Cuando se habla del atletismo cubano y en especial de los 110 metros con vallas, uno de los nombres obligados es el de Dayron Robles, uno de los dos antillanos que han logrado la gloria de colgarse en su pecho el oro olímpico en esa especialidad.

El fantástico corredor cubano, hoy devenido un exitoso emprendedor, dejó grabado su nombre para siempre en la historia de nuestro deporte, pues no solo fue un atleta excepcional, sino que también desprendía esa sensación de modernidad que le faltaba a la mayoría de los deportistas de la isla.

Algunos lo fustigaron por cuestiones deportivas como el hecho de que no fuera titular mundial al aire libre; por el incidente en un campeonato con uno de sus grandes rivales; o por su ruptura con la Federación Cubana de Atletismo, que lo llevó a pasar varios años fuera del país corriendo por clubes europeos.

No obstante, también fue uno de los pioneros a la hora de regresar a competir representando nuestra bandera, en muestra del amor infinito que siente por Cuba, según dice públicamente, en cualquier contexto.

Dayron Robles es un conversador abierto; un emprendedor fuera del deporte; padre y esposo entregado, quien luce todavía como aquel joven que volaba sobre las vallas hacia la meta. Sobre su vida conversó en un nuevo capítulo de Play Off TV.

Dayron Robles
Foto: Hansel Leyva. Foto: Hansel Leyva.

¿Querías ser vallista desde niño o tenías algo más en mente?

Lo principal era ser deportista porque cuando miras el gran repertorio de atletas que tiene el movimiento deportivo te das cuenta de que cualquier niño que sea activo y suelto, quisiera ser atleta o boxeador. Mi mamá fue atleta, pero ella no me mandó a hacer.

¿Te considerabas un niño competitivo?

Sí, todo el tiempo, incluso, ahora me siento como un niño competitivo. Las cosas que llevo hoy están hechas sobre la base de la competencia. Siempre estoy tratando de hacerlo mejor, de con menos recursos obtener el máximo posible en calidad. El deporte se trata de eso.

Eres de Guantánamo.  ¿Cómo fue ese cambio de venir para la preselección nacional en La Habana?

Siempre lo tuve claro. Traté de superarme, de buscar mi propio camino, independientemente de lo familiar que soy. Creo que en el Oriente de Cuba se ve más ese apego. Sabía lo que quería y creo que mi entrenador en La Habana me guio muy bien en ese sentido, y había que salir del bache, hacer el sacrificio.

Mi mamá sabía que esta era una posibilidad. Vengo de una familia muy humilde, pero de principios bien claros y sobre la base de esa línea vinimos para acá y tratamos de trabajar con toda la disciplina, el tesón del mundo, para intentar, al menos, no pasar desapercibidos.

Hay muchos criterios sobre si mi carrera fue corta o no consistente. Pero, ¿cuántos campeones olímpicos hay en este país? ¿Cuántos atletas han pasado por los equipos nacionales?

Quizás estoy inconforme porque me prometí estar corriendo a los 35 años, y todavía no los he cumplido. Siempre dije que quería correr como Allen Johnson, pero en el país donde quise desarrollarme, en el país en donde quise estar, hay condiciones que no te permiten poder hacerlo como tú quieres porque tienes que estar conectado a un equipo nacional. 

¿Recuerdas tu primera carrera internacional?

Sí, mi primera carrera fue en el 2003 en el campeonato mundial sub-17 y quedé sexto en esa competencia. Fue algo distinto, fue el primer toque hacia algo distinto: otra cultura, otros atletas de mi edad.

Recuerdo que esa competencia la ganó Jason Richardson, un atleta que todos conocen porque fue declarado campeón mundial cuando mi descalificación. Él ganó ahí los 400 y los 110 con vallas. Fue una experiencia interesante el ver a un niño, corriendo con sus dos medallas de oro, que eran como dos prendas hermosas. Me hubiera gustado tener una.

