Desde que despuntó en Cuba, cuando era penas un adolescente, el villaclareño Dayán Viciedo era visto como un prometedor jugador a quien, incluso, algunos comparaban entonces con uno de los mejores peloteros de la isla de todos los tiempos, el gran Omar Linares, por el hecho de empezar a muy corta edad su carrera.

Aquel niño causaba sensación por sus enormes condiciones y en su paso por la isla dejó prometedores números, al promediar para 290 de average ofensivo, además de llegar a los 300 imparables, dar 36 jonrones y remolcar 162 carreras.

A sus 19 años, Dayán Viciedo abandonó la isla para iniciar la vida como pelotero profesional en los Estados Unidos. Debutó en 2010 en el béisbol estadounidense, en el cual redondeó una carrera con altas y bajas.

Pero en 2016, decide comenzar una carrera en Japón con los Dragones de Chunichi, y se consolidó allí como uno de los más grandes bateadores cubanos en el béisbol de Japón, de cuantos se han desempeñado en ese circuito.

El actual primera base de los Dragones contó a Play-Off Magazine todas sus vivencias, éxitos y desaciertos desde que se inició tempranamente en el béisbol, así como todo lo que tuvo que enfrentar -con un peligroso viaje migratorio ilegal incluido- para llegar a cumplir su sueño de jugar en Grandes Ligas.  

¿Cómo llega al béisbol Dayán Viciedo?

Me gustaba mucho la pelota desde chiquito. Me acuerdo de que en esos tiempos iban por las escuelas de Remedios buscando muchachos que quisieran jugar y me apunté. Mis primeros entrenadores fueron Jorge Fernández, Chupeta, Ramón Rojas, Monguín y Humberto Guevara. Ahí empecé con siete años mi carrera en el terrenito del Duque, por la nave del barrio El Carmen.

Mi primo Yordanis Linares y yo veníamos jugando desde las categorías pequeñas. Jugábamos en el barrio y hasta hicimos varios años equipos Villa Clara juntos porque nacimos en 1989 los dos. Desde mi corta edad pude demostrar, poquito a poco, el talento que tenía. Me acuerdo de que picheaba, jugaba tercera base y short stop.

Tenía buen brazo. A esa edad en las provinciales y nacionales, yo pichaba y venía a batear y los muchachos me cogían hasta miedo, decían: ¡va a pichear Viciedo hoy, ya tú sabes! Se separaban de home porque tiraba muy duro. Recuerdo que un cácher del equipo de nosotros en una provincial en Santo Domingo estaba cacheando con un guante y cuando terminó tenía las manos, el pobre, todas coloradas de lo duro que yo tiraba en ese momento.

Son recuerdos bonitos y esto agradecido de esos entrenadores que me impulsaron. Empecé en la EIDE a muy corta edad. La primera vez que estuve becado estaba en quinto grado. En sexto comenzó todo. Al principio fue difícil porque nunca había estado becado tanto tiempo fuera de la familia.

Yo era un niñito. Todo era nuevo para mí. Poco a poco fui adaptándome. Tuve como entrenadores a Osbel, Ote y Luis. Empezamos a trabajar duro y pudimos quedar campeones casi todos los años.

Dayán Viciedo primer cubano con Guante de Oro en Japón
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Dayán Viciedo, primer cubano con Guante de Oro en Japón. Foto: Dragones de Chunichi

¿Cómo recuerdas los años en la EIDE de Villa Clara?     

En ese tiempo uno estaba en pleno desarrollo físico. Practicábamos mucho, demasiado, a veces, y hacíamos doble sesión. Terminábamos en la escuela e íbamos a correr treinta minutos. Hay que darle gracias a los entrenadores que tuvimos. Ellos de verdad que se movían. Buscaban la manera de que nosotros tuviéramos una mejor alimentación en lo que se podía.

Si no había yogurt, a veces nos tocaba tomar agua con azúcar, pan. Siempre trataban de que tuviéramos algo mejor por la intensidad de las prácticas que teníamos. Era muy difícil en pleno desarrollo, pero no nos daban lo suficiente y teníamos que quedarnos con hambre, no había para comer más, eso es lo que tocaba. El cuerpo necesitaba más alimento y no podía. Había que conformarse con un vasito de yogurt con pan o un vaso de agua con azúcar.

