“¡Dale, muerto!”, le gritan en un tono jocoso y desafiante a Dairon Reyes, futbolista radicado en los Estados Unidos a quien llaman el ‘Messi cubano’. El sol castiga fuerte mientras él juega con los chamacos del barrio.

No hay resguardo en esa descampada calle de Los Pinos, Arroyo Naranjo, en La Habana. Cerca, la gente hace cola mientras espera para jugar en un 3 contra 3.  

“¡Asere, muevan el carro ese de ahí! ¿De quién es?”, grita un muchacho inmediatamente tras chocar con un auto estatal de Etecsa.

Dairon Reyes, jugador de la selección cubana y del Inter de Miami sigue risueño. Por estos días, disfruta jugando al fútbol callejero en un terreno improvisado y no sobre el césped.

Se le ve feliz, pues está de vuelta en el barrio, en su tierra. Aunque otro país ya es también su casa, no olvida dónde empezó el camino que lo llevaría a ser profesional, que le ha hecho cumplir un sueño y hasta recibir los elogios de Leo Messi.

Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana
Marcel Villa Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana, Cuba.

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La alarma suena a las 6:00 a.m. Dairon Reyes se levanta, desayuna y va a entrenar. Llega a las instalaciones del Inter de Miami sobre las 7:30, aunque la hora para llegar es a las 9. Desayuna nuevamente, ahora con el grupo. Va al gimnasio, entrena solo. Luego con el resto. Así es su rutina.

Al regresar a casa, almuerza, duerme una siesta y entrena en su gym privado. Sobre las 7:30 p.m. llega su padre. Regresan al terreno.

“Soy muy vicioso”, esgrime. “Ahí practico la habilidad. Entreno unas 3-4 veces diarias”.

Me habla con devoción de un momento muy significativo para él. En su feed de Instagram presume una foto con Leo Messi.

“Fue el mejor día de mi vida. Un sueño cumplido. No hice gol ni di asistencia, pero jugué un partidazo”, cuenta.

Cuenta con un inusual brillo en sus ojos que le salió todo. Jugar con atletas de talla mundial genera eso. Con orgullo narra sus fintas y cómo recibió incluso patadas.

“Les fui en el uno contra uno, me pegaron. Otamendi, por ejemplo, me rompió en una jugada y me retó a volver a pedir el balón. Lo hice, lo encaré y luego me dijo que le gustaba que fuera guapito. Al Tucu Correa le hice un túnel, me cogió por el pulóver y me dijo ‘respeta, huevón, o te pongo el pie allá afuera”, relata.

“Dybala hizo una pared, lo enganché y me tumbó. A Acuña le hice un sombrero. A Lo Celso también le hice un túnel. Me quité a varios jugadores y rematé con rosca al segundo palo. El Dibu sacó el remate y les gritó a todos que me aguantaran. La sacó en el ángulo. Hubiera sido un golazo. Jugamos 40 minutos. Los únicos tiros a puerta de mi equipo fueron míos. Me salía todo. Parecía que jugaba en el barrio”, describe.

Al finalizar el partido, Lionel Scaloni, seleccionador de Argentina, junto a Pablo Aimar, parte del cuerpo técnico de la albiceleste, hablan con Federico Higuaín, DT del Inter de Miami II. Quieren conocer a Dairon. La actuación del cubano les ha llamado la atención.

“Me preguntaron por mi edad. Les dije 19 y respondieron que jugaba muy bien al fútbol. No pareces cubano”, dijeron.

“Todos hicimos la cola para tirarnos una foto con Messi. Eso habla mucho de su persona. El primer día dijeron que solo una grupal, para no hacerlo perder tiempo. El segundo día él dijo que, si lo hacíamos rápido, todos podían.

“En lo que nos tirábamos la foto”, cuenta, “me preguntó: ‘¿qué edad tenés, boludo?’. Empecé a llorar. Le dije 19 y comentó: ‘¿qué haces acá? Andáte de aquí. Podés jugar en Europa’. Dijo eso y se fue”, recuerda visiblemente emocionado.

“Oír a jugadores de clase mundial decir eso, es increíble. Soy un afortunado”, concluye.

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Dairon Reyes está de visita en Cuba. Vino a ver a su familia. Son solo tres días. Le envió un mensaje y, sin conocerme, accede a dar una entrevista, pero pone una condición. Debo ir esa misma tarde, pues regresa a Estados Unidos en unas horas.