Tienes una historia curiosa con los campeonatos mundiales, sobre todo los que son al aire libre: Osaka 2007, Berlín 2009 y Daegu 2011. En el 2007 llegabas entre los favoritos. Cuéntanos sobre esa experiencia

Fue un año raro porque tuvimos una temporada buena bajo techo y corrimos en 7:38 segundos los 60 metros con vallas y nos acercamos bastante al récord nacional. Tuvimos problemas después en el verano. Tuve muchos problemas físicos y estos siempre me alejaban de la forma deportiva.

Tenía muchas problemáticas y psicológicamente no me hallaba: competí mucho y ganaba casi siempre. Ese año llegué al mundial, pero recordaba siempre que Liu Xiang había hecho un 12:92 y Terrence Trammell un 12:95 en una carrera fantástica que ellos tuvieron ese año en Nueva York. Ellos eran los favoritos. Yo estaba en la “comida”. Venía de los Panamericanos de Río, los cuales había ganado y entonces ahí estaba David Payne, que había terminado con 13:02 s.

Fue una carrera fantástica, pero yo estaba un poco fuera de ritmo. Fíjate si es compleja la forma deportiva que yo la alcanzo después del campeonato mundial de Osaka. Hice seis carreras y las gané todas.

Dijimos: tenemos un reto, tenemos que competir con todos los corredores que estuvieron en este campeonato mundial, y la idea es que esa gente no me toque y estén mirando siempre a mis espaldas.

No tenemos el dominio de qué es lo que sucede en un momento como ese, de cómo te vas preparando 364 días para que el último, puedas tener un resultado. Todas las cosas influyen en ese momento. En ese mundial, lamentablemente, no quedé como me hubiera gustado, pero fue una experiencia genial, que tributó a que el siguiente año tratáramos de corregir cualquier error o problemática. Fue genial porque fue un momento donde la rivalidad era impresionante.

¿Qué sucedió en Berlín 2009? En las calles cubanas algunos hablaban de “miedo”.

Lamentablemente, la gente habla muchas cosas porque no saben. Ese año empecé lesionado desde enero y me pasé el año entero tratando de corregir esos errores. En Berlín 2009 estábamos haciendo un entrenamiento en Guadalajara, España, en un tramo de 150 metros, que lo hice muy bueno y fui correr el siguiente tramo y Santiago se tomó el trabajo de ir exactamente hasta los 150. Llegó y me dijo, “para mí está bien, yo no quiero más”.

Pero le dije, “profe vamos a hacerlo”. Me sentía volando. Hice el tramo faltando 15 días para el mundial y tuve una ruptura en el bíceps femoral de la pierna de ataque. Lo que pasa es que la gente emitía esos criterios, pero no pueden saberlo, no están en el proceso, pero forma parte del folclore del día a día. No creo sea solo del cubano porque en el mundo la gente puede emitir el criterio que sea, lo que pasa es que quizás se documentan un poco más.

Incluso, dentro del mundo periodístico pasa eso. Si estás emitiendo un criterio, pero nunca has ido a un entrenamiento de este atleta, al menos, tómate el trabajo de mirar, tocar las cosas con la mano. Muchas veces tenía problemas con colegas del periodismo. No problemas, sino que me decían, “oye, una entrevista”, y decía no, porque se ponen a hablar cosas que no saben o dominan. A colegas que son amigos míos hoy, les decía, “por qué tiene que ser de esa manera”, si ustedes al final emiten criterios de cosas que no dominas.

Uno de los momentos más polémicos en tu carrera ocurrió en Daegu, cuando el incidente con Liu Xiang, cuando llega la descalificación. ¿Cómo llevaste la presión, los memes y los comentarios de las personas?

Todavía hay gente que me dice: “Dayron, eres un tramposo, aguantaste al chino”. Pero el problema es que cuando has visto más carreras de Dayron Robles previas, te das cuenta de que en todas las fotos estoy con las manos así.