Mi mamá tuvo que trabajar mucho. Vendía “coquitos” por las calles de Remedios. Tuvo que esforzarse mucho cuando fui muchacho para tener un plato de comida y poder entrar a la EIDE, tener buena merienda. Tengo que agradecerle mucho a ella. Juntos, con esfuerzo, pudimos salir adelante.

En esa etapa me llevé muchos trofeos como mejor pelotero, campeón de bateo, mejor short stop y mejor pelotero del mundo en ese tiempo. Cada vez que viajé lo hacía bien y regresaba con un reconocimiento. En Cuba guardo todos esos trofeos, es algo muy bonito tenerlos de recuerdo.       

¿Cómo valora su calidad en esas edades, cuando estaba por encima de los demás niños?

Nací con ese don para jugar al béisbol. Nunca me creí superior a ningún muchacho. Sabía que tenía buena calidad y me gustaba jugarla bien y duro. En esas categorías existe mucho la competencia y traté de estar bien. Yo sabía que les hacía falta a mis equipos. En esas categorías siempre había muchachitos buenos buscando luchar para hacer los conjuntos. Yo tenía que demostrar. Gracias a Dios, desde niño, pude tener una buena carrera con calidad.

Siempre tuve un buen resultado en todos los campeonatos. Hay algo que nunca se me va a olvidar: recuerdo que estaba en los 13 y 14, bateé como 320 y di como siete jonrones y no fui seleccionado para el equipo Cuba. Ese año fue devastador para mí. Parece que fue por ser primer año y no me conocían bien. Ya yo venía con una trayectoria desde antes. Por mi cabeza pasaron muchas cosas. Había estado demasiado bien.

Conmigo jugaban Leonys Martín y Juan Yasser Serrano. En los 9 y 10 quedamos campeones con el Villa Clara, yo era primer año de la categoría. Salimos a México donde ganamos. Repetimos con el 11 y 12 a México otra vez. Los eventos internacionales de aquella época los ganábamos casi todos, menos uno en que alcanzamos el tercer lugar. Personalmente, fui campeón de bateo varias veces y quedé entre los mejores jugadores de los eventos.

Con solo 15 años fue llamado para integrar el equipo Villa Clara de mayores. ¿Cómo asumió ese reto Dayán Viciedo siendo tan niño?

Con 15 años tenía buenos números y un día me llaman y me dicen que quieren que vaya al equipo Villa Clara. Ese año me sorprendí siendo un muchacho. Había figuras y yo no lo podía creer. Estuve en la nómina, pero no jugué mucho. Me sentía extraño junto a Acebey, Eddy Rojas, Eduardo Paret y otros muy buenos.

Estuve con Víctor Mesa, que fue mánager los cuatro años que jugué series nacionales. Yo era un muchacho. Mis relaciones con él fueron buenas. Yo trataba de hacer las cosas bien. Yo era tranquilo y no daba mucha guerra. Él por su lado y yo en el mío. Todo marchó bien.    

Yo jugaba solo de home club. Los fines de semana jugaba doble juego por la mañana, e iba para el hotel a descansar dos o tres horas para jugar a veces por la noche en el Sandino con el equipo grande. Casi dos años estuve así. Era mucho sacrificio para estar en las dos ligas, la de mi categoría y el equipo grande.   

Tuve que adaptarme poco a poco. En el año 2006, ya estando en los juveniles, tenía mejor visión. Me ayudó mucho que jugué la categoría 15 y 16 y los juveniles. Me enfrentaba a muchachos con buena velocidad. Cuando regresaba de los mayores a mi categoría, ni me pichaban. Me sentía cómodo jugando en los equipos de mis contemporáneos.           

¿Desde esas edades los scouts extranjeros estaban detrás de ti?   

En los eventos de la categoría 15 y 16, y en los juveniles, siempre hubo su gente diciéndome que me quedara, que iba a tener una oportunidad en los EEUU y que me darían un buen dinero. Nunca me pasó por la mente eso, era muy joven, no tenía todavía esa maldad en la cabeza para salir y tuve que esperar un poquito más.                       

En esas categorías, donde uno tiene más razón y responsabilidad, tenía que hacerlo bien, si no el equipo no podía marchar. Había buenos peloteros, pero la mirada estaba puesta en mí porque yo jugaba en las series nacionales y estaba más adelantado que los demás.