Llego a la dirección. Hay gente jugando fútbol. Él mismo trajo el balón nuevo para el barrio. Anda con un short negro, un poco desgastado de entrenar, y una camiseta rosada del Inter de Miami. Caminamos media cuadra para poder conversar y nos sentamos en la casa de su abuela.

Vienes de una familia con devoción al más universal de los deportes, con varios miembros implicados en su práctica. ¿Cómo llega Dairon Reyes al mundo del fútbol?

“Juego desde que tengo uso de razón”, sentencia. “Mi papá, cuando yo tenía tres años, estaba entrenando y yo empecé a hacer lo mismo. Él notó que me gustaba. Ahí empezó todo. Mi primer regalo fue una pelota de fútbol. No era solo yo; mi hermano mayor también practicaba”, refiere mientras se acomoda en el sofá.

“Era fútbol todo el tiempo”, continúa. “Empecé a jugar en el barrio. Lo hacía con los grandes. No me dejaban jugar; pero él (su padre) apostaba dinero para jugar. Éramos mi papá, mi hermano y yo. A los cinco años y tres días, me apunta en fútbol en el estadio Eladio Cid con Orlando “El Niño” Forcade, entrenador de muchas generaciones, posiblemente uno de los que más jugadores ha aportado a la Selección Nacional.

“Para hacer el equipo de Arroyo, como no había muchos con mi edad, se unió el Eladio Cid con el Ciro Frías en un partido. Quedó 10-9 favorable al Ciro. Pero los nueve goles de mi equipo los hice yo. Después jugué mi primer provincial. Era categoría 8-9, pero yo era 7-8. No había de mi edad. Luego sí. Esa temporada hice 15 goles, el máximo hizo 17”, detalla con notable orgullo en sus ojos.

De su papá, dice, viene la disciplina y la sistematicidad. “¡Es un vicio!”, exclama entre risas. Cuenta que lo preparó a diario. “Me llevaba cerca de un muro que decía posible derrumbe”, rememora. “Tiraba la pelota alto, yo la bajaba con el pecho y él me decía ‘ponla aquí’, mientras formaba un círculo encima de su cabeza con sus brazos”.

“Nunca lo lograba, siempre iba para un lado u otro, pero él lo hacía para cuando me cansara en un partido de tanto regatear, rematara. En las categorías inferiores, al ser pequeño, cuando el portero sacaba, yo la paraba y disparaba. Tenía un récord en Cuba, creo que no se ha roto: 49 goles en 8 partidos. Mi equipo quedó campeón con 51 goles, y 49 fueron míos. Hacía 10, 11 por partido”, cuenta.

Me hablas, como casi todos sus alumnos, con cierta devoción sobre “El Niño” Forcade. ¿Cuál fue su papel en tu formación?

“Te diría que es el más importante. Mi papá fue mi primer entrenador, pero incluso él fue alumno de El Niño”, relata. “Al final eso lo aprendió de Forcade. Prácticamente le debo todo. Además, me dedicaba tiempo. Él era parejo, pero conmigo era algo más, era especial.

“Se quedaba junto a mí, me venía a recoger. Era pa´ todos lados. Me dedicaba mucho tiempo. No era solo en el Eladio Cid, también en su casa. Se quitaba pan, u otras cosas para dármelas. Me enseñó a tocar guitarra. Era una persona muy apegada, no solo en el fútbol, también para educarme”, valora. 

En 2019 te mudas junto a tu papá para los Estados Unidos, ¿cómo afrontaste emigrar y empezar de cero?

“Fue difícil”, dice mientras asiente con la cabeza. “No me había separado nunca de mi mamá. No estaba adaptado a eso. Desde décimo grado, cuando vino el sub-15 y la sub-17 de Cuba, supe de varios clubes interesados en mí. Podía jugar profesionalmente. Era mi momento”, relata.

Cuenta que al llegar a Estados Unidos ya tenía un equipo. No realizó pruebas.

“Ellos le preguntaron a la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) por mí, si estaba en venta. Aquí dijeron que no”, explica visiblemente contrariado con el tema.

 “Mandé a una persona de confianza a poner en las redes sociales, en Twitter: ‘interesados en el jugador número 10, Dairon Reyes, este es el número del papá’. Habíamos jugado recientemente contra ese club, el San Antonio”, recuerda.

Contactan al padre. Lo quieren. Quieren saber cómo lo pueden firmar. Él solo les pide ayuda para llevar a Dairon a Estados Unidos. El equipo acepta. Envía una carta a emigración. Cuenta Dairon Reyes que eso agilizó el proceso.

