“Soy una persona normal, que le da patadas a una pelota”: la simplicidad con que Maikel Chang se define despeja estereotipos como si se tratase de un balón suelto en el área propia. El archiconocido ego que rodea al mundo del fútbol se derrumba ante su naturalidad y se convierte en un mito. Su sencillez entra en perfecta contradicción con la forma en que ha logrado sus metas.

Nada en la vida de “el chino” ha sido fácil. Escogió ser futbolista en Cuba y, con apenas 21 años, los golpes de un deporte totalmente amateur habían hecho mella en su motivación. Corrían los tiempos en que aspirar al profesionalismo y ser miembro de la escuadra nacional no cabían en la misma línea. Así que salió a buscar el sueño de convertirse en jugador profesional en otras tierras.

Con las manos vacías, pero los botines llenos de fútbol, Maikel decidió iniciar una vida como emigrante en los Estados Unidos. En su trayecto a la MLS se encontraría con más de un escollo. El mediocampista cubano debió sobrevivir a un año alejado de las canchas y jugar tres temporadas con una lesión que —más de una vez— le hizo pensar en abandonar el deporte. Todo esto, en medio de la conocida separación familiar de ocho años y la marginación vitalicia de la selección nacional a la que son sometidos aquellos que osen tomar su camino.

“En mi barrio se practicaba mucho deporte. Yo vivía en el barrio donde están las instalaciones que se hicieron para los Juegos Panamericanos que se celebraron en Cuba. Se practicaba béisbol, natación, todos los deportes; porque teníamos las instalaciones ahí. Los muchachos del barrio practicábamos dos semanas béisbol, dos semanas otro deporte y así sucesivamente. Hasta que llegó la etapa del fútbol y me empezó a gustar. Los entrenadores vieron que tenía calidad, que sabía jugar, que sabía tocar la pelota. En mi barrio, siendo pequeño, jugaba con los grandes y eso me ayudó mucho”, recuerda.

Durante esa primera etapa, ¿tenías algún ídolo?

En esa etapa era Ronaldo, el verdadero. Me acuerdo del Mundial del 2002, cuando marcó dos goles en la final contra Alemania. Ese era mi ídolo.

¿Guardas alguna anécdota de esos años en el fútbol cubano?

Anécdotas tengo varias, pero hay una que me gustó mucho. Estábamos jugando el Campeonato Nacional Juvenil y un equipo de Venezuela participó de invitado. Nos faltaba un juego contra ellos y Santiago de Cuba estaba por delante de nosotros. Ese equipo venezolano le había ganado a todo el mundo, y si nos ganaba a nosotros, Santiago quedaba en primer lugar.

Los santiagueros llegaron tocando conga. Ellos se sentían campeones porque en la tarde nosotros jugábamos contra Venezuela y era imposible ganarles. Fuimos a ese juego y les ganamos 3-0. Esa es una de las mejores anécdotas que he vivido en el fútbol cubano.

Recuerdo que en ese equipo venezolano estaba Rondón, el delantero que ahora juega en Europa. Me acuerdo de que estaba supergrande y cuando lo vimos bajarse del bus pensamos: “¿qué cosa es esto?”.

En 2011, durante los juegos Panamericanos de Guadalajara, tienes la oportunidad de medirte ante potencias como Brasil y Argentina, que presentaron selecciones llenas de jugadores de equipos de primera división de sus respectivos países. ¿Qué pensaste al ver que podían competir de tú por tú contra futbolistas de ese nivel?

En esos Panamericanos yo le doy todo el crédito a “Chandler” González, el entrenador, porque la preparación que tuvimos para llegar a ese evento fue increíble. Yo nunca tuve una preparación como esa. Todo el crédito se lo doy a él. Nosotros jugábamos como uno solo. Éramos uno sólo.

Y te digo más. Todos los equipos se presentaron con jugadores sub-23 y tres refuerzos mayores, mientras que nosotros fuimos con jugadores sub-20 y tres refuerzos del sub-23. Estábamos por debajo de la edad de los otros equipos y mira el gran papel que hicimos.

Un año después, en vísperas de un partido de Eliminatoria Mundialista en Canadá, Maikel Chang toma la decisión de no regresar a Cuba y empezar una vida como emigrante. ¿Era algo que habías planificado o lo decidiste allí?

Yo había venido a Estados Unidos para jugar el Preolímpico. En el último partido, contra Canadá, me viré el tobillo y me lesioné. Regresamos a Cuba. Hacen la selección mayor y me dicen que no me van a llamar porque estoy lesionado. Yo dije: “si estoy lesionado, atiéndanme, saben que estoy jugando bien. Por favor, recupérenme y me incorporo a la selección.”

Ellos decidieron no llamarme porque estaba lesionado. Cuando llegué a mi casa, me senté y le dije a mi mamá que no me habían llamado a la selección mayor. Te digo la verdad, ahí me desilusioné por completo del fútbol cubano. Yo estaba haciendo un buen papel y ¿por esa lesión me vas a sacar? Dije: “okey, cuando me den la próxima oportunidad me voy a quedar. Voy a jugar al fútbol profesional.”

