Foto: Gunter Kleber

Cuando Raydel Martínez tomó en sus manos un guante de béisbol todo indicaba que aquel hijo de árbitro seguiría en el mismo deporte que su padre, entre bolas y strikes. Sin embargo, no fue en los terrenos donde desarrolló una carrera, sino en las piscinas. Quizás Camagüey perdió un cuarto bate o un lanzador de puntería, pero Cuba ganó a un exponente del polo acuático de primera clase.

La mayoría de sus conocidos pensaban que sería pelotero, porque aquello parecía un amor tremendo. “Una vez fui con mi papá, durante una semana de receso, para Ciego de Ávila. Sucede que él también era entrenador de balonmano y entonces coincidieron las competencias pioneriles de ese deporte con las de polo acuático y un tío mío, Tony Montenegro, que en aquel tiempo era entrenador de polo quiso llevarme a la piscina para pasarme el día. De esa manera vi mi primer juego de waterpolo, -tendría yo siete años en aquel entonces- “, recuerda.

Aquello lo marcó y le despertó tal interés que los implementos beisboleros quedaron a un lado. De regreso en la tierra de los tinajones, Raydel se esforzaba todos los días por aprender a nadar, intentaba bucear, se sentaba a contemplar los juegos y poco a poco encontró en el agua su mayor satisfacción. Ni pelotero, ni balonmanista, desde ese momento comenzó a fraguarse una historia de amor a esta disciplina.

“Recuerdo que estaba el equipo Camagüey y me sentía identificado con ellos, me sentí un polista más, aunque no supiera nadar, todos me trataban con cariño. Al año siguiente efectuaron una captación del polo acuático y logré entrar, en parte ayudado por mi altura y que podía tirar con ambas manos. A la edad de ocho años empecé en la escuela de clavados de Camagüey”.

Tras iniciarse en cualquier actividad el ser humano, por naturaleza, busca mejorar cada día y superarse a sí mismo. La primera vez que Raydel se lanzó al agua no sabía nadar. “Durante la primera práctica oficial, el entrenador nos puso en el trampolín. Nos indicó que saltáramos y avanzáramos, lo más posible, en dirección hacia una pared. Cuando me tiré a la piscina no moví ni un músculo y lo que fue a parar al fondo de la era una piedra. El entrenador se tiró al agua porque casi me ahogo”.

Su padre siempre le impulsó, le ponía metas, restos. Desde niño le exigía dar el máximo y le evaluaba, periódicamente, como el más exigente de los preparadores. “Después que aprendí a nadar, recuerdo que había un compañero, el más rápido del equipo y el mejor en todo. Mi papá tenía una bicicleta y él me dijo que para obtenerla tenía que ganarle a ese muchacho. Eso fue un plus para mí, fui con esa meta en la cabeza -de ganar la bici- y puse empeño en los entrenamientos. Hasta que fui el más rápido en la natación y pude obtener el premio”.

Brazadas incómodas

Por cuestiones económicas, la práctica de los deportes acuáticos se torna complicada en Cuba. Problemas con el cloro, que a veces ni llega durante períodos prolongados de tiempo y hay que vaciar la piscina. Es entonces cuando los entrenadores tienen que hacer las veces de magos para planificar las prácticas. A veces pasan casi un año sin cloro y la piscina seca.

“Durante primer año en el 15-16 nos pasamos un año entero sin poder entrar al agua. Recuerdo a Ronny Nápoles, mi entrenador en la EIDE de Camagüey. Él se las ingenió, buscó ligas para mantenernos haciendo algo. Una semana antes de los Juegos Escolares llenaron la piscina esa semana y semana entrenamos. Por suerte ese año alcanzamos la medalla de oro, sin tocar el agua prácticamente antes de la competencia”.

“En ocasiones se torna difícil para algunas provincias mantener un nivel físico, táctico al tener esas dificultades. El mismo Equipo Nacional practica con balones de poca calidad, otros son muy viejos y no se puede hacer nada con eso. También el agua fría golpea mucho, sobre todo en invierno. Demasiado frío. Todas estas cuestiones se viven desde la base y son cosas pequeñas, pero que en su conjunto generan bastantes dificultades.

