“Pelear es pura adrenalina, cuando lo hago, me siento libre, siento que estoy dándole el sentido exacto a los dones que me dio la vida”, dice Alejandro Arcas.

Tiene 35 años y es un pintor graduado como Instructor de Arte que devino en personal de seguridad de diversos bares y discotecas de La Habana. Sin embargo, ninguna de estas actividades son las que lo definen, porque es uno de los principales exponentes de las artes marciales mixtas en Cuba.

Esta práctica ha visto como su popularidad en nuestro país crece bajo el nombre popular de UFC, la principal empresa y circuito mundial de este deporte de combate. Sin embargo, la mayoría de la afición desconoce que existe un movimiento incipiente de peleadores dentro del país, como el caso de Alejandro Arcas.

La noción generalizada que existe acerca de la representación cubana en esta práctica se debe a atletas emigrados a los Estados Unidos, especializados en otros deportes de combate y que decidieron insertarse en ese circuito como el caso de Yoel Romero. Además, cubanoamericanos como Jorge Masvidal, nacidos en Estados Unidos, y que practicaron siempre esta variante.

Alejandro Arcas, al igual que otros jóvenes peleadores, lucha día a día por imponerse a un sinfín de dificultades propias de la sociedad cubana actual.  Sin embargo, no cede ni un ápice en sus sueños de que su bandera conquiste los principales octágonos a nivel mundial.

Round 1: inicios de un luchador

Desde muy pequeño, practicó karate, aunque lo dejó mientras cursaba el cuarto grado. De esa manera, fue creciendo y tomando otros caminos, a pesar de que el deporte siempre estuvo presente de una manera informal. No sería hasta que cumpliera la edad de 23 años que no regresaría a la práctica de alguna disciplina de combate.

“Un amigo me embulló para comenzar a entrenar aikido, después pase a entrenar kickboxing. Comencé a practicar para escapar de problemas personales que tenía en ese momento, como la salud de mi mamá. Esto se convirtió en mi hobby, era la manera de emplear de una manera correcta mí tiempo libre mientras aprendía a defenderme. Me sanó muchísimo, pude canalizar toda esa energía negativa que tenía al mismo tiempo que mantenía mi físico a tope. Encontré una disciplina, un rigor, una manera adecuada de alimentarme, pero, sobre todo, encontré una familia. Después, comienzo a practicar sanda o boxeo chino, otra modalidad que me aportó mucho.

“Al tiempo la fiebre de las artes marciales mixtas comenzó a expandirse y evolucionar en Cuba. Entonces llego al JKB, que quizás sea la primera variante de este tipo en ser desarrollada en Cuba, fue creada en el año 2011 por Carlos Finales, un maestro de judo que había practicado kickboxing y quiso unir ambos estilos. Como su nombre indica, esta se basa mucho en las proyecciones de judo y en golpeos de mano, piernas y rodillas. Muchos practicantes de otras variantes vimos aquí una oportunidad de seguir desarrollándonos y sobre todo de competir”, cuenta Alejandro Arcas.   

Round: el profesional

La práctica de las artes marciales mixtas se convirtió poco a poco en la constante de la vida de Alejandro. Por ello, comenzó a buscar el siguiente paso en su evolución. Era algo sin precedentes en la historia de Cuba, que no estaría exento de enfrentar todo tipo de trabas y prejuicios, además del reto de la vida cotidiana en nuestro país: buscaría convertirse en peleador profesional.

“Un buen día me invitan a una de las competencias de MMA que se han organizado aquí y accedo a pelear por primera vez, pues hasta ese entonces, solo entrenaba con fines recreativos. Me tocó medirme ante Harold Sandoval, un peleador más experimentado que yo y gané el combate. Después de ese éxito mis amistades me fueron embullando para que continuara compitiendo. Después, tuve una revancha contra el mismo peleador y perdí. Ese día me sentí muy mal, comprendí que tenía que trabajar muy duro para no perder más. Tuvimos una tercera pelea que, por suerte, pude ganar y ese fue el momento en el que decidí que esto era lo que quería hacer en la vida.

“Más tarde, tuve la extraordinaria experiencia de tener mi primera pelea profesional. Hubo una convocatoria para un cartel en Trinidad y Tobago. Esta organización que estaba preparando el evento estaba buscando un peso completo y contactaron con el maestro Carlos Finales, quien reside en Estados Unidos. Él me preguntó un mes antes del cartel si yo estaba listo. Me sentía preparado y ansioso por asumir el reto y, por tanto, accedí a pelear. Cuando llegué al evento pude observar que muchos de los peleadores que estaban allí no tenían el nivel que tienen muchos de mis compañeros en Cuba. Sin embargo, sí poseían un oficio competitivo del cual nosotros carecemos. El combate fue contra Kenneth ‘Ironman’ Bishop y lo gané por KO.

Alejandro Arcas peleador cubano de artes marciales mixtas
Hansel Leyva

“Eso me abrió muchas puertas, me hice más visible ante los promotores. Tuve una buena oferta de contrato, pero mi mamá estaba enferma en ese entonces y no podía dejarla atrás. Después vino la COVID y frenó muchas cosas, a pesar de que pude trabajar a profundidad en mi físico durante el periodo de cuarentena, tanto que pude bajar alrededor de 16 kilos.

