Jorge Fernández recuerda, claramente, cuando vio por primera vez a un niño llamado Dayán Viciedo, quien llegaría a convertirse en pelotero de Grandes Ligas y después en estrella del béisbol japonés. Tenía apenas unos cinco años aquel muchachito y él, entrenador ya de experiencia, alucinaba con las condiciones del niño.

Chupeta, como le conocen, tiene 75 años pero sigue entrenando con la misma pasión que cuando se topó con Viciedo, hace más de 20 años atrás. Por sus manos, calcula, han pasado decenas de atletas de Series Nacionales, integrantes de equipos Cuba y también exgrandes ligas como Viciedo o Jorge Luis Toca.

Fernández ha sentido el amor de los peloteros que lo han llamado “padre”, pero también en carne propia el dolor de ser apartado por su edad, pese a que nunca para de prepararse ni de aprender de otras ligas. Menos, de enseñar a los niños, su gran pasión.

“Me excluyeron de la EPEF donde fungía como profesor porque, según alegan, no estoy en edad laboral. ¿De qué ha valido todo si cuando puedes ofertar te limitan?”, pregunta Chupeta.

Pese a los desplantes, Jorge Fernández va a seguir hasta que pueda en un terreno de pelota, porque le ·hace falta enseñar pelota para respirar”.

Los inicios del niño que llegaría a entrenar futuros Grandes Ligas

Con el primer entrenador que hubo en Remedios comencé, desde muy niño, a jugar pelota. Fue Joaquín García, El Buque, quien me llevó a los terrenos. Jugué en las categorías escolares y los juveniles hasta que caí en el servicio militar. Después, continué en el béisbol en la antigua provincial Las Villas, aunque nunca logré hacer ninguno de esos equipos.

Me gustaba ayudar al Buque como coach. Fui auxiliar suyo, incluso, en el último campeonato antes de la división política administrativa que se jugó en el Sandino, se enfermó y yo dirigí el conjunto.

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El Buque había jugado en el profesionalismo y por allá por el año 1963 lo asignaron de entrenador en Remedios. Él no era graduado de escuela, pero sí tenía muchos conocimientos de pelota, además de las condiciones para trabajar. Me motivaba ayudarlo. Cuando la provincia se dividió en tres, me probé con 18 o 19 añitos. Empecé a inclinarme para ser entrenador.

A partir de ahí me contrataron como profesor de Educación Física en una escuela especial. Lo que más hacía era jugar pelota con ellos. Fui muy serio desde joven en el trabajo y eso me dio la posibilidad de dirigir el sector de deportes en Camajuaní hasta que me pasan a la región Caibarién y más tarde para Remedios, donde pedí laborar en el terreno.

¿Cómo eran las condiciones para el trabajo con los atletas en aquellos años?

Había mucho entusiasmo. Era difícil ver a un equipo sin uniformes. Las competencias tenían buen nivel de aceptación. Muy buenas meriendas y comidas en general. Los implementos no faltaban, ni pelotas, ni guantes.

Cada temporada se sacaban los mejores alumnos atletas por categoría y a los elencos campeones se les organizaban fiestas y actividades. Las notas de la educación física la evaluábamos nosotros.

Los directores de escuelas decían que la mayoría de los atletas eran malos estudiantes y yo rebatía aquello y lo demostré. Tuve equipos con muy buenos resultados ganando campeonatos escolares. Actualmente, son médicos, abogados, licenciados e ingenieros. Mi premisa era no solo enseñar pelota, sino también educar con formación de valores.

Ahora la calidad se ha perdido. Antes había más interés y el amor por la camiseta era mayor. Dolía perder y entiendo que no era la época actual en cuanto a la logística. Los entrenadores estaban mucho más formados en todos los sentidos. No se veían tantas faltas de respeto ni discusiones con árbitros como ahora.

Descubriendo a Dayán Viciedo y formando futuros profesionales

En aquel entonces la calidad se imponía. A la EIDE, era muy difícil que entrara un alumno sin las condiciones requeridas. Cuando alguno no quería estar en ese centro, el comisionado provincial nos presionaba para que hiciéramos fuerza por el talento. Un gran porciento se formaba y daba fruto en las categorías mayores.

Recuerdo caso como el caso de Yeniet Pérez [pelotero de Series Nacionales] que no quería ir porque estaba en una ESBEC (Escuela secundaria básica en el campo). Pero busqué la forma para que una guagua lo llevara a Santa Clara. De esa manera, y con su esfuerzo, se hizo pelotero.

¿Cómo fue la primera vez que vio a Dayán Viciedo?

Con Dayán Viciedo me ocurrió algo curioso. Me dice mi hijo que por su zona había un muchacho que tiraba duro la pelota. Fui a verlo, pero no era Dayán, sino Yan Marcos, su primo. Ese día no tenía a nadie para que le cogiera bolas y, entonces, apareció Viciedo. Empezó a recibirle y yo pensaba que era de más edad, pero solo tenía cinco años. Yo no lo creía. Lo comenté después con los entrenadores. Al día siguiente, Dayán fue al área y todo el mundo se asombró.

