Por: Lissette Rosabal y Pedro Enrique Rodríguez Uz

Con la humildad, sencillez y el entusiasmo de un niño accedió a nuestra entrevista sin pensarlo dos veces o cuestionarse el profesionalismo o la seriedad de una publicación, hecha, según él, “por un grupo de muchachos”. Las expectativas de este equipo reporteril se confirmaron. No nos dejó otra opinión que ser un verdadero “fuera de serie”.

La versatilidad y naturalidad con que asumió el hecho de compartirnos un pedazo de su multifacética existencia patentizó nuestra tesis de que Renier González -casado y con un hijo de 15 años, aficionado al fútbol para variar- es algo más que un simple narrador deportivo.

Taxista, almacenero e inspector fueron algunos de los oficios que antecedieron a su actual trabajo como comentarista en el canal Telerebelde -de ahí su incesante afición por conocer sobre todo o casi todo lo que le rodea.

Se confiesa un lector ávido y perfila entre sus autores preferidos a Eduardo Galeano. Gusta de textos de historia, geografía y literatura cubana, al tiempo que se actualiza del acontecer tanto político como económico, ya que «si de deporte solo sabes, ni de deporte sabes; y es que mi generación tiene más deseos de aprender y escuchar a sus mayores que muchos de los muchachos de ahora. Solo algunos», nos aclara.

Sin lugar a dudas Renier -quién levanta algo más de metro ´65 del piso- se proyecta como un hombre con los pies bien puestos en la tierra. Como anillo al dedo le viene esa frase antológica que versa: “los hombres se miden de la cabeza al cielo”.

Sus experiencias como corresponsal en la multinacional Telesur, el mundial de fútbol de Brasil, Olimpiadas y demás certámenes de nivel internacional centraron buena parte de nuestra entrevista.

Asegura que «la televisión deportiva cubana tiene que especializar a sus comentaristas. Es normal que cometamos errores cuando un solo hombre narra fútbol, básquet, tenis, béisbol y cuanto deporte hay».

Reinier González

»La pérdida del concepto de espectáculo deportivo, unido a la mala calidad del béisbol cubano, atentan directamente contra el disfrute de su afición. FOTO: Andy Ruiz Muñoz

Ante la tesis de que el deporte nacional se encuentra en peligro de extinción por su interminable duración, la falta de aficionados, su encarecimiento logístico, la pérdida del concepto de espectáculo y falta de ídolos beisboleros nos responde rotundo:

«Tienen toda la razón, y te lo fundamenta la recurrente situación del fútbol en la isla, que ha puesto en tela de juicio a nuestro pasatiempo nacional hace ya algún tiempo. También nosotros somos culpables de haber colocado en la pantalla el mejor fútbol del mundo en vivo, al tiempo que trasmitimos, de manera diferida, algunos partidos de béisbol de primer nivel».

Hacemos una pausa para observar -desde la terraza de los Estudio 50 en el Vedado- como se deteriora el tiempo. Mira asombrado, y a la pregunta sobre la estructura de la Serie Nacional -con toda la confianza- nos comenta que:

«Es imposible mantener 16 equipos. No veo por qué tiene que ser difícil el hecho de reducirlos. Cuba es más importante que una provincia y se está poniendo en riesgo un factor importante para nosotros, como es la pelota. El aficionado se acomodará a la novena más cercana a su región. Antes los bayameses eran fanáticos de Santiago, los de Cienfuegos a Villa Clara, y siempre ha sido así».

El comentario nos pareció repetitivo, gastado -por suerte se dio cuenta que en Play-Off puede dejar volar su imaginación sin problemas. Después de una mirada a la ropa que usará para la portada de la revista, me dice con euforia:

«Soy uno de los defensores del profesionalismo, no solo de los peloteros sino de todos los deportistas. Es necesario que puedan firmar contratos que garanticen su permanencia en equipos cubanos.

»Todo gira en torno a la economía y los contratos son la única forma de detener el éxodo. Deberían ser documentos que se reconozcan tanto por el club cubano, como por el extranjero y especialmente por la MLB. Desgraciadamente todavía la política atenta contra esto ya que ningún jugador cubano de Grandes Ligas puede vivir en la isla»

Ante esta respuesta tan atrevida, pero a la vez verídica, creímos pertinente no preguntarle sobre la calidad de nuestro deporte nacional respecto al aficionado, pero ya la respuesta estaba preparada:

«Me insulto ante la cantidad de errores mentales que se cometen. Si con 8 equipos tenemos dificultad, con 16 ver un juego de televisión es imposible, al menos para mí. La pérdida del concepto de espectáculo deportivo, unido a la mala calidad de la liga, atentan directamente contra el disfrute de su afición.

»El público cubano, que hasta hace poco seguía a sus ídolos beisboleros en cada partido, hoy se inmolan ante la idea de zamparse 90 partidos al año».

El obturador abre y cierra por última vez. Ya están las fotos para el artículo. Suelta el micrófono, le da una patada a la pelota y mira nuevamente el vestuario. Estamos en el colofón de la entrevista, pero después de tantas opiniones tan polémicas para muchas personas se nos ocurre preguntarle por un escenario ideal para rescatar al aficionado.

«Imaginemos que los medios nacionales de difusión masiva puedan contratar los derechos de las Grandes Ligas. En toda la isla se podría ver en vivo a los peloteros cubanos en el máximo nivel; se podría sentir el ambiente de la Serie Mundial en noviembre. Que en Cuba se organizara un torneo de béisbol profesional con 6 u 8 equipos, con el concepto de espectáculo como protagonista.

»Te aseguro que en ese escenario –imaginario aún- los niños y los padres indiscutiblemente- van a comenzar a jugar béisbol; esos que hoy no lo consumen empezarán a seguirlo porque ¿cuántos futbolistas cubanos van a jugar en el Real Madrid o el Barcelona? ¡Ninguno, porque no producimos futbolistas del más alto nivel! A un padre le es más ventajoso desarrollar a un peloterito porque sabe que puede tener futuro».

Se apagan las luces, cerramos la puerta del estudio y en la espera del ascensor confiesa que ya no es tan paciente, que si no se toman medidas drásticas la cosa está perdida. Mientras tanto, seguirá diciendo eufóricamente ¡Saca eso de ahí, muchacho, que eso es candela!