Inconscientemente, eso me llevó a cambiar un gesto técnico, es un estilo que lo llevé así durante toda mi carrera. Sucedió ahí como ha sucedido muchísimas veces, con Oliver ese mismo año en Daegu, cuando él me choca, pero por completo, porque me chocó en la primera parte de la carrera, y él ganó y no pasó nada.

Imagínate que quien me dice a mí “Dayron, mira a ver qué pasó” es Liu Xiang. Él es quien me lo dijo porque al final yo sé que nos jodimos la carrera porque pudiéramos haber bajado de 13 segundos porque Liu estaba bien, pero yo también.

¿Qué pasó? Chocamos, porque me pegué yo y se pegó él, pero no hubo un pensamiento, creo que ni tiempo. En el caso mío, pasó y qué vas a hacer. Al final de la jornada, cargo con mi responsabilidad porque pasa y ha pasado toda la vida. Lo que sucede es que no le puede pasar a alguien que nunca lo ha vivido, gente que me critica.

En el caso mío, que vivo en Centro Habana, donde hay una población flotante importante, donde tú tocas a todo tipo de persona y debes tener una responsabilidad con tu persona, al final, lo vas sobrellevando y me adapté.  Como siempre he tratado de ver la manera de llevar el respeto para quien me respeta, eso ha sido una cosa que me ha permitido mantenerme bien porque hay una vida, un equipo de trabajo.

El respeto ha estado siempre, incluso, diez años después, esta carrera todavía sigue saliendo, pero con respeto. Estuvieron la crítica y los memes, que fueron al momento, pero eso forma parte de la historia.

¿Qué sucedió en el mundial de 2008 cuando ocurrió una salida en falso?

Me había preparado mental y físicamente para romper el récord mundial en Valencia y esa era la idea. Se sabía que no era un arrancador muy rápido, pero que tenía una impresionante evolución dentro de la carrera. Realmente, en esa carrera había tanto exceso de confianza que sentí como que otro disparo, que se llevaron la arrancada, pero era un exceso de confianza. Por eso le exhorto a todo el que practica deportes, que controle su confianza porque puede ser muy traicionera.

En mi cabeza no cabía el no ganar esa competencia. De hecho, nunca había sentido tanta confianza, y por eso después de ese momento, no confiaba en nada y fue algo que me llevó a correr sí o sí, fue una experiencia. Creo que hay cosas que te tienen que pasar para tú seguir al siguiente escalón de la escalera y a mí me sucedió. 

Dayron Robles
Foto: Hansel Leyva. Foto: Hansel Leyva.

Estabas imparable en la temporada de 2008 con una gran secuencia de carreras. Sin embargo, hay dos carreras no muy buenas antes de romper el récord mundial. ¿Cómo te sentiste aquel día en la República Checa?

Fuimos a Berlín, recuerdo que corrimos con Oliver, en la primera carrera que hicimos ese año. Ahí, Oliver ganó con 13:19 y yo con 13:20. Seguimos y fuimos a Torino, Italia, estábamos un poco tensos Santiago y yo. Él me dijo que había que entrenar. Yo estaba molesto con él. Le decía que cómo me iba a poner a entrenar, si estaba matado. Pero si una cosa me caracteriza es que soy muy obediente, muy respetuoso y más con Santiago, que es un soldado del trabajo.

Me sentía incómodo. Llegamos a Ostrava y recuerdo que Usain Bolt acababa de romper el récord del mundo. Al otro día fui a la pista en la tarde. Estaba libre de tensiones. Estábamos relajados y fui a calentar. Me puse los pinchos e hice una carrerita. Viré, me quité los pinchos y le dije a Santiago: “no voy a correr hoy, porque siento que se me quieren reventar los pies”. Me fui para el hotel, a dormir.