¿En qué momento decide Dayán Viciedo emigrar para los Estados Unidos?   

Nunca tuve la posibilidad de jugar con el equipo Cuba grande. Estuve en la preselección para el Clásico. Me dieron pocas oportunidades, aunque lo hice bien, pero más nunca me pusieron a jugar. Vi que yo no gustaba ahí. Pude haber gustado antes, pero vi que me llevaban a la pre y no tenían planes conmigo.

Después fui a la preselección para Holanda con buen desempeño y no me llevaron porque según ellos tenía que ir a los juveniles. Éramos sesenta peloteros en la preselección y más o menos sabían las personas que iban al Clásico y por eso traté de cogerlo suave.

Me habían dado una casa en Remedios, estaba buena y más para la edad que yo tenía, pero imagínate. ¿Cómo iba a sostenerla con aquella edad?  Al año siguiente, tomé la decisión de irme del país.  

Son decisiones que uno mismo toma. Te puede embullar cualquiera, pero tienes que tener tu vista. Decidí que no tenía ningún futuro en Cuba. Era mi último año de juvenil. Tenía deseos de jugar al béisbol de Grandes Ligas. Siempre ese fue el sueño. Lo pensé bien y pude llegar con parte de mi familia.

Salimos en una lancha desde Pinar del Río y que estuvimos dos días para llegar hasta México. Después estuvimos 15 o 20 días esperando a que nos cruzaran. Pudimos llegar a la frontera. Fue un alivio para mí. Me acuerdo de que fui el último en salir. Toda mi familia estaba afuera. Las lágrimas se me salían. Estaba asustado, tenía miedo de que me regresaran. Gracias a Dios, no tuve problemas.           

Tuve que hacer los papeles. Después ir para Dominicana a practicar y ponerme bien para poder firmar con los equipos y esperar para ir a los EEUU. Todo fue más o menos tres meses. En Dominicana tuve que buscarme una renta. Allí tuve de entrenador a Jorge Luis Toca, para cuando llegara el momento.

Al principio tuve mucha gente que conocía, no fue tan difícil, tenía amigos de Remedios también. Mi papá siempre conoció a mucha gente y nos iban indicando y ayudando poco a poco. Nos decían cómo hacer las cosas. Nos ayudaron muchas personas.

¿Con su talento y anhelo de jugar en Grandes Ligas fue suficiente para lograr el sueño?

Ese es el gran error. Puedes tener el mayor talento del mundo, pero si no trabajas fuerte, te dedicas a lo que estás haciendo bien o tratas de mejorar cada año en algo, no vas a hacer nada, porque muchos peloteros vienen y piensan que con el talento lo van a firmar y no los firma nadie y se dan por vencidos.

Hay que seguir trabajando y echar pa´lante y esforzarse mucho para que eso no suceda. No vas a venir de tan lejos y no cumplir el objetivo. Todo es trabajar fuerte y no rendirse porque siempre van a existir sus altas y sus bajas.  

¿Qué impresión tuvo sobre su experiencia previa al jugar el beisbol profesional de EEUU?

Hay demasiada diferencia, posiblemente, de ida y vuelta con respecto a Cuba. Si tuviéramos allá parte, o un poquito nada más de las posibilidades que hay en Estados Unidos, fuera mejor. Es abismal en cuanto al trabajo de los peloteros, las condiciones, todo.

La calidad es impresionante. Es una cosa muy grande desde que tu entras por los estadios para adentro. Todas las cosas que suceden ahí son grandes. Poca gente tiene la posibilidad de llegar a ese béisbol y cuando llegue, debe tratar de no desaprovechar la oportunidad. Es algo que siempre se va a quedar ahí. Hay muchachos que se meten en ligas menores 10 años y no lo suben y es un orgullo que te puedan subir.

El primer año que firmé en Dominicana caí bien. Empecé en doble A. Nunca jugué clase A ni media. Fui para el campo de entrenamiento con el equipo grande, después me bajaron a doble A un año, en triple A tres más. Así tuve la posibilidad de terminar en Grandes Ligas. 

Empecé con el pie derecho en el primer año, e iba a debutar en el estadio de Washington. Cuando entro por la puerta para dentro le dije a un socio: ¿esto qué cosa es? Estaba muy asombrado con todo. El estadio era de lo más lindo, no sé como decírtelo. La atención, todo lo que hacen con uno. Desde el vuelo con el equipo, el hotel, todas las condiciones. Todo te lo ponen bien para que solamente juegues pelota.       