A pesar de las dificultades, Raydel Martínez nunca perdió el rumbo. Medallista de bronce con la selección nacional en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014, siempre supo luchar por sus sueños y enfocarse en lograr sus metas. En esto su familia jugó un papel fundamental como ese complemento casi perfecto. “Todo el tiempo estaban encima de lo que me hacía falta para poder crecer profesionalmente. Mi mamá siempre estaba encima de mí para las clases y mi papá era en lo deportivo. Tenía que llevar deporte y escuela al mismo tiempo, sino podía meterme en un buen lío”.

“Después me fui para La Habana con el Equipo Nacional Juvenil y allí tuve el apoyo de una tía, que resultó fundamental. Sin ella no podría haber ido para la capital. Siempre me mantuvo enfocado, que no me desviara. Hubo momentos en los que uno se decepcionaba, pero gracias a este tipo de personas en tu vida, nunca pierdes tus objetivos y tus metas. Pudiera decirse que en lo material siempre tuve, al menos, lo necesario”.

Actualmente, esta disciplina sufre un proceso de cambio, de renovación, de atletas jóvenes. “Necesitan tiempo para ver los resultados. Hay que trabajar el talento, tienen buen físico, talla, peso. Tienen que trabajar con ello. Si se trabaja como se debe pueden sacar buenos frutos”.

“Algunos jugadores pudieran salir a jugar alguna liga, no importa que no sea de élite. Ojalá se diera el caso, eso sería próspero para ellos y para el deporte cubano. Siempre hemos hablado de darle más roce internacional al polo, que le den más balones. Que en Cuba se organicen torneos y se inviten a otras selecciones. En Cuba hay buen clima para jugar waterpolo. Así elevan el nivel competitivo de los jugadores. Resulta necesario un torneo de primera categoría serio. Un certamen de viernes, sábado y domingo no sirve. Nuestro torneo nacional es con tres equipos, pero en la vida real es un engaño, pues son los mismos jugadores del Equipo Nacional jugando entre ellos”.

polo acuatico Raydel Martinez
Foto: Gunter Kleber
Eduardo González Martínez | Play-Off Magazine

“Decepciones siempre las hay. Una vez no había ninguna competencia internacional calendariada. No falté ni un día a los entrenamientos, y de buenas a primeras aparecieron unos los Juegos del ALBA. Pensé que yo estaba. Mandaron a hacer los pasaportes de los miembros del equipo que asistiría, y a mí nunca me convocaron para hacerme el documento. En un comentario de pasillo me enteré que no estaba en el equipo, hasta que oficialmente me lo dijeron. Me senté con el entrenador a conversar el motivo y él me lo explicó y así quedó”.

En el 2019 había una posibilidad de jugar los Panamericanos por Cuba. Yo accedí, saqué mi pasaje, bastante caro, fui a Cuba y cuando llego a Cuba me dicen que no, que alguien no quiso que yo jugara. Ese alguien dijo que yo estaba sancionado porque supuestamente abandoné la preparación de Barranquilla y eso no fue así. Yo pedí la baja antes de que empezara el contrato en enero, la pedí en diciembre. En los equipos nacionales los contratos comienzan en enero. No podía ir a los Panamericanos y no fui. Eso me dolió, porque yo siempre tuve una actitud intachable dentro del equipo nacional. Así y todo, siempre estaré disponible para representar a mi país”.

Primer contrato y salida del Equipo Nacional

El 2017 constituyó el último año en que defendió los colores de Cuba, luego de una prolífica carrera dedicada al waterpolo en la Mayor de las Antillas. Pero el deporte, como la vida, es incierto y nos trae las oportunidades de una vez. Durante un torneo clasificatorio en Trinidad y Tobago se le acercó el presidente de la Federación de Jamaica. El conjunto juvenil jamaiquino necesitaba de un entrenador para participar en el Panamericano de la categoría. Lo mismo sucedía con el de mayores. La propuesta no tardó en llegarle al experimentado polista camagüeyano.

