El mundial de Atletismo en Londres debe verse como el inicio de nuestros continuos reinicios en la pista y en el campo. Un evento que llegará como una nueva posibilidad para olvidar las arrancadas en falso. Un examen redondo comenzando el ciclo olímpico para destruir supuestas quimeras actuales luego de tanto desparpajo, y a la espera de la madurez de figuras prometedoras en las categorías inferiores. Existirán metas en el Reino Unido (¿cuándo no entre nosotros?), pero tampoco habrá que rascarse la cabeza con las actuaciones de la mayoría y sí agolpar los asientos y levantarnos súbitamente con los resultados de unos pocos.

Y es que existe un karma positivo alrededor del cuartel general, el Estadio Panamericano. La actuación de los cadetes en Nairobi, Kenya, devino como un enorme aliciente antes de entrarle de frente al plan anual, porque la IAAF convocó a los mejores exponentes del planeta, del 4 al 13 de agosto, y más de una veintena de atletas cubanos buscarán superar la discreta actuación de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, cuando el botín resultó apenas una medalla de bronce.

Denia Caballero, aunque inconforme, como ella misma manifestó en su momento, fue la única del deporte rey que regresó a la Isla desde Brasil con una presea en su cuello. Del resto solo algunos fueron salvados por los especialistas luego de varias presentaciones que rozaron lo ridículo. De ahí que, desde ya, no sea difícil advertir un superior desenvolvimiento de la comitiva caribeña en la lid ecuménica que se avecina. Y es que lo acontecido cerca de Copacabana fue tan irrisorio que tenerlo en cuenta para valorar rendimientos futuros roza la falta de amor propio, e irrespeta a competidores del pasado y del presente. Claro, baso el vaticinio en dos elementos, fundamentalmente: resultado dentro de la temporada (periodo invernal y veraniego) actual y el comportamiento de los rivales, teniendo como referencia los rankings de las diferentes especialidades.

Denia Caballero

Denia Caballero en Beijíng 2015. FOTO: Getty Images

Y para continuar la racha de criterios aventurados, entiendo, además, que si bien el referido tercer lugar de Caballero en Brasil será superado, las condiciones no son propicias para igualar siquiera el balance desde lo cualitativo de hace un par de años en la cita del orbe de Beijing. Las dos coronas y el subtítulo de aquella vez se antojan una colina demasiada empinada, aunque los cálculos para la Ciudad del Big Ben nos dejan una positiva sorpresa, ya que cuantitativamente puede que todo vaya un poquito mejor, pero para ello la efectividad debe rozar el 100 por ciento de las posibilidades.

Alcanza con escuchar el Noticiero Nacional de Televisión para saber que existen tres figuras establecidas que deben cargar el peso de la comitiva. La discóbola Caballero, su homóloga Yaimé Pérez y la pertiguista Yarisley Silva poseen lo suficiente para pelear por subir al podio y, de paso, igualar la suma de la capital China.

De ellas, visto lo visto, la de mayores posibilidades para llevarse un título es “La Rusa” Pérez después de una campaña excelsa, estable, con varios envíos por encima de los 67 metros, incluyendo su marca personal (69.19 metros).Si el factor psicológico no le falla, es casi improbable que no alcance su primer premio en un certamen de alto nivel. La mala noticia es la presencia en su modalidad de la croata Sandra Perkovic, una fuera de serie capaz de mandar el implemento más allá de los 70 metros y con el don de la competitividad, aspecto casi indispensable para los grandes campeones.

Denia Caballero, en cambio, comenzará a defender su título en su temporada más inestable desde el 2014. Ahora, sus  67.04 -tope anual- no la tienen entre el top five, sin embargo, conocemos de sus buenos rendimientos en momentos claves, por lo que no es utópico creer que esta modalidad nos puede dejar dos preseas y emular a la jabalina de Edmonton 2001, cuando Osleidys Menéndez y Sonia Bisset fueron oro y bronce, en ese orden.

