Con el pasar de los años se ha hecho menos habitual en el voleibol cubano el abandono de delegaciones en el exterior. Con la política de contrataciones abierta por parte de las autoridades deportivas, es poco probable que ocurran más casos como el de Inovel Romero, uno de esos últimos atletas que dejaron un equipo nacional en el extranjero para buscar el sueño del profesionalismo por cuenta propia.

Muy joven, el talentoso deportista antillano tomó un camino que lo ha separado de su familia, amigos y país por varios años, por una absurda sanción que lo obliga a ver su isla desde la distancia. 

Natural de Ciego de Ávila, parecía que escogería el camino de la música, pues creció en una familia en la cual vivía constantemente pegado a su tío, quien tocaba en un grupo.

“Se supone que fuera músico. Desde pequeño iba con mi tío (hermano de mi madre que tocaba en un grupo) a eventos de carnavales y otras fiestas. Me daban la clave o el güiro y a veces el bongó para tocar, porque tenía buen oído. Él quería que fuera músico, pero mi madre me dejó elegir y escogí el deporte. Practiqué judo, karate, béisbol, taekwondo y, por último, natación. Después me llevan a hacer las pruebas en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) para entrar en voleibol y las paso. Antes, estando en natación, iba a entrenamientos de voleibol. Me escapaba de un deporte para ir a otro”, cuenta.

Desde edades tempranas, muchos niños muestran el talento, pero no llegan a materializar sus capacidades. En el caso de Inovel Romero, supo conjugar lo que era talento con esfuerzo y sacrificio, como recuerda.

“Considero que fui un niño talentoso, pero más que talentoso, creo que lo que más mostraba era dedicación: siempre me gustó dar el 100 por ciento donde quiera que estuviera y creo que, por eso, nunca tuve problemas para aprender en los diferentes deportes en que estuve y también en la vida. En lo personal también soy así y me gusta dar el máximo”, apunta.

Inovel Romero equipo Cuba de voleibol
Foto: Tomada de Volleywood Inovel Romero en el equipo Cuba de voleibol. Foto: Tomada de Volleywood

El voleibol se volvió una obsesión en su vida y esto le llevó a transitar de manera fortuita por las categorías inferiores. Allí siempre tenía la vista encima y la presión de ser “el hijo de Teresa”, pues su mamá es una persona muy respetada en el ámbito deportivo de su natal Ciego de Ávila.

Tuvo la oportunidad de militar en diferentes selecciones nacionales de categorías menores, de las cuales recuerda con agrado un mundial de cadetes y como colofón, cuando fue incluido en la nómina para los Juegos Centroamericanos de 2014. Aunque el tiempo pasaba y el crecimiento de Inovel Romero iba en ascenso, el destino tenía algo distinto planeado para él.

Durante un torneo NORCECA en los Estados Unidos, el joven decidió abandonar la selección. No dejaba ser un hecho llamativo, pues ya se venían dando pasos en el proceso de contratación de atletas por medio de las autoridades deportivas cubanas.

“Fue algo espontáneo, no planeado. Mi mejor amigo en aquel entonces tenía un primo en Puerto Rico -en la actualidad es como mi hermano-, y me dijo en los entrenamientos que dejáramos el equipo y que fuéramos para Puerto Rico, para donde estaba su primo, que nos iba a ayudar a para ir a una universidad y poder jugar allí.

“Le dije que me gustaba la idea, pero tenía que hablar con mami, pues ella tenía un estado avanzado de su enfermedad. No podía irme sin decirle nada, pues capaz y le daba un infarto por mi partida. Ella entendió la situación y me dijo que yo sabía lo que está bien o mal y lo que quería para mi vida. Luego le cuento a mi amigo que iba a avanzar con la decisión de irme, pero entonces me dice que no se iba, que iba a esperar a que empezaron los contratos por Cuba”, cuenta.

Generalmente, este tipo de decisiones se toman en el más absoluto silencio para no malograr la escapada y que no se entere el cuerpo técnico o alguien que pueda impedir la salida. Para sorpresa de Inovel Romero, no solo él tenía la idea de irse aquel día.

