Por: Claudia Padrón Cueto

Lo entrevistamos en el lobby del ICRT. El elenco del popular humorístico Vivir del Cuento grababa esa tarde, y mientras preparan el set, el actor, rebautizado como Ruperto, accedió a conversar con Play Off. Omar Franco es incapaz de mantenerse estoico ante el debate, sobre todo si trata de béisbol.

Graduado de ingeniero y sin estudios previos de actuación es hoy uno de los actores más versátiles de Cuba: él ha logrado el equilibrio ideal para moverse con éxito sobre la línea que separa al humor del drama. Lo uno le ha dado una inmensa popularidad, al formar parte del estelar programa de los lunes; con lo otro ha merecido las ovaciones de la crítica dentro y fuera del país. Quitándole al rostro de Omar cualquier vestigio de anonimato.

Mientras conversábamos reconozco al entrevistado en un cuadro colgado en el salón. Es un collage con escenas de películas cubanas y en el centro de las alegorías: su cara, entre tonos grises, expresando no sé si desafío y fuerza; o tal vez sea solo desesperación.

“Para cada interpretación, como esa de Penumbras —dice mientras señala al cuadro— estudio muchísimo. No me gusta la improvisación. El éxito de una interpretación creo que está ahí: en sentirlo real, aprender cómo gesticula, cómo piensa, qué haría. Es dejar tu piel y tomar la de otro.

“El personaje de Rogelio en Pablo tenía una carga enorme de violencia, no había una línea de bondad en él. Y cuando estás casi dos meses comportándote así, necesitas desintoxicarte después. Esa imbricación es uno de los elementos que más me atraen del drama, género que prefiero, pero reconozco que la comedia es mucho más complicada”.

— Como humorista no se conforma con quedarse en el chiste fácil. Sino que apuesta por estimular la inteligencia, y crear entre el artista y el espectador un lenguaje de códigos. No se trata de hacer reír, sino de lograrlo desde el ingenio.

— “Nosotros, como pueblo, no creo que tengamos ese sentido del humor tan agudo que se nos adjudica. Lo que si nos caracteriza es la burla. Pero no por ellos puedes convertir tu escenario una esquina de barrio, aunque le inyectes realidad. El humor es arte, y el arte es crear desde el respeto. Así trato de concebirlo en mis espectáculos y personajes. Ruperto, por ejemplo, está anclado en los años 80”.

Sus textos son alusiones a un pasado que ya no tenemos, pero la propia ingenuidad del comediante y su desconcierto con el entorno provoca que no se respire una ironía insana en sus parlamentos sino un humor reflexivo.

— Después de 20 años de carrera artística, Strike fue tu primer unipersonal. ¿Por qué utilizar un término de béisbol para nombrar un show humorístico?

“Pensamos en Strike porque es un lanzamiento en zona y queríamos que la gente le hiciera swing. Y además el nombre parte de mi afición al deporte nacional. El béisbol para mí es más que un juego. Crecí corriendo al Latino, aun tengo en el paladar las pizzas que vendían ahí”.

Llevaba en la espalda el 36 de Anglada, y es que se denomina industrialista ante todo, a pesar de que también admiraba a Urquiola, y aun vibra cuando se le menciona la espectacularidad de Víctor o Casanova.

Franco dice que en la serie se extraña a la aplanadora de Santiago y que los deportistas de Cuba son inmensos, no importan dónde jueguen. Una empatía que parece ser mutua entre el actor y los atletas. Omar, en el 2015, fue invitado por José Dariel “Pito” Abreu a lanzar la primera bola en el juego Minnesota Twins – Chicago White Sox.

“Fue una experiencia única, de las mejores cosas que me ha sucedido. Según tengo entendido fui el primer cubano en tener el privilegio de lanzar la bola en la misma lomita donde el presidente Obama lo ha hecho en par de ocasiones. Digo orgulloso que tengo la amistad de algunos deportistas pero los peloteros de la Isla están en la cumbre de mi admiración, tal vez por eso me entristece que el béisbol no goce de buena salud.

“Hoy apenas voy al estadio porque no hay espectacularidad en los juegos, porque la calidad está en detrimento. Y no es solamente que yo, Omar Franco, no vaya al estadio. En general la afición cubana está perdiendo esa costumbre.

Omar Franco

“Nosotros, como pueblo, no creo que tengamos ese sentido del humor tan agudo que se nos adjudica. Lo que si nos caracteriza es la burla” FOTO: Hansel Leyva

“Tenemos muchos talentos, nadie lo duda, pero hay que concentrar la calidad si aspiramos a mantener la pasión por un juego que más que deporte es cultura. En los últimos tiempos no hay tope que ganemos, excepto la Serie del Caribe. Y más que ganar se trata, al menos, de perder jugando bien. Soy un aficionado común, no conozco las interioridades manejadas por otros más allegados, pero creo que es evidente la necesidad de cambios. Aunque aclaro que aun con estas decepciones seguiré amando este deporte. Hay pasiones que duran toda la vida, y la pelota es una de ellas”.