Al otro día, calentamos de forma normal como si no hubiera pasado nada y saludé a la gente del público y a un amigo que estaba en las gradas. Estaba Terrence Trammell y “teníamos una cosita” entre nosotros. No me acuerdo de esa carrera: lo único que recuerdo es que quería salirme de revoluciones en cada uno de los tramos.

Cuando pasamos la meta y miro el tiempo, digo “esto se jodió”, porque nosotros nos estábamos preparando para unos Juegos Olímpicos en donde esperábamos hacer cosas grandes, y era temprano en la temporada como para abrir con tiempos así.

Fue impresionante. Tenía el reto de tratar de mantenerme a esos niveles durante toda la temporada, y ahí es donde empezamos a trabajar hasta llegar a los Juegos Olímpicos.

En Beijing lograste bajar varias veces de los 13 segundos y fuiste de las pocas alegrías de la delegación cubana. Muchos pensaban que pudiste romper el récord mundial.

Lo que pasa es que los aficionados nunca saben del trabajo que tiene que hacer un atleta para tener el cuerpo perfecto en función de la actividad que está realizando. En Beijing hubo cuatro carreras, una por día.

Había llegado a Beijing con problemas físicos porque fuimos a París y corrí 12:88 s. Después, en Estocolmo, hago 12:91 y cuando terminamos salí que no podía caminar. De hecho, hay mucha gente que no sabe que, en vez de ir a Beijing directo, vinimos para Cuba sin entrenar.

Mi familia sacó una casa en la playa, y yo estaba de vacaciones, porque no podía más. Y llegamos a Beijing a tocar la pista porque ya estaba todo hecho, y empezamos a trabajar, con masaje, hidromasaje, para buscar recuperar cada una de las cositas que hacíamos.

Cada carrera fue una gran presión para todo el equipo de trabajo, porque físicamente yo no llegué y las últimas dos carreras previas a los juegos fueron dos ‘carrerones’: 12:88s y 12:9s, fue descomunal.

¿Qué sucede? Empezamos a enfocarnos en que había que ganar de cualquier forma. La delegación venía con problemas: el voleibol se quedó fuera, la pelota no ganó. Empiezan las tensiones que no te las dicen, pero están ahí. Peor, te dicen: tienes que ganar.

El día de la carrera estaba como nublado, como que empezó a llover. Ahí, hay que ganar, no hay que buscar un tiempo, no hubo necesidad, pero fue un buen tiempo. Ya después de la octava valla, simplemente, acudí a requisitos técnicos que me permitieran llegar al final.

Había que ganar, sí o sí. Se hizo por el pueblo de Cuba, por la delegación cubana con todo el corazón del mundo. A ese oro olímpico le tengo un aprecio tremendo, por la necesidad que tenía el país, la delegación. Lo multiplico por diez, porque a lo mejor eran las diez medallas de oro que hubiéramos necesitado. Por todos los boxeadores que, lamentablemente, no pudieron ganar; por el equipo de judo: ese era el significado que le daba yo. Ahí estamos, ahí seguimos. Ojalá sirva de precedente el que hubo gente que hizo sacrificios en función de mantener un estatus deportivo que es uno de los logros deportivos que ha tenido la Revolución.

¿Por qué tomaste la decisión de dejar Cuba o de desligarte de la Federación Cubana?

Dejar Cuba no, porque nunca la he dejado. Independientemente de que dejé de competir por la federación, pero siempre estuve aquí. Hay quien dice que viví en Francia: siempre estuve viviendo en el mismo sitio.

Lo que sí trabajaba como independiente y estuve en los clubes. Tomé la decisión porque, lamentablemente, me sentí solo después de haber tenido los problemas físicos. Después de Londres la gente tampoco sabe que tenía lesiones graves. Gracias a los médicos de la federación, a los médicos de la delegación que me hicieron resonancia magnética, y se detectó que tenía una ruptura de grado dos. Creo que el único que sabía lo que había pasado era mi entrenador, quien sabía que estábamos pasando trabajo. Pasé un mes entero yendo al Frank País, por la ruptura.