“A mi entender, los únicos que sabíamos y que teníamos la decisión, éramos yo y mi mejor amigo. Para mi sorpresa, posteriormente me entero de que no éramos nosotros los únicos que teníamos pensado irnos sino casi todo el equipo, entre ellos Félix Chapman.

Fue entonces cuando Chapman y yo nos fuimos sin pasaporte para la oficina de migración. Luego de un largo día lleno de preguntas, nos orientaron de lo que teníamos que hacer y como no teníamos identificación, nos dieron un papel que nos permitía viajar a Puerto Rico. Allí nos estaban esperando los entrenadores de la universidad pues ya estaba todo cuadrado”, explica.

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En Puerto Rico los esperaba el primo de su mejor amigo quien, junto a un exjugador de baloncesto cubano residente en Puerto Rico, les ayudaría en esos primeros pasos. Aquellos momentos forjaron el inicio de una amistad duradera.

“El primo de mi mejor amigo, el contacto que teníamos allá, nunca nos había visto en persona y no existía nada más allá de esa confianza que te dan las redes sociales. Tampoco conocía mucho a un hombre que me ayudó mucho y que era también de Ciego de Ávila, Enrique Ramos. En el caso de Enrique, lo conocía un poco de vista pues era jugador de los Búfalos Avileños y nuestras madres sí eran más cercanas.

“Yuniesky Ramírez fue quien nos recogió en el aeropuerto y nos llevó a vivir para su casa. Allí estuve aproximadamente dos semanas. Durante ese periodo comencé a acercarme más a Enrique y entablamos amistad, que sigue hasta el día de hoy. Posteriormente, conocí al primo de mi amigo, con el que entablé también una muy buena relación. En la actualidad, nosotros tres somos inseparables y le agradezco a la vida por conocerlos”, afirma.

Ya establecido en la “Isla del Encanto”, Inovel Romero se matriculó como tenía previsto en la Universidad Metropolitana. Con el sueño de graduarse mientas se desempeñaba n su pasión comenzó un camino esperanzador, pero los pesares de ser un emigrante le pasaron factura.

“En agosto de 2015, fue la matrícula en la UMET, pero por el mes de octubre se dan cuenta de que la matrícula estaba mal. Yo tenía una visa de turismo y con esta no podía estudiar en la universidad. La decana en aquel entonces no entendía del proceso migratorio y me canceló la matrícula y eso me dejaba a mí en la calle”, recuerda.

Ante esta difícil situación, el cubano se vio en un país ajeno, sin techo y con sus sueños rotos, pero aparecieron manos amigas que le brindaron ayuda.

“Mi entrenador en aquel entonces, Henry Rivera, comenzó a moverse y hablar con el director para que me dejaran en el apartamento, porque no tenía lugar para ir. Logró convencerlo y entonces comienzan, tanto el entrenador como Enrique, a ayudarme económicamente. Un mes después, el líbero de la universidad me presenta a su familia y esta me lleva a vivir con ellos. El trato de estas personas conmigo fue espectacular. Yo era como un hijo más mientras viví allí. Ellos trabajaban como seguridad y yo, en ocasiones, me iba con ellos a trabajar y así ganaba mi dinero. También trabajé con el entrenador en un campamento de verano”, me comenta.

“Para mí, el dinero que estaba ganando en aquel entonces era una enormidad. Nunca había visto 200 dólares semanales y aunque mucha gente piensa que es poco, mí era mucho. Fue entonces cuando comencé en una discoteca, propiedad de unos cubanos. Yo votaba la basura y limpiaba por las mañanas. En la noche, era como una especie de ayudante: lo que hacía falta en la discoteca, lo hacía”, detalla.

Pese a estar trabajando y tener donde dormir, Inovel Romero necesitaba estabilizar su estatus migratorio en Puerto Rico. Los dueños de la discoteca le explicaron los pasos a seguir para legalizar su situación. La forma para lograrlo era un tanto arriesgada, pero pese a los riesgos, el joven completó el trayecto que, en la actualidad, considera una locura.

