Este 24 de diciembre, el fútbol cubano recuerda el adiós prematuro de Yoandro Raciel Martínez del Risco, quien fuera uno de los más talentosos representantes de su generación, y que brilló con la selección absoluta.

Este día marca una de las páginas más tristes que sobre un futbolista se hayan escrito en la isla, pues fallecía en el mejor momento de su carrera deportiva, cuando faltaban pocos días para cumplir los 28 años, en 1999.

Raciel, como lo conocían sus compañeros, era uno de los mejores jugadores del país y su calidad atrapaba a los aficionados. Fue un atleta muy disciplinado y cumplidor en las orientaciones dadas por los colectivos técnicos.

Era bastante completo, jugaba varias posiciones en el terreno: lo hacía de maravillas en la media cancha, haciendo uso de su enorme visión de juego y de un toque precisó del balón; contaba con grandes habilidades para cabecear y cuando lo usaban más arriba del mediocampo, no desencantaba y convertía muchos goles, pero fue en la defensa donde más sobresalió.

Raciel comenzó practicando primeramente el hockey. Luego se inclinó por el deporte de su vida, y empezó en el terreno de Mola con el profesor Candado en el Reparto Garrido, donde tuvo la posibilidad de entrar en el maravilloso mundo del balompié. Después, su mamá se muda para el Reparto Lenin donde siguió su práctica con el profesor Ángel Luis Coronado y allí se formó como un gran futbolista.

Participó en campeonatos municipales y provinciales, jugó 2 campeonatos nacionales juveniles después de ser invitado a la ESPA provincial Inés Luaces de Camagüey. Posteriormente, llegó a integrar el equipo de su provincia, y se desempeñó como medio campista y defensa central con buenos resultados.

En el barrio era alegre y comunicativo con los vecinos. Cuando regresaba de sus viajes compartía con todos sin menospreciar a nadie, siempre se caracterizó por su humildad y sencillez. Era muy querido e hizo amistades desde muy joven que lo acompañaron hasta sus últimos días de vida. 

Desde la infancia, cuando no había llegado a la cúspide, Omar Alonso Dumoy, Ismel Mesa y José Alberto Mesa fueron inseparables junto a él, y se suma a está selecta lista su compañero de mil batallas Armando Cruz.

Sus compañeros recuerdan a Yoandro Raciel

“En aquel entonces, los defensas se caracterizaban por romper a balonazos y él era totalmente diferente con su juego. Se desempeñaba mejor como defensa central, ya que modernizó en nuestro fútbol la incorporación a la media cancha del jugador número 5. Siempre salía con pases a la segunda línea, como bien lo hacen hoy los grandes centrales del mundo. Era un extraclase en esa posición”, cuenta Armando Cruz.

Cruz, compañero de equipo y amigo de Raciel, refiere con mucho apego algunas anécdotas vividas con él.

“Recuerdo mucho cuando fuimos a discutir la medalla de bronce contra Holguín en Banes. Allí le tocó marcar al indio Héctor Ramírez, que ese año estaba chiflado anotando goles y él nos dijo: Tranquilos y preocúpense ustedes por anotar, que aquí no habrá nada con el indio. Así fue, Raciel le hizo una marca perfecta y logramos la medalla. En otra ocasión, marcando a Luis Martén Pellicier (Ballena) de Santiago, también sucedió lo mismo, Raciel realizó una gran faena en defensa y el equipo tuvo buen resultado. Era habitual verlo jugar con una yerbita en la boca y según me dijo en una ocasión, era para desestresarse”, recuerda.

Cuentan compañeros de los conjuntos en que militó que su puesto no estaba en discusión: la elegancia y entrega que mostraba sobre el terreno de juego era un plus para la retina de los aficionados.

Raciel era conocido también como el “Mariscal” por ese carácter y liderazgo que asumía en el terreno. Fue llamado a formar parte de la selección nacional absoluta y participó en giras por Italia y Alemania. En la Copa del Caribe de 1999, la selección nacional ocupó el segundo lugar y él fue seleccionado el mejor atleta del torneo.

“A Raciel lo recuerdo sobre todo en la Copa del Caribe de 1999, pues en ese torneo tuve el gusto de compartir con ese gran amigo. Recuerdo que no era regular en esa competencia cuando llegamos, pero en el segundo partido se le dio la oportunidad de jugar y así fue el mejor jugador de esa competencia, pues se convirtió en alguien fundamental para el conjunto. Lamentablemente, cuando llegamos a Cuba, descubren su problema de salud y perdimos a un gran jugador y un gran ser humano”, dice su excompañero en la selección nacional, Alexander Cruzata.

“Tuvo una labor espectacular y memorable en la Copa del Caribe de 1999. Él había sido delantero en las categorías menores, pero después se desempeñó como mediocampista y defensa y nunca perdió ese olfato de delantero y jugaba mucho para adelante. Era muy callado, tenía algo muy peculiar y era que jugaba con una yerbita en la boca. Defendió cada acción con mucha entrega, llegó en ese mismo año a la selección y puso su sello en la cancha. Nos dolió mucho su muerte, fue una pérdida irreparable para todos los miembros de aquella generación”, detalla.

