Para dar con William Lázaro González Pérez y su peculiar cabalgadura motorizada solo es preciso conocer cuándo y dónde será el próximo encuentro de los amantes del automovilismo en La Habana.

Willy Calavera, alias que responde a la figura que muestra en la delantera de su motocicleta, siempre está listo para exhibir su estampa de chaqueta de cuero, pantalón apretado, espejuelos oscuros, pañuelo en la cabeza o gorra ocasional, al mejor estilo harleysta de la década del 70.

Toda su imagen combina a la perfección con su ultra adornada Triumph 1955, lo que transmite un carácter de motociclista clásico, irreverente y ganador. Y es que esa dupla inseparable desde el 95, ha ganado las tres últimas ediciones del Rally de Regularidad Copa Castrol, que organiza anualmente el Club de Autos Antiguos A lo Cubano.

Motociclista clásico

Toda su imágen combina a la perfección con su ultra adornada Triumph 1955. FOTO: Alain Lopez

Sin la espectacularidad de las competencias de motociclismo en el máximo nivel, ni el caché de Marc Márquez o Valentino Rossi en la categoría reina, el Rally deviene una oportunidad de lujo para que los pilotos de motos clásicas se enrolen en una justa eminentemente deportiva, auspiciada también por la Federación Cubana de Automovilismo y Kartismo.

En la piragua del malecón habanero, mientras Willy se movía como pez en el agua a la vista de más de 40 coleccionistas estadounidenses del sector, González Pérez dialogó con Play-Off  sobre sus alegrías, a bordo de una joya sobre ruedas de 60 años.

«Participo en las Rally desde la primera edición, pero no ponía interés en el recorrido. Un día me propuse ganar, busqué un copiloto y comencé a entender mejor la regularidad, que en el caso de las motos es bien difícil porque es casi imposible para el acompañante leer mapas y sacar cuentas sobre la marcha. Fui creando mi propia picardía e intuición, y al parecer no lo he hecho tan mal», refirió el piloto.

La competencia, organizada en el verano con la participación de la escudería anfitriona y otras de la capital, reúne a más de 50 autos y 15 motos en un circuito de alrededor de 60 kilómetros, que define como ganador a la pareja que cumpla el trayecto con un tiempo lo más cercano posible al identificado por la comisión técnica. Jueces diseminados por todo el trazado velan por el cumplimiento estricto de las leyes del tránsito.

William se parece a su moto, o viceversa, como dicen que los dueños se asemejan a sus mascotas, o al revés. No es para menos, porque esta potente máquina de fabricación inglesa llegó para trastocar sus sueños de motociclista. «Desde pequeño anhelaba tener una Harley Davidson, me pasaba horas mirando una que era propiedad de mi tío. El dinero que tenía no me alcanzó y tuve que quedarme con esta Triumph, y ya me acostumbré a vivir para ella. Todo lo que le he incorporado, pegatinas y otros aditamentos, tiene un significado. La lavo lo menos posible para que no coja catarro, como me enseñó un experimentado mecánico».

Para ser un motorista clásico no solo es necesario tener una máquina que lo sea. «Es un estilo de vida», reconoce el entrevistado, quien siempre anda solo y por ello muchos le llaman El llanero solitario. «Trato de vestirme lo más clásico que pueda. La chaqueta es uno de mis tesoros. No la presto, ni la alquilo. Me la han pedido para algunas películas y siempre me niego. Le he puesto más de 30 sellos de distintas escuderías extranjeras que han visitado Cuba», aseveró.

Motociclista clásico

FOTO: Alain López

«Aunque el sueño de todo motorista es tener una Harley, la práctica en nuestro país demuestra que son demasiado costosas en su mantenimiento, sobre todo porque mi moto no es para salir a pasear los fines de semana, es la de moverme a todos lados, incluyendo viajes interprovinciales», aseguró González Pérez aquella tarde en la que competía con otras motocicletas por la edición especial de los Premios Fama que entrega la peña Amigos de Fangio.

Willy y su Triumph 1955 no ganaron ninguna distinción según el sufragio de los norteamericanos, quienes votaron por una Harley Davidson del 42, pero la verdadera fama de tan distinguido personaje la lleva en su interior, y la mostró en esa oportunidad cuando ante todos hizo rugir su moto, y se lanzó a mostrar habilidades al lente de nuestro fotógrafo.

En uno de los carteles que adornan la parte trasera de su motocicleta se puede leer: «Es fácil hablar de mí, lo difícil es ser como yo», y a nadie le queda duda cuando lo ve pavonearse con su facha, tan auténtico como su Triumph 1955 o la Harley Davidson de sus fantasías.