El sol de media tarde se desploma sobre La Habana. El calor es sofocante. Saltar al césped habría sido un suplicio de no ser por lo que estaba en juego: Pinar del Río y el equipo capitalino se disputan el pase a la gran final del fútbol cubano.

Joel controla el balón como puede, como le permiten los baches del terreno. Encara, dribla, combina con sus compañeros. Chuta y estremece las redes vueltabajeras en una y hasta dos ocasiones. El árbitro hace sonar su silbato y termina el partido. A pesar del cansancio, de la sed y el ardor en la piel, Joel sonríe. Sonríe por la clasificación, por los goles, porque reír es su estado natural.

De las gradas semivacías desciende un señor delgado, de melena blanquecina y pintas foráneas. El mismísimo César Luis Menotti —que por aquellos días se encontraba en la Isla— había presenciado el encuentro. Una vez en el césped, saluda a los jugadores y dedica unos minutos a charlar con ellos. El entrenador argentino lo tiene claro: Joel Apezteguía y los hermanos Colomé fueron los mejores del partido. Así lo señala frente a directivos, entrenadores y futbolistas.

Las pupilas de un genio de los banquillos pocas veces se equivocan. Años más tarde, Jaime Colomé marcaría una época en la selección cubana y Joel —apartado de esta posibilidad en su condición de emigrante— estaría a punto de convertirse en el primer cubano en disputar la UEFA Champions League, justo a sus 36 años.

La historia de Joel Apezteguía se asemeja más a la de un corredor de tres mil metros con obstáculos que a la de un futbolista. El delantero cubano ha tenido que atravesar el Atlántico, escurrirse entre las alambradas de una frontera y dormir en el suelo de un apartamento vacío en busca de esa felicidad que solo puede darle el fútbol. Es una historia de sacrificio, por más que parezca un cliché; una historia que encuentra sus inicios en el habanero municipio de Plaza de la Revolución.

“Mi entrenador era mi padre —recuerda Joel—. Él me entrenó desde pequeño y después fue el entrenador de Plaza en algún momento. Tener un padre entrenador para muchos es difícil, porque siempre hay quien piensa que estás ahí por él. Pero para mí siempre fue un orgullo. Me entrenaba en casa, me entrenaba con el equipo y eso me ayudó mucho”.

“Mientras jugaba con el equipo Plaza, me llamaron para las preselecciones de las categorías inferiores de Ciudad de la Habana. Allí jugué con Jensy Muñoz, “El Pulla” y todos esos futbolistas de mi año. Luego pasé para la academia, donde tuve a “Fiti” como entrenador y me enseñó muchísimo. Por todos los lugares que he pasado, los entrenadores me han enseñado mucho.

Llevamos tanto tiempo escuchando sobre tu paso por Europa que algunos no conocen que jugaste en Cuba hasta los 24 años. ¿Cómo llegas a la Liga Nacional?

Estando en la academia debuté con Industriales. Tenía unos 17 años y marqué seis o siete goles en el Campeonato Nacional. Ahí me vio Francisco Fariñas y me llamó para el Ciudad Habana. Yo sabía que allí era difícil jugar titular; aún estaban Bobadilla, Roldán, Elejalde. Pero decidí aceptar porque estaba seguro de que aprendería mucho de ellos y de Fariñas, que ha sido uno de los mejores jugadores que ha tenido la selección cubana.

Los Campeonatos Nacionales fueron experiencias muy bonitas, las disfruté, conocí todas las provincias. Me encantó, de verdad me encantó jugar en Cuba. Lástima que las condiciones no eran las mejores. Pero uno se adapta y sigue para adelante.

¿Tienes alguna anécdota de tu paso por los Campeonatos Nacionales que recuerdes con un cariño especial?