Es impresionante desde que entras al dogout que ves tu ropa tendida ahí, la camisa con tu número, tus spikes, guante, cuando entras al terreno. Es una sensación de grandeza, hasta nervioso te pones.

Debuté con 20 años. Estuve desde que firmé en 2009 con los White Sox hasta 2014. Estaba muy bien en triple A como uno de los mejores, fui a los juegos de estrellas y de futuros. Me llamaron para las Grandes Ligas. Cuando llego al estadio de Washington me dicen que tenían planes de ponerme a jugar frente a un zurdo.

Esa noche recuerdo que no dormí. Me vine a acostar como a las tres de la madrugada. No me quedaba dormido pensando en que llegara el día próximo, el primer juego en Grandes Ligas. Estaba trasnochado, pensando, maquinando qué podía hacer, hablando conmigo mismo para tener un buen día. Gracias a Dios me fue bien, pude dar mi primer hit.

En el primer turno al bate le di bien e hicieron una jugada entre right y center. La segunda vez al bate fue cuando pude conectar doblete para la misma zona. A partir de ahí empecé a coger confianza. Mis mejores años fueron con los White Sox. Después de la temporada de 2014 tuve que ir con Toronto y Oakland en triple A.

¿Cómo decide Dayán Viciedo pasar a jugar en el profesionalismo de Japón?

En el 2015, cuando terminé el último año en triple A con los White Sox, los abogados me dieron la noticia de que un equipo estaba interesado en firmarme en el beisbol japonés. Con lo que me había pasado en EE. UU. creí que era una buena oportunidad de probar suerte y así fue.

En 2016 fue mi primer año. Pensé que iba a ser un poco más difícil. Me adapté rápido al sistema, pude llegar a los entrenamientos que es lo fundamental y conocer todos los planes y cosas de ellos. Ver pícheres y ajustarme al tiempo de los lanzadores, fijarme en el campo de entrenamiento para cuando llegara la temporada empezar lo mejor posible.

Tengo un intérprete y me ayuda en el idioma, la comida es diferente, pero honestamente me adapté rápido y pude acoplarme a sus cosas. Me siento contento. Desde que llegué hace seis años y medio he estado con los Dragones de Chunichi haciendo mi trabajo bien para estar aquí el mayor tiempo posible.

Nunca pensé estar en Japón jugando porque nadie sabe las vueltas que da la vida, pero espero seguir jugando. Aquí conocí personalmente a Alfredo Despaigne, a Raidel y Ariel Martínez, Liván Moinelo y Yurisbel Gracial; son buenas personas y es bueno para ellos que les dieran esa posibilidad de jugar acá. Los cubanos que estamos aquí tratamos de llevarnos bien.

Estoy rentado en una casa, yo estoy con mis tres hijos a tiempo completo. No es como si estuviéramos en mi casa en EE. UU., pero lo más importante es que estamos juntos y se han adaptado a estar aquí. Los niños estudian en un colegio internacional que es en inglés.

¿Qué satisfacciones le ha traído el béisbol japonés?

Aquí he logrado ser tres veces ser el jugador MVP del mes. Pude ganarme el guante de oro el año pasado y fui campeón de bateo en 2018 con tremenda temporada, como líder en hits. Cada año trato de hacer buen trabajo. Es un buen beisbol el japonés, con muy buenos pícheres y jugadores, aunque el sistema de velocidad de los lanzadores es inferior al de Estados Unidos. Aquí es una liga muy fuerte y eso me satisface. 

Para mí, en Japón el público apoya más el beisbol con respecto a los equipos. Desgraciadamente, estamos pasando por la pandemia, pero cuando todo está bien, los estadios se llenan. Es increíble, porque se juega todos los días a estadio lleno. La emoción de los fanáticos es hasta más fuerte que en los Estados Unidos.

Aquí apoyan a su equipo con una intensidad muy grande. Te dan ganas de jugar porque ves la alegría de los fanáticos con bandas, bailando. Es algo muy grande. Es una diferencia aquí en Japón dentro del juego con los fanáticos con respecto a Estados Unidos.                 

¿Qué piensa de su presente y su futuro Dayán Viciedo?    

