El cubano Jorge Moisés Campos llegó al tenis de mesa de casualidad sin pensar que, un día, competiría en unos Juegos Olímpicos. Todo ocurrió en una ocasión, mientras recorría las instalaciones de la Escuela de Iniciación Deportiva “José Martí”.

Fruto de una familia de atletas, matriculó en la EIDE sin un deporte fijo a los ocho años. Antes, por aquellos pasillos transitaron también su mamá y sus tíos, todos en la especialidad de atletismo. No es de extrañar entonces que el pequeño se decantara por una escuela de este tipo.

Realmente, lo que le gustaba a Jorge Moisés Campos era el béisbol, pero debido a situaciones familiares vio imposibilitada su carrera como pelotero. La separación temprana de sus padres significó un sacrifico extra que fue asumido por su progenitora, quien también recibió apoyo de sus familiares más allegados para enrumbar así la crianza del muchacho.

“La profesora de tenis de mesa vio cualidades en mí -dice- los entrenamientos transcurrieron de forma progresiva y pasados alrededor de seis meses fue que comencé a tirar bolas sobre la mesa. En ese mismo año participé en unos juegos provinciales y obtuve un meritorio noveno lugar”.

El tenis de mesa, y el deporte en sí, significaron para Jorge Moisés Campos el descubrimiento de los valores más nobles de un ser humano: el compañerismo, la amistad y el trabajo en equipo.

“La práctica continua de esta disciplina me enamoró a tal punto que solo pensaba en eso, a la par de obtener los resultados que esperaba”, recordó.

Sin embargo, en sus escasos ratos libres incursionaba en el deporte de las bolas y los strikes. “Allí destacaba bastante, digamos que era un sueño de niño que no puede llegar a cumplir. Pero, hoy en día, me siento orgulloso de hacer historia en deporte”, cuenta.

En la génesis de su trayectoria como atleta transitó, casi en su totalidad, por la llamada pirámide del alto rendimiento, a excepción de la desaparecida Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético, pues sus resultados en la arena internacional resultaron un aval más que suficiente. Con 13 años comenzó a entrenar en la Selección Nacional Juvenil. Un claro avance que lo que vendría después.

“Nunca imaginé alcanzar ese punto tan joven, simplemente participé en los Juegos Escolares y traté siempre de conseguir los mejores resultados”, explica.

En esa categoría, Jorge Moisés Campos pasó dos años consecutivos sin conocer la derrota y acumuló cinco medallas de oros. En otros años, igualmente se colgó varios metales áureos y poco a poco comenzó a llamar la atención para empeños mayores.

Llegar al equipo nacional devino una experiencia extraordinaria para él. “Cuando comencé había muchos talentos y para la etapa de captación se tenían en cuenta los resultados, pero también se tenían en cuenta las capacidades detectadas por los entrenadores. Una vez cumplido ese objetivo participé en otros eventos juveniles y llegaron más medallas, pero todo este proceso en Cuba no es nada fácil”. 

Para no pocos entendidos, el ping pong constituye una de las disciplinas deportivas más complicadas.

“Lo primero que hay que tener es conocimientos sobre este deporte. Después, imprimirle el sacrificio que significa dedicarse a esta actividad. Hay que amarlo, vivirlo, por la dificultad que tiene, pero por su belleza también. En él suceden cosas inesperadas, en fracciones de segundos puedes perder un partido que estabas ganando y viceversa. Se hace necesario pensar rápido”, afirma.

Su palmarés incluye varios resultados sobresalientes desde las categorías escolares hasta alcanzar la élite. En Cuba dio muestras de un talento exquisito y fuera de nuestras fronteras exhibió sus dotes más de una vez. Obtuvo una beca en Suecia, en el 2010, por ser el único atleta cubano juvenil campeón latinoamericano en la categoría de más de 20 años.

“En el año 2011, junto a Andy Pereira y Pavel Otamendi, alcanzamos la presea de bronce por equipos en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Posteriormente, participé con Andy en los mundiales de los años 2011, 2012 y 2013. En 2014 fuimos bronce en los Centroamericanos de Veracruz por equipo y en 2016 tuve mi más grata experiencia hasta ese momento: participar en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016”, recuerda.