El primer curso que se presentó lo llevamos a la provincial de la categoría 7 y 8 años, cuando solo tenía seis años, como pícher. Entonces, se jugaba cinco innings y él ponchó a los quince a quienes se enfrentó. A partir de ahí, se empezó a conocer a Dayán Viciedo. Jugó las demás categorías hasta que dio su primer jonrón en 11 y 12 en un estadio de hombres y comenzó en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE): fue sensacional en todas las categorías.

¿Qué otros peloteros famosos tienen la ‘marca’ de Jorge Fernández?

Tengo una anécdota con Jorge Luis Toca [pelotero que jugó en Grandes Ligas]. Podían haberme dicho que era indisciplinado, pero lo sacaron de la EIDE por baja calidad. Eso yo no lo concebía. Siguió entrenando con nosotros en Remedios y al otro año, acabó en la provincial hasta con jonrones. Tenía 15 años y lo llevaron a la nacional. Después, inconcebiblemente, tampoco lo llevaron para la academia.

Hablé con el Galleguito Sánchez que comenzaba en la cátedra de béisbol provincial y desde que vio a Toca, me dijo que estaba por encima de todos los que tenían ellos. Ese primer curso hizo la preselección del Cuba y al otro año el equipo: fue la segunda base del todos estrellas del torneo.

Recuerdo también, a fines de la década de los sesenta, cuando conocí a Lourdes Gourriel, cuando yo venía de coach en una categoría escolar ayudando a un equipo de Meneses. Lo veo jugando y hablo con el entrenador de Yaguajay. Entonces, lo captaron para la EIDE de Sancti Spíritus. Él hizo equipo Azucareros, que era el segundo equipo.

Estuve sacando la cuenta con una investigación que hice: setenta y dos hombres pasaron por mis manos y llegaron a centros de alto rendimiento. De estos, 32 integran equipos de Villa Clara, 6 fueron a selecciones nacionales y a ligas foráneas. Hay casos como los de Yordanis Linares, en México, o Dayán Viciedo, que jugó en Grandes Ligas y está en Japón. También, Jorge Luis Toca, quien que jugó en la MLB: todos pasaron por mis enseñanzas desde niños.

Dirigí primera categoría por compromisos con el INDER, pero lo mío es la enseñanza de los niños. Te los ganas y cuando siembras amor, es para toda la vida. Con los padres es igual y los mejores regalos son mensajes de felicitaciones y afectos. De los que han sido alumnos de pelota, algunos ya hasta son abuelos.

Pero, Jorge Fernández también entrenó en otros países.

En el año 1993 eran pocos los técnicos que salían a prestar servicios en el extranjero y en Brasil comenzaba la práctica del béisbol. Allá tuve todas las condiciones para entrenar, como máquinas de bateo y enseñaba a los muchachos a batear a las dos manos.

Lo que pedíamos nos lo daban. Yo tenía un niño que jugaba center field que tenía poco peso corporal y hasta trajeron un médico para ponerle una dieta. Yo tenía en el club 23 bates que no toqué en todo un curso porque los muchachos venían cada uno con dos bates propios. Imaginaba aquello con muchachitos de Cuba y el resultado hubiera sido el doble. Era muy fácil con esos recursos con relación aquí, pues en Cuba trabajamos con 5 o 6 peloticas.

Después, serví de chequeador y los brasileños empezaron a tener nivel en el área, al punto de ganar un panamericano 13 y 14 y más tarde, el campeonato mundial 15 y 16 con un técnico cubano de director. Yo discutí el campeonato escolar nacional de Brasil.

También estuve en Venezuela.

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Las satisfacciones e insatisfacciones de un formador de talentos

A uno le satisfacen los gestos de los peloteros cuando ya son adultos. No pudo olvidar en un reconocimiento que me hicieron en el estadio de Remedios, cuando fueron campeones por primera vez, que estaban varios miembros del equipo Villa Clara. Cuando me daban la mano, Yeniet Pérez salió y manifestó en público: “¡este es el padre de todos nosotros!”.

También recuerdo cuando Robelio Carrillo vino de un mundial juvenil y habían orientado hacerle una cena a la familia. Cuando vio la relación, me puso a mí, pero le dijeron que yo no era familia. Él les dijo a los funcionarios que si yo no iba no quería la cena, y era apenas un jovencito casi inmaduro. Esas cosas no se olvidan.

Pero todo no ha sido bueno, también he sufrido humillaciones y desprecios. Tal vez, por aquellos que más tenían que agradecer. Después de convertirme en activista, tras mi jubilación, fui dos o tres veces vanguardia nacional. Me invitaban a los actos provinciales y nacionales, sin embargo, no me invitaban a los municipales.