Lo importante es mantenerme saludable hasta que más ningún equipo me quiera en Japón. Si por mí fuera, terminaría mi carrera en Japón. Me siento bien y muy cómodo, espero jugar todo el tiempo que pueda.

No tengo idea de retiro, pero el día que deje de jugar pelota trataré de pasar más tiempo con mi familia y ayudar a mis hijos en lo que pueda, darles una buena educación, aunque ya la van teniendo; ayudar a mi hijo Dayán Junior a que pueda cumplir su sueño de ser buen pelotero.      

Quisiera ser coach en un futuro, seguir trabajando en el béisbol en donde sea. Tratar de enseñar y ayudar a otras personas, lo mismo niños que adultos.

Tienes una hembra y dos varones. ¿Qué relación tienen con el deporte?    

El que está inclinado por la pelota es el mayor. Tiene buen potencial para jugar el béisbol. Desde chiquito empezó y aquí también juega. Le gusta, que es lo fundamental, y se siente bien. Creo que puede tener chance; solamente tiene 11 años, acá en Japón ha mejorado mucho y espero que siga mejorando.

Me gustaría que fuera un futuro profesional de la pelota y apoyarlo en todo lo que yo pueda. Es el más grande, espero que pueda cumplir sus sueños de jugar en Grandes Ligas y que sea un buen pelotero: para eso está trabajando muy duro, espero que llegue. Tiene buen brazo, fildea bien y en el bateo está bien. Para la edad que tiene está adelantado, solo le falta un poquito de práctica y juego para mejorar las habilidades.

¿Qué le parece a Dayán Viciedo el béisbol que tiene actualmente Cuba?        

Hay mucha diferencia de cuando yo jugué allá. Ha perdido mucho. No es como antes, aunque siguen saliendo peloteros buenos, con potencial. Hace falta que les den la posibilidad de desarrollarse un poquito más y les den el chance de jugar en otras ligas que no sea en Cuba, para que vayan cogiendo vista y fogueo de juego.   

Cuando me fui del béisbol cubano para Estados Unidos, siendo jovencito, sabía que tenía que mejorar mucho porque estaba en el mejor béisbol del mundo. Uno va aprendiendo según va pasando la carrera, para no estar en el mismo lugar de siempre. Hay que mejorar cada detallito, que es lo que va a llevar a ser mejor.

Hay muy buenos técnicos en Cuba. Les hace falta ver videos de cómo batean para verse los errores y hacer cambios. Aquí, hace seis años, tengo a Omar Linares en el mismo equipo como entrenador de bateo, y me ayuda bastante.    

¿Se ha conversado con usted para la posibilidad de representar a Cuba en eventos internacionales?

Conmigo no se ha hablado directamente para jugar con el equipo Cuba, nunca se ha tocado el tema. Para que pase eso hay que tocar muchos puntos. Es bien delicado el tema. Yo tengo un contrato, ya no soy jugador de Cuba. Mientras tenga un compromiso con un equipo no me van a dar la posibilidad de dejar mi equipo para representar a Cuba, pero si algún día me llamaran para jugar, yo aceptaría sin ningún tipo de problemas. Trataría de jugar bien. Si llega ese momento, no sé qué va a pasar. 

A sus seguidores cubanos, ¿qué mensaje les envía Dayán Viciedo?

Siempre tuve muchos seguidores desde pequeño y me siento contento de toda la gente que me ha apoyado en Cuba estando allá y afuera. Muchas gracias a ellos por estar pendientes de mi carrera. Estoy feliz y contento por todo lo que me ha pasado en mi vida junto a mis tres hijos y mi buena esposa.

Quiero decirles que mi vida no ha cambiado nada. Puede que cambien en las posibilidades económicas, pero creo que el dinero no lo es todo en la vida. Estoy contento y agradecido con todas las personas que me ayudaron. Sigo siendo el mismo. Trato de ser la misma persona, igual que cuando no tenía nada.

El dinero a veces te ayuda nada más para cosas materiales, pero creo que lo fundamental es que uno nunca debe cambiar. Escuché los consejos de mi familia y mi abuelita, que me dieron una buena educación. El dinero ha sido gracias al esfuerzo de lo que he hecho y la suerte de llegar a los Estados Unidos y firmar un contrato millonario. Yo soy el mismo con dinero y sin dinero, y eso es lo que me hace feliz.     

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