Una de las experiencias más bonitas que viví ocurrió durante una eliminatoria contra Pinar del Río. Recuerdo que el entrenador era “Mingo”, el hermano de Luis Hernández. Esa tarde marqué dos goles. Yo sabía que César Luis Menotti en ese momento estaba en el país, pero no sabía que estaba en la tribuna.

Al final del partido bajó al terreno de juego y elogió el trabajo mío y el de los hermanos Colomé. Dijo que habíamos sido los mejores del encuentro. Viniendo de alguien que fue entrenador de Maradona y de una selección Argentina campeona del mundo, para mí fue un orgullo tremendo. Algo único en mi carrera.

Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine

Te marchas de Cuba por una situación familiar. ¿En ese momento pensaste que se había acabado el fútbol o partiste con la idea de seguir jugando?

Sí. Yo salí del país por problemas familiares. Mi padre en ese momento me necesitaba a su lado pero siempre tuve en mi mente que iba allí a jugar al fútbol. Tuve que ayudarlo en una cafetería que tenía en Galicia, pero siempre se lo dije: “yo voy a irme contigo, pero voy con la esperanza de poder jugar a nivel profesional”.

Él me decía que ya era bastante grande para empezar en España. Allí es muy difícil llegar al fútbol profesional con 24 años. Pero le puse todo mi ímpetu, todo mi esfuerzo, todo mi empeño y gracias a Dios tuve la oportunidad de jugar en Tercera División y marcar goles. Esto me abrió muchas puertas. Enseguida algunas personas se pusieron en contacto conmigo y empezaron las propuestas para irme al extranjero; porque en España es sumamente difícil llegar a primera división con 24 años.

Por suerte, en los últimos años se ha ido derribando ese viejo estigma de que los cubanos no saben jugar al fútbol. Pero —en la época en que emigraste tú— esta creencia estaba mucho más arraigada. ¿Alguna vez te has visto afectado por esto?

Para serte sincero, a veces algunas personas me lo dicen. Se preguntan cómo es posible que siendo cubano juegue al fútbol, piensan que allá solo se juega béisbol. Yo les explico que los cubanos también tenemos talento. Y gracias a que hemos tenido la oportunidad de ver La Liga de España, donde hay equipos que tocan mucho la pelota, tratamos de copiar un poco ese estilo de juego. Además, somos rápidos, que es lo que caracteriza al futbolista cubano. Siempre tenemos jugadores bastante rápidos arriba.

Hay jugadores con talento en Cuba. Yo se lo digo tranquilamente a todo el que me dice eso. Pero para serte sincero, aquí la gente respeta mucho mi trabajo porque saben que vengo desde abajo, que he pasado cosas muy difíciles, que he tenido que cruzar un océano de ocho mil kilómetros para poder jugar en Europa, que aún estoy aquí y sigo jugando. La gente me apoya y me valora mucho por eso.

Me dices que has vivido situaciones difíciles. ¿Puedes relatar alguna?

Son muchas anécdotas que me han servido como experiencia porque me han hecho más hombre, me han convertido en mejor persona, me han hecho más humilde. Cuando fui a jugar a Moldavia, sabía que era un país pobre, pero esto no me importó. Tuve que dormir solo en una casa, tirado en el suelo con una colchoneta; porque al ir a prueba, el equipo no me podía pagar una habitación.

Mi representante tenía esa casa que estaba en construcción, aún no tenía las mejores condiciones. Le dije que no me importaba, que solo quería jugar al fútbol; me sacrificaba y dormía donde tuviera que dormir. Después de una noche en el piso tuve que asistir a los entrenamientos, jugar un partido. Incluso así seguí marcando goles, marcando la diferencia y me quedé ahí en Moldavia. Estas son cosas que la gente no sabía. Lo sabía mi esposa, mi familia.

También, una vez, tuve que cruzar una frontera con un jugador brasileño y una persona del club que no conocíamos. Era un señor que medía cerca de 1.90, una bestia. Cruzamos un lugar desierto lleno de nieve, caminamos muchísimos kilómetros y llegamos a las cuatro de la mañana. Yo le decía al brasileño que dejara que ese señor fuera adelante, porque uno nunca sabe qué se puede encontrar en este mundo.

