de bullpen fuerte, amarrar a los Toros fue tarea difícil. Los relevistas (Pedro Álvarez y Eddy Abel García) sacaban un out para liquidar un inning y luego se complicaban en la entrada siguiente.

Sobre el tema de los lanzadores, un momento de reflexión. Ahí fue donde se echó a ver el desastre que supuso para Industriales la no incorporación de Moinelo. Se perdió la posibilidad de pedir a Miguel Lahera, un acomodador que le llegó al mánager capitalino, pero la confianza lo traicionó. Villa y Lahera, junto a Dayán, habrían reforzado mejor el staff. Para el que escribe, Mateo, aún siendo mejor bateador que Rivalta, sigue sobrando.

En la otra trinchera, sacar a Blanco en el sexto no fue una opción tan descabellada. Borroto ganando un juego tiene la tarea cumplida, y qué mejor carta para jugar de apagafuegos que Yariel Rodríguez.

Por supuesto, hay que entender que traer un abridor como relevo no es carta de triunfo por mucho renombre que tenga. A Rodríguez le cerraron la pizarra y se siguió complicando. Pero esto demostró que Camagüey haría lo imposible por llevarse un juego, sacrificando incluso a uno o dos de sus abridores, puesto que también llevaron a calentar a Yosimar Cousín.

Pero Yariel no funcionó. Y las cuatro de ventaja que recibió se fueron por el tragante luego de un out que parecía de oro sobre Cepeda. Ahí llegó Stayler, que llevaba de 3-0. La ley de las probabilidades actuó a su favor y conectó el doble que puso juego nuevo, dando chance a Anglada para pensar en traer a Andy Rodríguez. La ventaja parecía sonreír al león.

Un punto y aparte en esa séptima entrada: el traer a Wilfredo Aroche de emergente por Frank Camilo también se antoja una decisión algo polémica. El igualmente apodado «Tiburón del Este», sin poder correr, salió a batear y técnicamente regaló un out con una conexión que un hombre en forma la habría hecho infield hit.

Pero, de nuevo la controversia. ¿Tenía tiempo Mateo de sacar a Chapellí en tercera? No lo sabremos. Lo que sí sabemos es que es imperdonable darle boleto a un emergente que viene por el noveno en la tanda, frío y  de una segunda parte de campeonato mala.

Como sucede en este tipo de juegos, se abren de la forma menos esperada. El roletazo que se le extravió a Alomá trajo la séptima de Camagüey, y después apareció el error, que estuvo ausente toda la noche para seguir ayudando a la visita y como siempre, dar esa carrera que terminó definiendo. Eso y un Leslie Anderson de antología.

Al final entre boleto, error y mala fortuna, estuvo la decisión del desafío en favor de los visitantes, que cumplieron con su objetivo principal de sacarle al menos un juego al conjunto que los castigó durante toda la temporada.

Foto: Gabriel García Galano

La odisea de la entrada

Sin dudas de lo que se van a acordar muchos será de que entrar al estadio del Cerro fue un reto. A pesar de que las puertas se abrieron desde las 4 de la tarde, muchas personas compraron las boletas antes….y no pudieron pasar.

Se dio lo de siempre: revendedores por fuera «facilitaron» las papeletas a precios de hasta 1 CUC, pero las puertas permanecieron cerradas, a excepción de un resquicio abierto a última hora e inteligentemente por parte de las autoridades pertinentes, por donde entró hasta quien carecía de ticket.

Mientras gran parte de quienes aprovecharon la brecha trepaban por los arbustos, cercas y canteros del right field para lograr un lugar en las gradas de esa zona, otros alertaban desde arriba llamando a la calma: «hay espacio, no se apuren».

Lo cierto es que al final, el estadio sí se llenó, respondiendo al llamado de la dirección del equipo azul y al atractivo del regreso de los juegos nocturnos. No obstante, para el sexto capítulo, todavía habían algún centenar de aficionados dispersos tratando de acceder al coloso beisbolero.

Camagüey Industriales

Lo mejor: Leslie Anderson por Camagüey. Imbatible se echó el equipo encima. La voluntad de Industriales de nunca darse por vencido. La afición que desbordó el estadio. Jugar de noche.

Lo peor: Las dificultades para acceder al Coloso del Cerro. Habrá que pensarse una estrategia mejor para mañana, si es posible. Los conteos controvertidos del árbitro de home.

Finalmente, Camagüey dio primero en tierra de Leones con un marcador cerrado de nueve carreras por ocho, en un juego de altibajos, emocionante, con destaque para el bateo. El segundo choque promete ser de infarto.