Leonel Suárez lo dio todo por el deporte cubano, encumbró el decatlón de la isla a planos mundiales y, sin embargo, su intento de llegar a unos cuartos y meritorios Juegos Olímpicos en una disciplina tan compleja se ve frustrado por lo que, a simple vista, se antoja una excesiva sanción.  

Ya no es aquel extraclase que peleaba contra los representantes estadounidenses y otros grandes decatlonistas de tú por tú, pero su sueño olímpico no mereció ser soslayado, cuando razones familiares de peso mayor lo llevaron a infringir una normativa de las autoridades deportivas que, al parecer, decidieron aplicar todo el peso de la ley contra él.

“Tuve la urgencia de viajar a México, para auxiliar a mi hija menor de edad (siete años), que vive en ese país y traerla a Cuba. Aproveché un vuelo humanitario, solo se lo dije a mi entrenador y no pedí permiso a los funcionarios facultados para dejarme viajar. Por eso me sancionaron a descender a una estructura deportiva inferior (provincia) a la que ostentaba, sin ningún tipo de remuneración salarial, todo por un año, y la pérdida del derecho al equipo nacional de atletismo”, explicó Leonel Suárez al medio holguinero ¡Ahora!

Entonces, su regreso a Cuba se retrasó por el cierre de aeropuertos y fronteras, y no pudo volver a tiempo para comenzar los entrenamientos con vistas a los Juegos, “aunque ya me habían sancionado”, añade.

Según cuenta, le aplicaron el procedimiento de forma incorrecta, pues “se creó un Consejo Disciplinario, se me sancionó y empezó a aplicar una medida sin mi presencia, algo que es una violación de los procedimientos recogidos en la resolución 55 del Inder”.

Todo esto habría ocurrido pese a que existirían otras medidas menos severas que aplicar a su falta, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una atleta sin sanciones ni amonestaciones previas, además de uno que tantos triunfos brindó a la isla.

“Eso atentó contra mí y el movimiento deportivo cubano, al apartarme de la preselección olímpica, dejarme sin opciones de luchar por clasificarme a ese certamen y lograr que un atleta cubano más pudiera representar a su país”, afirma.

De regreso al país, le ratificaron la sanción y en febrero fue “rehabilitado”, pero su castigo fue retirado muy tarde, hace poco más de una semana. Todavía espera porque la Comisión Nacional valore su reincorporación al equipo nacional, ya que perdió su plaza, ocupada ya por otro atleta.

Tras su regreso, en marzo, lo ubicaron en un puesto laboral en la EIDE de Holguín y le dieron la oportunidad de entrenar, mientras ayudaba a la hija con las clases virtuales. Dentro de las posibilidades, quien fuera uno de los mejores de su especialidad en el mundo, ahora entrena -como si de un paria se tratara-, en la pista de la EIDE y en la Loma de la Cruz.

Leonel Suárez valora demorar su adiós para no despedirse de esa manera, por la puerta trasera, como un despojo de un deportista que sacrificó tanto y que siempre trató de volver, pese a las lesiones que lastraron su carrera.

Pero sigue chocando con un mecanismo que muchas veces, más que para potenciar lo mejor del ser humano, pareciera concentrarse en imponer su poder sin medir las consecuencias, sin reparar en quien esté delante ni en los méritos que se haya ganado alguna vez.

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