En la frontera tuvimos que traspasar una cerca que estaba en un río. Del otro lado, nos estaba esperando un auto para llevarnos a Ucrania. Allí nos recogió el bus, que pasaba por la frontera con normalidad. Después de hacer toda la preparación en Ucrania, para regresar, tuvimos que hacer la misma operación con la misma persona.

¿Sentiste miedo?

No tuve miedo de morir. Sentí miedo porque había dejado mi familia en Cuba y mi mamá no sabía nada. Tuve miedo de que le dijeran que a su hijo le había pasado cualquier cosa y no habían podido encontrar el cuerpo. Fue una experiencia bastante fuerte.

Tras pasar por varios clubes del fútbol italiano llegas a la Liga de San Marino, un campeonato bastante exótico. ¿Qué puedes decir sobre el fútbol que se practica allí?

Llegar a la primera división de San Marino ha sido algo bonito, especial. El fútbol que se juega aquí es un fútbol en el que te diviertes y aprendes mucho al mismo tiempo, porque vienen jugadores que ya no pueden jugar en las primeras divisiones de Italia y aquí les dan la oportunidad. Es algo lindísimo, porque te encuentras con futbolistas que jamás pensabas encontrarte. Compartes vestuario con ellos, son humildes, te ayudan, te aconsejan.

Algunos me han preguntado cómo es posible que yo esté jugando aquí. Me dicen que podría jugar en otras ligas. Pero bueno, aquí me siento bien, me pagan bien y tengo la oportunidad de optar por puestos europeos.

Contrario a lo que normalmente sucede en el fútbol, tus mayores los logros, tu explosión, ha llegado después de los treinta años. ¿A qué crees que se deba esto?

Así es. Mi explosión llegó después de los treinta. Pienso que eso se debe a la experiencia que he adquirido como jugador, a la fe que he tenido en Dios y en mí mismo, a la convicción de que podía llegar por encima de los que me decían que ya estaba viejo. Con fe y dedicación se logran todos los objetivos que uno quiera.

Y es cierto que he tenido experiencias espectaculares. El año pasado tuve la oportunidad de jugar la Europa League, que es algo impresionante. Es una experiencia que deseo le suceda a todos el que juegue al fútbol. Es algo único. Tuve la oportunidad de compartir vestuario y jugar junto a un campeón del mundo como Christian Zaccardo. Son cosas que quizá soñaba, pero nunca creí que llegaran a suceder.

Otro de esos logros —quizá el mayor— pudiera concretarse el próximo día 8 de agosto. Si finalmente saltas al campo, te convertirías en el primer cubano en disputar la UEFA Champions League. ¿Cómo valoras esto?

Es una oportunidad única que la vida me ha dado. Es un sueño que tenía de pequeño. Nunca pensé que lo lograría porque es algo casi imposible, aunque para Dios no hay nada imposible. Estoy muy agradecido por todas las cosas que me están sucediendo y esto para mí es algo especial. Es como agarrar un sueño y llevarlo a la realidad.

Porque uno espera debutar, jugar en ligas profesionales, pero jugar una Champions League es algo especialmente único. De niño veía la Champions por televisión y ahora podré jugarla, aunque sea en una fase preliminar. Espero disfrutarla, jugarla de titular y dar el máximo. Quiero estar bien físicamente para demostrar que Cuba tiene jugadores con talento.

A pesar de estos logros, has hecho toda tu carrera apartado de la selección de tu país, una realidad que has intentado cambiar en varias ocasiones. Incluso, llegaste a viajar a La Habana para reunirte con la dirección del fútbol en Cuba. ¿Cómo vives esta situación? 

