Un hombre que ha logrado mucho y que le queda mucho por lograr. Quizás esa sea la introducción perfecta para definir a Robeisy Ramírez, quien a sus 27 años busca llegar a la cima del boxeo profesional de la misma manera en que dominó en el boxeo amateur.

Dueño de dos coronas olímpicas y de un estilo de pelea sumamente atractivo que mezcla de manera excelente la técnica y la agresividad. “El Tren” cada vez que sube al ring muestra que su boxeo sigue evolucionando y que aún le queda mucho margen de mejora. Robeisy mira hacia el título mundial y todos los entendidos de este deporte opinan que tiene lo necesario para lograrlo.

Los inicios del niño rebelde

Pocos pensarían que un hombre con un carácter tan rebelde pudiera alcanzar tantos títulos, pero fue esa rebeldía quien lo hizo adentrarse en el mundo del boxeo allá en su natal Cienfuegos.

Comenzó a boxear simplemente para salir temprano de la escuela, pero poco a poco se enamoró de los cuadriláteros, las peras y los sacos de golpear.

“Yo pasé por varios deportes antes de llegar al boxeo, más por salir de la escuela que por practicarlo. Inclusive, el profe me iba a recoger a las 2 de la tarde y eran más las veces que me iba para la casa que las que fui a entrenar”.

 “Un día llegó el entrenador a la escuela y preguntó quién quería practicar boxeo y por supuesto yo me anoté para poder salir de temprano. Ahí comenzamos a entrenar y como a los dos meses le cogí cariño y el gusto de ir todos los días. Luego, empecé a competir dentro de la misma provincia de Cienfuegos hasta que quedé campeón provincial y me llevaron para la Academia. De ahí seguí recto y no paré más”.

Primeros torneos internacionales y grandes resultados

Su meteórico ascenso en las categorías inferiores captó la atención de los principales entrenadores del país. En el año 2010 integró el equipo nacional al Campeonato Mundial Juvenil donde se colgó la medalla de Oro.

En ese mismo año le llegó su segundo momento de gloria, donde también se alzó con el título en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados en Singapur. Solo contaba con 16 años, pero las expectativas sobre su futuro no podían ser menores.

“Yo llegué en el 2008 al equipo nacional juvenil y representé a Cuba. Gané ese mundial en un peso que no era el mío, yo era 51 kg, pero no aguantaba más, tenía que esforzarme mucho para hacer el peso. Me subieron a 54 y ahí gané, gracias a esa victoria me clasificaron para los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud en los cuales nuevamente fui campeón”.

“En el 2010 me llevaron al Playa Girón y perdí con Yorman Rodríguez. Me fui con medalla de bronce y en ese tiempo todos los medallistas del torneo tenían derecho a estar en el equipo nacional. Luego de los Olímpicos de la Juventud de ese año, cogí mis merecidas vacaciones y entré en octubre a La Finca”.

“No me acostumbraba a estar ahí, yo tenía 16 años y pensaba como un muchacho. Me iba para la ESPA nacional donde estaba el equipo juvenil porque no quería estar con esas personas, hasta que poco a poco fui cogiendo el camino y me adapté a estar en el equipo nacional”.

Su llegada al equipo nacional no estuvo exenta de obstáculos, pues tras el cambio de divisiones ordenado por la AIBA (International Boxing Association) los directivos tomaron la decisión de bajarlo de peso, algo con lo que Robeisy no estaba de acuerdo.

“Ese mismo año cambiaron las divisiones y como yo había ido a los Juegos Olímpicos de la Juventud y al Mundial Juvenil en 54 kg dije que no iba a bajar a 52 kg. Si regresaba a 51 me iba a ser difícil también ese peso. Entonces decidí que pelearía en 56 kgs y Alcides Sagarra me montó en su carro un día, me dio una vuelta por toda La Habana a como decimos los cubanos, darme muela, pero parte de esa muela tenía mucha razón y eso me hizo reflexionar”.

“Después vino también Rolando Acebal que es el director ahora de los entrenadores y me dijo que si bajaba a 52 kg me iba de viaje con el primer equipo al mes siguiente. Para nadie es un secreto que a todo el mundo en Cuba le gusta viajar y nada más que me dijeron eso dije: por supuesto que estoy en 52 kilos mañana mismo”.

