Cuando se habla de jardineros villaclareños podemos mencionar a Silvio Montejo, Oscar Machado, Leonys Martín y, por supuesto, caso aparte es Víctor Mesa, quien podría tener el cartel de mejor center field de esa tierra de no haber existido Alejandro Oms.

¡Oh, cuánto olvido con “El Caballero”! Nadie vivo lo vio jugar, pero para estar hombro con hombro con los mejores peloteros negros de Estados Unidos en los Leopardos de Santa Clara y promediar ocho veces por encima de 300, cualquier cosa que se diga de él es poco.

Era zurdo y eso es lo que más asombra, porque son pocos los siniestros con sus estadísticas. Con las peores pelotas y los mejores pícheres conectó hit durante 30 juegos consecutivos, y recordemos que en las Ligas Negras promedió .332 en 15 temporadas. ¡Vaya bateador!

Es el tercero en bateo en la Liga Cubana, bien arriba en casi todo tipo de departamento ofensivo y ni hablar de su velocidad en las bases o en lo que hoy llamaría la sabermetría factor de rango, porque dicen que en una ocasión atrapó una bola a 460 pies.

Oms fue de esos jugadores negros tocados por la tuberculosis. Jugó hasta que pudo y ya era una sombra en el Orbay Cerrato o en Almendares que con lástima lo contrató en su ocaso. Sus pómulos marcados anunciaban su final, pero siempre mereció respeto.

Cuando ya su nombre no sonaba, luego de volver de Venezuela, República Dominicana o Estados Unidos, el estelar jardinero debía buscarse la vida de cualquier modo y dicen que, por algún lugar de Las Villas, se fue a ganar unos pesos un fin de semana.

El lanzador rival era un tal Papito, chofer de ambulancias en Sancti Spíritus. En el tercer inning, ganando 1X0, con two outs, vino Oms y le dijeron al pícher:

-¡Pásalo!

-¿Qué? ¡No hombre, no! ¡Ese fue!

Y lo ponchó.

En el séptimo con el choque 1X1 y dos en base, le dijeron de nuevo que lo boleara y el serpentinero volvió a decir:

-¡Ese fue!

Lo puso enseguida en dos strikes con recta pegada y la gente comenzó a gritar. Oms apretó la gorra y empuñó con tranquilidad.

– ¡Oye, lo que tienes es que batear chico, que tanta cosa!

¡Pues a Papito se la mandaron a una palma que había en los jardines del right field! Después Oms, al pasar por las bases, le dijo:

– ¡Muchacho, a mí ni los generales me pichean con gente en base!

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