El cubano Diego Ramírez, único exponente del fútbol sala que milita en una liga extranjera, conmocionó las redes sociales con una publicación en la que mostraba el desconcierto por su exclusión de la preselección nacional que, bajo las órdenes del míster Clemente Reynoso, se prepara en La Habana para enfrentar el torneo premundialista a iniciarse el 3 de mayo en Guatemala.

“El motivo real de esta publicación es con el fin de responder una simple pregunta. Si yo estuve ahí, dando de qué hablar, destacando y obteniendo resultados individuales y colectivos en todos esos países y torneos con la selección siendo apenas un niño; cinco años después, porque estoy en otro país: ¿no merezco volver a estar?”.

“Nadie imagina las ganas que tengo de volver a poner mi bandera bien en alto como lo hice una vez. Yo quiero y deseo estar con la selección y espero que, a falta de un mes para el torneo más importante que tenemos, el DT 5 veces mundialista Clemente Reynoso cuente conmigo”, podía leerse en publicación en su perfil personal de Facebook.

Diego había debutado con la selección cubana de futsal con apenas 16 años, y destacó de manera notable en el Premundial de 2016 celebrado en Costa Rica, donde el combinado patrio consiguió la clasificación a la cita del orbe y Ramírez fue premiado como “Jugador Revelación” del torneo. Además, asistió a la Copa del Mundo de ese mismo año y al Campeonato de Clubes de la CONCACAF en 2017.

En 2019 emigró a España, donde milita con el Fuensanta FS de la Tercera División de ese país. Sin embargo, esto —al parecer— le ha cerrado las puertas de la selección nacional.

“Creo que ahí hay personas que sí quieren convocarme y quisieran que yo esté en la selección. Pero es como todo. El entrenador, y me imagino que algún otro, tienen todavía estos tabúes que teníamos hasta hace poco, antes de que el fútbol once convocara a los famosos legionarios. Creo que nosotros en el fútbol sala tenemos a personas que desgraciadamente piensan así todavía: que no se puede contar con los jugadores que están en el extranjero, o que si no estás ahí sacrificándote ellos no saben a qué nivel tú estás”, declaró el jugador para Play Off Magazine.

Diego Ramírez ha marcado 18 goles en 21 partidos durante la presente campaña, y se ha convertido en uno de los artífices de que —por primera vez en la historia— su club esté disputando un playoff de ascenso a la división inmediata superior.

“Mentiría si digo que no puedo aportar muchísimo. A pesar de estar en un club de Tercera División, creo que el sólo hecho de tener una liga constante, ayuda. A pesar del coronavirus, nosotros no hemos parado. Tenemos partidos todos los fines de semana. La verdad podría aportarle muchísimo al equipo. Estos dos años aquí en España, más la experiencia acumulada de años anteriores con la misma selección, más la madurez que he alcanzado, harían que pueda aportarle muchísimo al equipo: minutos, experiencia, juventud, agilidad, talento… un montón de cosas”, afirma.

A falta de poco menos de un mes para el inicio del torneo clasificatorio a la Copa del Mundo de la disciplina, mantiene la fe en que esta decisión se revierta para poder regresar al combinado de La Mayor de las Antillas. Según confiesa a nuestro medio, su novia le ha regalado unas zapatillas de futsal en la que figuran la bandera cubana y el número 13 que vistió en su paso por las selecciones nacionales, con el objetivo de estrenarlas en la competición premundialista.

“Nadie allí es capaz de imaginarse las ganas que tengo de representar a mi selección otra vez. Tengo la misma ilusión del niño aquel de 16 años que llegó al equipo nacional. Con esa misma ilusión lo estoy afrontando ahora. Como si nunca hubiera participado en ningún evento, como si nunca hubiera llegado a la selección, como si nunca hubiera ganado ningún premio, como si nunca hubiera jugado un mundial, como si fuera mi primera convocatoria”, confiesa.

“Es una ilusión tan grande. También por saber que puedo hacer historia, que puedo ser el primer jugador fútbol sala que juega en el extranjero en ser convocado por la selección. Y más que eso, aportar a mis compañeros y al entrenador, transmitirle los conocimientos que he aprendido aquí, ayudarlos a clasificar”, afirma.  

“La sensación de terminar un partido y saber que clasificaste a un mundial es única, muy poco comparable con otras cosas buenas que te pueden pasar en la vida. Representar a un país, que todos te estén viendo y saber que tanta gente depende de tus piernas y de lo que hagas, es una alegría única. Tengo un vídeo guardado en el que salgo llorando, gritando de felicidad cuando clasificamos a un mundial el mismo día de las madres. Son un montón de sensaciones que no sabría explicar en una sola oración”, concluye Diego Ramírez.

Foto: Getty Images

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