Porque, te cuento, cuando fui al Panamericano de 2011, en México me querían. Te puedo poner testigos. Querían que me quedara porque equipos de allí estaban interesados y no me quedé. Pero cuando regreso me hacen esto, puedes imaginarte como me sentí. El próximo avión que cogiera, así fuera para China, yo no regresaba.

Cuando me llamaron al Pedro Marrero para enfrentar el juego contra Canadá, en cuanto vi a Heviel Cordovés, se lo dije: “si tú regresas, es porque quieres, yo no viro más para atrás”. Ahí nos pusimos de acuerdo para quedarnos en Canadá.    

¿Cuán difícil fue para ti, con 21 años, empezar una nueva vida, con las manos vacías y en un país donde tu familia no podía hacer absolutamente nada?

¿Para qué te voy a contar? Nadie sabe lo difícil que es hasta que lo vive. Lo único que te puedo decir es que si no hubiese tenido a Heviel Cordovés al lado mío, no sé qué sería ahora mismo de mi vida. Él ha sido como un padre para mí en todo este camino desde que llegué a los Estados Unidos. Le tengo que dar mil gracias a él.

Esto fue durísimo. No puedes imaginarte. Heviel y yo dormíamos en un colchón de aire que todas las madrugadas se desinflaba. Nosotros teníamos que inflarlo cinco o seis veces en la noche. Fue difícil, porque nosotros no teníamos a nadie. Lo que te puedo decir es poco comparado con lo que pasamos.

Nuestra familia no podía hacer nada. Nunca le dije a mi mamá que estaba mal, siempre le decía que estaba bien. Gracias a Dios, durante el camino conocimos personas que nos brindaron una mano.

Marbelis era una muchacha que vivía cerca de donde nosotros estábamos y, casualmente, su prima en Cuba trabajaba con mi mamá. Para que veas como es el destino. Las cosas siempre pasan por algo. Nosotros no teníamos ni papeles ni nada y esa mujer nos hizo todo: el ID, la residencia, todo lo que necesitábamos para salir adelante. Porque en este país sin papeles no eres nadie y ya nosotros llevábamos mucho tiempo sin nada. 

Maikel Chang en juego
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine Foto: cuenta de Facebook de Maikel Chang

En 2013 logras materializar tu sueño de convertirte en futbolista profesional al firmar tu primer contrato con el Charleston Battery, de la USL. En una ocasión me comentaste que ese sueño no comenzó de la mejor manera. ¿Qué sucedió?

Ese fue el momento más duro que he pasado en mi vida. Llegué a Charleston y en la pretemporada me lesioné del hamstring. Me dio un tirón. Y te lo juro, eso no se me quitó como en tres años. Estuve jugando tres años así. Tenía miedo de correr.

Mario Lara fue una de esas personas que me ayudó. Hoy en día estoy aquí gracias a él. Yo iba a entrenar y me lesionaba. Me recuperaba una semana o dos y me volvía a lesionar. Un día le dije a Heviel y a Mario “no puedo más, no puedo seguir en el fútbol, me voy a hacer otra cosa”. Pero entre los dos me convencieron de que no lo hiciera.

Estuve así tres años. No sé cómo podía jugar. Siempre me dolía. Se puede decir que, cuando se me quitó, fue que empecé a jugar en la USL; pero antes de eso, no podía. Y la verdad es que, gracias a Mario y a Heviel, yo estoy aquí jugando fútbol.

En 2017 firmas con el Real Monarchs y tu camino se separa de dos personas que te habían acompañado durante muchos años: Heviel Cordovés y Odisnel Cooper. ¿Cuánto significan ellos para ti como persona y como futbolista?

La verdad es que no tenía ningún interés en salir de Charleston. Lo hago porque Heviel firma con otro equipo. Ahí pensé que era el momento. Ellos estaban bastante interesados en mí y me dieron una buena oferta.

Con Cooper me llevo bien. Pasamos mucho tiempo juntos. Pero con Heviel era otra cosa. Era mi hermano, mi padre. Cuando vi que él daba ese paso de ir a otro equipo, también tomé mi decisión de salir de Charleston. No fue fácil, pero a veces hay que tomar decisiones difíciles para tener buenos resultados y esta fue una de las mejores que tomé en mi vida. Gracias a Dios hoy estoy cumpliendo uno de mis sueños.  

Cierras el 2019 proclamándote campeón de la USL con un rendimiento individual fantástico; pero ya conocías, desde octubre, que la siguiente temporada jugarías la MLS con el primer equipo. ¿Qué te impulsó más, la presión de saber que era tu última oportunidad de ganar la USL o la confianza sentirte ya jugador de MLS?

Te voy a ser sincero. Cuando me dijeron que me querían ofrecer un contrato con el primer equipo, estaba contento, pero en ese momento estaba concentrado en los Monarchs y estaba bien en la temporada.