“Al llegar, tenía todo asegurado. Me dijeron que no necesitaba hacer pruebas. Me ofrecieron un contrato. Fui a Miami a buscar mis cosas. Debía regresar luego a San Antonio. Pero no me llamaron. Esperé y nada. No mandaron boletos. Nada. Aún no sé qué pasó”, concluye.

Ese mismo día suena el teléfono. Era el Inter de Miami. Querían probarlo. Sus scouts lo habían visto con el Fortuna de Mario Lara. Había jugado par de partidos allí. Va a las instalaciones acompañado de su papá.

“Los muchachos me miraban raro”, cuenta. “Todos tenían tacos y yo andaba con zapatillas de fútbol sala. Como era sintético el césped del Fortuna, no me había comprado tacos aún. Estaba desahuciado por lo del San Antonio. Ese día hice siete goles. Me quedé. Allí empezó todo, jugaba con la Academia del sub17”, cuenta feliz.

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Dairon Reyes ha madurado. Su fútbol promete. Ya no se hincha a goles como antes. Juega, dice, como uno de sus ídolos: Messi. Posicionalmente cumple funciones similares dentro del campo. Se retrasa, coge el balón y reparte para los extremos. Se asocia muy bien con el delantero de turno.

Sin embargo, cuenta que quien más lo ha sorprendido dentro de un terreno es Gonzalo “El Pipita” Higuaín. “Entrené con él muchas veces. Incluso jugué en su contra, y me cayó a patadas”, rememora entre risas.

“Estuvo en la élite. Solo con verlo correr, uno se pregunta de dónde salió. Su facilidad para hacer goles es increíble. Cómo se ubica en la cancha. No solo juega de nueve, flota. No corre mucho por su edad. Tengo muy buena relación con él. Me le acerco. Juega ahora de falso nueve, se deja caer bastante y esa es mi posición. Yo juego de 10. Es prácticamente igual. Por eso hablamos. He aprendido cantidad”, describe.

¿Alguna anécdota con él?

Recuerdo en uno de mis primeros entrenamientos. Yo soy muy fresco, pero ese día estaba cohibido. Él me había visto entrenar en el segundo equipo porque su hermano es el DT.

El Pipa me dijo: “¡Suéltate, sé tú, juega!”. Hice un gol y me comentó: “¡Eso es! Tú puedes jugar aquí, en el primer equipo. Talento tienes. Si hubieras nacido en otro país ya estuvieras en el Madrid”. Solo pude reírme.

También una vez, en la pretemporada, le di una asistencia. Robé una pelota, me quité al portero y con la puerta vacía le pasé el balón. Anotó y corrió hasta donde estaba yo, haciendo gestos como “estás loco”. Me abrazo, me dio un beso y me dijo “a veces pienso que tienes problemas”.

Futbolista Inter de Miami y seleección cubana, Dairon Reyes
Marcel Villa Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana, Cuba.

¿Cuánto cambió el Dairon Reyes que jugaba en La Habana al contratado en Estados Unidos?

Aquí no me cuidaba, estaba todo el tiempo en la calle, jugaba en todos lados. Ahora no puedo. Necesito comer bien, descansar.

He evolucionado. Era un niño. Jugaba a todas horas. Me tuve que adaptar. En Cuba, por ejemplo, el mediapunta casi no corre. No defiende. Cristiano Ronaldo y Messi son los mejores del mundo y defienden. Lo hacía o no jugaba.

¿Qué fue lo que más te impresionó al entrar al Inter Miami?

La organización, el profesionalismo. El respeto y las ganas de progresión de los entrenadores. Como buscan ayudarte. Las instalaciones. Era como un niño con un juguete nuevo. Quería estar ahí todo el tiempo.

Tu actuación con el Inter de Miami te llevó a ser convocado con la sub-17 de Estados Unidos. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Por qué vuelves a elegir vestir la camiseta de Cuba?  

Ese año cuando llegué hice 17 goles y 21 asistencias en mi Conferencia. Era uno de los líderes goleadores del país y máximo asistidor. Me llama la selección. Voy a uno de los campos. Éramos más de 100 y quedamos solo 23 para ir al premundial. Vino el coronavirus.

De haber jugado ese evento, nunca lo hubiera hecho por Cuba.

¿Si te hubieran dado a escoger entre las selecciones de EE. UU. y Cuba?