Recuerdo que le dije a mi entrenador: vamos a enfocarnos y a trabajar para los Juegos Olímpicos. Me dice que sí, pero que vamos a utilizar el bajo techo en función de los Juegos Olímpicos y, lamentablemente, eso nos sacó factura porque me lesioné en el bajo techo, me lesioné de nuevo en junio, y en las olimpiadas.

Eso fue lo que llevó a una serie de momentos sin tratamiento humano y yo realmente siempre quise seguir trabajando aquí, seguir entrenando.

A lo mejor las decisiones que se tomaron en aquel entonces pasaron factura, pero son precedentes que se crearon para lo que está pasando hoy. Si eso que hice, hubiera sido hoy, no hubiera ocurrido ningún problema.

¿Qué opinas de la actitud que tomó Juantorena cuando saliste?

Fue una actitud lógica porque defiendes ciertos intereses, que quizás por la juventud yo no entendía y tuve ciertos rencores, de hecho, emití criterios sobre eso. Pasó el tiempo y entendí ciertas partes, porque tienes que definir tus posiciones y en ese entonces la polémica era muy alta, había mucha opinión pública y había que adoptar medidas, y hoy lo entiendo. Creo que, no te hablo Juantorena, quien sea que estuviera ahí, tenía que decir algo.

En el Fajardo había un cartel con tu rostro y el título y, sin embargo, por tu decisión, ordenaron que se recortara el cartel para que no saliera tu rostro. ¿Cuánto duele a un atleta que intenten borrarlo de la memoria por una decisión personal?

Son los contextos. Aquí se ha hecho mucho y me duele, pues es el sacrifico de cada uno. Hoy miro a veces el noticiero y veo algunas cosas del deporte, que se fueron perdiendo. Veo a estos atletas que no representan a Cuba como selección, pero que son cubanos al 200 por ciento porque están en las ligas internacionales. Eso nos engrandece, porque son formados aquí, sin importar que ya no están.

Fue duro, porque Dayron Robles era una propaganda favorable para los jóvenes atletas que se estaban iniciando en el deporte, pero era lo que se vivía en aquel entonces. No lo critiqué, simplemente tomé mi decisión y me responsabilicé por ella; igual que cuando pedí reintegrarme a la selección porque al final de la jornada siempre he estado aquí y siempre he intentado lograr cosas en Cuba, independientemente de que estuviera en uno u otro club.

Si tú estás en un sitio y te cambian por X o por Y siempre es complicado, pero nosotros asumimos esa responsabilidad, sabíamos que era así, que no podían darte aplausos, pero creo que sirvió. Muchos de los atletas que han tenido diferencias o han pensado diferente, han tomado una decisión y no tengo por qué estar de acuerdo con todo lo que tú crees que debe ser.

No tiene nada que ver con tu forma de pensar, simplemente, quieres competir al más alto nivel. Eso fue lo que pasó con Dayron, quería probar otras cosas. Para mí fue un placer y si pudiera hacerlo de nuevo, y regresar y competir por mi país, lo haría sin problemas.

Muchos comentaron sobre un supuesto romance con Elena Isinbayeva

Me pregunto de dónde la gente sacó eso. Estoy casado, llevo 10 años con mi esposa, tengo dos preciosas niñas y no sé de dónde me vincularon con Elena. Estando con mi esposa, la gente le preguntaba a ella, ni siquiera a mí.

Nosotros teníamos una buena relación, me llevaba muy bien con el antiguo entrenador de ella, y hablamos de cuando ella comenzó, de que no hablaba nada en inglés y nos llevábamos superbien. Incluso, nos tiramos una foto en Moscú cuando ella estaba embarazada, pero había una foto muy chévere, y los amigos, los jodedores, empezaron a calentar las redes, pero es bueno que la gente sepa que tengo una esposa a la cual amo mucho, con dos niñas.