Luego de adueñarse del puesto en los 52 kg, Robeisy encaró su primer gran evento en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. A sus 17 años y su poca experiencia internacional en la categoría mayor, no hacían presagiar un gran resultado, sin embargo “El Tren” demostró que había ido allí a ganar y eso fue exactamente lo que hizo.

“En esos Juegos Panamericanos fuimos al clasificatorio y yo quedé segundo perdiendo con el dominicano Dagoberto Agüero, muy amigo mío, por cierto. Fui a esos Panamericanos con 17 años, sin pronósticos y el único que siempre confío en mí fue Raúl Fernández que me decía: tú preocúpate por cada pelea y olvídate de los pronósticos, de quién ganó por el otro lado y contra quién vas. Si vas contra un boxeador determinado, enfócate en ese y más adelante se ve lo demás”.

Londres 2012 y el ascenso a la gloria

Tras ese resultado el cienfueguero encaró el año 2012 con la mira puesta en los Juegos Olímpicos de Londres, sabía que tenía posibilidades de ganar, a pesar de contar con rivales fuertes. Fue un torneo donde las cosas le salieron a pedir de boca y él aprovechó la oportunidad para titularse como monarca olímpico con solo 18 años.

“Para esas olimpiadas yo clasifiqué porque el Campeonato Mundial del 2011 ofreció clasificación a cierta cantidad de boxeadores por división. En la mía clasificaron los 10 primeros y yo quedé noveno al perder con el ruso Misha Aloyan. Yo conocía a los que estaban clasificados, yo sabía que la pelea mía contra Aloyan era la única que me podía sacar de una medalla y cuando vimos el organigrama él quedó por un lado y yo por el otro, o sea, que si nos encontrábamos era en la final, por lo que ya sabía que estaba en medalla”.

“Cuando yo esperaba para pelear la semifinal contra Michael Conlan escuché que el mongol Nyambayaryn Tögstsogt le ganó a Aloyan y le dije a Raúl: ya soy campeón. Él ahí me empezó a reclamar, que me concentrara en la pelea que tenía en ese momento y que la final la veíamos después. Pero yo ya sabía que nadie me podía ganar y fui a esa final con más confianza y para que veas, fue la pelea más apretada. En ese momento ni me acordé de que tenía 18 años, yo me concentré y dije: soy parte de este equipo, ya tengo una plata olímpica, pero tengo que ganar el oro. Y eso hice”.  

2013-2015, un período de altibajos

Tras concluir esa edición olímpica, Robeisy subió de división y llegó a los 56 kg. En ese peso se tituló campeón nacional superando a Lázaro Álvarez en la final. Sin embargo, su carácter rebelde nuevamente le trajo roces con la dirección del equipo nacional, lo cual provocó que su actuación en el año 2013 no fuera nada destacada.

“Tras el Playa Girón del 2012 empecé el año siguiente sin prestarle atención al deporte, estaba viviendo mi película y mi parte rebelde provocó que no le hiciera caso a lo que los entrenadores me decían. Por otra parte, comencé a ver cosas que me parecían ilógicas, que no tenían por qué pasar. Yo me rehusaba a eso y los dejé que tomaran las decisiones que quisieran tomar”.

“Ellos me suspendieron como seis meses sin pelear internacionalmente, porque yo dije que no iba a ir a una competencia de bajo nivel en República Dominicana. El resto aceptaba porque a fin de cuentas era un viaje, pero para mí en ese entonces ya no era una prioridad viajar y no porque no tuviera necesidades, sino porque prefería prepararme para una competencia que me aportara algo en mi carrera”.

“Fui al Campeonato Mundial de ese año, pero no tenía preparación ninguna para un torneo a ese nivel, así que me fui sin medallas. Después de eso yo seguí mis vacaciones y al regresar fui al Playa Girón. En ese entonces me habían dado el carro, ya era otro Robeisy, imagínate, con 18 años, carro, fama, qué decirte, era toda una locura”.