En ese entonces estaba medio divorciado con el equipo cubano. Cuando era sub-15 fui invitado a la sub-17 de Cuba. El premundial de esa categoría era en Estados Unidos. No tenía ni fecha de entrevista para irme. Mi papá da la palabra de que, si iba al evento, no me iba a quedar. No iban a aguantar que yo estuviera ocho años sin regresar a Cuba, sin ver a mi mamá. Ellos dijeron que no. Me veían como posible desertor.

Mi papá hizo un papel. Dijo que, en caso de quedarme, él mismo me mandaba de regreso. Él me estaba haciendo los papeles. Pero estaba renuentes. Mi mamá fue quien me convenció a hacer una carta donde decía que en un futuro podría jugar por Cuba. La hice, la firmé y me fui.

Estaba renuente. Incluso quería jugar contra Cuba. Pensaba en marcarle y celebrar. Vino la COVID y todo se paró.

Luego la selección se pone en contacto conmigo. Fue en la fecha FIFA del debut de Onel Hernández. Esos dos primeros partidos los pude jugar. Pero me negué. Llamaron a mi papá, y me respaldó. Entendía las razones. Fue mi mamá quien me convenció.

Me dijo que siempre había soñado con verme jugar con la selección. Además, era más viable. Podía hacer las inferiores con Estados Unidos, pero no había garantías de hacer la absoluta. Le dije que no. Yo veía mi potencial para jugar también con ellos.

Pasaron días y me vuelven a contactar. “Último llamado”, me dijeron. Acepté.

¿Qué diferencias ha notado Dairon Reyes entre el fútbol cubano y el profesional que se juega en Estados Unidos?

El futbolista cubano puede jugar donde sea. Pero debe cambiar mucho. Somos muy indisciplinados. Eso no se acepta en el profesionalismo. Recuerdo antes no entrenar porque no quería e iba a la selección, a todos lados. Incluso, les decía a los muchachos que corrieran a mi paso, no duro. Hacía campañita.

Allá no es así. Talentosamente pueden haber 20 como tú. Pero valoran más el trabajo. Los cubanos tenemos talento, pero a veces no le unimos trabajo duro. Si lo hiciéramos, podemos meternos en cosas grandes.

Mira ahora con la selección. Tocamos más la pelota. Antes no se veía eso. No se ve tanto el pelotazo. Si continúan insertando jugadores cubanos contratados en ligas profesionales, el Cuba será mejor.

Con 18 años eres convocado habitualmente por la selección de mayores de Cuba y participaste en el Campeonato Sub-20 de la Concacaf. ¿Qué diferencias encuentras entre estas selecciones?

Fue complicada la adaptación. No tuve tiempo para estar con ellos, fue solo una semana. Jugué cuatro partidos de la Liga de Naciones. Fue todo complicado. Me pusieron de nueve, jugaban con un 4-5-1.

En la Selección Mayor se juega automático. Se toca bastante el balón. Es casi automático. Yo recibo y juego con Onel o Luis Paradela. En el sub-20, desde que llegué las cosas no salían.

Tuvimos una reunión. Yo era el capitán. Les pedí que se divirtieran y jugaran a dos toques. Pero la pelota no llegaba. No salían las cosas. Había mucho talento. Hay algunos que pueden jugar en la Mayor o en ligas extranjeras.

Nos acoplamos en lo posible. Me pasó factura el desgaste. Ese mes jugué unos 12 partidos. Todos los de mi club, luego con la absoluta casi todos los minutos y después el premundial. No descansé casi. Jugué contra Canadá todo el partido y con un jugador menos, en el segundo partido estaba muerto. En el tercero, ante Estados Unidos, no pude jugar. Me contraía todo el tiempo. No podía.

¿Fortalezas? ¿Debilidades?

A veces existen discrepancias. Cada cual intenta hacer sus cosas. Las fortalezas vienen cuando dejamos todo eso de lado. Nos unimos y se ve una mejor selección. Cuando hay guerrilla nada sale, somos un equipo cualquiera. Pero ahora, como jugamos últimamente, hacemos daño.

¿Cómo es la integración de ustedes en la absoluta? ¿Existe química en el grupo o hay divisiones a lo interno?

Somos una familia. Siempre hay grupos, es normal. Por ejemplo, Arichel Hernández, Paradela y Maykel Reyes llevan en la selección más tiempo juntos. Yo con la gente de mi edad. Pero en el entrenamiento somos una familia.

¿Con quién te llevas mejor?

Con todos. Cuando está Modesto Méndez, con él. Juega conmigo, vive allá. Siempre estamos juntos. Pero también con Maykel. Con el propio Onel, siempre jugamos FIFA. Con Paradela igualmente. Con nadie he tenido problemas.