Durante la cita más reciente del deporte en el área, Barranquilla 2018, pudieron coronarse campeones en doble y por equipos. Además, a nivel individual se colgó al cuello una presea de bronce en tierras colombianas.

Hace apenas unos meses logró el boleto a la cita bajo los cinco aros que se celebró en la capital japonesa, Tokio, durante el clasificatorio latinoamericano en Rosario, Argentina. Para la cita estival, Jorge Moisés Campos se clasificó en doble mixto, junto a su compatriota Daniela Fonseca.

Tenista de mesa Jorge Moisés Campos
Foto: Hansel Leyva El cubano Jorge Moisés Campos llegó al tenis de mesa de casualidad sin pensar que, un día, competiría en unos Juegos Olímpicos. Foto: Hansel Leyva

Tras caer a nivel individual, unió raqueta junto a la estelar tenista de mesa para agenciarse una plaza a los Juegos Olímpicos. A raíz de la competencia, escribió en su cuenta personal de la red social Facebook: “Les seré sincero, el día de la derrota me decepcioné de mí mismo. Quizás fui muy duro conmigo, más sin embargo hoy estoy sumamente feliz por haber alcanzado el objetivo”.   

Aunque no estuvo en la modalidad individual debido a detalles técnicos que faltaron por mejorar en el torneo, según él mismo reconoce “la preparación sí fue muy buena. Lo logramos en el mixto, a mi consideración muy merecido porque jugamos precisos y después de tanto tiempo de no haber jugado un mixto, los considero un resultado loable”.

“La relación con mis compañeros en el equipo nacional son las mejores, nos consideramos familia. Paso más tiempo con ellos que con mis seres querido. Tenemos muchas anécdotas, han sido muchas las alegrías y tristezas vividas. Siempre tratamos de ayudarnos porque sabemos que todo es por un bien común, que es el tenis de mesa cubano”, dice.

“En los momentos difíciles hemos sabido anteponernos ante cada situación adversa, acogiéndonos a ese lema de hacer más con menos. Así ha sido toda mi vida deportiva, tratando de enfrentarme a cada obstáculo, entrenando todo el tiempo en Cuba, luego luchar por una clasificación internacional y lograrlo”, afirma.  

Al tomarle el pulso a esta disciplina en Cuba, reconoció que se encuentra en buena posición, tiene un buen rendimiento y desde hace unos años, ha ganado reconocimiento.

“Hemos logrado colocarlo en los medios de comunicación, que han permitido a la afición estar pendiente a nuestros resultados. Cuando me ven en la calle me preguntan cómo marcha mi preparación, qué es lo siguiente que haremos y eso nos permite reconocer que el tenis de mesa cubano ha obtenido un poco de fama en el país”, cuenta.

Jorge Moisés Campos se desempeña a nivel profesional, en la primera división de Italia. La distancia, el poco contacto con sus familiares y amigos, son difíciles para él. “Estar en otro país es un reto que todo atleta de alto rendimiento debe asumir si quiere llegar a ser de los mejores y tener buenos resultados a nivel internacional”.

“Por supuesto que es difícil, uno no se acostumbra y principalmente cuando ya no se es tan joven y se da cuenta de que existen cosas igual de importantes que el deporte en nuestras vidas, pero yo trato de adaptarme”, dice.

Cuando está sin actividad deportiva pretende descansar lo más que pueda, pues el entrenamiento le exige dos sesiones y, a veces, hasta tres por día. Gusta de los videojuegos, escuchar música o salir a caminar. “Cuando estoy en Cuba siempre trato entrenar lo que más pueda y pasar el tiempo con mi mamá, mis abuelas y mis tíos.” 

“Vengo de la Habana Vieja donde los edificios estén bastante deteriorados y recientemente he tenido problemas con mi vivienda, pero sigo luchando por mí, mi mamá y mi familia. Ante las adversidades, uno lucha y lucha. Si no se logra, pues uno sigue luchando hasta que se consiga el objetivo”, concluye Jorge Moisés Campos.

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