“Tenía que ir a la frontera de México con Estados Unidos. Allí saldría por un puente hacia México y luego, ese mismo día, entrar a los Estados Unidos por otro puente. De esta manera, me registraban como que había entrado por México. Gracias a ese beneficio migratorio que tenemos los cubanos, se arreglaba mi estatus migratorio.

voleibolista cubano Inovel Romeo
Foto: cortesía de Inovel Romero Inovel Romero, uno de esos últimos atletas que decidieron dejar detrás sus vidas en la isla para buscar el sueño del profesionalismo, por cuenta propia, tras dejar un equipo en el exterior. Foto: cortesía de Inovel Romero

Ahora me parece una locura. Luego estuve un tiempo en Houston trabajando con mi primo, en la construcción. Después, escribí a la universidad y ellos me aceptaron. Volví a Puerto Rico en febrero de 2016. Me matrícula estaba correcta y en agosto de ese año comienzo la universidad. Ya tenía mi estipendio universitario”, manifiesta.

Con la mayoría de los problemas solucionados, llegó el momento de jugar voleibol nuevamente. Si bien Inovel Romero ya traía consigo la ventaja de haber sido miembro de la selección nacional, el abrirse paso en otro país no sería nada sencillo.

“Cuando llegué a Puerto Rico estuve entrenando con los Mets de Guaynabo. A muchos de esos jugadores los conocía de eventos como el NORCECA. En aquellos tiempos, no podía jugar, solamente entrenar. Enrique era quien me llevaba en auto a esos entrenamientos. Tengo que agradecerle mucho, porque se quedaba hasta que yo terminaba. Cuando arreglé mi situación migratoria, tras un año de estar en Puerto Rico, mi intención era jugar con Mets, pero yo sabía que era un equipazo, ya que la mayoría de sus hombres eran miembros de la selección nacional.

“Entonces, fui a entrenar con Naranjitos, pero cuando iba a empezar la liga, ellos no tenían dinero para pagar el transfer. El entrenador me habló claro y me dijo que tenía que buscarme otro equipo, porque no tenían dinero. Me fui a Torrebaja a entrenar, pero, por alguna razón, el entrenador de allí no quiso firmarme. Llamé a Jesús Echevarría, miembro del cuerpo técnico de Mets. Él se comunicó con los apoderados y me notificó que iba a jugar con ellos”, cuenta.

En ese primer año solamente pudo participar como cambio, pues el equipo estaba bien construido y tan solo abrió como regular en el segundo juego de la final. La experiencia le sirvió para reencontrarse con la pelota y buscar trabajo a nivel profesional. Las del Líbano y Bahréin fueron ligas que vieron el accionar de Inovel Romero antes de regresar a Puerto Rico para lograr un campeonato de ensueño con Mets y consagrarse como MVP.

“Cuando volví a Puerto Rico, para esa liga, sí era titular. Comenzamos ganando el primer juego y, posteriormente, perdimos como seis o siete de manera consecutiva. Pero nos llamamos a capítulo e intentamos levantar el rendimiento para clasificar a playoff. En ese momento nadie quería cruzarse con nosotros porque ya teníamos tres campeonatos seguidos. En semifinales nos cruzamos con Naranjitos, y aunque ese equipo nos había ganado tres veces en serie regular, en el playoff fue distinto y les ganamos. En la final nos batimos con Mayagüez y terminamos llevándonos el campeonato. Allí quedé como el Jugador Más Valioso”, apunta.

El nivel mostrado en aquel evento hizo que varios clubes se fijaran en él y una oferta de trabajo le llegaría desde Egipto. Ya con todo listo, otra vez la mala suerte se hizo presente en la vida de Inovel Romero.

“Tres días antes de salir para cumplir contrato, me robaron del carro mi pasaporte con dinero y mis papeles. Debido a eso, se me cayó el contrato en Egipto. Luego de resolver la situación de mi pasaporte, me fui a unas pruebas en China y las pasé. Al final, aquello tampoco resultó por un problema con mi agente de entonces. Después, me fui a Bahréin y tuve un buen campeonato. Además, competimos en la Copa del Golfo. Allí quedamos segundos y eso me abrió las puertas de Francia”, detalla.