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La pelota regresa a Dairon Reyes. Dibuja par de filigranas. Toca rápido, pero efectivo. Recibe el balón e intenta un sombrerito. Se va por el lado izquierdo. Se lleva las manos a la cara. Va sobrado. Se le nota. Aun así, se divierte a media máquina.

Juega con su tío, quien también lo embulló al mundo del fútbol, y alguien más del barrio. Los rivales pierden el balón. Cae en una casa bordada con una cerca verde.

Lo recuperan, sacan en corto y, pared mediante, Dairon remata y anota. Ganan el partido.

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¿Crees que con esta plantilla Cuba pueda conseguir actuaciones meritorias en determinados eventos regionales? ¿Cuáles son los objetivos del grupo?

Sí. Ahora mismo queremos terminar estos dos partidos de primeros de grupo y clasificar a Copa de Oro. Tenemos una espinita con Guadalupe. Ellos nos ganaron de locales y nos bailaron delante de la banca. Queremos jugar en casa, en Santiago, con la conga. Ojalá se llene. El estadio se ha llenado antes, pero no hemos sentido tanto el apoyo.

¿Qué objetivos tiene trazados Dairon Reyes en lo individual, con su club y selección?

Con Cuba hacerlo mejor, continuar como titular y llevar al equipo un poco más allá. En cuanto al Inter de Miami, hasta ahora estoy cerca de subir al primer equipo. Si Dios quiere, espero se dé. Es el objetivo principal. Jugar en la primera división. Quiero mantenerme y sumar minutos.

¿Dónde y haciendo qué te ves en los próximos cinco, diez años?

El sueño es jugar en Europa. No lo veo tan lejos. Quizá antes. He tenido el chance de ir varias veces a probarme. No se ha concretado por tema de papeles. Soy extranjero, y por club solo pueden ser tres extracomunitarios. Si me firman, pierden una plaza.

Fui al Sporting e hice 10 goles en una semana. También estuve en el Benfica. En el Espanyol me querían, igual en el Fuenlambrada, el Getafe. Incluso en el Mallorca entrené con el primer equipo. Pero nadie me aseguraba nada por ser extranjero.

¿Ha cumplido Dairon Reyes los sueños que tenía al salir de Cuba?

Sí, y eso me ha hecho soñar más. Buscaba ser profesional, y soy uno de los cubanos más jóvenes en firmar un contrato. Lo hice con 16 años y 10 meses. Anoté gol con 17 años y 10 meses.

¿Qué problemáticas le ves al fútbol cubano de la Isla?… ¿Qué crees que deba cambiar la Liga Nacional de Cuba y cuál es tu visión sobre el torneo?

Los jugadores tienen mucho talento, pero deberían hacer la Liga cubana profesional. Buscar la manera. Además de insertarlos a ellos en otras competiciones.

Cuando el partido contra Argentina dije que era cubano y no me creyeron. Pensaban que era brasileño. Muchos cubanos pueden jugar afuera.

¿Cuál es tu jugador referencia?

Antes no era Messi. Cuando estaba en Cuba era Cristiano Ronaldo. Soy fan del Madrid. Aquí me preguntaban por qué Cristiano, si jugaba como Messi. Cuando crecí, noté cosas en común. Soy zurdo, tengo visión de juego, meto goles, soy habilidoso. Messi es único, pero creo que me parezco un poco.

Juegas con el Inter de Miami, y la selección cubana. Aun así, Dairon Reyes regresa a su barrio a jugar con los socios…

Antes lo decía. Las mismas personas del barrio les iban a los otros equipos al dinero. Siempre dije que el día que regresara, quería jugar. Cuidándome, pero quiero hacer feliz a la gente de mi barrio.

Antes no había podido porque siempre venía con la selección. Ahora tuve tres días libres y pensé en venir a ver a mi mamá. Traje un balón para el barrio. El barrio se llenó. Se hicieron porterías para jugar. Incluso hay uno que narra. 

Se siente como antes. Ahora me cuidan, no van al choque, evitan lastimarme. Juego y me divierto con ellos. Me dicen incluso “ah, no has ganado ni uno”. He perdido. Me gritaron los goles que me hicieron jugando yo de portería. Me decían “muerto”.

Quisiera venir con más tiempo y jugar en el Eladio Cid. Incluso en La Polar o la Ciudad Deportiva con los jugadores que tengo amistad o han jugado conmigo. Pero el tiempo no me da.

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