“De cara al futuro tengo muchos proyectos, de hecho, este 27 de noviembre tenía una pelea contra Iván Galaz en Chile por un Campeonato Mundial, pero se suspendió por una lesión de mi contrincante. No obstante, tengo varios proyectos de pelear en Europa para el próximo año, algunas organizaciones me están invitando y ya veremos cómo resulta. Yo estoy ansioso de probar mi nivel y el de las artes marciales mixtas en Cuba”, explica Alejandro Arcas.

3rd Round: Réquiem por un sueño

En general, las artes marciales transitan por un periodo gris en nuestro país, las carencias económicas y materiales imperantes condicionan, sobremanera, su práctica. Es cierto que se está trabajando en la creación de una Federación de Artes Marciales que agrupe a todas las variantes. No obstante, solo las que forman parte del programa olímpico cuentan con apoyo por parte del INDER y el resto, tiene que buscar sus propias vías de desarrollo.  

Las MMA caen en ese vacío, su práctica entra en el estatus de deporte recreacional y han logrado organizar algunas competencias con el apoyo de las instalaciones deportivas; no obstante, el financiamiento de la competencia sale del bolsillo de los atletas y algunos patrocinadores fuera de nuestras fronteras para asegurar desde una merienda hasta una ambulancia necesaria para poder llevar a cabo el cartel. Sin embargo, los prejuicios por parte de algunas autoridades deportivas laceran profundamente sus probabilidades de desarrollo.

“A pesar de que el INDER nos reconoce, nosotros no tenemos una Federación propia que nos ampare y no nos aceptan del todo. En la actualidad, nos encontramos luchando por eso, porque aquí hay muchos peleadores de gran nivel que tienen posibilidades de insertarse en cualquier circuito a nivel mundial. No tenemos la posibilidad de participar en un Campo de Entrenamiento, ni siquiera, de realizar uno en Cuba, lo cual sería muy importante para nuestro desarrollo. Nosotros, como la mayoría de las demás artes marciales, nos autofinanciamos, las competencias que se han realizado en nuestro país se costean de nuestros propios bolsillos.

“Sería muy bueno que desapareciera el tabú que existe acerca de nuestra disciplina en cuanto a lo violenta que es. Tengo que señalar que el boxeo también lo es e, incluso, puede llegar a ser mucho más traumático porque el golpeo se focaliza solo en la cabeza y a pesar de esto, cuenta con todas las prebendas en nuestro país al igual que otros deportes de combate. Otra cuestión que va en contra de nosotros es el tipo de circuitos en los cuales se compite, la concepción netamente profesional de este deporte no compagina con los dogmas que tienen algunos de los dirigentes deportivos de la isla.

Alejandro Arcas peleador cubano de artes marciales mixtas
Hansel Leyva Alejandro Arcas, al igual que otros jóvenes peleadores, lucha día a día por imponerse a un sinfín de dificultades propias de la sociedad cubana actual

“A pesar de esto, no me detengo y ya casi tengo un local para comenzar mi propia academia y así poder transmitir todos los conocimientos que he podido adquirir con mis años de práctica. Con esto, pretendo crear un espacio en mi municipio Plaza de la Revolución donde mis coterráneos puedan ir a entrenar de manera recreacional mientras aprenden a defenderse y emplean su tiempo de una manera sana. También, para los que tengan interés y condiciones de convertirse en peleadores, puedan encontrar un lugar donde entrenar y prepararse.  Además de que yo nunca he podido pelear por mi municipio, ya que el espacio no existía hasta ahora y creo que es el momento adecuado para emprender esta idea por la gran popularidad que está teniendo entre los jóvenes.

“En lo personal, me gustaría que las autoridades deportivas nos respeten y ayuden a seguir creciendo. Amo mi país y me gustaría representarlo en la arena internacional sin tener que dejar de vivir en él. Mi principal aspiración es seguir peleando hasta competir en UFC u otro de los grandes circuitos de este deporte. Quisiera ser la llave para que los peleadores cubanos puedan competir en estos torneos sin tener que abandonar el país. También, poder dedicarme a tiempo completo a mi deporte, porque para poder tener estabilidad económica tengo llevo años trabajando como seguridad en bares y esto es algo que me resta tiempo de entrenamiento. Es muy duro trabajar por la noche y al día siguiente dar el máximo en los entrenamientos. A mí me gustaría dedicarme solo a mi deporte, sé que será difícil, pero yo seguiré luchando por lo que amo”, afirma.

Los sueños de Alejandro Arcas van navegando, entre bares y alguna que otra pintura. Pero su mente está puesta en el octágono, donde siempre buscará ese golpe de adrenalina que implica enfrentarse y derrotar a un rival. Quizás algún día llegue a cumplir sus metas y sea el referente de un niño que sueñe con ser como él, o se convierta en el maestro del próximo Yoel Romero.

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