Todos corrieron a agasajar a aquel joven de 26 primaveras cuando finalizó el partido en el Gran Estadio del Cerro. Era el 8 de febrero de 1961 y el muchacho se había mantenido en el montículo de los Elefantes de Cienfuegos los nueve episodios, para derrotar a los Alacranes del Almendares 8×2, en el juego que definía el campeonato de la Liga Profesional Cubana de Béisbol.

Su nombre: Pedro Ramos, la estrella indiscutida del staff que llegaba así a 16 triunfos para igualar el récord vigente y apoderarse sin discusión del título de Jugador Más Valioso de la campaña (MVP)

Nacido el 28 de abril de 1935 en San Luis, Pinar del Río, el espigado serpentinero, elegido novato del año en su debut hacía seis años atrás, le demostraba una vez más a toda la fanaticada reunida los graderíos, porqué era un jugador de Grandes Ligas de seis temporadas y había sido invitado al Juego de las Estrellas de la contienda de 1959.

“Apenas tenía 17 años cuando fui firmado Joe Cambria, un señor que trabajaba para la franquicia de los Senadores de Washington”, cuenta Ramos en conversación con Play-Off Magazine.

“Todo fue muy sencillo, me vio lanzar unas pelotas, le gustó, y me firmó. Luego me fui para los Estados Unidos”, agrega.  

Fue así como comenzó la carrera profesional de aquel “guajirito” del poblado del Corojo que desde que era solo un crío de 6 años pasaba horas en los placeres jugando pelota con los amigos del barrio.

“En aquellos tiempos jugábamos con cualquier cosa que apareciera. Usábamos como bate lo mismo el palo de una escoba, una caña brava, o el cuje de tabaco”, recuerda.

Tres años más tarde, Pedro Ramos debutaría en la Gran Carpa con el uniforme de los Senadores, equipo con el que se mantuvo seis temporadas y donde regresaría al final de su carrera en Las Mayores en 1970.

Durante todo ese periplo de 15 años vistió el uniforme de otros siete conjuntos, entre ellos los de Yankees de Nueva York, donde llegó a salvar 40 partidos entre los años 1964 y 1966.

Yo disfrutaba mucho jugar en Cuba, pero sentí que mi carrera estuvo coronada cuando los Yankees me compraron. Yo estaba en los Indios de Cleveland y en aquellos tiempos jugar con los Yankees era un privilegio. Mi contribución en el año 1964 fue ayudar a que fueran campeones de la Liga Americana y los récords así lo dicen. En el mes de septiembre como cerrador lancé 22 innings, ponché a 21, y no di bases por bolas, además de salvar ocho juegos y ganar uno. Nos coronamos campeones por un juego detrás de Chicago”, recuerda.

De por vida en Grandes Ligas el diestro lanzador dejó forja de 117-160 con un promedio de limpias de 4.08, la mayoría de las veces con equipos rezagados en la tabla de posiciones.

Pedro Ramos con los Yankees
Eduardo González Martínez Pedro Ramos con los Yankees

Sin embargo, costó un poco de trabajo que fuera contratado en la Liga Cubana, al ser rechazado varias veces por los cuatro equipos participantes.

“Unos decían que estaba muy joven y otros que estaba muy flaco, pero esos argumentos no me hicieron dar marcha atrás, al contrario, seguía poniéndole más dedicación y más determinación y pensaba que no era justo que no se me diera la oportunidad de participar en cualquiera de esos equipos”, comenta Pedro Ramos.

“Cuando logré ser parte al fin de uno de los equipos, en este caso de los Elefantes de Cienfuegos, tenía 19 años y comprendí porque no se me había dado una oportunidad. Era simple, en la Liga Profesional Cubana había mucho talento y Cuba tenía el béisbol más fuerte del área, al punto de que no se le permitía reforzarse para la Serie del Caribe”, añadió.

Aquella noche de febrero de 1961, en la cúspide de su fama en la isla, pocos imaginaron que jamás volverían a verlo lanzar en un terreno de Cuba, al quedar eliminada la Liga Profesional por los encontronazos entre el nuevo gobierno revolucionario y las administraciones norteamericanas.

“Según tengo entendido hubo una reunión de un grupo de jugadores a petición del director de deportes que en esos momentos era el capitán Guerra Matos, el cual les informó que en Cuba no se jugaría más el béisbol profesional porque era la explotación del hombre por el hombre y en esa reunión yo no estuve”, recuerda.

 “Los que teníamos contrato para jugar fuera de Cuba ya nos habíamos reportado a los campos de entrenamiento y por lo tanto para qué íbamos a regresar si ya no teníamos trabajo. Ese grupo que se reunió con el director de deporte eran los que no tenían contrato para jugar fuera y se quedaron para convertirse en entrenadores del nuevo sistema deportivo”, añade Pedro Ramos.

“Me fui definitivamente a Estados Unidos cuando se acabó la pelota profesional en Cuba. La Revolución decidió implantar un béisbol manejado por el gobierno que a la mayoría de nosotros los profesionales no nos gustaba, porque entendimos que así los peloteros no podían superarse”, concluye Ramos.

Tuvieron que pasar 55 años para que este pícher pinareño regresara a la tierra que lo vio nacer, lugar en donde ha declarado en múltiples ocasiones que quisiera que reposen sus restos el día que le diga adiós a este mundo.