“Llegué a ese Playa Girón sin preparación ninguna. Caminé en el torneo a base de maldad y picardía, con eso a los muchachos nuevos uno les gana, pero en la final me enfrenté a Marcos Forestal que ya era un veterano y sabía boxear. Él hizo su parte bien y yo hice mal la mía, logró sacarme del paso en la pelea, a pesar de eso no creo que la perdí, pero le dieron la victoria a él y nada, yo seguí”.

Con la llegada del 2014 Robeisy obtuvo el título Centroamericano sin muchas dificultades, pero al llegar al 2015 un nuevo roce con la dirección del equipo nacional sumado al meteórico ascenso de Andy Cruz le hicieron perderse de los principales torneos de ese año.

“Realmente, para esos Centroamericanos tampoco estuve muy bien. En ese año me lesioné la mano y pusieron a pelear a Forestal y a Norlan Yera por mí. Yo estaba lesionado desde el Playa Girón, ellos querían que yo peleara así mismo y yo dije que no y me fui para el médico. Allí me dijeron que tenía el nudillo de la mano izquierda astillado, me pusieron un yeso y con eso y todo ellos dijeron que era una malcriadez mía”.

“Entonces yo dije: tengo que cuidarme, que, si no me cuido yo, no me va a cuidar más nadie. Pelear en la Serie Mundial nos beneficiaba económicamente como equipo, pero por coger 500 pesos más y ayudarlos a ellos a ganar un tope yo no me iba a joder la mano. A los Centroamericanos llegué con un 70 por ciento de preparación, pero sabía que eran países que tenían bien poco y que se podían dominar a base de estrategia sin tanta preparación”.

“A finales del 2014 le gané a Andy Cruz en el Girón. Empezó el 2015 y yo seguía haciendo lo que me daba la gana, iba a entrenar cuando quería, estaba haciendo cosas de muchachos, seguía en mi descontrol y Andy ya venía creciendo, venía mostrando su talento y decidieron ponerlo a él”.

“Yo peleé de primero en la Serie Mundial. Después no entrenaba, me perdía, nadie sabía de mí y bueno empezó Andy a pelear. Pasó el llamado por equipos que hicieron en Pinar del Río, me obligaron a pelear ahí y Andy me ganó, que era lo que ellos estaban buscando, una verdadera excusa para decir: no si ya él te ganó entonces la principal figura va a ser él”.

“Yo acepté porque ese año no tenía más nada en mi cabeza que los Panamericanos, pero Andy empezó a ganar y me quedé afuera. Pero estuve ahí, viendo el resultado del equipo y de Andy, yo siempre lo he apoyado, teníamos buena amistad y me alegré que le fuera bien”.

Luego de esa serie de eventos, Andy Cruz tenía su plaza asegurada para la edición olímpica de Río de Janeiro 2016. Sin embargo, la imposibilidad de mantenerse en el peso adecuado obligó a los entrenadores a moverlo de división. Por lo que Robeisy se vio ante una nueva oportunidad de ganarse el puesto, aunque la clasificación olímpica fue más difícil de lo previsto.

“Después del Mundial del 2015, Andy era muy débil para 56 kg, estaba creciendo y decidió que no sería 56. Él ya estaba clasificado y ahí fue donde se me dio la oportunidad de entrar nuevamente. Gané el Girón y empecé el 2016 con una preparación para esos Juegos Olímpicos”.  

“Fuimos al primer clasificatorio en Argentina los cuatro que faltábamos: Roniel Iglesias, Leinier Peró, Erislandy Savón y yo. Ellos sí clasificaron, pero yo me quedé afuera. Y tuvimos que ir Raúl y yo solos a Azerbaiyán a un segundo clasificatorio y ahí clasifiqué con medalla de bronce, porque fue otra locura más de los jueces, así es como se mueve el mundo del deporte”.

“Me incorporé al equipo en Argentina que estaban ya de preparación y de ahí arrancamos con vistas a los Juegos Olímpicos. Era una experiencia nueva porque ya yo era campeón, pero en 52 kilos. En 56 tenía que hacer otro trabajo, algo nuevo. Ya ese peso tenía el ranking, el Campeón Mundial que era Michael Conlan y ya estaban los números dos y tres. Para los jueces Robeisy era uno más que llegaba y fue algo que tuvimos que lograr, no veníamos con ventaja ninguna”.

