El fútbol cubano vivió su mayor momento de efervescencia en mucho tiempo la semana que fue desde el lunes 22 de marzo hasta el domingo 28 del propio mes, por un suceso histórico que mantuvo en vilo a la afición, dentro y fuera de la Isla: por primera vez en más de 60 años, jugadores antillanos con residencia en el exterior y contratos ajenos a la Asociación Cubana jugaban un partido oficial con la selección nacional.

Onel Hernández, Joel Apezteguía y Carlos Vázquez debutaron con el conjunto, mientras Jorge Luis Corrales regresaba después de su salida de nuestro país. Si bien los dos partidos disputados en el inicio de las Eliminatorias rumbo a Qatar 2022 se saldaron con sendas derrotas ante Guatemala y Curazao, lo cierto es que se vio un equipo con una cara distinta y con un talento mucho mayor que el mostrado en las últimas presentaciones.

Dicha lavada de rostro, la mayor capacidad competitiva y el esfuerzo descomunal que hicieron todos los convocados, especialmente los “legionarios,” llevaron a que la hinchada terminara ambos encuentros con una sonrisa en su cara.

La ilusión se disparó, la identificación con los Leones del Caribe creció y la esperanza de un futuro mejor para el fútbol cubano se desbordó. El gol de Onel ante Curazao, el único que se marcó en los 180 minutos disputados, resultó un instante apoteósico desde la algarabía que se sintió en cada vecindario, hasta la explosión en redes sociales celebrando el tanto.

El romance entre la afición y esta selección vivió su momento culmen en el instante en que la pelota besó las redes curazaleñas. El agradecimiento por regalar un poco de felicidad en tiempos tan difíciles fue la mayor muestra de cariño hacia los nuevos héroes que estaban naciendo.

Pero más allá de vivir esos instantes apoteósicos, pensar que un conjunto puede clasificar a un Mundial sin tener detrás un proyecto serio, sostenible y coherente es una utopía. La eliminación de Cuba rumbo a Qatar 2022 no sucedió en marzo de 2021 sino cinco, seis o incluso hasta diez años antes.

Para avanzar es necesario dar pasos hacia adelante, romper barreras y buscar soluciones. Los directivos del fútbol cubano tienen que ser personas capaces de crear una hoja de ruta, potenciarla, maximizarla y corregirla si es necesario.   

Es evidente que con los cuatro convocados no es suficiente y se requiere más talento en busca de convertir a la selección en una potencia en el Caribe primero y en Concacaf después. Resulta menester tener nuevas inclusiones de jugadores que estén compitiendo a cierto nivel y para eso, se deben que eliminar sanciones que imposibilitan la inclusión de talento.

Como afirma una frase que circula de boca en boca y página en página, la selección tiene que ser de todos. Una legislación absurda no puede privarnos de disfrutar un equipo con los mejores exponentes del balompié de la Isla. Las puertas de la selección tienen que estar abiertas para todos los que quieran defenderla.

Resulta imperioso mejorar las contrataciones de los futbolistas que aún están en suelo nacional y la Asociación tiene que ser eficaz encontrando ofertas de contratos atractivas. Debe otorgarles libertad a ellos de poder gestionarse sus propios contratos en el exterior y brindarles autonomía para que depositen su futuro en las manos de las personas o instituciones que más beneficios deportivos y económicos les ofrezcan.

Mirando hacia adentro, hacia lo que pasa en la Isla, lo primero es resolver el déficit económico que tiene el deporte. Nos guste o no, desarrollar cualquier actividad en la vida necesita de presupuesto. Sin este, es imposible crear una infraestructura que te permita crecer. Por lo tanto, es fundamental no excusarnos más con que no hay medios, pues quedarnos inmóviles no resuelve nada. Si no existen, hay que buscarlos, crearlos, pedirlos o negociarlos.

Sin dinero no tendremos un Campeonato Nacional serio, un torneo donde quienes participen sean remunerados de manera digna, con un salario que les permita aliviar las preocupaciones económicas. Se precisa de un certamen con toda la logística necesaria para desarrollarlo con las comodidades que sus participantes precisan.

Sería incluso mejor si el Campeonato Nacional como organización, institución o como concepto, funcionara como una empresa y fuera capaz de producir sus propios ingresos y por supuesto, pagarse sus gastos. Que fuera un ente independiente y no algo a lo que simplemente se le destina una cierta cantidad de dinero para cumplir con un calendario sin la posibilidad de generar ganancias.

Se habla mucho de categorías inferiores y de que son el futuro del fútbol cubano y, por lo tanto, es a lo que hay que darle más atención. Para hacerlo, primero hay que crear la infraestructura comentada. Se necesitan terrenos con condiciones, pelotas, tacos, uniformes, entrenadores que, como los futbolistas, tengan salarios dignos.

Para que el talento florezca, estos guías demandan empaparse de los métodos más novedosos de entrenamientos, para lo cual se necesita llevarlos a cursos, congresos y conferencias. Los niños y adolescentes precisan competir todos los fines de semana y es vital crear una manera de captar a los talentos escondidos dentro de la tremenda masividad que tiene el fútbol cubano hoy.

Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, debería dar la mayor cantidad de noticias y análisis sobre la actuación de los antillanos que están en el exterior: estar al tanto de lo que hagan cada semana, entrevistarlos, llegar a ellos y acercarlos al público. Es fundamental la creación de ídolos pues la ilusión es un arma extraordinaria en la evolución de cualquier obra que se haga y los referentes siempre ayudan a que exista.

El fútbol cubano vive momentos de cambios, de efervescencia, de identificación. Conformarnos con lo sucedido en marzo no resolverá nada, pues debemos utilizarlo como combustible para seguir empujando hasta convertirlo en un orgullo de lo que deberíamos ser como sociedad y país.

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