En la nación europea, el cubano se reencontró y compartió con varios compatriotas, algunos de los cuales jugaron con él en La Mayor de las Antillas.

“En Francia volví a ver a compañeros de años atrás, como Liván Osoria, con quien coincidí en la Selección, además de vivir juntos en la Escuela Nacional. También pude ver a Osniel Melgarejo y Roamy Alonso, que iban a la Escuela Nacional a practicar cuando yo estaba allí entonces. En el caso de Herrera, compartimos un concentrado de cadetes. Al resto de los muchachos los fui conociendo en el camino. La experiencia en Francia fue muy linda, un país hermoso y con mucha historia”, afirma.

jugador cubano de voleibol Inovel Romero
Foto: cortesía de Inovel Romero Inovel Romero. Foto: cortesía de Inovel Romero

Inovel lleva años residiendo en Puerto Rico y hasta el acento le hace parecer un boricua más. El amor y el agradecimiento que profesa en sus palabras cada vez que habla de la “Isla del Encanto”, me hace preguntarle que tanto significa ese país para él.

“La gente por la calle sí me ha preguntado sobre mi sentir hacia Puerto Rico, pero nunca he tenido la oportunidad de decirlo en una entrevista. Significa para mí lo más grande. Tuve la oportunidad de vivir 20 años en Cuba y llevo seis años acá. No soy boricua de nacimiento, pero sí sangre y de corazón. En cualquier parte del mundo me identifico como cubano, pero también como puertorriqueño. La calidez de las personas acá es increíble. En los momentos más duros que tuve que enfrentar y ante un problema, ellos se ofrecían para ayudar. En momentos graves, quizás no podían ayudarme con dinero, pero si me traían la compra a la casa, me ayudaban con lo que podían. Estoy eternamente agradecido de eso.

“La familia de mi novia conmigo ha sido intachable y la familia que me ayudó, como si fueran mis padres. Siento que cada vez que llego a un sitio defiendo a Cuba y a Puerto Rico. Si en algún momento la Federación de Puerto Rico decide que puedo jugar con ellos, sin ningún problema usaría la camiseta como un boricua más porque así me siento. No dudaría ni un segundo”, expresa.

Como atleta que abandonó una delegación deportiva, sobre Inovel Romero pesa la dolorosa sanción de 8 años sin poder regresar a la tierra que le vio nacer. Para el año 2023 es que debería finalizar la absurda condena que se cierne sobre él y otros tantos atletas, médicos, etc. 

“En mayo voy para 6 años de haber tomado esta decisión, por la que dejé detrás mi familia, mi barrio, mi tierra. Ha sido bien difícil, pero en Cuba no tenía dinero, solo dos mudas de ropa, dos pares de zapatos y salí a cambiar todo eso. Al principio, cuando estás fuera y eres joven, lo ves como una escuela al campo donde estás albergado. Luego pasan los años y te das cuenta de que el tiempo no pasa tan rápido como la gente cree. En algunos momentos te llega el gorrión y te sientes con ganas de abrazar a tu mamá, a tu familia y no puedes hacerlo”, responde.

“Gracias a dios he tenido en esta Isla un grupo de personas que me han ayudado: Enrique, Mencía, la familia que me tendió la mano, y muchas personas que me han acogido para hacer más llevadero esto. Tuve la oportunidad de ver a mi mamá por dos meses cuando estuve en el Líbano hacer 3 años, pero 2 meses no son suficientes”, añade.

Ante la pregunta de qué hará cuando vuelva a Cuba, responde sin dilación:

“Lo primero que tengo pensado hacer es ir a la tumba de mi abuela, la que me crio cuando mami no estaba en casa. Ella falleció hace algún tiempo y no pude despedirme porque no me dejaron ir”, finaliza con voz entrecortada por la tristeza.

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