Río 2016 y el regreso a la cima

Con el inicio del torneo olímpico de Río llegaba el reto de volver a reinar, pero en una división diferente. Robeisy enfrentaría a rivales conocidos y a un joven estadounidense quien sería su último obstáculo para obtener su segundo título olímpico.

“Ya conocía a la mayoría de los boxeadores porque casi todos venían de los 52 kilos, empezando por Shiva Thapa que fue el primero que me cayó. Cuando vi el organigrama me habían puesto en el número 7 del ranking, o sea, que caí en el medio buscando para abajo y Shakur Stevenson cayó arriba buscando para arriba y Conlan también que eran los de más calidad”.

“Pensé similar que, en Londres, tengo más oportunidad de caminar y así fue. Después todo el mundo se preocupó por el chino porque ya me había ganado. Y fue también por el que más se preocuparon los comentaristas deportivos de Cuba, que, por Dios, ojalá ya terminen y se retiren, que hay tantos talentos jóvenes que quieren narrar y ellos todavía siguen ahí. Al final fue la pelea que más fácil tuve porque trabajé como yo quise, como se dice en buen cubano, le di hasta con la banqueta”.

“La pelea final contra Shakur Stevenson quizás los jueces la votaron tan pareja por el tipo de pelea que fue. Porque fue bastante limpia y creo que fue justa la decisión, él también hizo por su pelea. El primer round lo gané yo, el segundo creo que se lo dan a él y yo creía haberlo ganado, pero no me puse a pensar en eso, simplemente dije: vamos al último round”.

“Creo que lo que llevó a que los jueces decidieran por mí fueron las acciones que yo hice en el round de atacarlo todo el tiempo. Hubo un momento que yo me paré en el ring y lo estimulé a que trabajara, cosas más de veterano, me encargué de llenarle los ojos a los jueces y creo que eso fue lo que me ayudó a que decidieran por mí”.

Un episodio bastante peculiar que sucedió en esa edición olímpica fue cuando Floyd Mayweather Jr se acercó a Robeisy para reconocerle su talento.

“¿Qué te puedo decir? Yo estaba sentado hablando con Arlen López, que siempre andábamos juntos en ese momento. Él me dijo: te están llamando, y yo no creía que me estuviera llamando a mí con la cantidad de personas que había allí. Floyd me dijo que me había visto, que le gustaba mi boxeo, que viniera para acá con él y me dio su número. Pero en ese momento no le di mucha importancia y me dije que ya tendría tiempo de tomar una decisión, pero no fue algo que me ilusionara en ese entonces”.

“Me tiré fotos con él y lo hice por ser quién era. Para nadie es un secreto de que es un ícono del boxeo por todo lo que ha logrado en este deporte. Pero en ese momento no me pasaba por la cabeza la idea de quedarme y por eso no le di importancia. No obstante, fue muy bonito de que se fijara en mí entre tantas personas, es muy bueno que se haya fijado en mi talento”.

El paso al profesionalismo y un debut nada agradable

Con dos títulos olímpicos conseguidos a la edad de 22 años no era mucho lo que le quedaba por demostrar en el boxeo amateur. A esto se le suma que cada vez se volvía más tensa su relación con los directivos del boxeo y así surgió la idea de desvincularse del sistema deportivo cubano con el objetivo de iniciar una carrera en el boxeo profesional.

“Eso ya estaba dando vueltas. Antes de los Juegos Olímpicos yo estaba hablando con un gran amigo mío que me dijo unas palabras que nunca voy a olvidar: concéntrate y clasifica para Río, gana el oro y después si no tienes qué más hacer en este deporte, tú decides si te quedas o te vas”.

“Tomé la decisión que creí fue la mejor para mí. Además de no quedarme nada más por hacer como amateur, la principal razón de mi decisión fueron todos los problemas que pasaron con los directivos del boxeo y del INDER, que ya los venía arrastrando, pero cada día eran más fuertes. A mí lo que me quedaba era venir para acá o irme para Cienfuegos a sobrevivir como pudiera”.

Su salida definitiva de Cuba se produjo en el año 2018 durante una base de entrenamiento que realizaba el equipo nacional con miras a los Centroamericanos de Barranquilla. Tras llegar a Estados Unidos tuvo su debut como profesional contra Adam González, donde sorpresivamente sale derrotado. Sin embargo, su carrera desde entonces ha ido creciendo y al día de hoy es uno de los hombres de mayor proyección de cara al futuro en las 126 libras (peso pluma).