“Al volver a mi tierra sentí un sabor agridulce. Esperaba ver una Cuba más adelantada y fructífera. Por un lado, vi los lugares turísticos muy bien cuidados y desarrollados, pero por el otro vi la desolación, la destrucción, y la pobreza. No encuentro palabras para describir eso. Ver que todo aquello que un día dejé por necesidad no se parecía en nada a lo de hoy, me dio mucha tristeza.

“¿A quién no le gustaría regresar a su tierra natal?, pero en particular no comprendo ni nunca voy a entender ese sistema de vida allí implantado. No quiero eso para mí ni tampoco para el pueblo de Cuba”, declara Pedro Ramos.

Ahora, con 86 años de vida y una salud de hierro, el serpentinero que un día tuvo que lidiar con la fama con “mucha dedicación y actitud positiva para superar los obstáculos”, se sienta a recordar aquellos tiempos de gloria, dispuesto siempre a colaborar con las nuevas generaciones y a contestar algunas de nuestras preguntas.

Se comenta que siempre fuiste un hombre “mujeriego”. ¿De qué manera esto no te afectó en tu carrera?

Bueno, es verdad que tenía mis aventuras como decía el Rey Salomón, pero las mujeres no matan, lo que mata es correr atrás de ellas. Yo sabía cuándo podía tener relaciones, siempre y cuando no afectarán lo que para mí era lo principal: superarme en el béisbol

¿Sentiste un cambio muy grande cuando comenzaste a jugar en la MLB? ¿Había mucha diferencia con la Liga Cubana?

Indudablemente que había una diferencia entre el béisbol profesional que se jugaba en Cuba y el de las Grandes Ligas, aunque era poca en aquellos tiempos. Yo pude adaptarme rápido al mejor béisbol del mundo donde todos quieren llegar, pero algunos se quedan atrás, aun teniendo talento. Para eso se necesita calidad y dedicación.

Siempre fuiste un gran bateador al punto de conectar 15 cuadrangulares en tu carrera, algo que ningún otro lanzador cubano ha logrado en la historia. ¿Crees que como bateador hubieras hecho también una gran carrera como la que tuviste?

Considero que como pitcher fui un buen bateador, pero nunca vamos a saber la respuesta a esa pregunta. Nunca jugué otra posición, aunque creo que reunía las condiciones para hacerlo porque tenía cuatro elementos suficientes para ello: le pegaba con fuerza a la bola, fildeaba bien, era rápido en las bases, y tenía un buen brazo, pero eso quedó atrás en la historia.

expelotero cubano Pedro Ramos
Cortesía del entrevistado Pedro Ramos, leyenda del béisbol cubano que brilló en Grandes Ligas con equipos como los Yankees de Nueva York. Cortesía del entrevistado

¿Qué jugadores le impactaron más a Pedro Ramos cuando jugaba en Cuba y cuales en la MLB?

En Cuba hubo muchísimos peloteros que yo veía y admiraba como Orestes Miñoso, Silvio García, Pedro Pages, etc. La lista sería interminable. Con respecto a la MLB, aunque la lista es bien extensa, puedo mencionarte a Ted Williams y a Mickey Mantle.

¿Si tuvieras que escoger al mejor pelotero cubano de todos los tiempos a quién elegirías?

Es una pregunta muy difícil porque ha habido muy buenos jugadores, pero creo que mi favorito y así lo dicen los récords de la historia, es Orestes Miñoso. Para mí era el más completo si hablamos de profesionalismo, pero también existió un grande de la historia del béisbol cubano que nunca vi, llamado Martín Dihigo, entre otros tantos.

¿Cómo fue tu amistad con el recientemente fallecido Andrés Ayón?

Con Andrés Ayón tuve una relación normal, como las que tienen dos atletas cubanos que se dedican a este deporte. Él hacía muy bien su trabajo y siempre en el terreno de juego trataba de dar el máximo de la calidad que él tenía.

¿Cuál es la fórmula para mantenerte tan fuerte y saludable a tus 86 años?

Lo más importante es vivir una vida sana. Agradezco a Dios por todo lo que me ha dado.

¿Por qué decide Pedro Ramos vivir en Nicaragua tantos años de tu vida?

En realidad, me gustaría vivir en mi tierra natal. Estados Unidos me abrió los brazos en mi juventud y se convirtió en algo así como mi segunda patria. En Nicaragua encontré, pudiéramos llamarle, mi tercera patria y la cultura es parecida a Cuba, por lo menos hablamos la misma lengua.

¿Qué estás haciendo en la actualidad?

Hago lo que puedo. Voy al gimnasio, al estadio de béisbol, juego con los niños y así transcurre el tiempo. Eso sí, siempre recuerdo al Rey Salomón, jajaja.

¿Qué crees del béisbol que se juega en la isla?

Yo creo que en Cuba siempre hubo muy buenos jugadores como los hay hoy, pero el sistema implantado en realidad no los deja desarrollarse como era antes. Allí no pueden superarse como quisieran, aunque tengan calidad, por eso cada vez que tienen una oportunidad, tienen que emigrar buscando lo que quieren y se merecen como seres humanos.

¿De qué se arrepiente Pedro Ramos?

Pues cuando miro hacia atrás siempre hay cosas que nunca repetiría, pero no me arrepiento de como he llevado mi vida o como he vivido. Por una parte, creo que he sido humanitario y amigo de mis amigos, y siempre estoy dispuesto a hacer el bien. De esa manera vivo en paz conmigo mismo.

¿Cómo te gustaría que te recordaran las nuevas generaciones?

Quiero que me recuerden como un ser humano, como un atleta que siempre dio lo mejor que pudo en el terreno, para satisfacción propia y para todos aquellos aficionados del deporte más bello del mundo.

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