Después de un 2016 fatídico, Silva tiene la posibilidad de redimirse, ya entrada en los 30 años de edad. Experiencia y gallardía le sobran, y los 4.81 de la parada de Oslo de la Liga del Diamante la colocaron como lo que es, una atleta de primer nivel que deberá plantarle cara a la favorita de todos, la griega Ekaterini Stefanidi. No obstante, varias son las rivales en una modalidad que debe ganarse sobre los 4.85, por la oposición de otras como la británica Holly Bradshaw, la estadounidense Sandi Morris y la neozelandesa Eliza McCartney. No obstante, la pinareña es una caja de sorpresas y, en un día bueno, puede ganar; pero si le toca otra noche como la de Río…

El área de saltos tiene detalles interesantes, con exponentes noveles que tienen en su juventud sus armas principales. Auguro como finalistas en el largo a Maykel Massó (8.33) y a Juan Miguel Echevarría (8.28), quienes han dejado sus principales marcas conforme se ha ido acercando el certamen.

Con la ya segura ausencia del británico Greg Rutherford, el sudafricano Luvo Manyonga no debe tener contrarios que impidan su coronación. Eso sí, este programa últimamente ha estado repleto de sorpresas y los “eléctricos” siempre han dicho presentes. Massó y Echevarría nos pueden sorprender.

El triple cambió su panorama radicalmente con el adiós sin despedida del santiaguero Pedro Pablo Pichardo. A la espera del talentoso Jordan Díaz (17.30, récord mundial para menores de 17 años), Andy Díaz (17.40), Cristian Nápoles (17.27) y Lázaro Martínez (17.07) también pueden luchar por sumar unidades en una prueba donde los norteamericanos Christian Taylor y Will Claye parecen imbatibles. Asimismo, Liadagmis Povea (14.45) podría quedar entre las ocho primeras entre mujeres.

Hablar de los entrenados por Gabino Arzola es sinónimo de optimismo. Nuestras principales figuras en los eventos múltiples son puro entusiasmo, y, como eternos guerreros, no cederán en el afán de luchar hasta las últimas pruebas. El holguinero Leonel Suárez (8 214 unidades, 13 en el ranking) estará en un decatlón que no para de ver cómo sus especialistas crecen durante cada campaña. Aunque sus mejores años pasaron, sumar puntos al equipo es casi un hecho, mientras soñamos con un jabalinazo que lo devuelva al podio.

La meta de la heptalonista Yorgelis Rodríguez (6 446, novena)es superar su record nacional de 6481 puntos, algo que tal vez le baste para estar entre las ocho primeras, porque figuras como la belga líder olímpica Nafissatou Thiam, las alemanas Carolin Schafer y Claudia Salman-Rath, la letona Laura Ikauniece-Adminina y la local Katarina Johnson-Thompson están unos pasos por delante.

Yorgelis Rodríguez

La heptalonista cubana Yorgelis Rodríguez. FOTO: Getty Images

Yoandys Lescay (45.18 -400 metros), Roxana Gómez (51.59- 400) y Rose Mary Almanza (1.59.11-800) intentarán colarse en las semifinales, aunque el primero sí buscará una final junto a Osmaidel Peillicier, Adrián Chacón y William Collazo en el relevo largo. Ya finalizaron sextos en Río 2016, con crono de 2:59.53, y ahora pretenden emular aquella proeza.

Yordan O’Farrill (13.33 segundos) y Roger Iribarne (13.39) en los 110 metros con vallas no parecen con posibilidades reales. Tampoco podemos ilusionarnos con los vallistas largos Zuriam Hechevarría (56.02) y José Luis Gaspar (49.35), la balista Yanniubis López (18.92) y la maratonista Dailín Belmonte (2.42.44 horas).

Así, antes de escucharse siquiera el primer disparo, debemos estar claros de que las glorias vividas en nada influirán en los resultados venideros y que estamos bien lejos de acercarnos a lo alcanzado en Atenas-1997, nuestra mejor actuación. Javier Sotomayor no se alistará para la carrera de impulso; Iván Pedroso no caminará por el aire a varios metros por segundos sobre el cajón de salto; Yoelbis Quesada no se concentrará para su brinco, paso y salto; y Ana Fidelia Quirot dejó de ser un fenómeno atmosférico. Veinte años después– ¡hay Gardel!-, solo resulta válido soñar si se es objetivo estando despierto. La competencia siempre crea perdedores.