Lo sucedido en los últimos días con el caso del lanzador espirituano Pedro Álvarez, y todo el culebrón que se montó a su alrededor, nos ha dejado a todos muchas enseñanzas y tareas para el futuro inmediato en el béisbol cubano.

El primer punto aquí y el más importante, es la fisura en el reglamento disciplinario para el sistema competitivo del béisbol, aprobado el 12 de agosto del 2020, el cual da la autoridad a las comisiones provinciales para retener por un periodo de dos años (dos Series Nacionales) el traslado de un jugador que lo solicite, siempre que no exista un sustituto para él.

Claro que eso puede tener muchas lecturas desde la premisa de que nadie es imprescindible y que sustitutos siempre habrá en esta tierra donde los peloteros crecen como la mala hierba en los terrenos.

Por otra parte, les da el derecho a estas comisiones a tronchar en un modo que pudiera ser arbitrario en alguna oportunidad, la vida deportiva de un joven atleta cubano que se entrega por este deporte, que no ha decidido emigrar como otros de sus compañeros, y que a diario sale bajo ese sol del trópico en medio de miles de dificultades, a dar lo mejor de sí para que este deporte, Patrimonio Cultural de la nación, no muera nunca.

Este fue el caso de Pedrito Álvarez, de ahí la gran movilización que se generó en las redes sociales, en las cuales con la ayuda de algunos periodistas (pocos, por cierto), se logró la intervención de la Comisión Nacional y de algunas glorias deportivas como Rey Vicente Anglada, para que -al menos por esta vez- no se tomará al pie de la letra lo estipulado en el reglamento, y triunfara al final la cordura y la justicia.

Lo más importante de toda esta historia es la urgencia, antes de comenzar esta próxima campaña, de reescribir este y algunos otros puntos para que cosas como estas no vuelvan a suceder en el futuro, y no se tengan que enmendar con parches chapuceros esos estatutos, ni haya que agregar incisos a última hora, que luego no se aplicarán de igual forma en otros casos.

Mi opinión es que la Comisión Nacional, o la Federación, o el órgano rector del Inder, siempre tienen que tener la última palabra en estos casos, porque cada historia es un mundo en sí mismo y la carrera y el bienestar de un atleta no puede quedar en manos de los territorios, ya dolidos o afectados por la negativa de un pelotero de seguir allí por los motivos que sean, por lo que es muy posible que su accionar esté salpicado de injusticias.

Con esta decisión, el nuevo Comisionado Juan Reinaldo Pérez se acaba de anotar un Grand Slam porque, aunque no tenemos aún los detalles del proceso, estamos seguros de que intervino para encontrar una solución “salomónica” con la que nadie quedara afectado y menos, Pedro Álvarez.

Pérez dio una clarinada de lo que puede suceder en el béisbol bajo su mandato y supo salir airoso de su primer gran problema público desde que se sentó en la silla caliente de directivo.

De ahora en lo adelante, seguro que vendrán muchos “Pedritos” y está claro que bajo ningún concepto se puede permitir el libertinaje que algunos piden, bajo el cual las provincias con menos desarrollo y que tengan menos condiciones para darles a sus atletas se vean desangradas.

La solución, estamos de acuerdo que está en las leyes, pero estas deben ser justas y equilibradas, para que el bienestar del atleta que se sacrifica esté por encima de todo lo demás. Nos vemos en el estadio.

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