Lo que hizo esta noticia fue poner más presión sobre mí. Ya no era un jugador de los Monarchs, era un jugador del Real Salt Lake, un jugador de MLS. Si alguien corría 200 metros yo tenía que correr 300. Eso hizo que mi rendimiento siguiera subiendo. Hasta un punto creo que fue bueno, porque me quitó esa preocupación de que aún no me firmaban, con la temporada que estaba teniendo.

Creo que fue un punto bueno para mí, para ponerme más presión. También pensé que sería mi último año allí y había que aprovecharlo, dar el máximo. Y mira, salimos campeones. Creo que funcionó (sonríe). 

Y ahora que estás en la MLS, ¿qué diferencias notas con respecto a la USL?

Sí, hay diferencias, porque los jugadores son mucho más inteligentes. Son futbolistas con más experiencia, más avanzados. Por algo están en el nivel que están. Pero cuando tú entrenas duro y te pones al compás de ellos, al mismo ritmo, entras al terreno y el fútbol es uno solo. Si tienes la capacidad de jugar ahí es porque tienes talento. Un poco más de preparación, un poco más de mentalidad profesional, pero el fútbol es el mismo.

Todas las federaciones del mundo sancionan, por un tiempo determinado, a los futbolistas que cometen una indisciplina. En el caso de los jugadores que toman tu decisión, la sanción es vitalicia. ¿Te parece justa o exagerada?

Eso no es una exageración. Es lo que viene después. Es un descaro. Eso que hacen con los deportistas cubanos no tiene nombre.Mis compañeros aquí me preguntan siempre por qué no juego con mi selección. Cuando les digo que en Cuba, si eres profesional, no puedes ser convocado, hay que ver la cara que ponen.

El otro día íbamos viajando hacia Minnesota. En el bus, detrás de mí, estaba Giuseppe Rossi. Y me dice: “Chino, ¿por qué no juegas con tu selección? ¿No te llaman?”. Cuando le expliqué todo, me dijo: “¡Qué cosa de locos!”

¿Qué puedo decirte? No hay palabras para describir lo que hace Cuba con sus deportistas.

¿Crees que el éxito que están teniendo nuestros futbolistas profesionales en los últimos años ha servido para derrumbar el mito de que el cubano no tiene fútbol, o continúas percibiendo el mismo prejuicio?

La gente siempre dice que el cubano no tiene fútbol. ¿Tú sabes qué es lo que no tiene el cubano? El cubano lo que no tiene es oportunidad. Mira mi ejemplo. Aquí no me daban la oportunidad porque soy cubano. En cuanto me la dieron mira lo que pasó: un gol y dos asistencias. Si tú no me pones en el terreno, si no me das minutos, si no me das confianza para jugar, yo no puedo hacer nada. Si no tienes la oportunidad no puedes hacer nada.

Eso de que el cubano no tiene fútbol es un invento chino. El cubano sí tiene fútbol y tiene tremendo fútbol. Ya aquí en Estados Unidos se están dando cuenta. Te lo digo porque mi agente y muchos otros andan buscando futbolistas cubanos. Saben que el cubano sí tiene fútbol.

Mira a los muchachos que están en la USL. Todos tienen tremendo rendimiento, todos se destacan en sus equipos. Todos, sin excepción. ¿Por qué? Porque el cubano sí tiene fútbol, lo que no tiene es la oportunidad. Y todos los muchachos que están en Miami, que jugaron para la selección de Cuba, todos pueden jugar la MLS. Te lo digo de corazón.

Y también veo a los muchachos que juegan en Cuba, que la gente dice esto y aquello. ¡Señores, en Cuba también hay fútbol! Lo que no hay es desarrollo. En Cuba, lo que no tiene el futbolista, es mentalidad de profesional; ni para una buena alimentación, ni para trabajar duro y decir “mi futuro es el fútbol y así voy a ayudar a mi familia”.

Esa mentalidad que cuando llegas aquí te cuesta unos años alcanzar, no la tienen en Cuba. Allí te ponen tres pizzas y te las comes. Y cuando salen a jugar con la selección, no importa nada. La mentalidad es vender el tabaco, comerse el helado, la pizza. Y luego van al juego pesando tres libras de más.

El futbolista cubano necesita mentalidad y oportunidad. No tiene mentalidad de profesional. Esa mentalidad no existe en Cuba. Cuando llegas aquí, y la adquieres, lo que te falta es que te den la oportunidad. Mira el ejemplo de Frank López, que seguramente andaba trabajando por ahí. Mira a Darío, a Ariel y todos esos jugadores que son tremendos futbolistas. Llegan a su club y la andan reventando. Porque lo que están es faltos de oportunidad.

¿Tú crees que Frank, Ariel, Darío, Arturo y todos esos jugadores, no tienen para llegar a la MLS? Claro que sí. Y tienen para más. Lo que pasa es que no les dan la oportunidad.

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