Lo que he hecho es trabajar, y con amor. Al salir del INDER no me quisieron contratar como entrenador y, sin embargo, me contratan en Educación. Voy a hablar claro: a mí me hace falta enseñar pelota para respirar. Me cedieron un espacio para hacer un terrenito. Menos el INDER, varios organismos me ayudaron y conformé con una matrícula independiente un proyecto llamado “Los cubanitos”. Es uno de los logros más grandes que he tenido, con donaciones y apoyo.  Siendo trabajador de Educación le dedicaba y todavía le dedico todas las tardes.

Llegué a ser el mejor activista de Cuba durante cuatro años consecutivos. Por parte del directivo del organismo deportivo municipal en esa época recibí agresiones físicas por manifestarme públicamente y ante la prensa con la verdad que les he contado.

Sabemos que se necesita apoyar al béisbol y no se aprovecha la experiencia y el conocimiento de forma suficiente. Me ha dolido mucho ver que no valoran el sacrifico, la preparación de años y los aportes. Recientemente, me excluyeron de la Escuela de Profesores de Educación Física (EPEF) donde fungía como profesor porque, alegan, no estoy en edad laboral. ¿De qué ha valido todo si cuando puedes te limitan?

Los que sentimos amor y nos esforzamos, podemos seguir enseñando en la base. A mí me apartan, pero yo sigo. Hablan de idoneidad y realmente no seleccionan al verdadero idóneo.

¿Cómo ve la base actual del béisbol cubano alguien que ha trabajo en esta toda su vida?

El béisbol ha tenido mucha merma. No hay el amor a la profesión que existía. Yo sufría mucho cuando Remedios en la primera categoría perdía y veía a otros equipos que lograban resultados. Me propuse formar muchachos con calidad y que años después hicieran lo mismo.

Yo tengo 75 años y todavía me actualizo con entrenamientos de otras ligas y me supero por varias vías. Hay que sacrificarse porque ser entrenador lleva amor por lo que haces y eso se ha perdido, eso no existe casi ya. Todavía participo en pedagogía internacional y Afide, además de fórum de ciencia y técnica para tratar de que se desarrolle la pelota cubana.

Entiendo que hay poco estímulo. Ganan un campeonato y es igual a si no lo ganaras. Muchos técnicos optan por ir a cumplir y no ir a ganar. A veces, los equipos no saben ni jugar el béisbol, dan pena.

Da más trabajo para los entrenadores tener siete peloteritos en una preselección de la provincia, porque tienen que llevarlos, que no tener ninguno porque entonces se ahorran el tiempo para no ir. El salario es el mismo, promuevas o no atletas para el alto rendimiento, ganes o no campeonatos.

Para ir a una competencia, la mayoría de las veces es por gestiones de los padres con los entrenadores. Ves equipos vestidos y otros sin trajes. Para los topes, unos padres ponen la merienda una semana y la otra la ponen los del otro equipito. Dicen en el INDER que no hay presupuesto para esos torneos y topes con niños, solo para competencias provinciales que están programadas.

No hay implementos y también se juega muy poco. Aquí en Villa Clara, el año pasado no compitió el 9 y 10, tampoco el 13 y 15 ni el juvenil, solo las pequeñas ligas. Sin competencia no puede haber desarrollo. Se frustra el futuro. Hay problemas económicos, pero se pudiera hacer más. Todo se le achaca a los recursos, pero la base es la semilla del fruto. Hay calidad en la base, pero se pierde en el transcurso de las demás categorías.

El béisbol en Cuba está mal. El éxodo influye mucho, hasta los escolares se están yendo. Cada vez que hay un atleta de calidad lo están esperando. Se van los de pequeñas ligas. Está claro, los padres buscan que se desarrollen los hijos. Los equipos en las provincias se quedan con las terceras o cuartas figuras.

Antes se jugaba hasta por las noches. Se veían deficiencias y las corregíamos en las mañanas. ¿Ahora cuando las corrigen? A las 10 empiezan a jugar en las series. No hay tiempo para corregir los problemas técnicos durante la competencia. ¿Los que no son titulares a qué hora entrenan? Realmente no hay una preparación profesional.

¿Cuándo dejará Jorge Fernández el béisbol?

Siempre he dicho que me moriré en un terreno de pelota. Lo que me hace respirar es estar con los muchachos. Correr con ellos, lanzar, verlos reír, darles un abrazo. Yo digo que los niños cubanos nacen siendo peloteros y sentirlos en un terreno, siendo ellos de prescolar y primer grado, haciendo cosas increíbles, me fascina.

Soy hijo ilustre de Remedios, gracias a mi vida laboral. Uno sufre desprecios y humillaciones, pero cuando sientes los aplausos por varios minutos de mucha gente te demuestra cuánto te quiere el pueblo y eso da fuerza para seguir.

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Imagen cortesía de Roberto Santiago