A muchos cubanos les molestó el incidente de Orlando Ortega con la bandera, en los Juegos Olímpicos, cuando ganó la medalla de plata, ¿cómo viste aquella situación?

No lo vi, realmente me aísle. Creo que ni vi la carrera de Río, pero me comentaron el momento, la situación, me hicieron preguntas de lo polémico del hecho. Cada uno tiene derecho a decidir, independientemente, de que estuvieras errado o no y él tomó esa decisión. Es lamentable que lo veas desde el punto de vista nuestro y tengas que emitir un criterio de eso porque él es cubano y no creo que se haya ido por un problema político.

No tengo mucho criterio, no sé cuál sería la mejor decisión en esa cuestión. Es muy compleja, ya muy personal, esa fue la que tomó él y nunca le he preguntado sobre ese tema. Le tengo muy buenos deseos. Él era la continuidad de las vallas de Cuba, independientemente de que compita por España, sigue siendo cubano, y me siento muy orgulloso de los resultados que pudiera tener en el futuro. Quisiera que siguiera trabajando fuerte, que logre los sueños que muchos que le antecedieron no pudieron lograr, con otras condiciones. Siempre estaré orgulloso de él.

¿Qué ha pasado con las vallas en Cuba?

La línea de trabajo que nosotros teníamos con muchos años y experiencias acumuladas de Santiago, de casi 30 años, ya no está. El volumen, en cuestión de matrículas que tenían las vallas, tampoco está. Antes éramos 10 o 12 vallistas, y entrenábamos todos juntos y eso mismo hace que la gente se vaya superando.

Es una pregunta delicada y dolorosa, creo que era uno de los eventos insignias que había estado a la vanguardia y en el que hoy no tenemos un digno representante para las competencias de alto nivel. Están los muchachos O’Farril, Valentín, pero no tenemos más y creo que necesitamos más atletas que puedan apoyar la causa y hoy no los veo.

¿A qué se debe esa faceta de Dayron Robles emprendedor?

Fue una forma de supervivencia que fuimos buscando por el hecho de que cuando uno termina o va terminando su etapa en el deporte, la pregunta que no muchos se hacen es qué vamos a hacer después. Estos es algo que fuimos implementando, incluso, dentro de la carrera, pues fuimos preparando a la familia, tratando de preparar estructuras que nos permitieran tener cierto beneficio económico, que nos ayudara a mantenernos activos.

Poco a poco, mi mamá, mis hermanas, mi esposa y yo fuimos montando todo este tema de los hostales. Creo que el cubano en sí tiene esa mentalidad de emprendedor, de buscar algo que le permita estar activo o le permita tener el refrigerador lleno. Ahora hay gente que le llama emprendedor, pero al final siempre hemos estado en la “lucha”, como se dice en el argot popular.

¿Cómo te lleva la vida de hostelero?

Es compleja y cada día es algo nuevo. Las cosas hoy no son un medidor porque estamos en un trance: el ordenamiento monetario, la COVID-19, pero seguimos con el ímpetu. Creo que estamos en la edad productiva en la que tenemos que empujar para tratar de dejar algún legado y todos los días tratamos de hacerlo lo mejor posible.

Mi madre tiene un hostal, trabajamos juntos y nosotros reconvertimos el hostal y decidimos llamarle de Robles´Café, como una especie de fonda, la que tratamos de adecuar al bolsillo de las personas que están por ahí en cuanto a precio, calidad y servicio. Tratamos de darle más a la gente de lo que está pagando, independientemente de que están complicados los productos, pero tratamos de que la gente se vaya contenta. Estoy tratando de incentivar, ahora, lo que es comida para llevar.

Si pudieras cambiar algo, ¿qué sería?

Iría mucho más atrás, cuando descubrí que quería ser atleta. Me convencería de entrenar mucho más fuerte para lograr mis objetivos.

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