“Me senté a analizarlo todo. En ese entonces era titular en el Equipo Nacional, por lo que se tornaba una decisión complicada. Finalmente decidí irme a Jamaica. Conversé con el entrenador, le planteé la situación, lo entendió, me dio la luz verde y pues no quería tronchar mi carrera, según me confesó él mismo. Si esa era mi decisión él me apoyaría”.

“Estuve un año y medio en Jamaica, Fui a los Centroamericanos de Barranquilla 2018 como entrenador del equipo de Jamaica, pero las cosas no marchaban bien con los caribeños y recibí una invitación para jugar en Europa. Estuve en Munich entrenando durante un mes y medio. Casi me quedo a jugar allí, en un club de segunda división de Alemania, pero un jugador del mismo club vió mucho potencial en mí y su recomendación fue la de buscar una mejor oportunidad en otro equipo. Es así que intenté probar suerte en Austria y el Paris Lodron Salzburg Wasserball me abrió las puertas”.

Raydel debía tomar una decisión rápida, pues la temporada austríaca estaba presta a comenzar. De camino a su casa pensó en las posibilidades que esto le brindaría a su carrera y, antes de llegar a su residencia llamó para aceptar la propuesta. Con su visado próximo a caducar tuvo que regresar a la Isla, pero la pandemia global generada por la Covid-19 demoró un poco el proceso.

Jugar en Europa, al máximo nivel cumplió un viejo anhelo de este camagüeyano, quien nunca escondió su deseo de competir entre los mejores. Saberse a este nivel significa un nivel de compromiso y responsabilidad tremendos, pues debe medirse ante la élite de la disciplina y de todo tipo de nacionalidades. “Eso lo asumo siempre con gran responsabilidad. En los entrenamientos trato de ser lo más profesional posible, porque como quiera que sea es una pequeña imagen de tu país la que tú estás dando dentro un colectivo, en una liga. Siempre trato de asumirlo así”.

“El haberme ido me cambió mi vida. Tuve que sacrificar muchas cosas para hoy estar aquí. Como atleta crecí después de dirigir en Jamaica. Mi forma de ver el polo cambió radicalmente. Lo empecé a ver más fácil cuando luego retorné a jugar nuevamente. Era algo que veía en cámara lenta, porque como estuve fuera, sé cómo hay que hacer las cosas en momentos determinados”.

Martínez se caracterizaba por ser un atleta rápido y, como atacador-pasador, no solía entrar mucho en el juego ofensivo. La realidad lo golpeó y tuvo que cambiar ese estilo e involucrarse más en el ataque para poder triunfar en los circuitos del Viejo Continente.

“La velocidad ha mermado, pero entro mucho más a los ataques interiores. Mi estilo de juego cambió por completo. No soy el mismo muchacho de 17 años que llegó al Equipo Nacional. Por ley de la vida uno tiene que madurar. Ni remotamente soy igual a cuatro años atrás. Esta experiencia aquí las he acumulado. Tengo bastante arsenal para saber qué hacer en determinadas situaciones”.

“Participar en esta liga constituye tremenda experiencia, aquí todos tienen su cultura, sus costumbres y tengo que adecuarme a eso. Por ejemplo, en ocasiones ganamos un partido importante y nos reunimos para un brindis. Esas cosas yo no las vi nunca en Cuba. Son costumbres de ellos que a veces me parecían raras, pero al final me siento cómodo porque ellos siempre tratan de insertarte en el grupo. Nos comunicamos en Inglés, pero ellos están empeñados en que aprenda Alemán”.

“Dentro del agua hablamos el mismo idioma. El polo es uno y cuando lo juegas y lo entiendes no hay problema, pero bueno en otras cosas… siempre tratan de incluirme en el colectivo. Aquí los directivos del club se preocupan por mí, en saber cómo estoy. Gracias a ellos me he integrado más”.

Ahora, con 31 años, Raydel Martínez siente que vive algo novedoso. Espera jugar a ese nivel algunos años más. Se siente bien. Sigue trazándose metas y trabaja por sus sueños. “Siempre enfocado y luchando por ayudar a mi equipo en todo lo que pueda. Para eso me preparo día a día. Siento que empecé de nuevo, tengo tremenda motivación”.

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