“No me vi perdedor en esa primera pelea, pero en el boxeo pocas veces se dan empate, o ganas o pierdes y lo vieron ganar a él. Fue una pelea bien difícil en el sentido de que yo me creía preparado y no lo estaba, me creía superior y estaba en la nube del doble campeón olímpico donde los jueces me iban a favorecer y aquí no es así”.

“Esa pelea me enseñó mucho, me ayudó a darme cuenta de dónde yo estaba y cómo tenía que trabajar. Después se vio la diferencia en la revancha y cómo le gané limpiamente. Esto me ayudó mucho para seguir adelante y tomar las decisiones correctas, como cambiar de entrenador y crear un verdadero equipo de trabajo”.

“Fue un año 2020 en el cual tuve 6 peleas y las gané, 4 de ellas por KO. Estamos mejorando, estamos levantando y ese tropiezo nos enseñó mucho. Ahora no nos puede pasar, ahora hay que estar preparados para cualquier rival, aquí no hay débiles, aquí todo el mundo sale a pelear, hay que estar listos”.

“Como todos han visto, en las redes se empezó a promocionar que debo pelear el 9 de octubre contra el puertorriqueño Orlando González que es un boxeador invicto, por lo que debe ser una buena pelea. Nos hemos estado preparando y creemos que esta pelea va a ser muy importante para mi carrera, para seguir escalando hasta el título mundial que es el objetivo de todo boxeador que pasa al profesionalismo”.

El futuro de “El Tren” Ramírez

Desde que comenzó su carrera profesional todos los entendidos sueñan con una segunda pelea en contra de Shakur Stevenson, quien ya sabe lo que es ser Campeón Mundial. En cambio, Robeisy no tiene tan claro que esa pelea suceda, pues Stevenson se encuentra en estos momentos en una división superior y por lo que el cienfueguero debería subir a un peso que no es el suyo y ese es un riesgo que en estos momentos no está dispuesto a asumir.

“Yo creo que esa pelea no se va a dar porque él está creciendo, él ya está peleando en 130 y ya es campeón y va a seguir subiendo de peso. En sus últimas peleas en este peso, ha llegado al pesaje con dificultad, por eso creo que no va a estar mucho tiempo ahí”.

 “Por mi parte no creo que vaya a crecer más, no soy una persona de engordar, yo hago 126 libras bien comiendo, entrenando fuerte y tranquilo, entonces no gano nada arriesgándome a subir a 130, el que tiene la espina es él”.

Con la mira puesta en el futuro Robeisy enfoca su objetivo en ganar un título mundial. En su camino para alcanzar dicho objetivo Robeisy tiene claro lo importante que ha sido el apoyo de la afición cubana a la cual agradece infinitamente.

“Acá la comunidad cubana trata siempre de apoyar, quizás no tanto como quisiéramos, pero siempre dan el máximo. Por supuesto a la afición que está dentro de Cuba al tanto de mi carrera mediante el internet y a pesar de todos los problemas que está habiendo le doy las gracias”.

“Siempre voy a estar agradecido de mi pueblo que me ha dado su apoyo a pesar de todos los percances que hemos hablado. En especial, a mi provincia Cienfuegos, donde todos los cienfuegueros siempre están pendientes de mí. Aquí en Estados Unidos somos una comunidad bien pequeña y es importante para mí saber que a pesar de todos los problemas que hay Cuba sigan pendientes de las carreras de todos los deportistas que estamos acá y me siento muy agradecido por eso”.

Mantente actualizado con Telegram y disfruta nuestras historias en YouTube

¿Quieres estar siempre al tanto de la actualidad del deporte cubano? Únete a nuestro canal de Telegram: ¡lleva a Play Off en tu bolsillo! Haz click para seguirnos: Canal de Telegram Play-Off Magazine.

Historias de deporte cubano contadas con una mirada profunda a la vida personal de los protagonistas y la sociedad. Para disfrutar nuestras exclusivas suscríbete en: Canal de YouTube Play Off-Magazine.