Raciel era un excelente amigo de los jugadores del equipo de Ciego Ávila, entre los cual, destaca su amistad con Tobio Mora (ya fallecido) y Alexis Sáez. Este último comparte una anécdota junto al “Mariscal”.

“El (Flaco) como le decía, era un excelente jugador, lo hacía muy bien como defensa central y como medio campista, pero con el equipo cubano cumplía cualquier función. Era muy polivalente, empezó como delantero cuando estuvo en la etapa del sub-23, también lo usaban de lateral, el cobraba tiros libres y hasta tiraba penales, era muy técnico. Cuando los equipos rivales tenían jugadores muy habilidosos, el entrenador lo ponía en el medio campo para que lo marcara más arriba y no le permitiera libertades.

“En Campeonatos Nacionales recuerdo que me jodía bastante, pero a su vez era muy noble. En pleno Período Especial la situación era muy difícil, el dinero que nos daban no nos alcanzaba, entonces nos poníamos de acuerdo los dos equipos (Ciego de Ávila y Camagüey) para comprar alimentos en los Conejitos. Raciel era el primero en marcar en las colas, no solo lo hacía solo para su equipo sino para todos, se preocupaba si todos habían comido, era una excelente persona.

“Como persona era gran ser humano, también daba mucho ´chucho´, pero todo eso era fuera de la cancha, pues cuando entraba al terreno se transformaba, era muy serio y concentrado. Por su actitud dentro de las canchas se ganó el sobrenombre de “Mariscal”. Siempre se entregaba hasta el final, era un tren, muy participativo en el juego.

“Según me contó Tobio Mora (ya fallecido también), cuando estaba entrenando una vez en el Cerro Pelado se sintió mal y tuvo que subir para la habitación. Después de ese suceso lo llevaron para Medicina Deportiva y lo atendieron.  Después de virar de una gira con la selección, pasó por Ciego. Junto a Tobio fue a mi casa de visita y me dijo: Estoy preocupado, tengo problemas con la orina. Él nunca argumentó de su enfermedad, de un momento a otro se le inflamaron órganos vitales, se le hicieron estudios y se le atendió en hospitales, pero ya era demasiado tarde. La enfermedad se le generalizó por todo el cuerpo, él no orinaba casi y tristemente después falleció”, explicó.

El adiós trágico de una estrella del fútbol cubano

Su muerte fue una incógnita para muchos, pero gracias a las palabras de Armando Cruz y del doctor Antonio Rodríguez Leal (Médico de la Selección Nacional de Fútbol en los años 90), se pudo tener un acercamiento a ese lamentable suceso.

“Él orinaba poco, realmente, no sé decirte de esa enfermedad. Cada cierto tiempo tenía que ir al hospital para pasarle una varilla y destupirlo. Cuando lo llamaron a la selección, nunca argumentó de su enfermedad, le hicieron varios análisis y no detectaron nada. Tenía que hablar sobre la enfermedad que padecía, pero no lo hizo (quizás, él tampoco lo sabía.)  Después del torneo del Caribe en 1999, estuvimos en Cienfuegos con la selección camagüeyana y Raciel no pudo jugar porqué comenzó con las fiebres altas. Estando en Camagüey su mamá tuvo que correr con él para el hospital y de allí no salió”, recuerda Armando Cruz.

“El caso de Raciel fue un suceso lamentable, pues era un muchacho fuerte físicamente y como persona atesoraba grandes cualidades. Como médico de la selección nacional me tocó atenderlo, pero físicamente no tenía problemas. Cuando regresó del torneo del Caribe presentó varios problemas de salud y se atendió en su provincia, allá en Camagüey. Compañeros de profesión de esa provincia me informaban de su situación a diario, todo sucedió muy rápido: una bacteria se le generalizó por él cuerpo y le provocó una infección, lo cuál trajo consigo su repentina muerte. Debido a que yo estaba en La Habana no tengo la causa exacta, pero dolió mucho para toda la familia del fútbol cubano. Recuerdo, además, que conversaba con él y siempre hablaba de lo importante de su familia y en especial de su mamá.

“Sus compañeros, amigos, así como miembros de la Comisión Provincial y la dirección provincial de deportes en Camagüey, pasaban a verlo al hospital. Lamentablemente, su corazón dejó de latir y la vida se llevó prematuramente a un futbolista que estaba en la cima de su carrera, pero nos privó de disfrutar de la presencia de un gran ser humano” expresa Antonio Rodríguez Leal.

Después del fallecimiento de Yoandro Raciel, en el municipio camagüeyano de Nuevitas fue donde primero le rindieron honor con una pintura con su rostro y la camisa de fútbol, con su número 3.

Varios de sus compañeros de equipo, junto al periodista deportivo Milton Díaz Cánter y algunos directivos del INDER, crearon un torneo en su memoria. De esta manera, en el torneo Raciel Martínez in memoriam, el Mariscal vuelve nuevamente a las canchas, rodeado de esas personas que años atrás tuvieron el placer de compartir momentos en su carrera.

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