Colgados del brazo de Lázaro Blanco primero, de un cierre memorable de Yosimar Cousín después, gracias a su bateo y pese a la amenaza en los finales de un juego de infarto, Camagüey derrotó a Matanzas 9 carreras por 6 y vive para ver un día más en la 59 edición de la Serie Nacional de Béisbol.

Al parecer, la bravuconería de Miguel Borroto en la conferencia de prensa de la víspera surtió efecto de alguna manera, y los Toros cayeron con todo sobre los envíos de Freddy Asiel Álvarez, quien no pudo siquiera completar tres entradas en el box, aceptando cinco limpias.

Sin embargo, lo que parecía un juego tranquilo se complicó de forma increíble para los agramontinos, que debieron recurrir incluso hasta a Yosimar Cousín para frenar la rebelión de los Cocodrilos.

El joven cerró el noveno inning con aplomo, a pesar de tener las bases llenas, y tener que lanzar ante Erisbel Arruebarrena, líder en jonrones del torneo, quien no parece el mismo jugador de la serie regular.

Primera digresión: lo del mánager de Camagüey ayer, feo. Su uso de los diminutivos referidos a Yamichel Pérez, a quien llamó «zurdito», al Victoria de Girón, estadio que calificó de «casita» y osó comparar con el Latinoamericano y al equipo de Cienfuegos, al que llamó «equipito», fueron interpretadas por más de unos cuantos como algo ofensivo.

De nada sirvió que lo tratara de arreglar después, más aun cuando criticó a los árbitros por haber cantado en su contra, cosa que a nuestro modesto entender no pasó. Si algún equipo se ha beneficiado de los conteos arbitrales este año ese ha sido Camagüey, incluida la jornada de ayer frente a Yamichel Pérez.

Nos preguntamos ahora, ¿porqué no protestó cuando en el segundo juego en el Latino Casanova se fue de picheo y perdió? Claro, la derrota molesta a todos.

Blanco mejor que Freddy Asiel

Saliendo de este tópico, lo cierto es que Freddy no salió para nada bien. Su velocidad, que ya no es nada del otro mundo, estaba por debajo de lo acostumbrado, mientras sus rompimientos no tenían la efectividad esperada. Según la transmisión, Fernando Sánchez alertaba sobre esto, que no estaba bien. Sea fábula o no, a Ferrer no le quedaba de otra.

Quien sí salió bien fue Lázaro Blanco, acallando los rumores acerca de su desastrosa campaña (desastrosa para los números que acostumbra a exhibir el derecho granmense). Una labor dominante con una velocidad que no exhibía hacía algunas salidas reforzaron el buen criterio de selección que tuvo el director agramontino a la hora de reforzar con una carta tan lujosa su ya respetable staff.

De paso, Blanco sumó su primera victoria en la postemporada, aunque no quiere decir esto que antes no haya lanzado bien. ¿Será suficiente esta muestra para retomar el puesto de primer abridor del Cuba? Creo que sí.

Para Matanzas, el que Álvarez no haya podido caminar le supone un tremendo enredo en sus aspiraciones de cara al sexto desafío, pues llegarán sin poder usar a Pérez ni a Yera, y tampoco a Freddy de nuevo, quien no podría hacerlo hasta el último juego. En buena lid, también repercutió en este juego, donde no emplearon a Jonder o a Mena, por lo desproporcionado del marcador.

Para el sexto juego, en mejor condición llegará el staff de Camagüey que podrá depender de Cousín y Yariel Rodríguez para intentar cerrar con broche de oro y lograr lo prácticamente imposible.

Ofensivamente, este quinto juego fue una fiesta. Camagüey suelto a batear y Matanzas, tras estar gran parte del partido maniatados totalmente, amenazaron en el cierre y llegaron a estar a un vuelacercas del empate. Un choque emocionante, un final no apto para la salud.

Leslie Anderson regresó a su papel de empujador y trajo tres carreras, y junto a Ayala retomó el liderazgo de una alineación donde sí se aprovecharon en esta ocasión los momentos para producir anotaciones ante la pasividad de abridores y relevistas locales.

A la defensa el guión no se movió mucho, y con las pifias de este juego pasan ya las 20. La máxima cifra de errores en play off es de 26 en la 50, y cuando aquello se jugaban cuartos de final.

Camagüey entonces estará en posición y con mejores armas para buscar una quimera: levantar una final que estaba por debajo 1-3, algo que nunca ha pasado en nuestra pelota. Matanzas, aún con la ventaja mínima, deberá pelear fuerte para no dejarse arrancar el sueño del campeonato.

Pero una cosa siempre tuvimos clara: esta serie iba a pasar de 5 juegos.

Postdata: Es bueno encomendar la suerte del equipo a todos los poderes, terrestres o religiosos, pero eso de la gallina en el left field… caray, señores. Un poco de control. Por suerte la gallina se portó bien. Igualmente, me pareció injusto que solamente pudieran los narradores disfrutar del espectáculo íntegro de Alexander Ayala cayéndole atrás al susodicho animal.

Segunda postdata: mientras estuvo la gallina, Matanzas se las ingenió para sacar a Blanco y marcar cuatro. No es que uno sea muy fan de las supersticiones, pero cierto fue. El aplauso sí, para Matanzas, que peleó hasta el final, llenando las bases en el noveno episodio y poniendo a muchos de pie. Y para Yosimar Cousín, que cerró metiendo el brazo.

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