Siempre he querido jugar por mi país. El sueño más grande que puede tener un futbolista cubano es dar la vida por esa camiseta. La mayor ilusión de un niño es llegar a vestir la chamarreta de las cuatro letras. Pero estas son cosas que no dependen de mí. Uno hace lo que puede en el terreno de juego, después hace las cosas burocráticas, presenta todos los documentos para poder representar a su país. Y de ahí en lo adelante depende de ellos aceptarte o no.

Yo sigo teniendo fe. En algún momento las cosas cambiarán y permitirán jugar con la selección a los jugadores que viven fuera. Yo sé que ya tengo 36 años. Si no me dan la oportunidad, espero que se la den a todos esos muchachos que tienen las mismas intenciones que yo y el derecho de representar a su país.

Pero sobre todo, por el hecho de poder ayudar a esos muchachos que están en Cuba. Porque, incluso, los que están fuera pueden ayudarles a conseguir contratos en sus propios equipos. Como me han dicho varias personas cuando ven a la selección nacional perder por seis o siete goles: “eso asusta a los clubes”. Luego, cuando les proponen contratar a un jugador cubano, te dicen que no. Es complicado así. Pero yo espero que cambien las cosas y nos den la oportunidad de ayudar al fútbol cubano. No seremos campeones del mundo pero ayudaremos a mejorar la imagen de la selección.

Según tu experiencia, ¿hasta qué punto crees posible que los futbolistas cubanos puedan triunfar en Europa?

Te soy sincero. Yo creo que no se trata de si eres cubano, chileno o japonés. Se trata de talento. El que le ponga dedicación, se entrene bien y desarrolle su talento puede llegar a donde quiera. Porque yo nunca me imaginé jugar en la primera división de Albania, y me considero un jugador normal, no me considero un fenómeno. Soy un jugador normal, rápido y que marca goles. Y pienso que si yo lo he hecho ¿por qué los demás no lo pueden hacer?

Creo que el jugador cubano, con la fuerza y la velocidad que tiene, más el talento que pueda tener, sí podría triunfar acá. El talento está. Si les dieran la oportunidad de jugar fuera podrían llegar a donde deseen. Por ejemplo, yo vi jugar a Manuel Bobadilla, Micky Gándara, Freddy Herrera; y creo que podían haber jugado tranquilamente en primera división de España o Inglaterra. Tenían el talento para hacerlo. Por supuesto, necesitaban un poco más de entrenamiento, de condiciones.

Has vivido el fútbol en dos contextos muy diferentes, el cubano y el europeo. ¿Qué debe cambiar el fútbol cubano para acercarse más a las dinámicas del fútbol moderno?

En mi opinión, lo primero que deben cambiar son los terrenos. Hay que mejorar los terrenos para que el fútbol también mejore. Así hay menos lesiones y el fútbol es más bonito. El terreno es una de las cosas fundamentales del fútbol. Si el terreno no está en buenas condiciones el fútbol deja de ser un arte. Cuando jugaba en Cuba, las condiciones de algunos campos no eran las mejores, eran prácticamente de tierra y no se podían controlar las pelotas.

También ayudaría mucho mejorar los materiales de trabajo. Los porteros deben tener sus máquinas de tirar pelotas, los jugadores deben tener sus botines, sus camisetas de entrenamiento. Eso sería un estímulo para el futbolista a la hora de entrenar o jugar.

Por ejemplo, cuando vengo a los entrenamientos aquí, lo hago motivado. Porque sé que me van a dar la camiseta de entrenamiento, que la ropa me la lavan ellos, sé que voy a entrenar con el mejor calzado, que todos los balones son nuevos y tienen la misma medida de aire. Y si tengo que hacerlo sin esas condiciones, lo hago; pero esos son pequeños detalles que hacen grande el entrenamiento.

Si mejoran los terrenos, las condiciones de vestimenta y material deportivo, estoy seguro de que nuestro fútbol mejora, porque talento tenemos.

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